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Feliz día de San Lorenzo, diácono

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Diácono Ra­fael Car­mo­na: “Cuan­do Dios ha­bi­ta en una fa­mi­lia, la fe­li­ci­dad abun­da”

Ra­fael Car­mo­na Es­tra­da (Puen­te Ge­nil-Cór­do­ba, 1961) ha sido nom­bra­do ecó­no­mo dio­ce­sano por el obis­po de Má­la­ga. Es au­dio­pro­te­sis­ta y em­pre­sa­rio.

Casa­do y pa­dre de dos hi­jos, re­ci­bió la or­de­na­ción como diá­cono per­ma­nen­te el 25 de ju­nio de 2011, tras rea­li­zar sus es­tu­dios en la Fa­cul­tad de Teo­lo­gía del Nor­te de Es­pa­ña (Bur­gos) y la for­ma­ción en el Se­mi­na­rio Dio­ce­sano de Má­la­ga. Aho­ra asu­me el reto de la eco­no­mía dio­ce­sa­na.

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¿Cómo lle­ga un em­pre­sa­rio a diá­cono per­ma­nen­te?

Soy la cuar­ta ge­ne­ra­ción de una fa­mi­lia de So­chan­tres (di­rec­tor del coro de una igle­sia en los ofi­cios di­vi­nos), to­dos de­di­ca­dos al ser­vi­cio de la Igle­sia des­de 1861. Hace unos 20 años, sien­do mi­nis­tro ex­tra­or­di­na­rio de la Co­mu­nión, me dis­po­nía a vi­si­tar a los en­fer­mos. Al mi­rar­los a los ojos, en la en­fer­me­dad y el do­lor, sen­tí la lla­ma­da del Se­ñor. En ese mo­men­to cam­bió mi vida.

¿Qué sig­ni­fi­ca para us­ted ser el nue­vo ecó­no­mo dio­ce­sano?

Res­pe­to, trans­pa­ren­cia y res­pon­sa­bi­li­dad. Al tiem­po que agra­de­ci­mien­to y emo­ción por la con­fian­za de­po­si­ta­da por el Se­ñor Obis­po en mi hu­mil­de per­so­na para este nue­vo ser­vi­cio a nues­tra Dió­ce­sis.

¿Se pue­de evan­ge­li­zar a tra­vés de la eco­no­mía?

Por su­pues­to. Úni­ca­men­te so­mos ad­mi­nis­tra­do­res fie­les de los bie­nes tem­po­ra­les de la Igle­sia. Los pas­to­res y los fie­les cris­tia­nos no so­mos due­ños de es­tos bie­nes, sino res­pon­sa­bles de su uso como un ser­vi­cio he­cho con amor y fi­de­li­dad.

¿En qué ta­reas dio­ce­sa­nas ha ser­vi­do como diá­cono per­ma­nen­te?

En las pa­rro­quias de San Lá­za­ro, San­ta Ma­ría de la Vic­to­ria y Cor­pus Ch­ris­ti y en la De­le­ga­ción Dio­ce­sa­na de Li­tur­gia. Des­de 2015 soy diá­cono co­la­bo­ra­dor de las pa­rro­quias de los San­tos Már­ti­res Ci­ria­co y Pau­la y San Juan Bau­tis­ta, en Má­la­ga ca­pi­tal, y de la San­ta Igle­sia Ca­te­dral Ba­sí­li­ca.

Ha ser­vi­do us­ted en di­ver­sas pa­rro­quias, ¿le si­gue sor­pren­dien­do a la gen­te que esté ca­sa­do y ten­ga hi­jos?

Mu­chas ve­ces sí. Por lo cual, le ex­pon­go lo que es la fi­gu­ra de “un diá­cono en la Igle­sia”. Por ende, ser­vi­do­res del pue­blo de Dios.

¿Cuál es su ac­ción de gra­cias a Dios en es­tos años de dia­co­na­do?

Con la mis­ma que co­men­cé hace aho­ra ocho años y siem­pre re­cor­dan­do el Sal­mo 115: “¿Cómo pa­ga­ré al Se­ñor todo el bien que me ha he­cho?”

¿Cómo con­ci­lia vida fa­mi­liar y ser­vi­cio como diá­cono? ¿Es po­si­ble?

Es sen­ci­llí­si­mo. Solo se tra­ta de po­ner al Se­ñor en el cen­tro de nues­tra vida como Igle­sia do­més­ti­ca. Son 30 años de ma­tri­mo­nio con dos ma­ra­vi­llo­sos hi­jos de 28 y 23 años. Tan­to mi es­po­sa Mar­ta como yo con­ce­bi­mos el ma­tri­mo­nio y la fa­mi­lia como co­mu­ni­dad de fe, es­pe­ran­za y ca­ri­dad. Por eso le po­de­mos lla­mar fa­mi­lia do­més­ti­ca. Cuan­do Dios ha­bi­ta en una fa­mi­lia, la fe­li­ci­dad abun­da en to­dos sus miem­bros.

(En­car­ni Lla­mas For­tes – Dió­ce­sis de Má­la­ga)

Agenciasic

Un lector que no recibiría jamás la comunión de manos de un diácono

Dice así:

“No son curas frustrados… ¡¡¡¡SON CURAS FRUSTRADÍSIMOS!!! ¿qué objeto tiene querer hacer lo que hace un sacerdote si en verdad no lo eres? para mi la figura del diácono sobra, es como algo “ornamental”. Si sienten un llamado de Cristo y no quieren ser curas pues ahí están los monasterios y congregaciones de hermanos como los salesianos o los capuchinos. Yo personalmente, jamás recibiría la comunión de manos de un diácono: “Hoy doy el Cuerpo de Cristo y esta noche me acuesto con mi mujer” ESO ES FALTA DE RESPETO”.

Comentario a: No-somos-curas-frustrados-diacono-enrique-diez

 

David Jiménez ha comentado:

¡Madre mía! Robert. Me parece que este comentario lo que denota es simplemente falta de formación.Vamos por partes:

1. Los diáconos no son sacerdotes. Es un ministro ordenado, sí, pero es el grado inferior del sacramento.

2. Es una vocación reconocida desde antiguo por la Iglesia, distinta de la presbiteral o la monástica. Ha dado grandes santos: san Esteban, san Felipe, san Lorenzo, san Vicente, Francisco de Asís, …. Restaurada a partir del Vaticano II en grado permanente.

3. Desde antiguo los que llevaban la comunión a presentes y ausentes eran los diáconos. Y actualmente la liturgia los tiene como ministros de la comunión. De hecho, en una eucaristía, los diáconos asistentes tienen prevalencia en el reparto de comunión tras el que preside, por delante incluso de los demás sacerdotes concelebrantes.

4. Dicho esto: ¿No querría Ud. recibir la comunión de manos de San Lorenzo o san Vicente? Pues vaya, lo siento.

5. ¿Y eso es así porque el diácono puede ser casado? No sé en qué Iglesia milita Ud. En la católica, desde siempre, tener relaciones con la esposa propia ni es impuro ni pecado. De hecho es un acto propio del matrimonio. ¿Lo sabía?

6. En la Iglesia católica, por si no lo sabía, hay muchos casos de ministros ordenados casados. En los llamados ritos orientales los sacerdotes pueden ser casados. Espero que no se vea Ud. obligado a ir a alguno de los países donde se encuentran, pues si quiere asistir a misa a lo mejor no tiene más remedio que comulgar de las “impuras manos” de un sacerdote casado. Pero no se preocupe, Dios sabe que Ud. se vio obligado a ello. Se lo perdonará.

 

Enrique ha comentado:

Lo importante no es de quién recibe la comunión cuando comulgue sino que usted esté en comunión con la Iglesia cuando lo haga. Piense en eso cuando se cambie de fila para no recibir la comunión de un diácono o de cualquier persona que distribuye la comunión con la bendición de la Iglesia. Que Dios le llene con su amor.

Polémicas diaconales en blog

 

Digo extrañas. No las califico de buenas ni malas.

Por ejemplo que en Toledo,  que está sobrada la diócesis de sacerdote, se vaya a ordenar un diácono casado.

Soy poco partidario de los diáconos casados. Que no los rechazo. Creo que todo, o casi, lo que hacen lo puede hacer un seglar. Generalmente tienen más dedicación a la parroquia que un laico pero tampoco eso es una regla absoluta. En aquellas diócesis con graves carencias de clero son sin duda más convenientes y más adecuados para celebrar por ejemplo las liturgias que tienen lugar cuando falta el sacerdote que un simple laico o una religiosa aunque ello depende del diácono, el laico o la consagrada.

Por supuesto que quien tiene que gobernar la diócesis de Toledo es su arzobispo y sus razones tendrá para ordenarle si llega a hacerlo. Que el aspirante tenga prurito de ser diácono tampoco me parece motivo sobrado pero lo que me parezca a mí no tiene que parecérselo al arzobispo. Aunque tal vez a escasos meses de presentar la renuncia más que contar con un diácono permanente lo que va a ocurrir es que dejará a su sucesor un diácono permanente. Y las misas en las que actúe como diácono, en la capital o en un pueblo, no ganarán ni perderán nada porque el diácono levante el cáliz en la elevación menor ni porque diga Daos fraternalmente la paz y Podéis ir en paz.

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OPINIONES:

La única explicación que le encuentro a la ordenación de un diácono casado en Toledo es el afán del Arzobispo por no parecer demasiado tradicional. Creo que es un gesto de cara a la galería.

¿Allá el arzobispo? Oigan, algo deberían tener en cuenta los curas pastores prelados si ejercen solamente como católicos y tienen respeto a los fieles católicos porque si no hay respeto imposible que haya amor por ellos, dime de qué presumes…
¿No es el caso porque esa ordenación no significa falta de respeto los fieles? No en términos explícitos, pero provocar perplejidad en las fomas y las normas que perturban la simplicidad y nitidez percibible de la liturgia no deja de ser un armar lío de comprensión que tanto le gusta a Francisco y que los obispos toman como iniciativa en lugar de que se los monten los profanos. ¿Que se aguanten y aprendan los nuevos modos de las novelerías interconfesionales los fieles? Pues eso ería falta de respeto manifiesto.
Y que perturban la comprensión estas iniciativas de los mandantes se manifiesta en el comentario-propuesta de este mismo hilo; se dice:”celebrar por ejemplo las liturgias, que tienen lugar cuando falta el sacerdote, que un simple laico o una religiosa aunque ello depende del diácono, el laico o la consagrada”. Alto ahí, ya será menos; no se confunda Liturgia Sacramental con para-liturgia o devociones piadosas.
Precisamente esta ordenación de diácono casado ¡en el Toledo de los grandes Concilios Católicos!, de propósito o inconscientemente mete la cuña de la propia madera de sesgo priscialinista secular y se pone de espaldas al Concilio de Ilíberris-Iriberri (Granada) donde comenzó su trascendente episcopado en el ecumenismo CATÓLICO nuestro inconmensurable OSIO protector de San Atanasio, San Osio para los cristianos orientales y católicos, primer concilio que condicionó la recepción del Sacramento del Orden Sagrado al estado en castidad completa que conocemos por celibato por el Reino de los Cielos.
No hay casualidades al presente salvo las buscadas para alegar como precedentes e ir ablandando la percepción católica de la castidad incompatible con homosexismos y demás variantes carnestolendas . El genio de la deshabilitación de los protocolos impregna y seduce.

Y que tal si estudiara un poco de Teologia y Eclesiologia D Cigoña? Los Diáconos casados no son para sustituir a los curas. Tinenen su lugar… Que no le gustan los Diáconos casados? pues de las dos una: O ya no va usted a tiempo (por cuestiones de edad) o es usted de lo mas clerical que puede haber en el mundo y tiene horror a los diáconos casados

Pues sí que no tienen ni idea de lo que es un diácono, Sr. Cigoña. Le recuerdo que es una vocación que aparece ya en Hch 6. Escribir de lo que no se conoce no deja muy bien al escribano. Es una vocación distinta de la del presbítero. No debería tener nada que ver la ordenación de diáconos permanentes (que ojo, pueden ser célibes o casados), con la escasa o abundancia de vocaciones presbiterales. Son vocaciones diferentes, con misiones diferentes, con estatutos canónicos distintos, con teología distinta, etc. ¿No nombramos sargentos porque hay muchos capitanes? A ver si llega un día que nos hable bien de esta vocación, la única que crece en el mundo (45.000 en el mundo).

Y en cuanto a las funciones que realiza el diácono en la misa,… Muy limitado lo que dice, muy limitado. Eso no es entender lo qué significa la celebración eucarística, en la que cada miembro hace su función y enriquece al Cuerpo eclesial. ¿Y qué hace un sacerdote concelebrante en una misa catedralicia, como por ejemplo, una misa crismal? ¿Extender la mano en la consagración? ¡Si no hace falta! ¡Ya consagra el obispo! Pero nadie diría que sobra, ¿verdad?

Entenderá que es una visión muy corta. Sin la presencia de diáconos en una diócesis la jerarquía está incompleta. Eso para empezar. El diácono es signo del servicio eclesial, Cristo siervo sacramental. Sólo eso ya tiene valor. Y sus funciones son muchas, y el trabajo que puede desarrollar es variado. Seguro que si quiere, puede informarse en internet. Claro, si quiere.

Pero para que no diga que en la misa hace poco, le diré las funciones que tenemos los diáconos en ella. Éstas, estando presente un diácono, ha de hacerlas sólo él, ni un presbítero, ni un laico: Ayuda con la naveta al que preside (obispo o presbítero), lo acompaña en la incensación (dos veces), se sienta a su lado y lo asiste en lo que requiera, si hay obispo le ayuda con la mitra, solideo y el báculo, lee las moniciones (si está presente un diácono ha de hacerlas él, no un laico), inciensa y proclama el Evangelio, puede decir la homilía, dirige la oración de los fieles (nunca un laico estando él), recepciona las ofrendas, prepara el altar, asiste al que preside con el cáliz y el misal, inciensa en la consagración, es ministro de la paz, saca y reserva el Santísimo del Sagrario, es el segundo en orden en repartir la comunión tras el que preside (por encima de obispos o presbíteros concelebrantes incluso), recoge el altar y purifica los vasos sagrados, lee los avisos, despide a la asamblea. Y en Pascua… El pregón pascual.

Ya sé lo que me va a contestar: “pues todo eso lo puede hacer el presbítero si está solo”. Ya, pero lo hace porque el presbítero es TAMBIÉN DIÁCONO, nunca deja de serlo. Y me dirá además: “pues ahí hay funciones que a veces hacen los laicos”. Sí, pero las hacen de manera extraordinaria, no como el diácono, que las hace ordinariamente, por oficio, no por suplencia. Son sus funciones. Claro que sí no hay, presbíteros y laicos se reparten sus funciones, pero no es lo correcto. Si no hay albañiles, digo yo que el aparejador tendrá que poner ladrillos.

Saludos en el Señor.

Rafael María Calvo Forte

Excelente el último comentario.
Un cura muy auténticoo y sincero me dijo: Rafa, lo que pasa es que vosotros podéis tener mujer en sacramento y además sois admirados por muchos, porque os ocupáis de la familia, el trabajo personal y dedicáis a la parroquia un tiempo maravilloso y, en muchos casos, la esposa cumple una labor pastoral laical…

 

Por La Cigüeña De La Torre | 19 julio, 2018

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Sobre la historia del diaconado por Jorge Medina, pbto.

Jorge Medina E., Pbro.
Profesor de la Facultad de Teología, U.e.
SOBRE LA HISTORIA DEL DIACONADO
A restauración del diaconado permanente en la Iglesia latina ha sido una
decisión importante del Concilio Vaticano 11.No cabe dudar de la oportunidad
ni de las ventajas de este paso trascendental; pero tampoco cabe duda
de que la comprensión cabal de la decisión del Concilio no ha sido inmediata,
y llevará un tiempo, tal vez largo y no sin vaivenes, hasta que se
produzcan la sedimentación y ajuste necesarios.
Puede ser útil cor,siderar algunos datos de cómo se ha vivido el diaconado en
la Iglesia latina. Para ello podríamos establecer tres períodos, con la relatividad, reservas
y matices que son propios de todo intento de sistematización.
El primer período va desde el Nuevo Testamento hasta el siglo X, aproximadamente.
Este primer período se caracteriza por la vigencia de un diaconado permanente,
vitalmente presente en las estructuras pastorales de la Iglesia. El segundo período
que podría situarse, también con aproximación, entre los siglos XI y XX, presenta
al diaconado más bien como un simple tránsito hacia el presbiterado: es una etapa,
generalmente breve (a veces de un solo día), hacia la única meta apetecida en el ministerio, el sacerdocio. El tercer periodo comienza con el Vaticano 11,a partir de la
promulgación de la Constitución sobre la Iglesia, el día 21 de noviembre de 1964.23.png

PRIMER PERIODO
El nacimiento del diaconado ha sido tradicionalmente identificado con la elección
de los “siete” (Hechos 6, 1ss.); pero la interpretación de ese texto no es absolutamente
segura. Sea como fuere, hay otros tres textos en el Nuevo Testamento (Filip.
1,1; 1 Tim. 3, 8 Y 12) en que se nombra este ministerio eclesial, aunque sin especificar
explícitamen~e sus funciones. En estos tres textos aparece el nombre, pero no la función,
en tanto que en Hechos no aparece el nombre, pero sí la función, o algunas de
ellas, no sóio en el texto del cap. 6, sino también en la actividad de Esteban y Felipe,
que predican, catequizan y bautizan. En 1 Tim. se detallan las cualidades de los diáconos

En la época de los primitivos Padres de la Iglesia hay numerosas menciones
de los dióconus y también indicaciones sobre sus funciones. Aparecen nombrados en
la Didaché (S. I o 11); en la venerable carta de S. Clemente Romano (Papa a fines del
S. 1) a los corintios; en varias de las cartas de S. Ignacio de Antioquía (comienzos del
S. 11); en la carta de S. Policarpo de Esmirna (comienzos del S. 11) a los filipenses; en
los escritos de S. Justino mártir (mediados del S. 11); y, lugar muy importante, en la
“Tradición Apostólica” de S. Hipólito Romano, presbítero (comienzos del S. 111), obrita
en que se contiene el primer rito conocido de ordenación diaconal.
,En esos tiempos tan antiguos, el diácono aparece como un ministerio edesial,
con funciones caritativas en favor de los pobres de la comunidad, con una participación
en la liturgia (asistiendo al Obispo y a los presbíteros), llevando la comunión a los enfermos, sirviendo directamente 0:1 Obispo y e¡ercitando el ministerio de la palabra. Su
característica es el servicio. Su papel es considerado tan importante, que S. Ignacio
de Antioquía llega a decir que sin Obispo, presbíteros y diáconos “no se puede hablar
de Iglesia”. Algunas indicaciones que se leen en S. Clemente Romano y en S. Hipólito,
permiten afirmar que los diáconos, sin pertenecer al “presbiterio”, forman parte del
clero. Pero se afirma muy nítidamente que no participan en el sacerdocio, el que se
caracteriza por el servicio de ofrecer la Eucaristía en representación de Cristo, sumo
y eterno sacerdote.
Andando el tiempo se va precisando más el oficio diaconal. En los siglos siguientes
se fortalece la idea de que los diáconos forman parte del “cuadro permanente”
del clero de cada diócesis. Su ministerio aparece como muy flexible, dentro de
sus límites. A comienzos del S. IV aparecen diáconos encargados de comunidades que
no tienen Obispo ni presbíteros, y administran en ellas el bautismo, como posiblemente
ocurría ya en tiempos de S. Hipólito, al menos a.compañando al Obispo. También
en el S. IV se les reconoce el ministerio de la predicación. En ese siglo se atribuye a
los diáconos una amplia participación en la liturgia eucarística, aunque nunca como
concelebrantes, sea dirigiendo las oraciones comunes, sea ayudando a la distribu-ción
de los dones .eucarísticos.El cuidado de los enfermos, de los pobres y de las viudas, era
un quehacer propio de los diáconos, y la historia ha conservado siempre vivo el ejemplo
del diácono mártir S. Lorenzo. En algunos casos fueron los diáconos encargados de recibir a los penitentes a la comuniÓn eclesial, pero no a título de una absolución sacramental. Hay qU1etener presente que la teología sacramental, y especialmente la de la Penitencia, no se clarificó totalmente, sino Mucho más tarde, en el S. XII, y aún después.
Un estudioso de los antecedentes patrísticos del diaconado, Mons. Carmelo Giaquinta
(argentino, actualmente Obispo), estima que una de las causas de la decadencia
del diaconado en occidente fue el haber ido prevaleciendo siempre más su actividad
administrativa, dejándose de lado su ministerio litúrgico y de predicación.
La vecindad que tenían los diáconos, con respecto al Obispo, hizo que llegaran
a ser personajes de gran influencia, con autoridad a veces superior a la de los mismos
presbíteros, cosa de la que se queja amargamente S. Jerónimo (S. IV). Su poder fue

ton grande que los “archidiáconos” se sentían menoscabados si eran ordenados presbíteros.juan garcia
En Roma eran tan importantes que durante el S. VIII o IX sucede con frecuencia
que se elige como Obispo, o sea Papa, no a un presbítero, sino a un diácono, el
cual recibe directamente la ordenación episcopal, sin pasar por la presbiteral.
En este primer período destacan dos grandes figuras de dióconos: S. Lorenzo,
auxiliar del Papa S. Sixto 11,al que acompañó en el altar, en el servicio de los pobres
y en el martirio; y S. Efrén, sirio, poeta del ministerio cristiano y Doctor de la Iglesia.
El primero, latino, del S. 111;el segundo, oriental, del S. IV.
Este primer pe~íodo, por su vecindad a los orígenes de la Iglesia, es de suma
importancia. En él se precisan ya los rasgos de este ministerio y, al finalizar, se advierten
también las causas de su decadencia posterior.
SEGUNDO PERIODO
Sobre esta época tenemos menos información, o al menos pareciera que la investigación
no ha sido tan amplia y profunda.
Una cosa es indudable: la ordenación diaconal sigue existiendo, pero cada vez
más sólo como un “tránsito” hacia el sacerdocio o presbiterado. Podemos aventurar
algunas causas de esto, aunque sin poder dar pruebas concluyentes de lo que se dirá.
A partir del S. VIII aumentan considerablemente las ordenaciones sacerdotales.
Ello, al menos en parte, por la multiplicación de la celebración del sacrificio de la S.
Misa. Siglos después, las numerosísimas “fundaciones” de Misas, que garantizan la
remuneración del sacerdote que las celebra, harán que sea permitido a cada sacerdote
celebrar hasta tres Ss. Misas cada día (S. XIII). La mal llamada “misa privada”, sin
pueblo, con sólo un ayudante, sin diácono asistente, y frecuentemente poro cumplir
con una “fundación”, se hoce muy común: no había diáconos paro asistir a cada celebrante.
Por otra parte, la misma abundancia de presbíteros hizo que éstos asumieran
numerosas responsabilidades que, en la antigüedad, eran propiamente diaconales. No
es que los presbíteros no pudieran asumirlas, teológicamente hablando, pero se debilitó
el “status” eclesial de los diáconos. Los excesos de poder de los diáconos en las postrimerías del período anterior fueron amargamente sentidos por los presbíteros, y sería extraño que los Obispos no hubieran sido sensibles a ellos.
Pero continuó habiendo diáconos más o menos permanentes. Es interesante,
desde el punto de vista ~eológico, que los cuatro principales Abades del Cister recibieron,
a fines del S. XV, del Papa Inocencia VIII, la facultad de ordenar diáconos a
sus súbditos que creyeran oportuno, y esto sin ser dichos Abades sino simples presbíteros.
La razón aducida era para que los monjes no anduvieran vagando fuera de los
monasterios, buscando quien los ordenase. Este argumento sugiere la idea de que esos
monjes diáconos lo eran con cierta permanencia. Ese privilegio estuvo en vigor durante
varios siglos. Hoy está revocado.
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El Concilio de Trento (sesión XXIII, 15 de julio de 1563) deja la impresión de
que los ministerios inferiores al presbiterado (dioconado, subdiaconado y órdenes menores) estaban en decadencia, al menos como ministerios permanentes, y quiso hacer
un esfuerzo por revitalizarlos. Dio disposiciones para la ordenación de diáconos y subdiáconos, pero no parece que esas providencias hayan tenido éxito en cuanto al restablecimiento de esos ministerios con cierta permanencia y no como mero “tránsito” al sacerdocio.
En Roma el diaconado mantuvo cierta vigencia en razón del cardenalato. Al
menos desde el S. XVIII no podía ser creado cardenal sino un clérigo que fuera al menos
diácono. Así es que algunos eclesiásticos que por su “carrera” llegaban a hacerse
acreedores del capelo cardenalicio, decidían, para poder recibirlo, hacerse ordenar
diáconos. En épocas anteriores se podía ser cardenal sin haber recibido siquiera el diaconado, como sucedió con Mazarino, cuyo cardenalato, como el de Richelieu por lo
demás, tuvo más bien orígenes políticos que méritos eclesiásticos. En el S. XIX hubo al
menos dos cardenales que no eran presbíteros y nunca lo fueron, sino sólo diáconos. El
primero fue el Cardenal Hércules Consalvi, Secretario de Estado de Pío VII. Fue un gran
hombre de Iglesia y un defensor valiente y lleno de coraje de los derechos de la Sede Apostólica frente a Napoleón. Espíritu finísimo, diplomático visionario y trabajador
infatigable. Cayó en desgracia con el advenimiento de León XII, que sólo demasiado
tardEl comprendió la vaHa de Consalvi. El segundo fue el Cardenal Giacomo Antonelli,
Secretario de Estado de Pío IX. Su figura es muy discutida, y autores serios le reprochan
falta de visión hacia los nuevos tiempos. No destacó como hombre religioso. Oí
decir a un sacerdote chileno, Mons. Aníbal Carvajal y Aspee, canónigo de Santiago
que había sido condiscípulo de Pío XII en sus tiempos de estudiante en Roma, a fines
del siglo pasado, que en esa época, cwando él era estudiante en el Colegio Pío Latinoamericano,
residía allí un Cardenal de la Curia que era simple diácono. Pero no recuerdo
el nombre.
El diácono más conocido de este segundo período, es S. Francisco de Asís. Al
menos una tíadición venerable señala que no fue nunca sacerdote, y sólo recibió el
dia,conado.
En Chile hubo, en la primera mitad de este siglo, un diácono permanente. Fue
un religioso profeso solemne del Orden de N. Sra. de la Merced, de apellido Piña.
Creo que vivió en el convento grande de Santiago, y le decían “Padre”.31727896_1854995064558243_2269231359362859008_n
TERCER PERIODO
La restauración del diaconado permanente tuvo como antecedente un movimiento
nacido en Alemania, alrededor de 1950.
La restauración fue un tema ampliamente debatido en el Concilio Vaticano 11.
Puede decirse incluso que fue muy controvertido, tanto que hubo de ser sometido a
una votación exploratoria, la cual resultó positiva a la idea de la restauración.

Los adversarios de la restauración del diaconado permanente aducían dos series
de argumentos. La primera consistía en hacer ver que ninguno de los ministerios
tradicionalmente atribuidos a los diáconos depende, en cuanto a su validez, de la ordenación diaconal. Y que, por lo tanto, bien podían concederse las autorizaciones canónicas necesarias para que laicos pudieran ejercerlos, sin conferir la ordenación
sacramental. La segunda hacía recalcar que la ordenación de diáconos casados sería
una puerta abierta para que más tarde se admitieran, en la Iglesia latina, presbíteros
casados. La primera serie de argumentos ha sido examinada teológicamente, y puede
decirse que se ha descartado su valor. No es ahora el momento de repetir ese examen.
La segunda serie recibió una respuesta tajante en el Sínodo Romano de 1971, documento
que el actual Pontífice cita con frecuencia.
La doctrina sobre el diaconado restaurado en la Iglesia latina se encuentra en
el N9 29 de la Constitución sobre la Iglesia “Lumen Gentium”, aprobada por el Concilio
Vaticano 11, y ella ha sido precisada por el Motu Proprio “Sacrum Diaconatus Ordinem”,
promulgado por el Papa Paulo VI, de venerada memoria. No es el objeto
de este pequeño trabajo volver sobre la teología del diaconado. Nos limitaremos a
subrayar algunas características de este importante ministerio.

CARACTERI5TICA5 DEL DIACONADO
Lo que sigue no es más que un ensayo de delimitación. Creemos que está sólidamente
fundado y que responde tanto a la tradición antigua como a la legislación
actualmente en vigor. Pero no pretende ser exhaustivo: muchos aspectos merecerían ulterior desarrollo.
19) El diaconado es un ministerio eclesial que se comunica sacramentalmente.
El diácono, por lo tanto, es miembro del clero y, teológicamente hablando, no es un laico.
Esverdad que con frecuencia continúan desempeñando una profesión, oficio o trabajo
seculares, pero es también cierto que es posible que estén totalmente dedicados a
tareas eclesiales, y algunos lo están. Como es también cierto que hay sacerdotes que
emplean buena parte de su tiempo en quehaceres seculares, y ello es posible. Lo
que no quita que para el diácono permanente y casado las tareas eclesiales son su
“Hauptberuf” como dice el P. Rahner (= oficio principal, cualitativamente hablando)
y no sólo un “Nebenberuf” (= oficio secundario o lateral). Es cierto que el trabajo
secular, oficio o profesión, ponen con frecuencia al diácono en estrecho contacto con
los problemas de los laicos y con su medio de vida: pero él vive en esos problemas y
medio no como laico sino como ministro de la Iglesia.
291 El ministerio diaconal se estructura alrededor de: a) la pred1cadón de
la Palabra de Dios; b) la liturgia de la Iglesia; c) el servicio de la ca,ridad, y d) la
participación, variable en la medida que se la asigne el Obispo, en el gobierno o
conducción pastoral de la Iglesia. Esto es nítido tanto en “Lumen Gentium” 29, como

ne liAd Gentes” 15 y 16 Y en el Motu Proprio “Sacrum diaconatus ordinem”. El diaconado
no confiere la calidad de “super-laico” (esa calidad no existe como constitutiva
de ministerio) ni se identifica con la calidad de “líder” o “dirigente” temporal. En
un reciente discurso u homilía pronunciada por el Papa en una ordenación diaconal
(11 de abril de 1980), dijo: “Estáis llamados a conformaros más íntimamente a CristoSiervo,
y de ahora en adelante el ser discípulos suyos se expresará en el ministerio
de la Palabra, del altar y de la caridad … Recordad siempre que el servido más grande
que podéis prestar al Pueblo de Dios es anunciarle su Evangelio de salvación, dador
de vida y ennoblecedor”. Las palabras del Papa son un fiel trasunto de lo establecido
por el Concilio y por su antecesor Paulo VI. Si alguien creyera que se recibe el diaconado
para ser dirigente político o sindical, eso sería un funesto error, una sacralización
indebida y clericalismo anticuado.
39) El ministerio diaconal debe integrar en cada diácono los diversos aspectos
de su misión, como queda definida en el N9 anterior. Puede ser que la dedicación sea
variable, pero no sería admisible que uno de esos campos quedare ausente o, peor
aún, descartado. La condición de miembros del clero hace particularmente importante
que los diáconos asuman con amor la tarea de la alabanza de Dios expresada en
la forma oficial de la Iglesia que es la Liturgia de las Horas u Oficio Divino, aun
cuando ello no les esté impuesto canónicamente. En la homilía recordada anteriormente,
el Papa ha hecho hincapié en este aspecto de la vida diaconal, tan propio
del ministerio ordenado sacramentalmente.
49) El diácono debe recordar siempre que es un consagrado, es decir, un
hombre que está dedicado perpetuamente al ministerio. No lo puede dejar a voluntad,
como no lo pueden dejar tampoco los Obispos o presbíteros. Esta consagración sacramental que sello la vida hasta la muerte es un signo de la consagración de Cristo
a su Iglesia, y los fieles tienen el derecho de ver en los ministros, Obispos, presbíteros
y diáconos, lo imagen viviente de la fidelidad de Cristo, Esposo de la Iglesia. Por lo
mismo, el diácono seguirá si:empresiéndolo, aunque debo cambiar su domicilio a otra
diócesis, o aunque el Obispo le cambie sus tareas en la propia diócesis. No se recibe
la ordenación diaconal paro este cargo determinado, o para aquel apostolado especffico,
sino para el servicio de lo Iglesia, que puede exigir desplazamientos y cambios,
a veces con gran sacrificio. ‘En esta misma línea de reflexiones no le es permitido
al Obispo marginar a un diácono de toda acción eclesial propia de su ministerio,
si no es por causas que hagan gravemente nocivo su ministerio. La historia de la Iglesia
muestra claramente la paciencia que la Iglesia ha tenido con Obispos y presbíteros
que no eran dechados de pastores; el mismo criterio debe aplicarse a los dióconos.
Una cosa es la selección de los candidatos y su cui,dadosa preparación, y otra muy
distinta desconocerlos cuando ya están ordenados. Y es claro que el Obispo tiene la
responsabilidad, aunque no seo sólo de él, de sostener, orientar y animar espiritualmente a su clero, incluidos en él los diáconos.34963305_1274625492672125_3130888978186633216_n

59) El personalismo no es benéfico a la Iglesia. Los ministros tienen como
misión conducir a los fieles a Cristo, y no a formar “po’rtido·rios” suyos. La frase del
Precursor, San Juan Bautista: “es preciso que El crezca y yo disminuya”, es todo un
programa. Exige tanto la humildad del ministro cemo la adultez de los fieles. Ya
San Pablo se quejaba de las “banderías” eclesiásticas: unos decían “yo soy de Pedro;
otros, yo soy de Pablo; otros yo soy de Apolo”. La respuesta del Apóstol fue contundente:
“¿Acaso yo he muerto por vosotros?”. Si todos los ministros son servidores, ello
vale especialmente según la consta:lte tradición del diácono. ¿Qué nos puede alegrar
tanto, como saber que nuestros hermanos por nuestro modesto servicio han llegado
a ser “de Cristo”?
6″) En la ar,tiglJedad cristiana el diácono era un servidor directo del Obispo.
Es explicable: las diócesis eran pequeñas y el clero reducido. Las circunstancias han
cambiado, y hoy día los dióconos están generalmente al lado de un presbítero. Pero
los presbíteros no deberían olvidar que, salvo aquellos que han recibido una legítima
jurisdicción o potestad en el fuero externo, no tienen derecho a erigirse en superiores
de los diáconos, como si cualquier diácono, por el hecho de serlo, fuera automáticamente
súbdito de cualquier presbítero. Naturalmente si el Obispo asigna a un
diácono como auxiliar de un presbítero, como vicario cooperador, por ejemplo, ese
diácono estará fraternalmente subordinado a las orientaciones del referido sacerdote.
Pero será 3iempre del Obispo, o de su representante, de quien recibirá el diácono la
facultad de predicar, y otras, porque la cabeza de la diócesis es el Obispo. En los casos
de familias religiosas exentas de la autoridad episcopal, será el Superior, cuya
potestad viene del Papa, quien asigne tareas a los diáconos súbditos suyos. Y aunque
la historia muestra bien que el asunto presenta indudables riesgos, hay que admitir
la posibilidad de que el Obispo pudiera conferir a diáconos cierta autoridad sobre
presbíteros. Los cardenales Secretarios de Estado que fueron simples diáconos por
ordenación, tuvieron autoridad incluso sobre Obispos.
79) En cuanto a la acción polí’lica, los diáconos están, en cuanto son miembros
del clero, en la misma situación que los Obispos y presbíteros. No se ve por qué
los principios establecidos en la materia por el Sínodo Episcopal de 1971, en el documento “Sobre el sacerdocio ministeriol”, 2° pOi ” N9 2, letra b), con respecto a los
presbíteros, no se apl:carían también a los Obispos y diáconos. Si no se les mencionó
expresamente, ello fue porque el tema del Sínodo eran los presbíteros. Citamos un
texto capital: “En aquel:as c:r:unstailcias en que se presentan legítimamente diversas
opciones políticas, sociales o económicas, los presbíteros, como todos los ciudadanos,
tienen el derecho de asumir sus propios op:iones. Pero como las opciones políticas
son contingentes por naturaleza ‘1 1″‘0 expresan nunca total, adecuada y perennemente
el Evangelio, el presbítero, testigo de las cosas futuras, debe mantener cierta
distancia de cualquier ca’-go o compromiso político … Hay que procurar que su opción
no aparezca ante los cris:;anos como la única legítima o que se convierta en motivo
de división entre los fieles. “‘!o olviden los presbíteros la madurez de los laicos, que
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ha de tenerse en gran estima cuando se trata de su campo específico. El asumir una
función directiva (liderazgo) o ‘militar’ activamente en un partido político, es algo
que debe excluir cualquier presbítero, a no ser que en circunstancias concretas y excepcionales, lo exija realmente  bien de la comunidad, obteniendo el consentimiento
del Obispo, consultado el Consejo presbiteral y -si el caso lo requiere- también la
Conferencia Episcopal”. Es sabido que últimamente el Santo Padre ha dispuesto el
alejamiento de sacerdotes de cargos políticos. Examinando los argumentos en que se
fundan las disposiciones del Sínodo, se ve que son perfectamente aplicables a los diáconos, pues no arrancan exclusivamente de la especificidad presbiteral, sino de la naturaleza del ministerio. Sería un error considerar a los diáconos como habilitados para
acciones que no deben ejercitar los presbíteros, y lo confirma el Documento de Puebla.
Conviene releerlos números del 507 al 530. Citamos: N° 524: “La política partidista
es el campo propio de los laicos (GS 43L Corresponde a su condición laical el
constituir y organizar partidos políticos, con ideología y estrategia adecuada para
alcanzar sus legítimos fines”. N’? 526: “los Pastores, por el contrario, puesto que deben
preocuparse de la unidad, se despojarán de toda ideología político-partidista que pueda
condicionar sus criterios y actitudes. Tendrán, así, libertad para evangelizar lo
político como Cristo, desde un Evangelio sin partidismos ni ideologizaciones … “.
N’? 527: “Los sacerdotes, también ministros de la unidad, y los diáconos, deberán someterse a idéntica renuncia personaL Si militaran en política partidista, correrían el
riesgo de absolutizarla y radicalizarla, dada su vocación de ser ‘jos hombres de 10
absoluto’ (y cita, a continuación el texto del Sínodo de 1971)”. No es necesario ser
un teólogo muy perspicaz para advertir que el Documento de Puebla coloca decididamente a los diáconos en el campo del clero, y de sus propias responsabilidades y misión, y no en el campo laical, como no podía menos de ser, atendida la más que milenaria tradición de la Iglesia.
Digamos, a guisa de resumen, que el diácono es miembro del clero, ministro
de la Iglesia en su misión propia, y portador de por vida del carácter de signo de la
consagración fiel y total de Cristo a su Iglesia.

CONCLUSION
Esta rápida ojeada a algunos hitos históricos, a la tradición patrística y a las
normas canónicas que delinean la figura del diácono, deberían ~er una invitación a
profundizar en el conocimiento y reflexión sobre una realidad eclesial que hoyes viva
y promisoria.
Esa reflexión incumbe en primer lugar a los Obispos, puesto que sobre ellos
pesa la responsabilidad de discernir la vocación diaconal y de ordenar para siempre
a los candidatos que les parezcan tener las condiciones que pide la Iglesia para el
desempeño de este ministerio.

Incumbe también a los presbíteros, que deben ver en los diáconos no una especie
de servidores suyos y suplentes que les alivien en el ministerio, sino como hermanos
que comparten una buena parte de sus responsabilidades, y cuyo humilde servicio
puede ser con frecuencia un testimonio muy fecundo de la modestia y anonadamiento
de Cristo, que alguna vez en la Escritura es también llamado “diácono” (Rom 15,8).
y toca, en forma muy personal, a los candidatos al diaconado y a los diáconos
ya ordenados para discernir, los primeros, los motivos de su ofrecimiento a la Iglesia
y para ajustar, los segundos, su ministerio a lo que verdaderamente debe ser. .
Ni deja de tocar a los laicos, para saber pedir a los diáconos lo que de ellos
tienen derecho a recibir, y para no pedirles lo que a ellos no les compete dar.

Repositorio

Ordenado diácono el primer isleño del Estrecho de Torres, Australia

Kopel Gibuma se convirtió en el primer Isleño del Estrecho de Torres en ser ordenado al Diaconado en la Iglesia Católica.

La ordenación fue celebrada por el Obispo James Foley de Cairns, junto con el Ordinario del Ordinariato Personal de Nuestra Señora de la Cruz del Sur, Monseñor Harry Entwistle y tuvo lugar en la Iglesia San Francisco Javier, Parroquia de West Cairns el 9 de junio.

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De izquierda a derecha: el diácono Kopel Gibuma, el reverendo Ralph Madigan y el padre Gordon Barnier

Ha sido una ocasión monumental para el ahora, Diácono Gibuma.

“Estaba realmente contento y fue un momento histórico para mí, y tal vez para la gente de Torres Strait Islander”, dijo el Diácono Gibuma.

“Fue un momento espiritual para mí, volver a la raíz principal de la fe, ser uno con la Iglesia Católica y Apostólica”, dijo.

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De izquierda a derecha: el obispo de Cairns, James Foley, el Dcn Kopel Gibuma, el monseñor Harry Entwistle y, a la derecha, el sacerdote de la parroquia de Cairns / Dauan, el padre Gordon Barnier

Al comienzo de la celebración, el Diácono Gibuma fue llevado a la entrada de la Iglesia por otros isleños, acompañados por canto, guitarras y el sonido de los tambores tradicionales siguiendo la tradición de Torres Strait Island.

El Evangelio fue proclamado por el Diácono Ralph Madigan, el primer diácono permanente de ascendencia aborigen ordenado en la Diócesis de Cairns.

Después del servicio, el diácono recién ordenado fue recibido por cantos y bailes tradicionales de cantantes y músicos de Torres Strait Islander.

Nacido en una familia anglicana, el Diácono Gibuma se unió a la Hermandad Melanesia, una Sociedad Misionera Anglicana con sede en las Islas Salomón.

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Bailarines y músicos tradicionales de las Islas del Estrecho de Torres se presentaron antes de la ceremonia. Foto: Suministrado.

Luego se basó en un asentamiento aborigen durante dos años antes de establecerse permanment en la isla Torres Strait.

El Diácono Gibuma dijo que su familia estaba muy complacida con él.

“Estuvieron muy felices de que me uniera, es histórico para mi familia hacer que me convierta en el precursor de la gente de Torres Strait Island”, dijo.

Por Theresia Titus en The Record

Ponencia del Rev. José Gabriel Mesa, PhD. “Los Retos y las Bendiciones del Diácono” en la Conferencia Nacional Diáconos Hispanos

Artículo sobre la reinstauración del diaconado en Toledo

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Artículo en Architoledo

“El diácono, pobre y fiel en lo poco”: libro del diácono Pedro Jara Vera

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“El diácono, pobre y fiel en lo poco”. Meditaciones biblicas en primera persona

Libro del diácono Pedro Jara Vera en la editorial EDICE

Pedro Jara Vera (1971), ordenado diácono el 12 de noviembre de 2011, es ingeniero de telecomunicacione14222163_10154557984207904_937295956972049720_ns y licenciado en psicología. Está casado con Lourdes Manzano y son padres de tres niños, Clara, Marcos y Teresa. Dedicado a la docencia en el Real Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando de Pozuelo de Alarcón, es autor del libro “Que me empape la lluvia”, editado por Edibesa en 2006 como “A la sombra de la Madre Teresa”. Está a punto de publicarse su libro: «El diácono, pobre y fiel en lo poco» . Organiza periódicamente peregrinaciones a Calcuta. Camina en comunidades neocatecumenales y realiza su ministerio en la parroquia de Nª. Sª. de Aluche.

Vídeo sobre la reinstauración del Diaconado Permanente en la archidiócesis Primada de Toledo por el arzobispo D. Braulio