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LA SACRAMENTALIDAD DEL DIACONADO

LA SACRAMENTALIDAD DEL DIACONADO (Charla impartida en la formación de aspirantes. Seminario Conciliar de Madrid, San Lucas evangelista, 18 de octubre de 2014).
Bueno, una anécdota para comenzar: os voy a contar que me ha ocurrido en este mes de agosto estando en el Santuario de Lord en Lérida vinieron un grupo de matrimonios y entre ellos un hombre de una edad cercana a la mía, casado con hijos. Una persona muy comprometida con la Iglesia y muy metido en asuntos de nueva evangelización. Vivía en la cercana Solsona y me dijo: “Paco mi obispo me está insistiendo en que si quiero ser diácono y yo le estoy dando largas, pero me lo estoy pensando. ¿Tú qué me dices?. Yo empecé a decirle que era un ministerio que se estaba restableciendo, pues tan solo han pasado 50 años de la restauración con el Concilio, y que en España especialmente va muy lenta esta instauración por lo que es una figura que no se comprende y que no llega a encontrar su lugar y que debía saber lo que suponía hacerse diácono, a lo mejor tenía que dedicarse a imanosluisgonzalor a pueblos en los que ahora mismo hay bastante falta de presbíteros y todo lo que ello suponía, de entrega a la Iglesia, dedicar horas, etcétera… Pues después de contarle todo esto, me dijo “Bueno, cuéntame tu propia experiencia. ¿Eres feliz siendo diácono?”. Entonces le dije: no te puedes imaginar la maravilla que es, el regalo tan grande que uno recibe. Esto no hay palabras para comentarlo. Yo si volviera a nacer sería mil millones de veces de nuevo diacono. Si quieres que te lo diga por testimonio mío personal, te digo: no te lo pienses. Ya. Ahora mismo, vete a decirle al obispo: Si, rotundamente.
Por ello os digo a todos los aspirantes ¡ánimo! ¡Esto es una maravilla! ¡Vale la pena! Y también os digo hay que prepararse muy bien. ¡Qué importante es la formación!. No sé si a algún diácono de los que estáis aquí os habrá pasado que cuando uno empieza a prepararse ve la situación muy cuesta arriba: cinco años de formación, volver a estas edades a estudiar, a ser un alumno, tener que venir a San Dámaso, gastarme dinero de la economía familiar en la matrícula, toda esta carga lectiva. Pero estos cinco años pasan y cuando uno ve encima el momento de la ordenación, uno piensa ¡esto ha pasado demasiado deprisa!¡estoy todavía un poco verde! Y no digamos cuando tu párroco te pide que prediques, uno piensa todavía no estoy preparado para responsabilidad tan grande. Por eso es verdad que hay que insistir lo importante que es una buena formación y que se tome en serio y que se haga muy bien. Por eso repito ¡Mucho ánimo! ¡Vale la pena!
Bueno vamos a empezar ya con unas pinceladas sobre la Sacramentalidad: El porqué de la importancia de la dimensión sacramental en el Ministerio diaconal.
Fijaos la importancia de que el uno al ser diácono se convierte en alguien que ha recibido un sacramento que imprime carácter, que deja una huella indeleble, uno queda marcado para siempre, al igual que el bautismo y la confirmación, sacramentos que se reciben sólo una vez en la vida. En el caso del sacramento del Orden propiamente dicho se puede recibir en tres ocasiones pero es el mismo Sacramento en distinto grado, pues aunque hay signos diferentes: crismación de manos en presbíteros, de cabeza en obispo: los momentos propios del sacramento son los mismos: poner la manos el obispo y la oración consecratoria).
Y eso es lo que hace diferente al diácono. S/W Ver: 85.97.80ROjo, ni mejor ni peor, pero si distinto. Yo cuándo me presento al comenzar un curso nuevo a alumnos de la ESO y les digo que soy diácono, enseguida me preguntan ¿Qué es un diácono?. Algún listillo levanta la mano como diciendo que lo sabe: Yo les devuelvo la pregunta ¿Qué me ha pasado a mi, que no le ha pasado a tu padre o al profesor de inglés o al secretario del colegio y me dicen “pues que tú ayudas al cura” y le digo que también ellos pueden ayudar al cura y no son diáconos y al final les digo pues que yo he recibido un sacramento, el sacramento del Orden. “Ellos pueden hacer mil cosas pero la diferencia está en la sacramentalidad, en la marca con la que uno ha sido sellado y que le hace a uno entregarse como ministro ordinario de la Iglesia, le convierte en clérigo, pasa a estar injertado en la jerarquía de la Iglesia. Por favor cuando uno dice estas cosas enseguida le tachan que se cree superior, que quiere parecer superior a los laicos. Y a esto cabría contestar que el subrayar que el que uno sea distinto no significa que uno sea superior. Alguien cree que uno es que uno es capaz de afirmar: “Yo soy superior, por ejemplo a Víctor, porque soy ministro de la Iglesia”. No. Sobre todo porque el Ministerio es una vocación: una carga, una cruz. Yo no he tenido derecho a que me ordenen, ha sido la Iglesia la que me ha dado este encargo.
En un cuestionario que envió la Santa Sede a las diócesis para hacer una valoración de la implantación del diaconado permanente se preguntaba:
“¿Cómo entienden la sacramentalidad de la propia condición diaconal en relación con Cristo?
¿Demuestran tener conciencia de que fueron configurados con Cristo por medio de la ordenación diaconal y, por lo tanto, se han convertido en un signo personal de Él?”. Fijaos en lo de “¿tienen conciencia de que fueron configurados con Cristo?”¿Tenemos conciencia de que mediante la ordenación hemos sido configurados con Cristo?¿Y de que nos hemos convertido en un signo personal de Él? Es muy fuerte esto de convertirnos en Signo personal de Cristo, no por nuestros méritos, sino por ese encargo recibido de la Iglesia que nos ha marcado con una gracia sacramental. Por eso este ministerio diaconal es un servicio desinteresado, un servicio en el que uno busca servir, por supuesto no creerse superior, Sino que porque uno es distinto, se debe entregar, y subrayando que ser distinto no significa ser superior, ni mejor ni conseguir unos privilegios (Que pena que sea común ver acudir al ministerio a muchos que quieren conseguir privilegios, y que acertada la afirmación de nuestro querido papa Francisco: los escaladores al monte, no a la Iglesia), sino que significa que uno recibido una carga grande, pero recibiendo para ello una gracia especial.
Si. Por la imposición de las manos es asistido por una gracia sacramental especial que le da fuerza para conseguir llevar este ministerio, porque el carácter diaconal es signo configurativo distintivo impreso indeleblemente en el alma, que configura a quien está ordenado a Cristo, quien se hizo diácono, es decir servidor de todos. Subrayo: lo que dice aquí configurativo distintivo impreso indeleblemente de forma que no hay manera de borrarlo, haga lo que haga ha sido marcado indeleblemente y no hay forma de borrarlo, desde que a uno le ordenan hasta que se muera, bueno, más bien por toda la eternidad, está impreso ya de forma imborrable en el alma. Esto conlleva una gracia sacramental específica que es fuerza vigor especial, don para vivir la nueva realidad cobrada por el sacramento. Nos dice como en todos los sacramentos que imprimen carácter, que la gracia tiene una virtualidad permanente que florece y reflorece en la medida que es acogida y re acogida.
Sabemos que todos los sacramentos tienen una materia (en el bautismo en agua, en la confirmación el santo crisma, etc..) pues la materia de Ordenación es la imposición de las manos por parte del obispo y la oración consecratoria: con sus tres partes y tres momentos la 1- anamnesis , 2 la epíclesis y •- la mimesin intercesión para configurarse con Cristo.
1.- la Anamnesis en la que se recurre a la historia de la salvación centrada en Cristo un recuerdo el nombramiento de los levitas. Fijaos esto es importantísimo este precedente Levítico que ve en la figura de los levitas a los diáconos ya que los levitas eran aquellos que se vivían por no poseer tierras alrededor del Tabernáculo y dedicándose después en exclusiva al templo (basta ver su importancia al nombrar como levitas Moisés, Aaron, Samuel o Ezequiel. Después nos habla que su institución con los siete: Esteban, Felipe, Procoro y cia.
2-.La Epiclesis en la que se pide la fuerza de los siete dones del Espíritu para que el ordenando sea instrumento del Santo Espíritu.
3- Las Intercesiones en las que se ora para que tenga una vida generosa y casta: imitación de Cristo Siervo.
Antes de esto vienen las preguntas y me gustaría pararme en la promesa de obediencia al obispo (es una promesa que en su fórmula ordinaria el obispo le pregunta al candidato: ¿Prometes obediencia a mí y a mis sucesores? Aquí en Madrid como hasta ahora ha sido un auxiliEPSON DSC picturear se tenía que utilizar la formula extraordinaria: ¿Prometes obediencia a tu obispo?. Entonces uno queda injertado y depende necesariamente de los obispos que poseen la plenitud del sacramento del Orden y además dice mantiene una relación especial con los presbíteros en comunión con los cuales están llamados a servir al Pueblo de Dios. Ojo dice una relación especial con los sacerdotes, y recalco esto porque hay muchos que se creen que ser diacono es ser el siervo del presbítero y no es eso, es siervo de Jesucristo y del Pueblo de Dios, o sea de la Iglesia.
Si el diácono tiene que ser icono de Cristo Siervo debe de hacer suya la imagen de Cristo lavando los pies a sus apóstoles, los mandatos: “El que se humilla será ensalzado”, o “Los últimos serán los primeros”, “Acostúmbrate a entrar por la puerta estrecha y a ocupar los últimos lugares de la mesa y tantos otros con los que Cristo nos anima a la humildad, pero me gustaría hacer un inciso, porque uno puede refugiarse en la humildad (virtud que desde luego debemos de cultivar los diáconos , tal vez más que ninguna otra) para no dar a conocer nuestro ministerio. Si. Suele ser más fácil ampararse en que hay ser humilde, hay que esconderse, hay que abajarse, para quitarse de en medio y no cumplir con un ministerio que a uno se le ha dado para que lo ejerza.
La ordenación debe de hacerse patente en un configuración especial con Cristo Siervo, que nos lleve a amar y servir en primer clarísimo lugar a aquellas por las que por el sacramento del matrimonio son con nosotros una sola carne, nuestras mujeres (hablo para los casados obviamente). Si miro para atrás y pienso que ha cambiado en nuestro matrimonio con la ordenación puedo subrayar entre otras que nos ha llevado a rezar juntos, algo que antes en rara ocasión hacíamos.acolitolectorChusquiOrlandoChema2005

Una de las promesas que se realizan en la ordenación es comprometerse rezar la Liturgia de las Horas según mande la Conferencia Episcopal, en nuestro caso en España, laudes y vísperas. Pues yo digo ¡Bendita obligación!.¡Cuánto bien me ha hecho y creo ha hecho a nuestro matrimonio!..el rezar todas las tardes con mi mujer los salmos, meditar la lectura y pedir por todos los que tenemos en mente. Tenemos que servir a nuestros hijos, que deben ser nuestra segunda prioridad y no puede haber un solo minuto que tengamos que dedicar a ellos y dediquemos a otras labores (no nos engañemos, si un diácono reza muchísimo, hace mil labores pero descuida a sus hijos, no está siendo un buen ministro).
La tercera prioridad ministerial serán obviamente los pobres, los necesitados, las personas mayores solas, y aquellos que están atrapados en la mayor pobreza de nuestro mundo del bienestar y creen tenerlo todo pero no tienen lo que Grande de Verdad, Jesucristo. Ya lo decía la Beata Teresa de Calcuta, hay muchos pobres en los países ricos, de una pobreza peor: la falta de amor.
Es importante que al quedar injertado en la jerarquía de la Iglesia implica la pertenencia eclesial a nivel jurídico efectivo y espiritual y la obligación del servicio ministerial. Esto hay que cuidarlo: la obligación de servicio ministerial y por eso es tan triste encontrarse a diáconos, que no ejercen su ministerio, por ejemplo en la misas. Uno les pregunta y alegan que tienen que acompañar a su mujer durante la misa, signo claro de unas deficiencias en su formación, que no le han llevado a conocer la profundidad y el sentido del servicio ministerial durante el sacrificio eucarístico. Por eso hay que insistir en que siempre que un diácono participe en misa tiene que ejercer su oficio ministerial, se tiene que revestir. Incluso si ya hay diáconos asistiendo al altar: siempre tiene que ejercer su ministerio.
Bueno, tan solo acabar dando gracias a todos vosotros por escucharme, reitero mis ánimos: ¡Esto es muy grande!, ¡vale la pena! y acabo con el salmo 115, el salmo diaconal:
“¿Cómo podré pagar al Señor tanto bien que me ha hecho?.
Alzaré la copa de la salvación invocando tu nombre”.

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Acerca de diaconofrancisco

Diácono de la Archidiócesis de Madrid.

Publicado el 18 octubre, 2014 en Formación diaconal. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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