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Milán: El cardenal Scola ordena siete diáconos permanentes: “Ustedes son una buena señal para toda la familia humana”

En la liturgia del primer domingo de Adviento Ambrosiano, el cardenal Scola ordenó en la Catedral de Milán a siete diáconos permanentes,con sus esposas e hijos presentes.”Deben saber llevar al mundo la comunión, en sus trabajos y en sus casas, dijo el Arzobispo.

Para ser un testimonio de comunión que viene de tener a Cristo en común. Es esta conciencia, para vivir cada día, la que el Cardenal pide, ante todo, a los siete diáconos permanentes en la ordenación en la Catedral. Momento solemne que, cuando se coloca en la Misa de la vigilia del primer domingo de Adviento ambrosiano, marca el comienzo de un largo viaje preparado y, en conjunto, el comienzo de un ministerio para llevar a cabo en todos los lugares de interés para la humanidad.
Afuera, la noche es fría, llueve sin cesar, pero entre la nave de la Catedral, donde concelebrar el Vicario General, los obispos auxiliares, los Vicarios Episcopales y un buen número de sacerdotes, el clima es el de alegría y brillantez. Hay esposas y familiares de los ordordeenandos, todos casados ​​con hijos, con edades comprendidas entre 44 y 59 años de edad, algunos son empleados, otros profesionales o funcionarios públicos.
Particularmente importante como una señal para el mundo, estas nueva tarea eclesial de los diáconos permanentes que, como los otros 132 ya está presente y activo en la diócesis – muchos de estos están acompañando en la celebración en la Catedral – deben conciliar los compromisos y deberes de trabajo y de la familia pastoral. Y luego, la reflexión se dirige a todos los que escuchan atentamente sentados delante del Cardenal detrás están sus esposas e hijos.
“Estáis llamados a experimentar de primera mano el malestar que habita en los corazones de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su servicio – marca Scola – comienza al compartir esta vida, y después por las alegrías y las tristezas, de las preocupaciones y expectativas de cada uno de nuestros semejantes. El campo es el mundo: salida hacia adelante, la manera de cumplir con los hombres”.
Apela a la conciencia de ser ordenado no “sólo a exteriores ceremonias, sino a compartir profundamente los corazones de los hombres”, especialmente en un tiempo de angustia como el actual en el que parece más real que nunca las palabras y las imágenes evocadoras del tiempo final dramático que el Evangelio de Marcos propone en este primer domingo de Adviento
El arzobispo habla de la consternación de hoy en las injusticias, tragedias y desastres que no son muy diferentes de las que los cuatro apóstoles piden al Señor como signos que presagian el final. La invitación viene de Jesús de ver delante el engaño, “un riesgo muy grave hoy en día,” se presta atención y mira lo que realmente sucede, el regreso del Salvador, de “Aquel que va a salvar a todos.”
“La urgencia de esta llamada en nuestros tiempos, llena de ardor de preguntas sobre el nacimiento, la vida, el dolor, la muerte, el amor y la justicia, debe ser su emergencia como una de las tareas claves del ministerio ordenado en la vida de la Iglesia y, por lo tanto, del diaconado hoy, con el sacramento, recibir “. Un relaciones intensas y apasionadas que cuidan de la comunión, por lo tanto, “que no pueden venir de la construcción de relaciones eclesiásticamente o políticamente correctas”, pero que viene de la conciencia de que somos “uno”, “que tienen en común el mismo Cristo presente aquí y ahora ya resucitado “.
Una comunión – repite fuertemente cardenal – que califica como un “principio de organización práctica”, y que, también, con demasiada frecuencia sufren lesiones que “oscurecen la colegialidad de la Iglesia.”
Es deseo que las familias de los ordenandos dean testimonio del don “hermoso e inestimable” del diaconado permanente “, resaltando que la familia debe ser vida cristiana activa y especialmente una buena vida en la sociedad, no sólo un objeto de atención por parte de los sacerdotes “.
La institución de familia que está unida, de manera particular y específica,en el Ministerio del diaconado permanente, para que, finalmentediaco, el Cardenal ofrece una eficaz y hermosa síntesis: “Su presencia en las comunidades cristianas, que son enviadas por el arzobispo ( al final de la misa, los diáconos reciben el destino por el obispo) no tiene el horizonte para llenar “vacíos” y para prestar determinados servicios. El horizonte de su ministerio en colaboración con el obispo y los sacerdotes es regenerar la Iglesia y “reconstruir el Templo” por y en el corazón de cada persona. Los enviados de Cristo tienen un corazón que late en armonía con el de todos los que vienen a su encuentro. Ese deseo y la expectativa de que Cristo está activo, el que ha de venir, debe ser el primer pensamiento de cada uno”.
Se finaliza con uno de los ritos tal vez más atractivos y simbólicos después de recibir el Orden, que es el signo de la paz con el cardenal, que llevó a los diáconos, a los pies del altar mayor,y entre los bancos, los niños y sus esposas. Un signo de la paz y un abrazo que se expande el mundo.

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Acerca de diaconofrancisco

Diácono de la Archidiócesis de Madrid.

Publicado el 16 noviembre, 2014 en Noticias diaconado Iglesia Universal, Testimonios. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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