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“¡Qué hermoso es ser diácono: ser servidores de la libertad para la que Cristo nos ha liberado!”. Palabras del obispo Juan Antonio Martinez Camino en ordenación de diáconos en Madrid

Homilía del P. Juan Antonio Martinez Camino, obispo auxiliar de Madrid en las ordenaciones de dos diáconos el 30 de mayo de 2015 en el Seminario Conciliar de Madrid

ORDENACIÓN DE LOS DIÁCONOS PERMANENTES
Víctor Manuel García de la Fuente y Salvador Senent Díez

Eclesiástico 51, 17-27
1 Corintios 9, 16-19.22-23
Marcos 11, 27-33

Queridos señor Rector, don Andrés, y Presidente de la Comisión para el Diaconado, don Juan Carlos; queridos sacerdotes concelebrantes, diáconos y, muy especialmente queridos Salvador y Víctor Manuel; queridos hermanos todos en el Señor; en particular, esposas, padres y demás familiares de los nuevos diáconos:

1. Desde hoy, queridos amigos, vais a ser diáconos. Por el sacramento del Orden martinezcamino-19jpgque vais a recibir, vuestra persona adquiere una cualidad nueva que le confiere una identidad propia. Esto no obsta para que podáis pasar temporadas en las que estéis enfermos; otras en las que estéis especialmente contentos – como estos días – y otras en las que estéis en alguna crisis de algún tipo. Pero lo que no estaréis nunca será diáconos, porque, desde hoy, lo seréis para siempre. Seréis diáconos para siempre. Como los obispos somos obispos y los sacerdotes son sacerdotes para siempre. Como todos los bautizados somos bautizados, hijos de Dios en Jesucristo para siempre.
Recibiréis del obispo una tarea, una función que desempeñaréis con toda dedicación y con todo cariño. Pero la función no os definirá como lo que sois. La tarea podrá cambiar, tal vez deberá cambiar. En cambio, vuestra identidad de diáconos de Jesucristo para su Iglesia deberá crecer y perfeccionarse, pero no podrá ya cambiar ni perderse. Vuestra identidad sacramental de bautizados que servís al Pueblo santo ejercitando con él y para él el servicio mismo que el Señor Jesús le prestó de una vez para siempre revelándolo el misterio del Padre, liberándole de sus pecados y uniéndolo a Dios en la santidad que se expresa también en la caridad con los hermanos… esa identidad sacramental será para siempre vuestra alegría y vuestro gozo. Viviréis ese nuevo ser vuestro en las funciones que se os encomienden, por diversas que sean o incluso, pudiera ser que ingratas en algún caso. Seréis diáconos cada vez más santos, lo cual no va necesariamente unido a que seáis personas con grandes cosas que hacer o con brillantes tareas que desempeñar. Porque ser diáconos santos es, ante todo, ser personas que viven en Cristo, con su mismo ser y sentimientos.

2. Hoy día, queridos amigos, como sabéis muy bien, vivimos en medio de una cultura que se precia mucho de haber conseguido la libertad. En algunos aspectos es verdad. Pero en el fondo, nuestra llamada “cultura de la libertad” es víctima de un gran espejismo, de una gran ilusión. Se piensa y se vive como si la libertad estuviera amenazada solamente por fuerzas exteriores, como si nosotros fuéramos libres y tuviéramos que defender nuestra libertad sólo frente a los otros. ¡Qué ilusa pretensión y autosuficiencia! ¡Qué insoportables resultan para los oídos de los modernos que así piensan y así viven las palabras del Apóstol que acabamos de escuchar: “Me he hecho esclavo de todos”! ¿Esclavo? ¿Siervo? ¡Pero si eso es lo que por fin hemos superado con tanto esfuerzo y con tanta lucha! “Nosotros – dicen los grandes voceros de la llamada cultura de la libertad – nosotros no somos siervos de nadie, hemos asumido por fin nuestro papel de seres infinitos: somos la realización del superhombre”. ¿Os suena, verdad? Terrorífica falsedad que ha convertido al siglo XX en el siglo de la guerra y de las víctimas. Pero también, el siglo de los mártires cristianos, de los testigos de la libertad verdadera… (Aunque haya sido asimismo el siglo de las declaraciones de los derechos humanos).

3. Sí, queridos amigos Salvador y Vsalvadoríctor Manuel: un diácono de Jesucristo para su Pueblo santo es, antes que nada, un testigo de la libertad verdadera. “Siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos”. Ésa es la prueba de la verdadera libertad: poder hacerse servidor. Libre no es quien se autoproclama tal, pero al mismo tiempo, crea esclavitudes y muerte en torno suyo. Libre es quien sirve a la libertad de los demás. Libre es quien vive la identidad del diácono, del servidor del Evangelio, liberado por Jesucristo para servir a su Pueblo como Él mismo lo sirve.
Jesucristo nos sirve ante todo con la verdad. “Yo para eso he venido: para ser testigo de la Verdad” (cf. Jn 18, 37). El pasaje del Evangelio de Marcos que acabamos de escuchar, tan chocante, es un ejemplo precioso del servicio que nos presta el Señor. Él tiene autoridad. Sus adversarios lo ven, se inquietan y le preguntan por su autoridad. Pero le preguntan no para escuchar su respuesta, sino para combatirlo. Jesús sabe que está librando un combate decisivo: el que libran en este mundo la Luz y las tinieblas, la Verdad y la mentira. Pero Él que es la Luz, la Verdad y la Vida, no puede entrar en compromisos con las tinieblas, con la mentira y con la muerte. No discute. No habla con quien no quiere oír: No queréis saberlo, pues yo tampoco os lo digo…
La respuesta del Señor a la mentira y al mal no se queda en un debate intelectual, consiste ante todo en vencerlo a base del ejercicio del bien. Es decir: consiste, sí queridos amigos, en ir a la Cruz. Ése es el servicio de los servicios: “He venido para servir y para dar mi vida en rescate por muchos”

4. Queridos hermanos diáconos y nuevos diáconos: ¡Qué hermoso es ser diácono: ser servidores de la libertad para la que Cristo nos ha liberado (cf. Gal 5, 1))!¡Qué identidad tan preciosa la vuestra! No es preocupéis tanto por lo que tengáis que hacer cuanto por lo cultivar lo que sois. Gozaos de lo que sois por don de Dios, por gracia suya, por la gracia del sacramento. Y cultivadlo. ¿Cómo? Con la oración y el ministerio.
Sin oración, el “yo” se queda solo… y se hace “autorreferencial”. Sin la oración no es posible el verdadero servicio desinteresado. El rito de la ordenación hace referencia en varios lugares al compromiso de orar que adquiere el ministro de la Iglesia. “Tratar de amistad, estando muchas veces a solas con Aquel que sabemos que nos ama” , como ccdecía Santa Teresa de Jesús, es una dulce obligación de todo cristiano, pero, en particular de quien ha de cuidar su identidad de servidor de Jesucristo para su Pueblo.
El ministerio consiste antes que nada en el testimonio de lo que sois… No hace falta hacer grandes cosas para servir mucho a la Iglesia con un modo de ser marcado por la gratitud y la humildad… que os harán libres para servir de verdad. El ejercicio del ministerio robustecerá vuestra identidad de diáconos y hará fructíferas vuestras tareas, si lo hacéis brotar constantemente de un corazón agradecido por el don recibido y, por tanto, en la humildad verdadera.
Modelo y maestra es María, la “esclava del Señor”. A ella os encomendamos hoy de manera especial a vosotros y a vuestras familias. Que, de su mano de Madre, os conceda el Señor crecer por muchos años en la santidad de la identidad diaconal que hoy recibís por el sacramento del Orden. Amén.

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Acerca de diaconofrancisco

Diácono de la Archidiócesis de Madrid.

Publicado el 2 junio, 2015 en Formación diaconal, Noticias diaconado de Madrid, Noticias diaconado Iglesia de España, Ordenaciones y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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