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«Como policía o como diácono, mi vocación es servir»

Alberto José González (Gijón, 1967), el primer diácono permanente de la ciudadord., recibe a EL COMERCIO a las puertas de su parroquia, San Vicente de Paúl. Lo primero que viene a la cabeza de quien le ve por primera vez es que le pega más una ‘chupa’ de motero que una sotana. Él so10260173.JPGnríe con la observación, pues, reconoce, no es la primera vez que se lo dicen. Tampoco es la primera que ve caras de sorpresa al explicar que hasta hace cuatro años trabajaba en el Cuerpo Nacional de Policía. No entiende, sin embargo, por qué una cosa tiene que estar reñida con la otra. «En ambos casos se presta un servicio al pueblo y esa es precisamente mi vocación. Ya sea como policía o como diácono», manifiesta, convencido.

Alumno del colegio Ramón Menéndez Pidal y, posteriormente, del instituto Jovellanos, Alberto José recuerda que siempre fue creyente. «Siempre me llamaron enormemente la atención todos los grandes misterios, como la vida, el universo o lo relacionado con Dios», explica. Sin embargo, en su juventud no llegó a plantearse, reconoce, la posiblidad de dedicarse al sacerdocio. Sí le atraía enormemente todo aquello que tuviese que ver con el mundo militar y castrense. Tras terminar el servicio militar, rememora, se planteó seriamente la posibilidad de prepararse para entrar en la Guardia Civil. Finalmente, tras conversar con un inspector jefe, se decantó por el Cuerpo Nacional de Policía.sanz-califica-1

Tras prepararse, sacar la oposición a la primera y estar destinado en diferentes lugares del país, Alberto José regresó a su Gijón natal en 2001. Una vez en la ciudad comenzó a acudir a la parroquia de San Vicente de Paúl en compañía de su esposa, María, y de sus hijas, Gabriela y Virginia.

Cinturón negro

Después de más de dos décadas de servicio, el gijonés tuvo que jubilarse prematuramente por problemas de salud que le impedían continuar con su trabajo en la calle. «Siempre fui un hombre de acción y no me veía capaz de pasar el tiempo que me quedaba hasta la jubilación en una oficina, así que opté por retirarme», relata este experto tirador y cinturón negro de kick boxing. Durante los meses que estuvo de baja, en los que pasó por momentos muy duros, según él mismo reconoce, empezó a madurar la posibilidad de entrar a formar parte del clero como diácono permanente. «La idea comenzó a rodarme por la cabeza después de una intensa conversación que tuve con Manuel Vigo», recuerda. Una vez decidido, apunta, hubiese seguido adelante aunque no se hubiese jubilado.

Así, se retiró del cuerpo en agosto de 2011 y en septiembre del mismo año comenzó a estudiar en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Melchor de Quirós, en Oviedo, donde permaneció tres años. Con él cursaron los estudios los otros dos asturianos ordenados diáconos el pasado 13 de diciembre junto a él en la catedral ovetense. Uno de ellos, Juan Antonio Blanco, es hombre casado y con hijos, igual que él, y ambos son los primeros diáconos permanentes de la región. «Alcanzamos el máximo nivel de compromiso en el servicio a la Iglesia, ya no podemos aspirar a más», explica Alberto José, e indica que el tercer diácono nombrado aquel día es un joven célibe que continuará con su formación para ser ordenado sacerdote.

Su esposa le apoyó

El gijonés, que no puede estar más ilusionado, comenzó su ministerio el 17 de diciembre, tan sólo cuatro días después de su ordenación, celebrando exequias en el Tanatorio de Cabueñes. Como diácono permanente podrá ejercer todas las misiones de la Iglesia, menos
la administración de los sacramentos de consagración y confesión. «Puedo bautizar, portar el viático a los moribundos, asistir y bendecir matrimonios y presidir el rito fúnebre y la sepultura, entre otras cosas», explica y recalca que para él todo se reduce a servir y tratar a las personas. «Al fin y al cabo era lo que más me gustaba durante mi paso por el cuerpo. No niego que las persecuciones y las intervenciones estaban bien, pero yo siempre me quedé con las palabras de agradecimiento de la gente a la que ayudé y con los buenos amigos que hice a lo largo del tiempo», insiste.

Tanto su familia como sus amigos, asegura, apoyaron y respetaron su decisión, la compartiesen o no. «Es más, si no hubiese contado con el consentimiento de mi mujer no podría haberlo hecho», explica.

origen
La ordenación:

El Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, calificó ayer de “regalo inmenso e inmerecido” el nombramiento de los dos primeros diáconos casados de Asturias: el avilesino Juan Antonio Blanco y el gijonés Alberto José Fernández. El prelado, que inauguró en la Catedral el Año Santo de la Misericordia, anunció que con los nuevos ministros permanentes “llega el mensaje de la alegría”. Sanz Montes dedicó parte de su homilía, seguida por cientos de personas, a definir este sentimiento. “La alegría no es una mueca del rostro, no es algo postizo que se alquila o se presta, sino que responde a la paz interior de quien mira sin miedo las circunstancias cotidianas”. A lo que agregó: “El mundo necesita alegría con mayúsculas”.

thumbEl máximo representante de la Iglesia asturiana también tuvo palabras para el obispo auxiliar Juan Antonio Menéndez, quien tomará posesión de su nuevo cargo como obispo de la diócesis de Astorga el próximo sábado día 19. “No olvides volver a tu casa, siempre abierta para ti, cuantas veces necesites y desees”, manifestó.

El acto comenzó a las cinco y media de la tarde en la iglesia de San Tirso, donde Jesús Sanz Montes leyó la introducción de la bula de convocatoria del Jubileo de la Misericordia, ya pronunciada el pasado martes en Roma por el Papa Francisco. A continuación tuvo lugar una procesión hasta la Catedral, cuyo interior estuvo abarrotado de fieles. Entre ellos, sentados en primera fila, los familiares de los dos diáconos casados: Juan Antonio Blanco (de 57 años, vinculado a la parroquia avilesina de San Nicolás de Bari y padre de dos hijos; el mayor, Juan José, de 25 años, es sacerdote) y Alberto José Fernández (de 48 años y padre de dos hijas de 17 y 15 años). Ambos podrán celebrar bautizos, bodas y exequias, además de predicar las homilías de los domingos. Sin embargo, no tendrán autorización para confesar o administrar el sacramento de la unción de los enfermos. La figura de diácono permanente -incluye un período de preparación básica y tres años de estudios teológicos- se diferencia de la del sacerdote en que la primera puede militar en partidos políticos y sindicatos, así como ejercer cargos públicos de representación.

“Ellos responden a una llamada que desde su vocación bautismal y matrimonial han ido poco a poco madurando. Fueron llamados a la vida, a la fe y al amor al formar una familia que Dios ha bendecido con hijos (…). Ellos no han sido llamados al ministerio presbiteral, pero sí a dar el alto testimonio de la caridad desde su ministerio de diáconos”, expuso Sanz Montes.

Junto al avilesino y el gijonés, el Arzobispo de Oviedo también nombro diácono, en este caso transitorio, a Ernesto Schnaas, miembro de la Asociación eclesiástica Lumen Dei. El acto, seguido con emoción por sus familiares y más de un centenar de sacerdotes, consistió primeramente en preguntar a Marcelino Garay, la persona encargada de la preparación de los dos diáconos casados, sobre la capacidad de los aspirantes. Tras ello vino el momento de la postración -en el que los diáconos permanecen tumbados en el suelo boca abajo-, que duró casi cinco minutos, la imposición de manos y por último la recepción del Evangelio.

Durante el oficio, Jesús Sanz Montes elogió al que durante dos años y medio fue su mano derecha en la institución eclesiástica: Juan Antonio Menéndez, nueva prelado de Astorga. “Donde no llegaba yo, él llegaba. Lo que no sabía yo, en él Dios me lo enseñaba. Cuantas cosas yo no podía hacer, él lo hacía posible”. “Doy públicamente testimonio de cómo siendo distintos, desde que nos conocimos ha habido un reconocimiento sencillo y gozoso del don de sabernos hermanos”, proclamó. Pese a las penas, el Arzobispo anunció que la diócesis de Asturias y de Astorga “seguiremos ayudándonos”. La homilía supo pues a despedida, aunque San Montes insistió que no era un adiós, sino un hasta pronto. “Le acompañaremos en el viaje de ida, dejando a buen recaudo el camino de regreso”, sentenció.origen

 

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Publicado el 5 enero, 2016 en Noticias diaconado Iglesia de España, Testimonios. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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