Anuncios

El diaconado hoy en América del norte

Antecedentes: El 30 de agosto de 1968, El Papa Pablo VI accedió a la petición de los Obispos estadounidenses para la restauración del diaconado permanente; Canadá hizo su demanda poco tiempo después. Un estudio nacional hecho en 1981 (tras 10-12 años de experiencia) confirmó que no se había alcanzado plenamente la finalidad original del diaconado ni su integración en la vida eclesial. De verdad, el diaconado en América del Norte se encontraba todavía en su infancia. Los mayores problemas planteados en este estudio fueron la falta de entendimiento del diaconado por parte de los seglares y la carencia de aceptación del mismo por parte de los sacerdotes. Otros problemas que anotaron los autores del estudio de 1981 fueron: la cuestionable eficacia del ministerio diaconal en la pastoral de las diócesis y parroquias, el peligro del elitismo y clericalismo, la necesidad de una mejora evaluación antes de la admisión y de una mejora formación. Sin embargo, un segundo estudio, hecho en 1995, o sea 25 años después de la restauración del diaconado, confirmó el éxito de la restauración del diaconado en los EE.UU., en cuanto al número de vocaciones y a su único e imprescindible servicio a las
parroquias locales. El estudio mostró que el diaconado era generalmente basado en las parroquias y que tuvo bastante éxito en el contexto parroquial. Sin embargo, el ministerio del diaconado no se había extendido hacia la diócesis ni hacia el mundo extraeclesial y además el diaconado no se había convertido en un modelo de los ministerios relacionados a la caridad o la justicia dentro de la diócesis o del mundo seglar exterior.21751330_1786622811377988_6664520390287518062_n
Contribuciones y retos del diaconado: No cabe duda que el diaconado restaurado ha tenido un enorme éxito, como lo demuestra su constante crecimiento en América del Norte durante los últimos 50 años 50. Y la mayoría de los diáconos se declararon sumamente satisfechos con su ministerio y muy prontos a animar a otros de seguir su vocación diaconal. En su mayoría, los diáconos se muestran muy satisfechos con su trabajo en la parroquia, los curas que son también sus supervisores los consideran cada vez más imprescindibles y también los líderes laicos de las parroquias los consideran
ayudantes muy necesarios a sus sacerdotes tan atareados.
A la pregunta ¿qué es lo que hacen los diáconos? los previos estudios responden que los diáconos hacen cosas que los sacerdotes hacían sin ayuda antes de la restauración del diaconado. El estudio del año 1995 lo dice con énfasis: el diaconado se ha convertido – sin intención – en una solución para la disminución de las vocaciones sacerdotales. De hecho, el número de sacerdotes en América del Norte está disminuyendo en el mismo ritmo que las vocaciones diaconales están aumentando.
Si se mantiene el promedio actual, el número del diáconos igualará el de los sacerdotes dentro de aproximadamente 20 años. Pero también está claro que la restauración del diaconado no tiene la intención de ser el remedio para la falta de sacerdotes, pues esto distorsionaría el significado tanto del sacerdocio como del diaconado.
El estudio del año 1995 mostró que el enfoque del ministerio, para la mayoría de los diáconos, es, en gran medida, litúrgico   sacramental y que ellos cumplen estas tareas muy bien. Dicho enfoque puede ser fácilmente entendido, pues la mayoría de los diáconos pasan entre 10 y 20 horas cada semana en el ministerio, y el párroco necesita ayuda en las preparaciones al bautismo y en los bautismos, en las preparaciones al matrimonio y los matrimonios, en las vigilias fúnebres y servicios de sepulcro, visitas a enfermos o a las casas funerarias y también enseñando en el RICA y ayudando regularmente con los sermones (la lista no es exhaustiva). Con el número limitado de horas que el diácono puede ofrecer al ministerio – dado sus otras responsabilidades hacia su familia y su profesión, las tareas parroquiales son percibidas como prioritarias respecto a los ministerios de justicia social y caridad, lo que amarra cada vez más el diácono a la parroquia y hace con que éste sea percibido como imprescindible para la vida parroquial tanto por los párrocos como por los feligreses. Por lo tanto un reto fundamental para el futuro del diaconado en América del Norte es de “extender los ministerios del diaconado más allá de sus adaptaciones generalmente exitosas y cada vez más imprescindibles a la vida parroquial, y enfatizar más que los  diáconos por su ordenación, están llamados a ser los modeles, los animadores y los facilitadores de los ministerios de caridad y justicia en el marco de la Iglesia diocesana local” (Estudio del 1995, página 13).

19149159_1012994722187564_8834796036009340263_n
A la luz de esta observación, el Directorio Nacional articuló con énfasis el triple ministerio diaconal de Servidores de la Palabra, Servidores de la Liturgia, y Servidores de la Caridad y la conexión muy fuerte que hay entre los tres (DN# 36-37). De hecho, el Directorio declara muy claramente que los ministerios diaconales de la Palabra, de la Liturgia y de la Caridad “no deben ser separados: el diácono es ordenado para los tres y nadie debe ser ordenado quien no esté dispuesto a ejercer cada uno de ellos de una cierta manera” (DN# 39). Teniendo esto en cuenta, el número creciente de diócesis en América del Norte hacen doblas asignaciones al momento de la ordenación de un diácono. El diácono es asignado a una parroquia, siendo sus deberes y responsabilidades detalladas en un Acuerdo Sobre la Misión Parroquial. Al mismo tiempo el diácono es también asignado a un ministerio diocesano especial: sus deberes y responsabilidades en este caso son detalladas en un Acuerdo Sobre el Ministerio Diocesano Especial. Se trata de un intento de extender el ministerio del diácono hacia fuera de la parroquia a la cual el diácono ha sido vinculado o incluso encadenado por los últimos casi 50 años.
Si quisiéramos presentar el perfil típico de un diácono a base de la demografía más reciente sobre el diaconado, el diácono sería de 64 años de edad, blanco, casado, graduado de una universidad, con profunda espiritualidad y una fuerte motivación para el servicio. Teniendo en cuenta esta imagen del diácono típico, debemos preguntarnos ¿qué es lo que la Iglesia local debe buscar en su reclutamiento y selección de futuros candidatos al diaconado para garantizar que el servicio sacramental de la Iglesia permanezca una realidad. Si la edad promedio de un diácono es de 64 años, es obvio que se debe animar a hombres más jóvenes para que pidan la ordenación diaconal. Desgraciadamente, a causa de sus responsabilidades familiares y laborales, los hombres más jóvenes no se animan a pedirla. Muchos de los interesados más jóvenes, se desaniman si tienen hijos más pequeños, lo que lleva al aumento de la edad media de los diáconos, de 49 años en 1977 a 64 en 2014.18056216_1822646884652520_7316518508054221457_o
Dado el crecimiento de la población hispanoparlante en América del Norte – que hoy en día representa el 28% – cada vez más diócesis proporcionan programas de formación tanto en inglés, como en castellano especialmente en el componente teológico o intelectual. Y esto es necesario porque las necesidades de estas comunidades inmigradas en constante aumento deben ser tenidas en cuenta en todo momento. Los párrafos #166 y #167 del Directorio Nacional dan una lista muy comprensiva de las cualidades que uno debe discernir en la persona examinada para una posible ordenación diaconal, lista basada en casi 50 años de experiencia. Uno de los rasgos del diácono ejemplar es “la capacidad de dirigir, motivar, facilitar y animar a otros para la acción y el servicio adecuado” (DN# 166). Por lo tanto, parece recomendable que se invite a miembros de familias inmigradas – de segunda o tercera generación – con las competencias lingüísticas que correspondan y con inmersión en una cultura particular – que se presenten para servir a aquellos de sus hermanos y hermanas que llegaron a nuestros países más recientemente. Sin embargo, el énfasis debería ser puesto en el carácter único de la vocación diaconal – no basado solo en las necesidades del momento, sino en el ministerio diaconal de caridad y justicia, manteniendo siempre la fidelidad al triple ministerio de la Palabra, de la Liturgia, y de la Caridad.

12

por Diácono Gerald DuPont   Centro Internacional del Diaconado

Anuncios

Publicado el 20 septiembre, 2017 en Noticias diaconado Iglesia Universal. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: