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El diaconado, fundamento e identidad. Un estudio teológico-pastoral

Pablo Blanco
Universidad de Navarra
Eduardo Ludwig
Archidiócesis de Pamplona-Tudela

Resumen: El Concilio Vaticano II ofrece una teología del diaconado, al aludir a la condición diaconal de toda la Iglesia y, más en concreto, del ministerio ordenado.
Esta diakonía se expresa pues en clave de servicio, y no de poder. En este artículo se responde a la pregunta de cuál es la diferencia con un laico, quien puede  desempeñar funciones muy parecidas. La condición sacramental del diaconado
ha sido enseñada siempre por la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, mientras que la doctrina del “carácter diaconal” como representación in persona Christi Servi sería más bien un desarrollo del magisterio posconciliar. El Concilio ha afirmado que el diácono ha sido ordenado non ad sacerdotium sed ad  inisterium, para expresar la colaboración con los obispos, con sus presbíteros y con todo el Pueblo de Dios. Sirve a la mesa de los pobres, a la Mesa de la Palabra y a la Mesa eucarística. Su misión consiste en crear las condiciones para que la comunidad local se convierta en Iglesia y pueda así contar con el misterio eucarístico en plenitud.

dsc_5531Además de recuperar el diaconado permanente vivido en la antigüedad cristiana, el Concilio Vaticano II ofrece una teología del diaconado, al aludir a la condición diaconal de toda la Iglesia y, más en concreto, del ministerio ordenado. El mismo Cristo preguntó: “¿Quién es mayor entre vosotros, el que está sentado a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa. Y sin embargo yo estoy entre vosotros como el que sirve (o diakonôn)”1 . Esta diakonía se expresa pues en clave de servicio, y no de poder, tal como es recordado para todo el sacerdocio ministerial. Respecto a los
diáconos propiamente dichos, el Concilio habla de “gracia sacramental”, pero no de carácter, aunque LG 21 no distingue en los grados a la hora de definir el  carácter en el sacramento del orden. El diácono desempeña además las tres funciones mesiánicas de servicio a la Palabra, a la liturgia y a la caridad. El problema planteado a la teología posconciliar será pues si es necesaria la
ordenación para desempeñar estas funciones. ¿No bastaría tan sólo con la potestad de jurisdicción, o con las funciones que puede desempeñar un laico, muy parecidas a las del diácono?

 

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TEXTO COMPLETO

Entrevista a Eduar­do Lud­wig

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Publicado el 16 octubre, 2017 en Esposas de diáconos. Familia.. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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