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“Ordenados y sin renunciar a la familia”: los diáconos de la diócesis de Tuy-Vigo

Ordenados y sin renunciar a la familia Tui-Vigo cuenta con 4 diáconos permanentes, todos casados

Galicia está dividida en 3.642 parroquias que son atendidas por 1.170 curas, un 25% menos que hace un lustro. La falta de relevo hace que muchos sacerdotes no se jubilen, sino que sigan a pie de obra para garantizar que sus feligreses no se queden sin misa. Tantos, que en casi siete de cada diez superan los 65 años. No obstante,

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los sacerdotes, aparte de tener laicos y religiosos que les echan una mano en su tarea pastoral, cuentan también con la ayuda de los denominados diáconos permanentes, como Desiderio Bernárdez en la parroquia de San Miguel de Bouzas, Andrés Fontenla en la del Corazón Inmaculado de María en Vigo, José Manuel Martínez en Santa Teresa de A Cañiza y José María Fernández en Guillarei. En la Diócesis de Tui-Vigo son cuatro, más otro en  preparación, Enrique, y en la Archidiócesis de Santiago, que también lleva parroquias en Pontevedra (Deza, O Salnés, O Morrazo), otros cuatro.

 

En total, rondarían el medio millar en todo el país. Su presencia es significativa en la Iglesia Católica ya que, según su último Anuario Estadístico, suponen ya uno de cada diez clérigos –junto a obispos y presbíteros (el sacerdote)–. En 1989 se ordenaba por primera vez un diácono permanente en Galicia. El arzobispo de Santiago, Antonio María Rouco Varela, consagraba a Guillermo Cedeira, compostelano de 48 años de edad, casado y padre de dos hijos, como diácono permanente. Los diarios llevaban a los titulares su matrimonio, y es que el diaconado compatibiliza el sacramento del orden con el matrimonio. Los diáconos permanentes se definen como hombres “normales, comprometidos con la Iglesia y con la sociedad, en los ambientes, tanto laboral como social en el que viven”. Suelen ser hombres casados (si es así se piden al menos 5 años de estabilidad matrimonial), en los que ha surgido una vocación. Además se les exige una formación académica y espiritual (diplomatura o licenciatura en Ciencias Religiosas o Teología). Desiderio Bernárdez, responsable del Diaconado Permanente de Tui-Vigo y militar de la Armada en la reserva, cumple los requisitos y apunta otro: el consentimiento de la esposa. Es “muy importante” para ellos, y para su tarea diaconal, el apoyo de su familia, sobre todo de la esposa, explica. “Influye mucho; te respalda”, resalta, y añade que las autoridades religiosas les indican que “lo primero es la familia”. Aunque su agenda es muy ajetreada, porque tienen que compatibilizar su labor en la Iglesia con su familia, pueden disfrutar de momentos extraordinarios con los suyos de los que muy pocos padres pueden presumir: por ejemplo Desiderio presidió la boda de sus hijos y el bautizo de su nieta. “Es una alegría y un don inmerecido por mi parte”, proclama. Son dos funciones que pueden desarrollar. Casi lo único que les separa de los curas es el no poder celebrar la eucaristía, ni confesar ni administrar el sacramento de la unción de enfermos, pero pueden bautizar, distribuir la comunión, casar a parejas católicas, leer el Evangelio en la eucaristía, predicar la homilía, presidir los ritos católicos en los velatorios y los entierros… Dentro de su tarea pastoral, está atender a los necesitados, llevar la administración y organización
de una parroquia y acompañar al obispo, tareas que enfatiza Desiderio para incidir en que su vocación es la de “servir” y “obediencia al obispo”. “Yo trabajo donde mande”, explica, y cuenta cómo en su caso, además de echar una mano al párroco de San Miguel de Bouzas (atender el cementerio, despacho parroquial, entrevista con las familias que quieren bautizar a sus hijos y con novios que se van a casar, catequesis, etc), acompaña al prelado y lleva un poco el catastro diocesano y tareas de la curia. Pero sobre todo incide en la relevancia de la labor de los diáconos en el campo de la asistencia social. En Vigo, los cuatro diáconos están casados y algunos, como Desiderio, incluso son abuelos. Todos tienen en común una convicción: “Lo importante es servir, somos servidores”, explica, e ilustra la variedad de sus filas al indicar que los ordenados como él en la diócesis son un maestro, un albañil retirado y un médico psiquiatra en activo.tuy

Los diáconos, dice, hacen lo que pueden y muchas veces les “falta tiempo” debido a la falta de vocaciones de sacerdocio, pero “no son unos suplentes” de los curas. “Lo nuestro es una vocación al diaconado, no al sacerdocio”. Porque cualquier bautizado al que autorice el obispo puede presidir una boda, unas exequias o un bautizo, pero el asunto no es el “hacer”, sino el “ser”, señala. “Algo que a algún sacerdote les cuesta ver y aceptar”, añade. ¿Y cuándo llega la vocación? En su caso, lleva “implicado” en la vida de la Iglesia desde siempre, cuenta, y cuando se instauró el diaconado permanente en la diócesis le sugirieron animarse. “No sabía si tenía vocación o no”, dice, pero se “abrió” a la propuesta a la llamada y pasó un proceso de discernimiento vocacional y espiritual que desembocó en su ordenación hace 12 años. A veces la tarea es agotadora, reconoce, pero el resultado “es una vida plena y confianza en Dios y siendo consciente que soy un indigno siervo y que tengo muchos fallos, muchos…”

por C. Villar en el Faro de Vigo

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Publicado el 27 diciembre, 2017 en Noticias diaconado Iglesia de España. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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