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“Le digo si a Jesús en forma incondicional y trato de hacerlo sacramento”, expresó emocionado el diácono permanente Alberto Roselli

Roselli participó en la Jornada Diocesana de Oración por las Vocaciones realizada el día domingo 22 de abril, en la ciudad de Las Varillas. Además de ser diácono, es periodista y locutor en Cadena 3, padre de tres hijos, vecino y amigo.

Algunos discípulos y misioneros del Señor son llamados a servir a la Iglesia como diáconos permanentes, fortalecidos, en su mayoría, por la doble sacramentalidad del matrimonio y del orden. Ellos son ordenados para el servicio de la Palabra, de la caridad y de la liturgia, especialmente para los sacramentos del bautismo y del matrimonio. Es una vocación, una llamada para amar y servir.

En nota con EL HERALDO, expresó: «Es un gusto poder estar acá entre ustedes, una diócesis tan linda y una ciudad tan linda con la que yo tengo un vínculo de afecto por gente que quiero mucho que vive acá; hay gente de El Arañado muy cercana a la familia del Padre José Luis Ribone que hace unos años ya falleció y que a su mamá y a sus hermanos quiero tanto.

Que me hayan invitado para formar parte de este encuentro vocacional para contar lo que significa ser diácono es una alegría grande porque cuando traigo el testimonio del diaconado traigo toda mi vida, y mi vida soy yo, son mis hijos, mis tres hijos, mi trabajo en la radio, la gente que pasa por mi vida, mi mamá, mi infancia en Gigena, y esta realidad de hoy.

El diaconado es una decisión que nació de un incendio interior que al cabo de muchos años de discernimiento y de vida transcurrida, Uriona, mi obispo de Río Cuarto, decidió ordenarme y la verdad que para mí significa una alegría grande; sin dejar de ser lo que soy, soy periodista, soy locutor, trabajo en Cadena 3 pero además soy un papá, soy un vecino, soy un amigo.

Lo del diaconado es lindo porque significa tomar el compromiso para que esto de ponerte al servicio del otro no sea sólo cuando tenga tiempo, sino que sea como una actitud de vida, así me parece que hay que vivirlo. Y vivirlo en la radio acompañando a mis compañeros, estando disponible, haciendo bien mi trabajo, siendo serio y responsable, tratando de ser comprometido con la verdad -verdad, verdad- y no el manejo de la verdad, esto quienes trabajamos en los medios lo sabemos, a veces estamos tentados de cambiar una palabrita porque no coincidimos y en realidad se trata de tratar de ser fiel; con mis hijos tratando de estar cercano; con mis amigos tratando de estar disponible; es decir, tratando de ser buena gente, que resulta que es más difícil de lo que uno cree.

Y para esto agradecer mucho a mi familia, porque fueron los que me educaron, con que hay que ser responsable, bueno, disponible. Hoy lo celebro a mis 53 años con una profesión que amo, que tengo la oportunidad de desarrollarla en un medio grande lo cual es una cosa hermosa y con esta consagración del diaconado que espero que sirva a los demás. Sé que me queda grande, pero los ponchos también quedan grandes, y cuando uno necesita abrigarse bien que viene. Así que muchas gracias por todo.

Yo soy de Alcira Gigena, en el sur de la provincia de Córdoba. Y de chico hice una vida de pueblo, que es vida de hermanos, porque me crié con amigos tanto en la primaria como en la secundaria. Tengo que decir que mi mamá Irma fue y es una enorme madre. Si bien viví una infancia muy pobre, fue muy linda, no le cambiaría nada. Y mi primer encuentro con Dios que recuerde fue a través de mi abuelo materno Lorenzo y mi párroco, el padre Ramón Staffolani. Y para mi Dios es alguien cercano, de decirle desde chico ´che Diosito, ¿me ayudás en la prueba?`”, relató.2-2-1024x612

Además, Roselli destacó que quiere “servir en lo que sea, cuando sea, con lo que soy. Yo soy cristiano escuchando a los otros, haciéndoles una broma, leyendo noticias en la radio donde trabajo, Me gusta pensar que el servicio es un Si a Jesús, absolutamente incondicional y hecho sacramento”.

Y también el diácono permanente de la diócesis de Río Cuarto nos dejó su oración misionera:

Santo, Señor de mi cielo y de mi tierra,

Santo y Padre, que acariciás mis pobrezas:

Dame también hoy Sabiduría

y tu Espíritu, que me acerca a tus grandezas.

Que si tu Gracia lo quiere y lo permite

abandone a tus pies mis pequeñeces,

y que en lugar que sea yo mi propio centro,

seas Vos el que, ocupándome, me reces.

Que pueda ser vasija simple y frágil,

Y que no me dé vergüenza ser humano.

Para que aunque sólo quepa un breve sorbo

Pueda entregarte, vivo, a mis hermanos.

Amén.

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Publicado el 20 mayo, 2018 en Noticias diaconado Iglesia Universal, Testimonios y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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