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Del Mormonismo a la Iglesia: Diácono Steven M. Clifford, de Georgia, U.S.A.

Steven M. Clifford es descendiente directo de los pioneros mormones que establecieron la secta en Utah en el siglo XIX, y aunque se casó por la iglesia católica estaba convencido que nunca dejaría sus creencias. Sin embargo, su esposa con mucha paciencia y oración le condujo al camino correcto, y él sin más rechazos, terminó por convencerse donde estaba la verdadera Iglesia de Jesucristo. Así lo contó en una entrevista que hizo en 2003 para las Siervas del hogar de la madreActualmente Steven sirve como Diácono en la diócesis de su ciudad.
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Steven, ¿cuáles han sido tus raíces religiosas?
Yo nací y crecí en Utah siendo el mayor de dos hijos. Crecimos en una familia nominalmente religiosa, y la religión jugó un papel principal también cuando crecimos. Mis padres igualmente habían nacido y crecido en Utah en familias ligadas a los primeros pioneros mormones que se instalaron en el Gran Valle de Salt Lake a mitad de 1800.

Mi tatarabuelo por parte de mi madre fue probablemente el primero de mi familia que se adhirió a la iglesia mormona el 14 de febrero de 1832, menos de dos años después de que Joseph Smith fundara la iglesia. El abuelo Alva Benson convenció a su mujer, padre, madre y al resto de la familia de su padre para entrar en la iglesia en el invierno de 1832. Ellos se trasladaron al Condado de Jackson, Missouri, en Noviembre de 1832 pero fueron echados del Condado por un policía porque eran mormones. En 1834 se trasladaron al Condado de Clay para unirse al cuerpo principal de la iglesia. Cuatro años después los hicieron salir de Missouri por una combinación de tropas militares y vigilantes después de que el Gobernador Boggs publicara su infame orden de exterminación el 27 de octubre de 1838. La orden describía a los mormones como “abierta, declarada y terca oposición a las leyes y causa de guerra con la gente de este estado”. Afirmaba que “los mormones tienen que ser tratados como enemigos, y tienen que ser exterminados o echados del Estado si es necesario para la paz pública – sus atrocidades no se pueden ni describir”. Mi familia finalmente se asentó en Utah en 1852.

Todos mis parientes, desde esos primeros antepasados pioneros, nacieron y fueron educados como miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días, más conocidos como mormones. Era por lo tanto natural que mi hermana y yo fuéramos educados también en esa religión.

¿Cómo eran las prácticas religiosas de tu familia?
El mormonismo en Utah no se practica sólo los Domingos; era una manera de vivir. La escuela, las actividades sociales, los scouts, el baile, la música, el teatro, el deporte, y mucho más giraban alrededor de la iglesia. Mis padres no iban a la iglesia regularmente, pero eran muy inflexibles y querían que mi hermana y yo no perdiéramos nada de lo que la iglesia tenía para ofrecer. Ellos pagaban sus Ofrendas de Ayuno y daban la bienvenida a los Maestros de Casa en un esfuerzo por mantener sus lazos con la iglesia y así seguir gozando de buen crédito. En aquel tiempo quien quiera que fuera menos de un miembro activo de la iglesia era excluido de la sociedad por la mayoría. Aproximadamente el 77% de la población del Utah era mormón, y mis padres no querían que mi hermana o yo fuéramos unos de esos “otros” inmencionables, sin derechos.

¿ Qué es lo que creen los mormones?
El mormonismo está todavía floreciendo en Utah y creciendo en todo el mundo. Los mormones tienen una imagen de unión familiar y de valores morales firmes muy cuidadosamente elaborada. Los mormones creen que familias fuertes hacen una nación fuerte, y naciones fuertes hacen un mundo fuerte. Ellos tienen un programa llamado “Noche de Hogar familiar”, en el que cada familia que participa reserva una noche a la semana para reunirse y discutir cuestiones sobre la iglesia. El fin de cada fiel mormón es ir al templo y ser sellado para el tiempo y la eternidad como unidad familiar. Para entrar en el templo, cada individuo necesita una recomendación de parte del Obispo y del Presidente del grupo. La recomendación es concedida sólo a mormones que tengan buena reputación en la iglesia (es decir, los que viven la Palabra de Sabiduría, pagan el diezmo, van a la iglesia regularmente, etc.).

Además de ocuparse de sus propios miembros, hay más de 40.000 hombres y mujeres en el mundo que dedican dos años de su vida, a su propio coste y con grandes sacrificios, para difundir la palabra sobre el mormonismo entre los demás. La llamada misionera viene de su juventud y entusiasmo y de los programas sociales que la iglesia ofrece, como bailes, deportes, scouts, y genealogía. La mayoría de los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tienen una confianza completa y ciega en todo lo que es mormón. Ellos creen de todo corazón que su fe es la única verdadera iglesia sobre la tierra y es su fin (y su responsabilidad) comunicar esa creencia a todos los demás.

¿Tenías amigos de otras confesiones? 
Al crecer tuve muy pocos contactos con gente fuera de la iglesia mormona. Los pocos no-mormones que yo conocía eran considerados extraños y eran tratados de manera diferente a los miembros. Hasta los mormones que no iban a la iglesia regularmente o que no vivían según las enseñanzas de la iglesia eran considerados todavía “mejores” que los no-miembros. Yo experimenté esta exclusión social de primera mano cuando decidí no ir al programa de seminarios organizado por la iglesia en mi primer año de instituto. Aunque era fuera del curriculum normal y tenía lugar en un edificio al otro lado de la carretera del instituto, casi todos los que eran mormones fueron a esas clases de seminario. Era difícil para mí relacionarme con mis amigos ya que se intercambiaban historias sobre las cosas que estaban aprendiendo en el seminario y las actividades en las que estaban involucrados. ¡Yo ya no cometí más ese error! Participé en el programa de seminario de tres años en vez de los normales de cuatro años y de nuevo me vi contento de encontrarme incluído en las conversaciones con mis amigos.

¿Teníais algún texto sobre el que se asentaba la doctrina?
Los mormones consideran los “Trabajos Standard” la base de su doctrina. Esos cuatro libros son la Biblia (Versión del Rey Jaime), el Libro del Mormón, la Doctrina y Pactos, y la Perla de Gran Valor. Ellos creen que la Biblia es incompleta, porque muchas “partes sencillas y preciosas” han sido quitadas por “la grande y abominable iglesia”. El Libro del Mormón es considerado como un volumen de sagrada escritura. Supuestamente contiene la plenitud del evangelio eterno. Joseph Smith describió el Libro del Mormón como “el libro más correcto sobre la tierra y la piedra clave de nuestra religión”. La Doctrina y Pactos trata en primer lugar de revelaciones dadas a Joseph Smith y es una instrucción plena para la iglesia sobre las creencias y prácticas de la iglesia mormona, incluyendo el bautismo para los muertos, el matrimonio celestial, el sacerdocio y la poligamia. La Perla de Gran Valor es una colección de escritos menores y contiene 13 Artículos de Fe, un resumen de las creencias de la iglesia mormona.

¿Qué pensabas en aquella época de la Iglesia católica?
A mí me enseñaron que la Iglesia Católica era la “grande y abominable iglesia” mencionada en el Libro del Mormón. Además, la Iglesia Católica había intencionalmente removido las “partes sencillas y preciosas” de la Biblia, que eran esenciales para una plena comprensión de las enseñanzas de Cristo. Como resultado, hubo una “Gran” o “Total Apostasía” del Evangelio, y se hizo necesario que la iglesia fuera restablecida por Jesucristo a través de Joseph Smith. Yo estaba de acuerdo con los Protestantes en su reconocimiento de la Iglesia Católica como iglesia apóstata, pero sentía que ellos tenían sólo la Biblia incompleta como su fuente de doctrina. Era fácil utilizar la Biblia para apoyar la posición mormona donde fuera posible y después sostener que no había sido traducida correctamente cuando estaba en conflicto con lo que a mí me habían enseñado a creer como mormón.

¿ Siempre has sido un miembro activo?

Cuando dejé el estado de Utah en 1968 para hacerme militar, el obispo mormón me dio una placa. Grabado sobre uno de los lados estaba una imagen del Templo Mormón de Salt Lake city. Por el otro lado estaban las palabras: “Yo soy miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”. Cuando se me hacía duro, muchas veces yo llevaba mi placa con la medalla mormón para recordar mis raíces y mi herencia. Me reconfortaba el recordar que en el corazón yo era un sencillo chico mormón de Utah, protegido de los males del mundo por mi familia, amigos e iglesia.

No obstante el consuelo que eso me proporcionaba, me volví un miembro inactivo en la iglesia mormona. Aproximadamente un año después conocí a Anne, una católica, y nos casó un sacerdote católico en Alemania en 1971. Nuestras dos hijas fueron educadas católicas. Durante muchos años yo fui a la Misa Católica, muchas veces como músico en el coro. Mientras estuvimos estacionados en San Francisco, yo tocaba la guitarra en la capilla militar local junto con un pianista baptista. Muchas veces bromeábamos diciendo que nosotros sabíamos las palabras de la Misa mejor que muchos católicos que iban.

Yo seguí proclamando orgullosamente mi pertenencia mormona aunque no iba a sus cultos. No tenía ninguna intención de entrar en ninguna otra iglesia, especialmente en la Iglesia Católica. Sabía la importancia que tenía para mi familia en Utah el que yo siguiera siendo un miembro de la iglesia Mormona. Temía las visitas de los Maestros de Casa, pero siempre me aseguraba de que mis documentos de la iglesia me siguieran a mi nueva estación de servicio. No dejaba que los mormones se me acercaran demasiado, por el miedo de que me convencieran a volver a la iglesia. Me hice amigo de otro miembro del culto mormón que me mantenía informado con las últimas noticias desde la iglesia. Por lo demás, mantenía mi distancia con los mormones, contento simplemente de ver los toros desde la barrera.

¿ Cuál fue el primer paso en tu conversión?

Nos trasladamos a Virginia en enero de 1993 por una misión en el Pentágono, y yo empecé a ir a Misa regularmente. Entré en el coro porque me gustaba la música, y pensaba que era una manera bonita, neutral, de dar culto a Dios. Cuando se me pidió hacer un boletín para la Campaña del Rosario de Schoenstatt, aproveché la oportunidad para mostrar mis talentos con el ordenador. A través de la preparación del boletín, tomé contacto por primera vez con el Rosario y el papel especial de María en la vida, pasión y muerte de Jesús. No pude evitar ser tocado por las cosas que estaba leyendo. Empecé a interrogarme. Anne, naturalmente, estaba entusiasmada por mi interés y empezó a dejar literatura católica por la casa para que yo la encontrara.

A primeros de noviembre le pregunté a Anne si estaba intentando convertirme. Ella me dijo que no y me recordó que ella NUNCA me había presionado para que me hiciera católico. Durante más de 22 años de matrimonio, yo me había felizmente definido como mormón y le dije a Anne que no tenía ninguna intención de hacerme católico. “¡Yo nací mormón, crecí como mormón y voy a morir mormón!”, exclamé. Pero algo me estaba pasando. El poder de todas las oraciones que rezó por mí Anne y muchas otras personas, estaban teniendo efecto. El Espíritu Santo estaba trabajando en mí.

Tenemos entendido que hiciste de detective, ¿cómo fue?
El 20 de noviembre de 1993 yo sacrifiqué un sábado para ir a una conferencia dada por Scott y Kimberly Hahn (matrimonio presbiteriano que se convirtió a la Iglesia Católica). Scott contó su historia: cómo tomó el papel de detective en su tentativa por probar de una vez por todas que la Iglesia Católica estaba equivocada y cómo en el proceso de sus estudios él se hizo católico. Yo me acuerdo que pensé que naturalmente él no debía de haber investigado muy bien, porque si no, él se hubiera hecho mormón en vez de católico. Yo decidí hacer de detective también, simplemente para probar que los católicos estaban equivocados y los mormones tenían razón. Empecé a leer e investigar como si no hubiera un mañana. Leí libros sobre el mormonismo, el protestantismo y el catolicismo. Escuché cintas y miré vídeos. Yo cogía cualquier cosa en mis manos para confirmar sin sombra de duda que la verdadera iglesia sobre la tierra era la restaurada por Jesucristo al “profeta” Joseph Smith y sus seguidores. Con gran disgusto mío, en todas la direcciones que yo cogía y en cada punto que yo investigaba, encontraba evidencia aplastante contra la posición mormona. Cuanto más investigaba, más problemas descubría con las doctrinas mormonas que me habían enseñado.

Descubrí que la enseñanza mormona de una “Apostasía Total” en la primitiva Iglesia establecida por Jesucristo simplemente no era verdadera. La evidencia histórica aplastante disponible apoyaba la enseñanza católica sobre la sucesión apostólica. Fue demostrado primero en el reemplazamiento de Judas por Matías (Hch 1,15-26). La cadena es ininterrumpida desde Pedro hasta el Papa Juan Pablo II (Mt 16,18). Sin una gran y total apostasía, no hay necesidad de una restauración.

Otra verdad que descubrí a través de mi investigación era que sólo hay un Dios. Yo ya no podía aceptar los principios básicos mormones, como la pluralidad de dioses hechos de carne y hueso, la humanidad de Dios, y el progreso del hombre hacia un dios exaltado de su propio mundo. A través del misterio de la Santísima Trinidad, yo empecé a entender la única naturaleza divina de Dios en tres personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Por último, llegué a conocer que Dios es la “causa primera” de todo y que nuestras almas y cuerpos son creados en el momento de la concepción. Yo ya no podía aceptar el plan mormón de eterna progresión, que consiste en una existencia pre-mortal donde cada persona nace en este mundo según sus méritos previos en el mundo del espíritu. Yo empecé a creer que nada existe que no deba su existencia a Dios el Creador. El siguiente paso lógico era el de darme cuenta de que María fue creada como la criatura más exaltada sobre la tierra. Empecé a verla como la hija de Dios Padre, la esposa de Dios Espíritu Santo, y la Madre de Dios Hijo. Yo veía que a través de una mejor comprensión de las virtudes de la Virgen, podemos seguir más de cerca los pasos de Jesús.

¿ Y después de darte cuenta de todo esto?
Ya por Navidad estaba yo absolutamente convencido de que los mormones estaban equivocados. ¡Yo estaba destrozado! ¿Cómo podían estar engañadas tantas buenas personas? ¿Y qué pasaba con todos los sacrificios que mis antepasados habían hecho por la iglesia? ¿Cómo podía yo dar mi espalda a mi herencia, mi educación, mi familia y mis amigos de infancia? Yo quería pretender no haber empezado nunca este viaje. Yo quería poder volver a como estaban las cosas antes, pero era demasiado tarde. Yo había encontrado la verdad.

Una vez que decidí que quería hacerme católico, tenía una maravillosa sensación de paz, porque iba a hacer la cosa justa. Yo estaba seguro de que Dios me estaba incitando por el camino y me estaba dando la gracia de abrir mi mente y corazón para aceptar la verdad del mensaje evangélico de Jesucristo.

¿ Fue duro? ¿tuviste dificultades?
Al mismo tiempo había una tremenda batalla a mi alrededor que me hacía preguntarme qué pasaría. Yo me sentía desafiado por todos los lados en lo que parecía un esfuerzo concertado para prevenirme de confiar en Dios. La lucha espiritual se manifestó hasta físicamente. Fui atacado verbalmente por miembros de mi familia en Utah y por algunos de mis compañeros de trabajo en el Pentágono. Los obstáculos parecían constantes e implacables. Yo simplemente seguía recordándome a mí mismo que debía de estar en el buen camino ya que todas esas cosas se volvían contra mí. Aceptaba mis sufrimientos como una tentación desesperada del demonio para desviarme de la Iglesia.

Pero ¿tenías algún consuelo en esos momentos?
Dios, que no se deja ganar, me daba algunas confirmaciones amorosas de que Él estaba allí conmigo. Una tarde en la iglesia, me sentí desbordar de alegría y me sentí irresistiblemente atraído hacia una imagen de la Virgen de Guadalupe. Me arrodillé hacia el sagrario y me persigné por primera vez en mi vida. El Miércoles de Ceniza, también, justo unos días antes de mi bautismo, tuve una experiencia muy conmovedora que confirmó la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. Durante mi primera confesión al día siguiente, tuve otro codazo que me aseguró la autoridad del Papa como sucesor de Pedro y Vicario de Cristo. Por entonces yo no tenía ningún problema en discernir cuál de los combatientes estaba enviando los buenos mensajes y cuál los negativos.

¿Cuándo diste el paso definitivo hacia la Iglesia católica?
El 19 de febrero de 1994 recibí los Santos Sacramentos del Bautismo, Confirmación, Penitencia, Primera Comunión y convalidación del Sacramento del Matrimonio que había recibido 22 años antes. Fue un día sagrado que yo recordaré siempre con cariño. Muchas cosas maravillosas me han pasado a mí y a mi familia desde mi Bautismo. Consagré mi vida a Jesucristo a través de María y entré en la Legión de María. Con la ayuda de Nuestra Madre, el Señor ha hecho cosas increíbles, y estoy verdaderamente agradecido.

¿Qué crees tú que te impulsó a dejar el mormonismo?
Muchas veces se me ha preguntado qué es lo que me impulsó a abrirme al Catolicismo y dejar el mormonismo. Yo puedo indicar una cuántas cosas, que han pasado simultáneamente, pero no puedo aislar un acontecimiento solo y decir con certeza: “Esto plantó la primera semilla”. Con el paso de los años muchas semillas han tomado raíz en mi mente y en mi corazón. Las charlas de Scott Hahn ciertamente echaron mucha agua y alimento para el pensamiento. Las oraciones de mi mujer y muchos otros sin duda fueron la luz que calentaba y alimentaba esas tiernas semillas de mi fe en crecimiento.

¿Qué es lo que les ayudaría a abrir los ojos a las personas pertenecientes a estos grupos? 
Cada persona que encontramos tendría que ser abordada con espíritu de amor y paciencia, más que con interrogación o reproche. Conoce tu fe, vive tu fe, y prepárate a explicar tu fe. Planta las semillas de la verdad con humildad y caridad. Hay innumerables lagunas y contradicciones en la iglesia mormona que son fáciles objetivos para el ataque. Sin embargo, lo mejor es empezar una amigable discusión sobre la teoría de la “Gran” o “Total Apostasía”. Si ninguna apostasía universal de la Iglesia tuvo lugar, toda la base del mormonismo colapsa. Las Sagradas Escrituras del Nuevo Testamento muestran que Cristo dejó una Iglesia que Él prometió que duraría hasta el final de los tiempos (Mt 16,13-18). Él se lo dijo a su Iglesia: “Mirad, yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Los escritos de los primeros Padres de la Iglesia (como San Clemente, Ignacio, Justino Mártir, Policarpo, e Ireneo). Cuando leemos con atención, estos escritos muestran claramente que los primerísimos Padres no enseñaron doctrinas mormonas (pluralidad de dioses, existencia pre-mortal, progreso eterno, poligamia, bautismo para los muertos, matrimonio celestial, etc.), sino que predicaron doctrinas netamente católicas (la Misa como sacrificio, la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, la Primacía de Pedro y sus sucesores, etc.).

¿ Cuál fue la actitud de tu familia?
No ha sido fácil para mi familia en Utah aceptar mi conversión al Catolicismo. Por lo que sé, yo soy el primero de los miembros de nuestra familia que oficialmente ha dejado la iglesia mormona para hacerse católico. Mi relación con mi familia ha sido por lo tanto muy tensa. Mi mujer y yo seguimos rezando para que mis padres algún día entiendan por qué yo escogí dejar el mormonismo por la verdadera Iglesia establecida por Jesucristo.

Entrevistas en “The Journey Home” y su ordenación como Diácono

Steven Clifford fue invitado en varias ocasiones por Marcus Grodi a su programa de conversiones, en los cuales compartió su testimonio y profundizo más en la teología mormona. Incluso llegó a ser parte de una mesa de debate sobre mormonismo junto a otros dos ex mormones ahora católicos, como son Thomas Smith y el sacerdote Steve Seever. Luego se dedicó a hacer Apologética Católica por internet por varios años. En el año 2014 fue ordenado como Diácono permanente de la parroquia San Juan Bosco de la ciudad de Fort Valley, Georgia.

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Publicado el 2 junio, 2018 en Noticias diaconado Iglesia Universal, Testimonios y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Rafael María Calvo Forte

    Me conmueve su testimonio.

    Me gusta

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