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El diaconado, una llamada de Dios para toda la familia

Mi padre Jorge Coronado Herrera es al día de hoy diácono permanente de la iglesia católica desde hace poco más de tres años, tuvo que estudiar alrededor de cinco años o más y estuvo un año de vida pastoral asignado a una parroquia, al principio de este llamado nos explicó como familia cuál era su meta y con humildad solicitó nuestra colaboración y apoyo, ya que sin la aprobación familiar, el camino se torna complicado, la realidad es que es más una aprobación de pareja ya que en su caso es casado y laico comprometido y antes  de su vocación (llamado) al diaconado permanente tiene esposa e hijos. En casa entendimos y aceptamos, que si como parte de su necesidad para su lograr su meta era apoyarle, lo haríamos sin problema, pero la verdad es que no teníamos ni idea de las bendiciones que conlleva tener un diácono en casa, los hijos no dejamos de ser personas con intereses y necesidades particulares y a veces cada quien girando en su mundo, pero mi padre nos hablaba de la responsabilidad, respeto y cuidado de las horas de estudio, celebraciones y prácticas naturales de la formación diaconal. En esos años mis hermanos y yo crecíamos a nuestro entender e intereses naturales y personales, intentando causar la menor incomodidad posible para la vida de mis padres, como lo intentan todos, supongo. Mi padre de por si para mí, es un hombre sobrio, sensato, amoroso, comprensivo y firme de carácter y espíritu, la travesía transcurría y las situaciones familiares por sencillas que fueran, a través de él las canalizábamos a la fe y al amor de Dios, ignoro si usted que me lee, ha hecho esta prueba de canalizar sus situaciones del día a día a su fe, si no, usted sabrá la mejor forma que le funcione y es de mucho respeto, pero desde mi experiencia como familia nos ha funcionado a nosotros.1102143acaf8094

A mis padres al principio del 2017 les viene un problema de salud realmente grave de mí parte, yo su hijo Fernando de 32 años en ese momento y ya a punto de llegar a los 33 el día de hoy. Se me presentó una mañana de lunes del mes de enero un derrame cerebral causado por una crisis hipertensiva, no es como un catarro que te despiertas y sigues tu vida, fue un tema, con secuelas, que cambió mi vida, mi padre ya estando ordenado diácono, me da un acompañamiento espiritual, no solo necesario, sino sanador, no solo físico, sino de espíritu, de alma, de lesiones acumuladas por de vida, y hoy con claridad puedo decir que mi recuperación ha sido más satisfactoria de espíritu que de cuerpo, tal vez los  científicos me tilden de idiota o irreverente, pero la sanidad y recuperación que tengo hoy, tiene mucho que ver con la orientación de mi padre, porque si bien me urgía sanar lo físico y era fundamental, el espíritu me dio fuerza y voluntad para avanzar, en general toda mi familia ha sido fundamental, pero resalto la cercanía espiritual de mi padre con  Dios para mi recuperación del alma pues la visión y el concepto desde donde te hacen ver las situaciones por las que atravesamos de momento en nuestra vida. Un ser humano ordinario puede hacer mucho en tu vida, pero creo que no tiene la profundidad con la que te habla alguien que busca a Dios a todas horas. No dudo que usted querido lector tenga experiencias de vida más contundentes que las mías sin necesidad de Dios y las respeto, pero con humildad y afecto le agradezco su tiempo para leer esta columna que no pretende cambiar su visión de las cosas, es algo muy personal que yo viví y sigo viviendo, no es fácil salir adelante después de un derrame cerebral. Hoy camino con bastón, me traslado en taxi a mi trabajo, que por la gracia de Dios y buen corazón de muchas personas aun conservo, sigo con terapias diarias para mi recuperación y continúo agradeciendo a Dios por tantas personas que estuvieron a mi lado en esos momentos tan difíciles pero que me han dejado tanto aprendizaje en mí ser. De no ser por la cercanía de mis amigos y familiares, personal médico, etc. no estaría escribiendo esto. Hay tanto que agradecer a Dios en la presencia de tanta gente que se involucró y comprometió conmigo hasta verme recuperado y que aun al día de hoy siguen haciéndolo. Quiero agradecer de manera especial a mis tíos y familia, al colegio diaconal de la Arquidiócesis de Yucatán que siempre estuvieron y siguen estando pendientes de mi recuperación, de manera especial a los hermanos en Cristo de mi padre.fernandoxcoronado_png_1897867670.png_793492074

Por Fernando Coronado en La Verdad

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Publicado el 10 octubre, 2018 en Noticias diaconado Iglesia Universal, Testimonios y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Diacono Lorenzo Duran.

    Maravilloso testimonio, ojalas y todos los diáconos contáramos con hijos identificados con nuestro ministerio, así como Fernando.. Bendiciones

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