Anuncios

Algunas anotaciones en los ejercicios espirituales a la fraternidad diaconal de Madrid impartidos por Juan Carlos Mateos González, pbto.

Villa Santa Mónica, Becerril de la Sierra, 1,2 y 3 de marzo de 2019

Algunas anotaciones en los E.E.E.E. a la fraternidad diaconal de Madrid impartidos por el presbítero Juan Carlos Mateos González, secretario del Comité para el Diaconado Permanente de la Conferencia Episcopal Española

La estrategia de Jesús da otro modo de ser, nos “pone otro disco duro”. La humildad tiene que ser el canal. Dios me cuida dándome lo que necesito. Debemos de seguir a Cristo pobre: “bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Cristo debe ser nuestra riqueza, nuestro tesoro y para ello son ayuda las humillaciones. Cuando te desprecian, te envían al último lugar: será una preciosa ocasión para identificarse con Cristo.  Pablo a los Romanos:“que me atraiga lo humilde”. Carlos de Foucauld: “Me he pasado toda la vida buscando el último lugar y cuando lo encontré estaba ocupado: ocupado por Cristo”. Cristo contigo y como tú.53323519_10157238453977904_3483663328293683200_n

 

Cristo es el primer diácono. La vocación de diácono debe ser un testimonio del despojamiento de Cristo. Existe un virus en el clero: el carrerismo. El diaconado es la vocación más bonita, la menos contaminada por ese virus.

En el conocimiento interno está el conocimiento del corazón, que el corazón se entere. Hay tres nivele: 1º cognitivo, 2ª emocional y uno tercero que es en las entrañas, en las tripas, muy adentro. El diácono debe volver a las entrañas, para que su corazón se entere.53345266_10157238454227904_3220739144263139328_n

La palabra ministro viene de “minis”, el menor, el último, el más pequeño, para servir a todos. Esto apunta a cómo es Jesús y cuál es su camino: el del minis, el de las bienaventuranzas.

Al predicar no basta que esas palabras pasen por la boca: tienen que pasar por el corazón, para que tengan Vida. San Francisco de Asís decía: “prediquemos con la vida, y si hace falta, con las palabras”
Hay que pedirle a Jesús un conocimiento interno del Señor. Que la contemplación vaya configurando el corazón, “contigo y como tú”, una mirada del corazón, un corazón delicado, pero no ñoño.

El hombre y la mujer en el matrimonio deben ser un espejo para ver a Dios. Un diácono debe amar a Dios y amar al prójimo.WhatsApp Image 2019-03-05 at 21.28.38

Puede haber malos momentos, pero hay que saber que Dios está trabajando. “En invierno los árboles no tienen hojas, pero sus raíces están creciendo para abajo”.

El Padre Miguel Ángel Arribas señaló que hay tres curvas peligrosas en las que un ministro se puede pegar un tortazo. Se le puede advertir del peligro, pero no conducir por él. Estas son: 1º la relación con el párroco, 2º el fracaso con los jóvenes y 3º la soledad, que en el caso de los diáconos puede ser una soledad matrimonial o ministerial. Hay que poner a Jesús al volante.

En el discernimiento de los aspirantes en vistas a recibir el diaconado lo que hay que discernir es lo que uno ve y siente en la oración, no lo que me gusta o “es muy guay”.  Las mujeres, cuando tienen que firmar el sí a la ordenación de su marido, también.

Cuando se preparan las ofrendas para la misa puede surgir la pregunta: ¿Porque vino? Todo tiene un sentido: el pan es el cuerpo, el vino la sangre. ¿Qué es el cuerpo para un judío?: expresión de la persona, por eso el cuerpo es sagrado, por eso en el matrimonio hay entrega del cuerpo, se entrega la vida entera. Carmen Álvarez afirma que el que entrega el cuerpo, entrega la vida, En la unión de los esposos es sacramental y matrimonial, entregando la vida se entrega el matrimonio, los hijos, los bienes, la salud, todo lo positivo, todo lo que se nos regala. Esto es el pan.  Los fieles ponen la vida entera si hemos entregado la vida. ¿Qué nos queda?, pues la sangre. Para un judío la sangre es la muerte porque si se pierde la sangre, se pierde la vida. Al preparar el vino preparamos la muerte a Cristo, que nos da su muerte. La muerte de cada día son nuestros fracasos, nuestros dolores espirituales o morales. Con el vino entregamos lo que nos conduce a la muerte, lo negativo. Por eso no tiene sentido decir. “no voy a misa porque estoy mal”. Para eso está el vino, la sangre. Para que la misa sea válida, el que preside debe de tomar el cuerpo y la sangre. El ir a misa es ofrecer la vida. A veces hay más pan, otras más vino. A veces la patena y el cáliz pesan poco. Los fieles van a misa, pero se vive poco. No basta estar atento en la misa, hay que ofrecerse en ella.WhatsApp Image 2019-03-05 at 21.28.07

Anuncios

Publicado el 5 marzo, 2019 en Formación diaconal, Noticias diaconado de Madrid, Noticias diaconado Iglesia de España. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: