“Diez años de servicio” Reflexión sobre el ejercicio del Diaconado de José Ignacio Abarca Franco

Diez años de servicio

Reflexión sobre el ejercicio del Diaconado

Después que la oración de la Iglesia me levanto, de mi postración ante el altar; después de que el obispo pronuncio la oración en que la iglesia pedía que Dios por medio de su Espíritu Santo me infundiera dones, después de que el obispo me pidiera jurarle obediencia y fidelidad y asi lo jure, después de jurar que iba a cumplir nuevos compromisos con la iglesia y de que me impusiera las manos y me entregara el libro de los evangelios como signo del servicio que a perpetuidad iba a realizar, después de que me invistieran con la estola cruzada y la dalmática para empezar a ejercer el ministerio al que Dios me había llamado; después de esos momentos que trasformaron mi vida, ya han pasado diez años en los cuales se ha ido manifestando de manera singular la gracia y la virtud a la que Dios me ha llamado.

El diacono no es un ministro que ha sido llamado al compromiso presbiteral, que se inserta en la configuración del sacramento de la eucaristía y en la administración del perdón de Dios por medio del sacramento de la reconciliación; sino es el ministro por el cual la misericordia de Dios se hace un hecho sensible y personal al hombre, es a quien la iglesia le ha delegado desde el inicio la administración de la caridad, la atención de aquellos que están alejados, de la predica valiente y testimonial de la palabra de Dios, la administración del bautismo y la bendición del matrimonio, la animación de la iglesia en hechos de testimonio y culto, asi como la enseñanza de la fe y la promoción de la acción del laico dentro de la liturgia y la pastoral.

Lamentablemente en la experiencia cotidiana del ejercicio del diaconado, es más la obstrucción y limitación que la propia jerarquía le impone al diacono, que las áreas en que le permite ejercer su vocación; pues es un hecho la continuada degradación del ministerio ordenado que se le ha dado por medio del sacramento del orden, al pedirle que no se haga presente ni sensible en los hechos de la iglesia, al solicitarle que se comporte y viva como un laico más cuando el Señor lo ha llamado a ser pastor y guía, el impedirle de muchas maneras sus funciones, siempre justificando tal acción con la necesaria presencia del presbítero o la animación de los laicos, por ello el diacono debe renunciar a lo que litúrgica o pastoral le corresponde, para después recriminarle que no ha realizado lo que debe y no ha manifestado su presencia en donde le corresponde.

En mi experiencia personal, he visto como cuando se va trasformando las realidades eclesiales y se va construyendo un testimonio, siempre es el momento para que lo trasladen a empezar a construir en otro lado, para volver a empezar a entender y desarrollar los potenciales a los que esta llamado a animar y a manifestar, asi es el hecho que no haya testimonio evidente de algo terminado solo impulsado, no haya trabajo entregado sino solo proyectado, asi en diez años de servicio he transitado por varias parroquias, he servido y me entregado a varias comunidades, esperando poder dar la fuerza testimonial suficiente para que la semilla sembrada de fruto abundante.

Uno de los elementos más destacables del servicio diaconal, según mi propia experiencia en estos diez años, ha sido la atención y cercanía que el Diacono y el obispo deben tener, que el diacono vea al obispo como padre que atiende, entiende, consuela y dirige el servicio que presta el diacono, que el diacono se pueda acercar, no solo con reverencia y con disposición, sino tambien con amor y confianza encontrando en su obispo la respuesta al dolor y la necesidad que se vive, Don Jonás Guerrero, Don Víctor Sánchez y Don Francisco Clavel, durante mi formación guiaron e impulsaron con sus palabras diversos momentos de mi formación, su visión sobre el servicio del ministerio ordenado y lo que se esperaba de este para servir a la iglesia dieron la dimensión y profundidad del ministerio al que Dios me animaba a pertenecer; ver al laico no solo como el receptor de la gracia de Dios, sino como un autentico participante en la labor de santificar las realidades del mundo; ver la capacidades que Dios da por medio del ministerio ordenado para que los que llama a servir a su pueblo, puedan hacerlo presente pese a sus deficiencias400624_289808967731483_1775107697_n

Gracias comunidades de Cristo Rey, Divina Providencia, Santa Anita, Santa Rosa, San Andrés, Coronación de nuestra Señora de Guadalupe y Candelaria, por ser las parroquias en que he experimentado el amor de Dios y el llamado particular al servicio que el me impulsa; Gracias a mi fiel compañera de Vida, que desde el día que tomamos la decisión de iniciar este camino ha estado a mi lado y me animado y sostenido en los momentos de dificultad y de debilidad, siempre atendiendo y sirviendo con un testimonio de fe y fidelidad al llamado de Cristo; gracias a mis hijas que han sabido adaptarse y vivir con un padre entregado al servicio de la iglesia, por su alegría y testimonio de libertad y tolerancia; gracias a mi familia, por confrontarme y hacer mas fuerte mi entendimiento a la vocación a la que Dios nos ha llamado a Mi mujer y a mí.

Diácono Jose Ignacio Abarca Franco (Nachiuu)

 

Publicado el 27 junio, 2019 en Noticias diaconado Iglesia Universal, Testimonios. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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