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Concurso de cuentos breves sobre la vida y el ministerio de los diáconos en Santiago de Chile. Categoría: “Diáconos”

 por el diácono Miguel Ángel Herrera, de Santiago de Chile

La Vicaría del Clero del Arzobispado de Santiago de Chile, organizó un Concurso de cuentos breves sobre la vida y el ministerio de los diáconos, que se desarrolló en tres categorías: “Esposas de diáconos”, “Hijos o hijas de diáconos” y “Diáconos”.

El sábado 10 de agosto, recién pasado, Día de San Lorenzo, patrono de los diáconos, después de la celebración eucarística efectuada en la Catedral de Santiago, que presidió Monseñor Celestino Aós, Administrador Apostólico de la arquidiócesis, se hizo una convivencia de los diáconos y sus familias, en la que se entregaron los premios de este Concurso.

Yo obtuve el segundo lugar, en la categoría “Diáconos”, con el cuento “El llamado fue en las islas”, que se puede leer aquí:

El llamado fue en las islas

Llevaban cuatro años de matrimonio y no les llegaban los hijos. En ese tiempo de escucha, fueron a misionar a las islas Butachauques de Chilóe.

Visitaron muchas casas y la lluvia los empapó  a cada instante. Pudieron constatar la pobreza de las personas, especialmente de las mayores, los más aislados, en las islas más aisladas.

Compartieron la Palabra de Dios y animaron  a familias y jóvenes a perseverar en el camino de la fe y del compromiso con su comunidad.

Al regresar, tuvieron la claridad de que el diaconado sería su camino para andar con Jesús, sirviendo a los más aislados de la sociedad.

Y en los años siguientes, tuvieron tres hermosas hijas.

Además, el cuento que titulé “El lavado de los pies”, obtuvo una Mención honrosa, en la categoría “Diáconos”.  En seguida se los comparto:

El lavado de los pies

El diácono visitó a la joven enferma de cáncer, que estaba  acompañada por su madre y por su hija de ocho años, que  jugaba cerca de ella.

Era la víspera de la Semana Santa. Meditaron juntos un texto del Evangelio y oraron  por su recuperación.

Al finalizar esta pequeña liturgia, el diácono le lavó los pies, para renovar su sagrado bautismo, para implorar por su  salud y para recordar lo que se hizo un jueves santo.

Cuando secó sus pies  y los besó, el diácono sintió que las lágrimas que cayeron de sus ojos, eran las lágrimas de amor de Jesús,  para todos los seres humanos.

Pocos días después, la joven murió, entregada al Señor.18664436_1954424844816210_5795082881886145966_n (2)

 

Como se puede apreciar, si hay un dicho que dice: “Familia que reza unida, permanece unida”, en este caso, podríamos decir, “Familia que escribe unida, seguirá escribiendo unida”.  Obviamente que -como familia- estamos unidos en el amor y en el servicio, en nuestra Iglesia y en nuestra desafiante realidad local. ¡¡Gracias Señor Jesús!!

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Publicado el 22 agosto, 2019 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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