Resumen de las ideas clave del libro: GEKOMMEN UM ZU DIENEN

Desde una “ecesiología teológico-fundamental” Wessely va explicando el lugar del diácono en la Iglesia y sus funciones. El autor parte, de una jerarquía triangular obispo, presbítero-diácono desde la cual explica que la Iglesia está incompleta sin el diaconado y que el diácono jerárquicamente está por debajo del obispo igual que el presbítero y que estos dos, diáconos y presbíteros colaboran en igualdad de condiciones en la tarea eclesial como ayudantes/colaboradores del obispo, cada uno en sus funciones propias.

La Iglesia se construye sobre tres pilares: diaconía, testimonio (palabra) y liturgia. Según Wessely los tres grados del sacramento del orden se fundamentan sobre estos tres pilares pero cada uno los hace visible de una manera distinta. Así el obispo tiene como principales tareas la liturgia y el testimonio (predicación) hacia su pueblo y a su vez la diaconía de la Iglesia es influenciada por el obrar litúrgico y testimonial del obispo. El diácono practica en sus funciones principalmente la diaconía y el testimonio y lleva a la liturgia los problemas del pueblo que le ha sido en comendado. El presbítero practica la liturgia y la diaconía y esta labor se convierte en su testimonio.10307

Desde esta visión triangular Wessely nos muestra una Iglesia en la que cada ministro ordenado actúa en sus funciones propias construyendo sobre los tres pilares, testimonio, diaconía y liturgia.

En cuanto a las tareas específicas del diácono el autor nos dice que estas son tan cambiantes como las obligaciones y retos que tiene la Iglesia en el mundo cambiante y en el lugar concreto en el que se integra. Por tanto no recomienda buscar en los documentos de la Iglesia primitiva la solución para el lugar del diácono del siglo XXI. Más en concreto nos dice a lo largo de todo el libro que la diaconía es una de las labores fundamentales de la Iglesia ya que la Iglesia es diaconal y por eso presenta una opción preferencial por los pobres y que esta es visibilizada sacramentalmente por el diácono. De ahí explica que el lugar del diácono no puede ser un lugar de ayudante del cura sino que debe estar representado en toda la jerarquía eclesial, desde los cargos directivos hasta el lugar más recóndito donde se halla un pobre para ejercer la caridad, proclamar la palabra e iluminar el mundo desde Cristo.

En cuanto a la caridad Wessely nos explica el amplio espectro que esta tiene. Según él, de alguna manera “todo es diaconía” por lo cual todo lo que es tarea de servicio es diaconal y a su vez no solo lugar para que un diácono actúe sino que toda tarea de servicio será iluminada mejor si la realiza o dirige un diácono ya que este está configurado con Cristo Siervo desde el sacramento del orden y desde ahí representa a Cristo actuando con los pobres y necesitados. ¿Pero quién es el pobre y necesitado? Wessely como tantos otros diáconos abre un campo de actuación muy grande. En el mundo industrializado del siglo XXI, además de las necesidades materiales, nos encontramos con todo tipo de necesidades espirituales. Dicho con otras palabras, el diácono es el ministro que debe trabajar com las personas con problemas de cualquier tipo, escuchar, atender, rezar por ellas, etc.

En este contexto es importante entender la complementariedad del presbítero y del diácono. El presbítero representa a Cristo desde la Eucaristía y desde ahí se convierte en el centro de la comunidad. En cambio el diácono es quien que debe preocuparse por el bienestar de su comunidad, por los cercanos y los alejados de la Iglesia, rezar por ellos (liturgia), atender sus necesidades (diaconía) e instruirlos (palabra).

En la liturgia es el diácono quien representa y ora de manera especial por todos los pobres y todos los problemas de la comunidad y es también la luz de la Palabra en la celebración eucarística. Su cercanía con el obispo y su integración en el mundo lo convierten en una persona capacitada de ayudar tanto al obispo como al clero a reflexionar críticamente sobre las actuaciones y los errores que puede haber en la Iglesia y su integración en el mundo le ayuda a ser “profeta”, a interpretar los signos de los tiempos.

En su actuación como signo sacramental de Cristo en la tierra actúa con la misma autoridad que un presbítero aunque el hecho de que el diácono no pueda administrar la mayoría de los sacramentos ha oscurecido su ser a lo largo de la historia y como consecuencia se le ha visto como alguien inferior al presbítero. Esto a su vez ha degradado su testimonio y como consecuencia la luz que el diácono está llamado a ser ha quedado oscurecida. Por el mismo motivo se ha oscurecido el liderazgo que tiene el diácono por el hecho de ser pastor (desde su presencia sacramental). El hecho de que existan dos formas de diaconado, el permanente y el transitorio (que es vivido como un paso sacramentalmente incompleto por el futuro presbítero) tampoco es precisamente una ayuda para paliar esta situación.
Eduardo Ludwig

Publicado el 2 octubre, 2019 en Formación diaconal, Noticias diaconado Iglesia Universal. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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