Diáconos: “Sin más hábito que el de servir”. Una figura por redescubrir

Sin más hábito que el de servir

Los diáconos permanentes pueden bautizar y bendecir el matrimonio, y aunque generalmente son confundidos con los sacerdotes, están casados, tienen hijos y también se dedican a otras profesiones

Urna figura por redescubrir

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Los diáconos permanentes pueden bautizar y bendecir el matrimonio, y aunque generalmente son confundidos con los sacerdotes, están casados, tienen hijos y también se dedican a otras profesiones

Por la mañana, se levanta pronto, acompañado de su mujer, sale a hacer la compra y prepara la comida del día. Acto seguido, todavía por la mañana, se dirige a la Curia Diocesana, donde trabaja en tareas administrativas hasta el mediodía. Por la tarde, si surge, preside defunciones en las parroquias de San Salvador de Teis o San Miguel de Bouzas. Así es un “día normal” para Desiderio Bemárdez, que no es sacerdote, sino diácono, una figura dentro de la Iglesia católica todavía por redescubrir. “Siempre hay trabajo, mucho tra-bajo”, admite. Como él, en la diócesisTul-Vigo se reparten las tareas otros cuatro diáconos más: José Manuel Martínez, José María Fernández, Andrés Fontenla y Luis Enrique Álvarez, el más novicio de todos. El próximo 10 de noviembre, además de unas enésimas elecciones generales, también se celebra el Día de la Iglesia Diocesana, en la que el diaconado es una figura poco conocida. “Muchas veces la gente me pregunta: ‘Pero si tú no eres cura, ¿qué eres?’. Les choca”, comenta Desiderio, responsable del diaconado permanente de Tui-Vigo y ordenado como tal en diciembre de 2005. Pese a que el diácono es una personalidad remota—de hecho, para encontrar sus orígenes hay que retrotraerse a la época de los Apóstoles— genera confusión. No tanto su significado etimológico, que es bien claro. En su sentido más estricto significa “servidor”. “El papa Benedicto XVI nos llamaba servidores de la sangre de Cristo”, matiza el más veterano de la plantilla. Fueron los Apóstoles quienes para poder atender todas sus competencias buscaron personas que los ayudaran. Los elegidos, aunque quizá bajo otra nomenclatura, fueron los presbíteros, popularmente más conocidos como sacerdotes o curas, y detrás de ellos, los citados diáconos. Por tanto, es una figura que existe desde el principio. El problema, relatan algunos, es que, a partir de la Edad Media (concretamente, de los siglos VII yVIII), con la aparición de instituciones asociadas ala Iglesia que se ocupaban de los más pobres, pasó a ser simplemente un grado transitorio pata acceder al sacerdocio. Fue el Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965. , el que recuperó el diaconado permanente. Habla Luis Enrique, ordenado el pasado 7 de julio en la catedral de Santa María”En realidad, la  figura del diácono nunca se perdió, pero es normal que la gente no nos ubique. Se tienen que ir acostumbrando a que estemos por ahí”.  por alum. que ir acostuMra
Según el propio Luis Enrique, “la gente todavía tiene asociado todo lo que tiene que ver con la Iglesia con los curas”; sin embargo, el diácono es alguien estable que tiene su función dentro de la propia institución. Y, aunque se piense, no es la de ser el suplente del sacerdote. Así lo cuenta Desiderio: “Nosotros no somos ministros extraordinarios; somos ministros ordinarios. No suplimos a los sacerdotes, los liberamos de carga de trabajo y de servicio”. Continúa: “Siempre me gusta decir que celebramos la palabra y mantenemos a la comunidad en oración en ausencia o a la espera del sacerdote. La celebración de la palabra nunca suple a la eucaristía”. Las ocupaciones del diácono se orientan a algunos sacramentos. Puede llevar el viático (provisiones o dinero) a los moribundos o hasta bautizar y asistir y bendecir el matrimonio. Sin ir más lejos, Desiderio presidió la boda de su hijo mayor y el bautizo de sus dos nietas. El último hace apenas unos días, el 12 de octubre. “Es especial y, como digo yo, una gracia inmerecida, porque muy pocos pueden decirlo. El año que viene se casa mi segundo hijo y también oficializaré su casamiento”. Otras de sus funciones ya han sido citadas antes: se ciñen al ministerio de la liturgia (proclamar la Biblia, instruir y exhortar a los fieles, administrar sacramentales, celebrar la oración y culto comunitarios y presidir funerales) y otro tipo de obras existenciales y labores burocráticas. “Yo puedo hacer todo lo que hace un cura excepto confesar y consagrar. Salvo eso, puedo hacer todo lo demás”, sintetiza Desiderio. La primera diócesis española en la que se ordenó a un diácono fue en la ciudad de Barelona, en 1980. En la actualidad continúa siendo una de las sedes que más tiene, 43, justo por detrás de Sevilla, que cuenta con 60. En total, en toda la comunidad española hay 447. Para poder ser nombrado y ejercer como diácono, los hombres casados deben llevar al menos cinco arios de matrimonio y estar en la horquilla de los 35 y 60 años. A diferencia de los sacerdotes, no existe la promesa de celibato. De hecho, los de la diócesis Túi-Vigo están

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José Maria (jubilado), acompañado de su familia.

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Desiderio (suboficial de la Armada) y su mujer, con sus dos nieta.

todos casados. Luis Enrique cuenta su experiencia personal: “Uno al ser diácono no deja de estar casado. De hecho, mi mujer y yo estamos esperando nuestro segundo hijo para noviembre”. Asimismo, también compaginan esta vocación con sus otras profesiones; aunque José María está jubilado, Desiderio, suboficial delaArmada en la Reserva, es el único de los cinco que se dedica a la Iglesia a tiempo

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Los diáconos de la diócesis Tul-Vigo: Andrés Fontenla, José Manuel Martínez, Luis Enrique Álvarez, José Maria Fernández y Desiderio Bernárdez.

completo. José Manuel es profesor en el colegio Salesianos de Vigo, Andrés es médico psi-quiatra y Luis Enrique, maestro interino de Filosofía y Religión en un instituto de A Guarda. Con tal motivo, la entrega de este último se ajusta, sobre todo, a las mañanas de los domingos, en las parroquias gondomareñas de Peitieiros y de Mañufe, donde también imparte catequesis. Aparte de eso, pueden producirse días excepcionales, por fiestas patronales, como algunos sábados de septiembre, u otras cosas “muy puntuales” entre semana. Aun así, se trata de una afición que va más allá: “Parte de mi tiempo libre lo dedico a mi tarea diaconal, aunque mi tiempo en familia y mi traba-jo también los entiendo como mi tarea diaconal”. Nadie se conviene en diácono de la noche a la mañana. Como cualquier trabajo, también tiene sus estudios. Aquí, la formación doctrinal se prolonga alrededor de cuatro años. El primer proceso es conocido como periodo de discernimiento, “que sirve explica Luis Enrique-para comprobar si uno tiene o no esa vocación”. Después, como cualquier seminarista, hay que pasar un “pequeño rito” de admisión a las órdenes sagradas y, más adelante, se reciben los ministerios laicales (las órdenes menores). “Es decir, el lectorado (para ser lector) y el acolitado (para ser acólito)”, discierne. Igualmente, también es necesario licenciarse en Ciencias Religiosas. Por último, llega la ordenación ante el obispo. En este caso, de Luis Quinteiro Fiuza. Entre sus motivaciones, “hacer el bien”. Luis Enrique se lo propuso a raíz del primer embarazo de su mujer, en 2013: “Ante mi inminente paternidad, empecé a preguntarme qué podía hacer para ser un buen padre de mi hija. En ese momento era catequista y era una opción que conocía, pero que nunca me la había planteado de manera seria. Al final, en el diaconado permanente vi una manera de servir a mi familia v a la Iglesia”. El de Desiderio es otro caso: “Yo había colaborado muchos años con la Iglesia, pero, al principio, no tenía mucha inquietud por ser diácono. Empecé estudiando Ciencias Religiosas y, más adelante, surgió la posibilidad. Después de 14 años, aún me sigo cuestionando si realmente es mi vocación. Yo estaba implicado, pero es un pasito más. Te pones al servicio de la Iglesia”. La de convenirse en diácono no es una decisión cualquiera; además, tiene que estar apoyada por la familia. Es la mujer de cada uno de ellos quien tiene que dar por escrito el consentimiento a su marido. Sin su aprobación, no sería posible. “Mi mujer es una santa. A veces, planificas algún viaje o alguna salida y no puedes. Claro; un difunto no avisa. Siempre estás a expensas. Mi mujer es muy comprensiva, tiene mucha paciencia”, confiesa Desiderio.
7 (2)Luis Enrique (profesor). con su hija.

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José Manuel (profesor), con su esposa y su hijo.

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Andrés (médico psiquiatra) y su mujer.

Esta conversión de persona implicada con la Iglesia a diácono es un proceso que se lleva con “mucha normalidad”, aunque bien es cieno que. por otra parte, “es algo que te cambia la vida”. declara Luis Enrique. Desiderio opina lo mismo: “Ya no eres uno más, eres un representante de la Iglesia. No puedes hacer cualquier cosa por la calle. No solamente tienes que ser diácono, tienes que parecerlo. No puedes ir vestido como uno cual-quiera ni hablar como uno más. Tienes que ser un ejemplo del estilo de vida que has escogido. Yo siempre digo que tenemos que ser muy cercanos, muy atentos y delicados”. Todos coinciden en que la del diaconado en sí ya es una vocación, bien distinta a la de querer ser sacerdote. “Si a mí me proponen ser sacerdote, digo que no. Yo soy diácono porque me siento diácono”, expresa Desiderio. Aunque, si un sínodo aprobase ordenar hombres casados en sacerdotes en casos de máxima necesidad, como podría ocurrir a sus compañeros del Amazonía, se lo plantearla: “Si llega el caso y es necesario, habría que dar el paso, es lógico”. No obstante, eso es algo que de momento no va a suceder. Mañana volverá a ser lunes y a Desiderio volverá a sonarle el despertador. Se levantará al lado de su mujer, hará la comida y partirá de nuevo hacia la Curia Diocesana para ejercer como lo que es: uno de los cinco diáconos permanentes de la diócesis de Tui-Vigo.
“Queda un largo camino hasta conseguir la igualdad de hecho
Si en el sínodo sobre la Amazonía, celebrado la semana pasada, se aprobó la propuesta de poder ordenar sacerdotes a hombres casados en esas regio-nes remotas, en el mismo concilio también se pidió que se revisase el papel de la mujer en la Iglesia: el voto femenino o para que, como los varones, también puedan acceder a ministerios como chacona-dos permanentes. “Leer las escrituras o distribuir la comunión es algo que ya podemos hacer. Pero hago rufas las palabras que el Papa Francisco pronunció hace unos días: Aún no nos enteramos de lo que sig- Almudena Suárez cervino. nifica la mujer en la Iglesia y nos quedamos solo en la parte funcional. Es importante, tienen que estar en los consejos, pero su papel va mu-cho más allá de la funcionalidad’. Queda un largo camino por andar hasta conseguir la igualdad de hecho”, reflexiona la redondelana Almudena Suárez, la única mujer con nom-bramiento episcopal en la diócesis Tui-Vigo, emitido por Monseñor José Diéguez Rebo-redo y renovado por el actual obispo. Luis Quinteiro Fiuza. Desde 2004, esta profesora de Religión Católica en el instituto Mendiño forma parte de una unidad pastoral cuyo cam-po de actuación son siete parroquias de Arciprestazgo de Tea. También dirige las Asam-bleas Diocesanas en Ausencia de Presbítero (ADAP).

por MARCOS MARTÍN REBOREDO en Faro de Vigo

Publicado el 3 noviembre, 2019 en Noticias diaconado Iglesia de España, Noticias diaconado Iglesia Universal, Testimonios. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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