Esbozos diaconales de Andrés Cebrino, diácono de Sevilla

Cada día siento más que ser Diácono consiste en “querer” ser servidor. Y para vivir dignamente el oficio, no hay mejor camino que atravesar cada día su imposibilidad.

Por eso es bueno encontrar senderos seguros, de mucha paz, como lo son la humildad, la pobreza y la simplicidad.

Según Lanspergio, monje cartujano del siglo XVI, la verdadera simplicidad consiste en:

+ El prójimo.
– No reprender ni alabar a nadie.
– No meterse en instruir (dar clases) a ninguno.
– Simular ignorancia.
– Llevar con ecuanimidad (constancia de ánimo) las burlas, injurias o reprimendas.
– Recibir con alegría lo que los otros te dejan o imponen, como si no te dieras cuenta de sus astucias y engaños.
– No prestar atención ni pensar los defectos de los otros, ni en lo que te sucediese de desagradable.

+ Uno mismo.
– No admitir ninguna cosa que te haga tropezar o que te puede inquietar la memoria (como resolver cosas viejas e imaginaciones)
– Ser firme en el silencio, aún en las conversaciones, conservando un rostro que exprese serena dulzura y corazón compungido.
– Nunca hacer nada delante de otros que te haga mostrarte importante, digno de alabanzas y admiración.
– Siempre, cuando puede hacerse sin escándalo, poner ante los ojos la inocencia y la simplicidad, para que la vivas y guardes.

+ Exterior .
– Y en cuanto a las cosas del exterior, como las sutilezas, la curiosidad, los engaños, los cuidados, las preocupaciones, el amor humano, ser como un niño de cinco o siete años.

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Pensamiento espiritual. 

Los Diáconos en nuestro servicio pastoral hemos de transitar cada día más por caminos de paz. Uno de los gestos que me hace mucho Bien, en mi trabajo diario, es esforzarme por no terminar de corrido los trabajos, sino hacer entre medio paradas de oración, dentro de las tareas que desarrollo. Oraciones sencillas que me elevan y que me reconfortan y me unen al Señor, ofreciendo mi persona y mi servicio.

Es como ir “vendiendo todo lo que tengo (que me ocupa), para comprar el campo donde se encuentra el tesoro oculto, deseable de detenerme y de ver que bueno es el Señor”.

Algún apunte del Hacer.

Papa Francisco: ” El amor está más en las obras que en las palabras ” (Santa Marta)

La diócesis de Sevilla (España) tiene actualmente 62 Diáconos Permanentes que, de modo sencillo, detallo donde sirven:

– Parroquias . Frecuentemente, donde celebran su fe.
– Presidiendo poblaciones alejadas , sin presencia del sacerdote, que celebra solo los domingos.
– Tanatorios y Cementerios . Existen equipos de exequias formados por Diáconos y coordinados igualmente por un hermano Diácono, en los Tanatorios más importantes de la diócesis.
– Caritas parroquiales y Diocesanas.
– Coordinación de la Comunidad Diaconal y con presencia en el Comité nacional de la CEE.
– Delegaciones episcopales . No solo sirviendo en las Delegaciones diocesanas, sino también como Delegado diocesano del Arzobispo.
– Arzobispado . Sirviendo a los Obispos, Vicarios episcopales y Secretario General y Canciller.
– Fundación Cardenal Spinola de la Lucha contra el paro . Buscando y formando, para el acceso laboral.
– Manos Unidas .
– Asilos y Residencias .
– La Formación la hacemos en 3 retiros al año de los Diáconos, con el Arzobispo, Obispo Auxiliar y Delegado del Clero; a la vez que participamos en toda la formacion de los Sacerdotes.
– Ejercicios espirituales . Tenemos dos tandas. Una en noviembre y otra en febrero. Nos vamos habitualmente fuera de Sevilla, a otra diócesis, para recogernos en completo silencio.
– Celebramos la festividad de San Esteban , como fiesta de los Diáconos.
– Formación de Aspirantes al Diaconado. Dando charlas. En años anteriores había muchos tutores Diáconos que acompañaban mensualmente a los Aspirantes, elevando un informe al final del curso pastoral. Muy interesante esta figura.
– Tribunales . Años atrás también se servía en la toma de declaraciones.
– Equipo de poblaciones alejadas . Un modelo muy rico fue el Equipo pastoral desplazado que se dirigía a pueblos y pedanías alejadas, apoyando a los párrocos, en el servicio pastoral.

– Cárceles . Allí tenemos presencia, cumpliendo las palabras del Señor: “… en la cárcel y me visitaste”

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Algún apunte del Ser.

Sed santos en toda vuestra manera de vivir (1 Pe. 1,15)

El apóstol Pedro nos invita a caminar en santidad, a ser santos. Él que tuvo la cercanía del Señor, ve lo provechoso que es caminar en santidad, buscando poner en práctica las virtudes; esas que le pedimos al Señor, para que nos ayude, y que nos son propias desearlas y pedirlas: fe, esperanza, caridad, prudencia, justicia, fortaleza, templanza, humildad, mansedumbre, modestia, paciencia, fortaleza, templanza. etc.

Los santos y los grandes santos diáconos nos han testimoniado el gran provecho que proporciona, en nuestro camino al encuentro del Señor, el vivir y celebrar su cercanía, su intimidad, volcando en nuestro corazón su Palabra. Es por ello que nos hace mucho bien, y que como ministros del Señor tenemos un hermoso horizonte espiritual por delante.

Diariamente.
– Celebrar la Santa Misa.
– Orar Laudes, Vísperas y de forma personal al levantarnos.
– Hacer el examen de conciencia.
– Rezar el santo Rosario. Acordarse de la Virgen.

Quincenal o mensual:
– Sacramento de la Penitencia.

Discrecional.
– Letanías.
– Devociones personales.
– Lectura espiritual.
– Vivir el silencio (retiros, ejercicios espirituales, oración personal..)

Vivencias espirituales que nos inflaman el espíritu, y nos hacen seguir adelante y que nos animan a trabajar mucho para el Señor. Porque no hay mejor ayuda espiritual que ejercer el ministerio diaconal bien hecho.

Dios nos contempla en nuestro ministerio. Él lo ha puesto en el corazón de la Iglesia y nos concede los dones del ministerio diaconal. Para nosotros no hay mejor modo de vivir y disfrutar, que estar abierto a la Gracia.

Bendito sea Dios.

 

“Y hemos recibido de Él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn 4, 21).

Existe una “matemática” que, a la luz de la carta de San Juan, capacita para reconocer cuánto se ama a Dios. Muchos dirían si le preguntasen a ese reconocimiento: “mucho, muchísimo…”. Y harían visión retrospectiva de los momentos sosegados en la oración.

En el día a día, el Diácono se ve inmerso en una relación ingente con muchas personas; unas que se les acercan y otras a las que él va. Muchas, con diferentes deseos, preocupaciones y situaciones. Y precisamente una forma de reconocer esa relación con Dios en lo cotidiano, es reunir y revisar todas las relaciones humanas en el ministerio del servicio; ya sean con sacerdotes, diáconos, laicos, familiares, vecinos, amigos… y con el propio obispo. Lo que existe en las relaciones, también existe en la relación con Dios, dice el apóstol.

Por eso a la pregunta de ¿cuánto se ama a Dios? No valen ni las buenas palabras ni las buenas intenciones. Habría que “contabilizar” el día a día de la relación con los hermanos, a través de esa “matemática divina”, desde la humildad del corazón.

Pongamos un ejemplo imaginario, muy a groso modo, que leí alguna vez:

Si alguien en su vida tiene relación con cien personas, de las cuales quiere realmente a veinte, a veinte rechaza y con sesenta tiene una relación superficial, entonces se manifiesta la relación con Dios de la misma manera: veinte por ciento de amor, veinte por ciento de rechazo y sesenta por ciento de indiferencia.

Dios estaría en la persona, en ese sesenta por ciento, prácticamente ausente en su vida; no existiría. Estaría en ese veinte por ciento, negado; dándole la espalda. Y en ese otro veinte por ciento, amado; deseado.

Mientras se rechace a una sola persona, se desprecia también a Dios. Mientras se esté molesto con una sola persona, se está enfadado con Dios. Mientras se ignore o envidie a una sola persona, se ignora o envidia también a Dios…. Porque la relación con Dios corre paralela con la relación con los demás.

En definitiva, ese algoritmo es capaz de trasladar de la vida, la fe en Diodiacsev (2)s. Deduce de la vida cotidiana cómo es de grande la fe, apoyándose en el amor al prójimo. Sólo así se tiene “los pies puestos en la tierra”. Y es que al final ambas relaciones crecen juntas, siendo una sola realidad, la de Dios.

Andrés Cebrino, diácono de la archidiócesis de Sevilla

 

Publicado el 7 noviembre, 2019 en Formación diaconal, Noticias diaconado Iglesia de España, Noticias diaconado Iglesia Universal. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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