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Archivo de la categoría: Formación diaconal

Cuando el diácono sirve….

REFLEXIÓN SOBRE EL MINISTERIO LITÚRGICO DEL DIÁCONO
Cuando el diácono se presenta para servir, debe vaciarse de toda preocupación egoísta. Debe verse a sí mismo como siervo de la liturgia y nunca como su dueño. Debe servir al sacerdote y al altar con la humildad de aquel cuyo mismo cuerpo y sangre fueron ofrecidos en el altar de la cruz.14980598_1313378555359544_748797824653643520_n
Cuando proclame el Evangelio, el diácono debe vaciarse de toda su sabiduría mundana para que se llene solo con la sabiduría de Dios. Debe disminuir para que la Palabra de Dios pueda arraigarse en él y los que escuchan su voz no lo escuchen a él, sino a Cristo Jesús que vive en él. Su aclamación del “Palabra del Señor” debe sonar auténtica y verdadera.
Cuando proclama las intercesiones o invita al pueblo a la oración, los fieles deben reconocer en él al hombre confiable y compasivo a quien pueden ir con cualquiera de sus necesidades. Los pobres deben conocerlo como su amigo. Los huérfanos deben verlo como su padre, y todos los que están solos, asustados o confundidos deben ver en él un refugio según el modelo de Cristo Jesús. Todos deben confiar en su prudencia y caridad de tal modo que su sabia dirección sea recibida espontáneamente.15380386_1185115354916459_7427396591704332905_n
Finalmente, todos los que reciben el Cuerpo y la Sangre Preciosos de sus manos deben recibir de alguien que sabe el significado del sacrificio, de ser derramado por el pueblo de Dios y de luchar por la santidad de la vida. El diácono también debe tomar la copa de salvación como alguien cuya misma vida es un himno de alabanza al Señor. Porque la copa que lleva es su salvación y un modelo de la vida a la que se le llama como diácono.
Lo que el nuevo Misal Romano y la Iglesia le piden al diácono es hacerse más como Cristo. Participar en su muerte y resurrección pascuales: por cómo vive y cómo ora, por lo que hace y en quién se ha convertido.
Este es el misterio del ministerio diaconal en el altar. ¡Es el misterio de la Iglesia y el misterio de todos los llamados a la Cena del Cordero!

El diácono y la liturgia: una búsqueda de identidad
Monseñor James Moroney
Ex Director de la Oficina de Liturgia, USCCB

L. A. Archdiocese Deacon Retreats and Information Blogpage

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Lo que desconocíamos del diácono San Esteban: la “invención” de su cuerpo martirizado

Galamiel se apareció a un joven presbítero y le dijo el lugar exacto donde podrían encontrarlo

El 3 de agosto se recuerda la invención de San Esteban, el primer mártir (protomártir) de la Iglesia. El Códice de Athos le considera santo desde su cuna. Al parecer, el diablo aprovechó que la niñera estaba distraída para llevárselo y dejar en su lugar a un bebé diablo. El niño Esteban estaba tan bendecido, que los diablos no pudieron llevárselo al infierno y lo abandonaron a la puerta de un judío llamado Julián, que lo educó santamente.garzi_attr_stoning_of_saint_stephen

Las primeras referencias sobre la vida de San Esteban lo podemos encontrar en las mismas escrituras, en los Hechos de los Apóstoles (capítulos 6, 7 y 8). Era hebreo de nacimiento, probablemente educado en la diáspora dentro de la cultura greca.

El relato de su cruel martirio lo encontramos en Hch. 6,8-7,60. Algunos judíos estaban congregados en una sinagoga de libertos debatiendo con Esteban sobre argumentos que no “podían rebatirse” según estos judíos. Por ello, “conmovieron al pueblo, a los ancianos y escribas” y tomaron a Esteban que fue condenado ante el Sanedrín. Lo llevaron hasta la puerta de la ciudad y allí lo apedrearon.​ El libro de Hechos dice que en ese momento los sanedritas miraron a Esteban y vieron “su rostro como el rostro de un ángel”

¿Pero que se hizo de su cuerpo? La Leyenda Aurea en el cap. CXII, nos cuenta la historia sobre la invención (descubrimiento) del cuerpo de San Esteban.

Sucedió que en el siglo V, bajo el emperador Honorio, se apareció a un presbítero llamado Luciano “un hombre viejo, alto de estatura y con un bello rostro y una larga barba, que llevaba una túnica blanca, una cruz de oro con piedras bordadas”, indicándole donde estaban enterrados los cuerpos de Esteban, Nicodemo, Abibas y él mismo.

Con su báculo tocó el suelo y le dijo “ve a Juan, obispo de Jerusalén, que nos debe volver a enterrar en un lugar de honor (…) Porque he aquí que hay sequía y miseria en la ciudad, pero Dios quiere dar su gracia al mundo por medio de nuestra intercesión”.

Le preguntó Luciano quien era y obtuvo respuesta: “Yo soy Gamaliel, y el apóstol Pablo se sentaba a mis pies para aprender la ley. A mi lado está enterrado San Esteban, el mismo que fue apedreado por los judíos y fue arrojado fuera de la ciudad para ser comido por los pájaros y las bestias, pero yo lo sepulté en un sepulcro de mi propiedad”.

Luciano quedó desconcertado y pensó que si era revelación divina, al menos tres veces debía ser avisado, y calló su visión. El viernes siguiente volvió a tener la aparición de Gamaliel. Este le requirió su demora y el santo le expuso su duda. Gamaliel le dio pistas para saber que cuerpo era el de cada santo.The_stoning_of_St_Stephen

Le dijo que vería tres vasijas de oro y una de plata. De las de oro, una con rosas rojas, las otras dos con rosas blancas, y la de plata con azafrán. “Estas vasijas y flores señalan nuestros huesos. La de rosas rojas es San Esteban, el único de nosotros que fue coronado con el martirio. Las dos con rosas blancas somos Nicodemo y yo, porque aunque creímos, no confesamos fe de forma coherente y firme, y con corazón puro al Señor. La plata con el azafrán, es Abibas mi hijo, porque él tuvo castidad, la pureza virginal en este mundo”.

Pero esperó aún una tercera vez Luciano. El tercer viernes, 3 de agosto de 415 (417, según algunos), se apareció Gamaliel, ya enojado. Entonces Luciano, tomando por verdadera la revelación, avisó al Patriarca Juan de Jerusalén, excavaron donde había señalado Gamaliel. La tierra se abrió y salió de ella una fuerte y dulce fragancia, que solo con ser aspirada sanó a setenta enfermos que se hallaban entre la multitud.

Los cuerpos fueron sacados y trasladados a Jerusalén entre cánticos y oraciones. Con solo llegar, como había dicho Gamaliel, una copiosa lluvia llegó a los campos.

por Maria Paola Daud en ALETEIA

“Sin diáconos, los sacerdotes no pueden ejercer su oficio en la celebración de la Eucaristía”, San Isidoro de Sevilla”

San Isidoro murió en 639 en Sevilla, donde también fue obispo. En sus obras ha logrado combinar el conocimiento de la antigüedad y hacerlo accesible; Generalmente se lo conoce como el último padre de la iglesia de la antigüedad.saint-of-the-internet

En su obra  De Officiis ecclesiasticis , redactó 598-615 en nombre de su hermano Fulgencio, obispo de Astigi (Écija, a 80 km. Al este de Sevilla), entre otros Isidor informó sobre el origen y significado de los servicios religiosos, oficinas y costumbres. El segundo libro de la obra también contiene un capítulo sobre los diáconos después de la sección sobre los presbíteros. Su explicación del origen de los ministerios está fuertemente influenciada por el Antiguo Testamento, pero también dice algo acerca de cómo un obispo del siglo séptimo observó los diferentes servicios:

Ipsi [ diaconi ]  enim clara uoce en moda praeconis ammonent cunctos, siue en orando, siue en flectendis genibus, siue en psallendo, siue en lectionibus audiendis; ipsi etiam ut aures habeamus ad dominum adclamant, ipsi quoque euangelizant. 
Sine su sacerdos nomen tenía, officium non habet. Nam sicut en sacerdote consecratio, ita en ministro dispensatio sacramenti est; ille orare, hic psallere mandatur; ille oblata sanctificat, hic sanctificata dispensate. Ipsis etiam sacerdotibus propter praesumptionem non licet de mensa domini toller calicem, nisi eis traditus fuerit a diacono. Leuitae inferunt oblationes en altario, leuitae conponunt mensam domini, leuitae operiunt arcam testamenti.

Isidoro Hispalensis , De ecclesiasticis officiis 2,8,3-4, editor CM Lawson (CCSL 113), Turnhout 1989, 67f.)

Ellos [Diáconos] es lo suficientemente fuerte subastador ventaja añadida anima a todos, ya sea en la oración o en doblar, ya sea en el canto o escuchar en; ellos, también, de modo que las orejas, que pueden tener que decirlo a mi señor gritó asentimiento, y ellos también, tenía el Evangelio predicado.
Sin el sacerdote, el nombre de la tenia Do, la oficina no tiene. Porque así como un añadido a la consagración del sacerdote, por lo que es la dispensación del misterio que se añade a al ministro; que tenía que rezar, se nos manda a cantar aquí; ofreció de santifica, hace que las cosas santas del aquí, prescindir. Para estas cosas, oh Señor, toma la copa de la mesa, también, a los sacerdotes, a causa de la presunción de que no está permitido, a menos que haya sido entregado a ellos, por el diácono. Leuitae implicar sacrificios en la asistencia, ligereza, y poner la mesa, cubra ligeramente el arca.

 

Los diáconos amonestan a todos en voz alta a la manera del heraldo, ya sea rezando o doblando las rodillas, o cantando los salmos, o escuchando las lecturas; también oran al Señor públicamente y proclaman el evangelio.
Sin ellos, el sacerdote tiene su nombre pero no tiene una oficina. Como el sacerdote tiene la obligación de consagrar el sacramento, es deber del siervo (diácono) entregarlo. Cuando el sacerdote es comisionado para dar las oraciones, le corresponde al diácono recitar el salmo. Él santifica los dones, distribuye los dones sagrados. Los mismos sacerdotes, debido al peligro de la arrogancia, no pueden tomar la copa del Señor desde el altar a menos que se la dé el diácono. Los levitas (diáconos) traen los regalos al altar, los levitas (diáconos) preparan la mesa del Señor y cubren el arca del pacto.

Es interesante que el Obispo Isidor solo pueda imaginar la celebración de la Eucaristía cuando se llevan a cabo los diversos ministerios. Un sacerdote que puede “hacer todo solo” es impensable para él; de hecho, incluso se ve el peligro de la arrogancia, por lo tanto, un sacerdote no debe tomar la misma comunión del altar, y es que – como todos los demás en la comunidad – servido por el diácono. En ese momento, esta era también una práctica común en la liturgia papal .

Aunque la primera de las normas litúrgicas de hoy en día, el cura (delante de la congregación!) Se comunica y luego la comunión diácono suficiente, el respeto de los diferentes servicios y organismos en la liturgia es tan importante como lo era en la actualidad.

Sacerdotes que piensan que todo puede estar solo y que se permita a abstenerse de realizar más servicios (monaguillos, lectores, cantores, diáconos, organista ….) para ajustar la realidad a la celebración. Los servicios y oficinas no son uno – de hecho prescindible – además de aumentar la ceremonia, pero representan a la Iglesia jerárquica, el Pueblo de Dios, el cuerpo místico de Cristo es, que está con Cristo, la cabeza, sujeto de la liturgia; como lo expresa la Constitución Litúrgica del Vaticano II en el Art. 7:

La liturgia es, por lo tanto, correctamente considerada como el cumplimiento del ministerio sacerdotal de Jesucristo; A través de signos sensibles, la santificación del hombre se manifiesta en ella y se realiza a su manera, y todo el culto público del cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la cabeza y los miembros, se realiza. Como resultado, cada celebración litúrgica, como la obra de Cristo, del sacerdote y de su cuerpo, que es la iglesia, es, en un sentido exquisito, un acto sagrado, cuya efectividad ninguna otra acción de la iglesia alcanza en rango y medida.

2. Concilio Vaticano, Constitución sobre la Sagrada Liturgia “Sacrosanctum Concilium” (4 de diciembre de 1963), Art. 7

Sin embargo, el respeto por los diferentes ministerios y ministerios no solo afecta al sacerdote, sino a todos aquellos que, de acuerdo con su consagración o comisión, presiden los servicios de la iglesia. Por supuesto, incluso en una liturgia de la Palabra, que es dirigida por un lego, los diferentes servicios eran sus tareas.

por Markus Tymister en el blog Populo Congregato

¿Qué es un Diácono Permanente en la Iglesia Católica? ¿Cómo puedo ser Diácono Permanente? por Rey Morales, diac.

DIÁCONO PERMANENTE

Me hacen la pregunta a menudo… ¿Qué es eso de ser un Diácono? La siguiente información es un sumario y parte de un reporte contestando esa misma pregunta del Vaticano, obvio que en este link te llevara con más detalle si te interesa saber más del Diaconado:

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cclergy/documents/rc_con_cclergy_doc_19022000_dia_sp.html

El Diaconado Permanente nos cambiado la vida a mi esposa y familia de una manera positiva, llena de bendiciones aun en la adversidad. Si crees tener el llamado a servir, contactame y con gusto tomare tiempo para hablarte y guiarte al director del programa y a explicarte más a fondo la bendición de servirle a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y a su pueblo. Estoy seguro que otros hermanos Diáconos estarán dispuestos a cooperar con ustedes, es parte de nuestro llamado.

Impocisión de las manos durante la ordenación de 22 Diáconos en la Diócesis de Savannah Georgia, Mayo sábado 31, 2008. Los primeros 3 Diáconos Hispanos en ser Ordenados en la Diócesis de Savannah llegan después de 150 asños de existencia. Diácono Tirso Castillo (Cubano Americano) Diácono Bienvenido Pérez (Cubano Americano) y su servidor, Diácono Rey Morales (Puerto Rico)
SUMARIO

Diácono y diaconía en el NT – II. Los diáconos en la Iglesia antigua: “encargados de la diaconía de Jesucristo” – 111. El diácono, signo sacramental de Cristo siervo y de la diaconía de la Iglesia – IV. La espiritualidad del servicio, cuyo animador es el diácono – V. Diaconado y eucaristía – VI. La diaconía como “condivisión” – VII. Diversas modalidades expresivas de la diaconía – VIII. La animación de la diaconía por parte del diácono – IX. La valorización del carisma del diácono: de la Iglesia antigua al renacimiento actual del diaconado permanente – X. la animación de la diaconía en la Iglesia y en el mundo de hoy – XI. La aparición de los diáconos desde una opción pastoral renovadora.La palabra diácono indica uno de los tres ministerios en que se articula el sacramento del orden (ministerios ordenados: episcopado, presbiterado, diaconado). En el motu proprio Ad pascendum se da una definición autorizada y rica en implicaciones, tanto teológicas como pastorales y espirituales, del ministerio del diácono: “Animador del servicio, o sea, de la diaconía de la Iglesia, en las comunidades cristianas locales, signo o sacramento del mismo Cristo Señor, el cual no vino para ser servido, sino para servir”.

Ordenación de 22 Diáconos Permanentes para la Diócesis de Savannah Georgia, Mayo sábado 31, 2008

I. Diácono y diaconía en el NT La palabra diácono equivale al griego diákonos y significa siervo. Esta palabra hay que relacionarla con otras expresiones, comunes en el NT, como diakonía, es decir, servicio, y el verbo diakonéin, o sea, servir. La palabra diakonía, con las diversas expresiones ligadas a ella, se cuenta entre los términos que aparecen con más frecuencia en el NT, porque indica un aspecto fundamental de la figura de Cristo, al que ya Isaías hahabía anunciado como el siervo de Yahvé y de los hombres (cf Is 52,13 – 53,12), y que se presentó como “el que sirve” (Lc 22,27) y que “vino a servir y no a ser servido” (Mt 20,28).Recordando que Jesús antes de dejar este mundo realizó el gesto sacramental y profético del lavatorio de los pies para invitar a sus discípulos a seguir su ejemplo de servicio (cf Jn 13,1-15), la Iglesia antigua consideraba la diaconla como un aspecto fundamental de su naturaleza profunda y, por tanto, de la vocación de toda comunidad y de todo fiel. La Iglesia, que san Ignacio de Antioquía definía como laagape, el amor’ —es decir, el signo visible del amor de Dios encarnado en Cristo presente en la eucaristía—, tenía plena conciencia de que el servicio es la expresión concreta del amor, según las palabras de san Pablo: “Servios los unos a los otros mediante la caridad” (Gál 5,13). Considerando que la vida cristiana consiste en un — seguimiento de Cristo y en conformarse a él, la Iglesia antigua entendía en profundidad la diaconla como un amor que se expresa en la humildad y la obediencia (cf Flp 2,7-8), en la pobreza (cf 2 Cor 8,9), en una disponibilidad que llega hasta la inmolación (cf Mt 20,28), en un pleno compartir las alegrías, los dolores, las exigencias y las aspiraciones de toda persona de cualquier proveniencia (cf Rom 12,15; 1 Cor 9,19-23).Junto a la diaconía como vocación al servicio de todos los cristianos, se habla en el NT de los diáconos(Flp 1,1; 1 Tim 3,8-13) como encargados de un ministerio especifico. Si el servicio es vocación común, el ministerio de los diáconos, “los siervos”, indica a los consagradosal servicio, hasta el punto de ser el “signo sacramental” de esta vocación común.

Jurando Obediencia al Obispo
II. Los diáconos en la Iglesia antigua: “encargados de la diaconía de Jesucristo” El Vat. II afirma que los apóstoles transmitieron su ministerio a los obispos, a los que se les da la plenitud del sacramento del orden (cf LG 20 y 21). Junto a los obispos se coloca a sus cooperadores, a saber, los presbíteros y los diáconos, a los cuales se confiere el mismo sacramento del orden para poner de manifiesto sus facetas particulares: en los presbíteros, la faceta de la presidencia y de la guía del pueblo de Dios, y en los diáconos, la del servicio. Estas diversas facetas del mismo sacramento, presentes desde los orígenes en el ministerio apostólico y en sus virtualidades, se concretizaron gradualmente en ministerios distintos. En un primer tiempo, se diferenciaron los diáconos como ministerio distinto del de los obispos (así, en el NT, en la Didajé y en la carta de Clemente Romano), diferenciación que sucesivamente se extendió a los presbíteros. De este modo se llega pronto a la articulación tripartita del ministerio ordenadot expuesta así a principios del siglo n por san Ignacio de Antioquía: “Realizad todas vuestras acciones con aquel espíritu de concordia que agrada a Dios, bajo la presidencia del obispo, que ocupa el puesto de Dios, de los presbíteros, que forman el colegio de los apóstoles, y de los diáconos, objeto de mi afecto especial, encargados del ministerio de Jesucristo’.

Postrados ante Dios y el pueblo
III. El diácono, signo sacramental de Cristo siervo y de la diaconía de la Iglesia Al presentar a los diáconos como “encargados de la diaconla de Jesucristo”, nos encontramos sustancialmente con la misma definición del ministerio del diácono que, de una forma más articulada, propone ahora (según hemos visto) el motu proprio Ad pascendum: “Animador del servicio, o sea, de la diaconía de la Iglesia, ante las comunidades cristianas locales, signo o sacramento del mismo Cristo Señor, el cual no vino a ser servido, sino a servir”. Esta definición del ministerio diaconalsupone una clara concepción del sacramento del orden, según la cual todo ministro ordenado es al mismo tiempo representante y animador: representante, es decir, “embajador” (2 Cor 5,20) de Cristo y, por tanto, también de la comunidad eclesial (desde el momento en que Cristo representa a la Iglesia, la cual es su cuerpo, puede hablar y obrar en nombre de ella); animador de la comunidad, o sea, dotado de una gracia particular “a fin de perfeccionar a los cristianos en la obra de su ministerio” (Ef 4,12). Uniendo estos dos aspectos, de representación y de animación, se sigue que todo ministro ordenado es signo sacramental de Cristo en la comunidad. En efecto, lo propio del signo sacramental es hacer presente con eficacia la realidad de la que es expresión visible.En el obispo se encuentra la plenitud del sacramento del orden (cf LG 21), de suerte que representa a Cristo como aquel de quien brota la Iglesia, ya sea en cuanto es su cabeza, ya en cuanto es su siervo. Estos dos aspectos del ministerio de Cristo, que se implican el uno al otro hasta el punto de identificarse, se distinguen en el signo a través de los dos ministerios, complementarios entre sí, de los cooperadores directos del obispo: los presbíteros, como signo de Cristo, cabeza y sacerdote (cf PO 2), y del sacerdocio común de los fieles; los diáconos, como signo de Cristo servidor y de la diaconía de la Iglesia.De este modo encuentra verificación y aplicación una fecunda intuición de Congar a propósito de la que él considera característica constante del pueblo de Dios; a saber, una especie de “bipolaridad”, en virtud de la cual a cada vocación común de los cristianos corresponden algunos que se consagran a ella para ser “signo” suyo’.

Espiritualidad del Diaconado como pareja
IV. La espiritualidad del servicio, cuyo animador es el diácono El carisma propio del diácono, a saber, su gracia sacramental específica, es la de ser animador del servicio. Por eso la espiritualidad del diácono es la espiritualidad del servicio, que él está llamado a animar y promover en la Iglesia y en el mundo.Hay que guardarse de considerar el servicio cristiano únicamente como una actividad humana de asistencia. La diaconía de Cristo es una participación, difundida en la Iglesia por gracia del Espíritu Santo, de la actitud de Cristo, el siervo humillado y paciente, que toma sobre sí el pecado y la miseria humana (cf Is 53,3-5), que se inclina afectuoso sobre cada necesidad concreta (cf Lc 10,33-34), que se inmola hasta dar la vida (cf Mt 20,18), testimoniando su amor hasta el “signo supremo” (cf Jn 13,1).El servicio cristiano, como participación del servicio de Cristo, posee una eficacia salvífica y sanativa. Cristo, en efecto, al llevar hasta el fin la lógica de la encarnación, se hizo siervo; más allá, “esclavo” (Flp 2,7) para salvar desde dentro la situación de esclavitud en que el pecado y el poder colocan a la humanidad. La esclavitud-por-amor del Hombre-Dios libera a la humanidad de la esclavitud-por-coacción, fruto del poder, el cual es la característica del mundo, que no conoce a Dios: de las “naciones” (Mt 20,25), afirma Jesús; es decir, de los paganos.

V. Diaconado y eucaristía

DIÁCONO REY MORALES, OBISPO GREGORY JOHN HARTMAYER JUNTOS CON JESÚS EUCARISTÍA CELEBRANDO ANIVERSARIO DE LA COMUNIDAD ALELUYA DE AUGUSTA, GA QUIEN HA PROVEIDO A MAS DE 18 SACERDOTES DESDE SU INCEPCIÓN HACE 41 AÑOS.
El servicio cristiano, como expresión del amor de Cristo, encuentra su fuente en la eucaristía, donde Cristo está presente como amor. Dado que el servicio es el ejercicio concreto del amor, Jesús en el mismo contexto instituyó la eucaristía y lavó los pies, concluyendo con el doble mandamiento paralelo: “Haced esto en recuerdo mío” (Lc 22,19; 1 Cor 11,24-25) y “Yo os he dado ejemplo para que hagáis vosotros como yo hice” (Jn 13,15).La gracia sacramental de la eucaristía está en incrementar el amor. La gracia sacramental del diácono consiste en promover el servicio, que es el ejercicio de amor. Por ser signo sacramental de un servicio que se funda en el amor, el diácono, en su ministerio, está llamado a demostrar que la fuente de gracia de la diaconía cristiana se encuentra en la eucarístia. Esto se realizaba en la Iglesia antigua con toda naturalidad. En la misma eucaristía se recogían y distribuían las ayudas para los necesitados, mientras que los diáconos llevaban a los enfermos y a los cautivos la comunión eucarística’.

La gracia de Cristo está presente en este Servicio de Comunión en la ausencia del Sacerdote quien estará fuera hospitalizado unos meses. No todos los domingos puede llegar un Sacerdote. Con la coordinación de los líderes de la comunidad se da esté Servicio de Comunión.
VI. La diaconía como “condivisión” La gracia de Cristo presente en la eucaristía, al traducirse en amor y en servicio, nos libera del egoísmo, es decir, de la atención predominante a nosotros mismos, para dirigir la orientación a las necesidades de los demás. Esto lleva a una continua verificación de nuestro servicio, a fin de que no se anquilose al institucionalizarse, sino que se resuelva siempre en una búsqueda afectuosa de las necesidades concretas y siempre nuevas de las personas y de la sociedad. Estando, pues, el servicio en función de la necesidad, se dirige con preferencia a quien está más necesitado (ya se trate de necesidad material, moral o espiritual). En una palabra: “El verdadero dueño del servicio es la necesidad’.Cristo siervo, que se encarna hasta el fondo en la condición humana, hasta el punto de que “al que no conoció pecado le hizo pecado en lugar nuestro” (2 Cor 5,21), obrando en nosotros por medio del Espíritu, nos conduce por su mismo camino de “encarnación redentora”. Es decir, nos lleva a comprender que el servicio cristiano no consiste en el hecho de que “uno” dé algo al “otro” permaneciendo extraño a él, sino que es superación de la alteridad, es condivisión; es “alegrarse con el que se alegra y llorar con el que llora” (Rom 12,15). Por eso “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (GS 1).

¡Es bendición el poder suplir esta necesidad a que Dios nos llama!
VII. Diversas modalidades expresivas de la diaconía La vocación al servicio, que el diácono está llamado a animar y promover, se manifiesta en diversas modalidades, dependientes entre sí hasta el punto de compenetrarse, y que podemos contemplar desde diversos puntos de vista. Desde el punto de vista de las posibles direcciones a que se orienta el servicio cristiano, podemos distinguir: una diaconía que se dirige a la comunidad eclesial en cuanto tal, como expresión de comunión entre los cristianos, de suerte que la Iglesia sea sierva en sí misma; una diaconía que se dirige a la humanidad, independientemente del hecho de su pertenencia visible a la Iglesia, de suerte que ésta sea sierva del mundo. Esta diaconía puede expresarse mediante la evangelización (o sea, el anuncio salvífico de Cristo resucitado) y la promoción humana, la cual se realiza bien a través del ejercicio de las obras de misericordia, bien mediante una fermentación profética de las realidades temporales.Desde el punto de vista de la eclesialidad y de la continuidad del ejercicio, podemos distinguir: una actitud de servicio como espiritualidad de fondo, que debe caracterizar al cristiano en todas las parcelas de la vida: en el trabajo, en la política, en la familia, etc.; la disponibilidad para servicios ocasionales frente a la manifestación de exigencias siempre nuevas; los ministerios, o sea, los diversos “servicios estables y reconocidos” , fruto de la pluralidad de carismas.Desde el punto de vista de la correspondencia con las diversas necesidades de la persona y de la sociedad humana, podemos distinguir: la diaconía de las obras de misericordia, ya sean personales ya organizadas, con las cuales los cristianos, imitando al samaritano (Lc 10,29-37), se inclinan sobre la persona humana herida de la manera que sea, hasta darle todo el socorro posible; la diaconía del compromiso político, que brota de la exigencia de remontarse a las causas existentes en las estructuras sociopolíticas injustas, fruto de la opresión y del poder de los fuertes sobre los débiles, en formas y modalidades diversas dentro de los diversos regímenes. Obsérvese que, si bien los motivos inspiradores de esta diaconía deben derivarse del evangelio, no pueden deducirse de él ni el examen técnico (vinculado al análisis histórico) de los mecanismos de las estructuras opresivas ni los medios para modificarlas. Se sigue de esto, en consecuencia, una pluralidad de opciones políticas entre los cristianos. Por eso la comunidad cristiana está llamada a influir en la diaconía del compromiso político por lo que se refiere a la actitud espiritual que debe ser su raíz, pero no en cuanto a las modalidades de actuación, que los cristianos, como ciudadanos y en unión con todos los hombres de buena voluntad, deben buscar, ejercitando su inteligencia en el análisis de la realidad sociológica y de sus causas: finalmente, la diaconía de la evangelización (cf Ef 3,7-8); es ésta la diaconía suprema, por la cual la comunidad cristiana es llamada por Cristo Señor, que vive en ella, a ser instrumento de transmisión “a toda criatura” (Mc16,15) de la salvación plena, que implica la liberación de toda necesidad en el tiempo y en la eternidad.

Anunciando, participando o Dirigiendo la Adoración y Oración a Jesús Eucaristía es una de las formas tradicionales de Servicio a la Comunidad de Fe
VIII. La animación de la diaconía
por parte del diácono La espiritualidad del servicio, con las diversas modalidades expresivas que hemos indicado, entra en la vocación de la Iglesia y de todos los cristianos. El diácono, en virtud de su carisma y de su ministerio, está llamado a ser su animador. ¿Qué entendemos por “animación”? Debemos guardarnos de dar a esta palabra una interpretación preferentemente psicológica, corriendo el peligro de confundirla con el estímulo de los reflejos condicionados en cadena, propia de la propaganda comercial. En ese caso sería una presión, una limitación de libertad, y no una fuerza libertadora. Por animación entendemos una propuesta, que se hace más eficaz por la gracia del sacramento del orden. En virtud de este sacramento, el diácono es constituido representante de Cristo siervo; por lo mismo no es persona privada, sino pública (no tanto en sentido jurídico cuanto en sentido sacramental). Las obras que realiza y las palabras que dice en el ejercicio de su ministerio se realizan y pronuncian en nombre de Cristo. Son, pues, una fuente de gracia para invitar con eficacia a la Iglesia a seguir las huellas de Cristo siervo. Por eso el diácono está “consagrado al servicio” y, por tanto, comprometido a servir de modo que invite a todos a servir. El, al obrar en el triple campo de la palabra de Dios, de la eucaristía y de las obras de amor, está llamado a promover las ocasiones de encuentro, de diálogo, de comunión; a descubrir las necesidades de cada persona, de la comunidad eclesial y de la sociedad humana y, al mismo tiempo, a discernir los carismas correlativos de los que pueden brotar los servicios adecuados; a abrir el camino y el espacio para el servicio de todos. Por eso su carisma específico se dirige a suscitar los diversos ministerios y el espíritu de servicio en todos los ministerios. De este modo la gracia del diácono tiene una importante función, incluso en relación con los obispos y los sacerdotes; no para eventuales suplencias en el ámbito de las prestaciones de su competencia (no es éste el valor intrínseco del carisma diaconal), sino para recordar constantemente el hecho de que el ministerio sacerdotal de guía espiritual debe ejercerse con espiritualidad de servicio.

El Diácono no solo sirve en la Misa, en la Parroquia; si no, en toda la comunidad… “Los Diáconos deben andar de un lado para otro, ocuparse de los propios hermanos, ya sea en lo que se refiere al alma como en lo que concierne al cuerpo, y tener informado de todo ello, al Obispo”
IX. La valorización del carisma del diácono: de la Iglesia antigua al renacimiento actual del diaconado permanente En la Iglesia antigua, hasta el siglo v, el diaconado tenía una gran importancia. “Después del obispo, y estrechamente ligado a él, el diácono era el principal ministro de la jerarquía’. En nombre del obispo, los diáconos cuidaban de los contactos humanos necesarios para continuar y animar en la Iglesia el servicio de Jesús, que “lava los pies” a los hermanos. Dice un texto del siglo III: “Los diáconos deben andar de un lado para otro, ocuparse de los propios hermanos, ya sea en lo que se refiere al alma como en lo que concierne al cuerpo, y tener informado de todo ello al obispo”. Este ministerio lo cumplían haciendo que brotara de la eucaristía, de suerte que se evidenciara que en ella se encuentra “la fuente y la cumbre de todo el servicio cristiano” (cf SC 10; Euch. Myst, 6). Toda iglesia local debía tener sus diáconos “en número proporcionado al de los miembros de la iglesia, para que pudieran conocer y ayudar a cada uno”.A comienzos del siglo v se inició la decadencia del diaconado. La obra diaconal promotora del servicio, sobre todo en el ámbito de las obras de misericordia a través de contactos personales y amplios, referidos siempre a la eucaristía, se sustituyó gradualmente —debido al cambio de la situación histórica— por una asistencia institucionalizada. Surgieron obras estables (como “hospicios” para enfermos y ancianos), sostenidas por quienes tenían posibilidad, incluso económica, de hacerlo; los diáconos permanecieron ajenos a ellas. A los diáconos les quedó sobre todo la función litúrgica, la cual, disociada del ejercicio vital de la caridad, acabó reduciéndose a un ritualismo exterior. Así, la decadencia del diaconado llevó a su desaparición en la Iglesia de Occidente como ministerio permanente. Quedó tan sólo como peldaño de acceso al ministerio presbiteral.El Vat. II ha destacado en el servicio, como seguimiento de Cristo siervo, su valor central para una verdadera renovación eclesial (LG 8). No podía faltar en este contexto el renacimiento del ministerio que es “signo sacramental” del servicio: el diaconado. Con ello el concilio le ha restituido a la Iglesia el diaconado permanente; él, en efecto, dice el Vat. II, “se podrá restablecer en adelante como grado propio y permanente de la jerarquía” (LG 29). Las etapas sucesivas de la restauración de este ministerio las señala el motu proprio Sacrum diaconatus ordinem (18-6-1967), con el cual se fijaron las normas canónicas convenientes sobre el diaconado permanente. El motu proprio Ad pascendum (15-8-1972) ofrece, finalmente, la reglamentación jurídica del diaconado.

El Diácono está llamado a ser signo de Cristo siervo, en todos los ambientes en que los hombres viven, trabajan, sufren, gozan y luchan por la justicia… En especial en la Invitación al Crecimiento en la fe…
X. La animación de la diaconía en la Iglesia y en el mundo de hoy El diaconado renace en la Iglesia como factor de renovación. La renovación eclesial no debe confundirse con la puesta al día externa de método y de formas. La verdadera renovación es “conversión”; conversión no sólo y no tanto de los individuos, cuanto de la comunidad como tal, de suerte que ésta sea cada vez de manera más eficaz “sacramento de salvación” (LG 48; AG 1; 5; GS 45) y “signo de la presencia divina en el mundo” (AG 15). Para esta renovación tiene una importancia decisiva la gracia del diaconado: la de orientar el camino renovador en la dirección auténtica de una Iglesia sierva y pobre.Las modalidades prácticas del ministerio diaconal para promover un crecimiento de la diaconía son, hoy como siempre, numerosas y diversas, lo mismo que son múltiples las necesidades concretas a que el servicio cristiano debe hacer frente. Vamos a considerar ahora, en sus grandes líneas, cómo puede orientarse la animación de la diaconía en los dos tipos de ambiente determinados por las comunidades eclesiales y por las comunidades humanas.En el ámbito de las comunidades eclesiales, el ministerio diaconal debe estar orientado sobre todo a promover el desarrollo de comunidades “a medida del hombre”, en las cuales sean posibles la individualización de las necesidades concretas y el servicio como condivisión. En efecto, en comunidades concentradas y anónimas no hay espacio para un ministerio animador del servicio. Por eso se considera que un auténtico ministerio diaconal en la Iglesia de hoy debe encontrar su fundamento en el ámbito de la animación de las comunidades eclesiales de base.Con la expresión “comunidades eclesiales de base” nos referimos a la realización de la Iglesia “que tenga una dimensión tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros”. En ella se realiza el “primer núcleo” de la realidad de la Iglesia, donde el Señor está presente conforme a su palabra: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).Las comunidades eclesiales de base, que “florecen un poco en todas partes en la Iglesia”, asumen formas diversas, de acuerdo con las distintas situaciones. Entre las varias formas de comunidades eclesiales de base —además de los grupos espontáneos y de los que son expresión de movimientos de espiritualidad—, consideramos de fundamental importancia aquellos grupos pequeños que hacen de articulación de la parroquia para su renovación profunda. La transformación de la parroquia en “comunión orgánica de comunidades eclesiales de base” es, ciertamente, un punto nodal de la renovación eclesial, capaz de dar lugar a una fisonomía de iglesia articulada y descentralizada, corresponsable y misionera [>Comunidad de vida VIII, 2].El ministerio del diácono encuentra espacio en este cuadro (ya sea que su ejercicio concreto se realice directamente en el ámbito de las comunidades eclesiales de base, ya en otros niveles) para discernir las necesidades concretas en el contexto natural, estimular en todos una actitud de servicio, suscitar los diversos ministerios en conformidad con las diversas exigencias, asegurar la estabilidad de los grupos pequeños y su convergencia en la comunidad parroquial. Ya sea que el ministerio de los diversos diáconos se realice preferentemente en el campo del anuncio de la palabra de Dios, o en el campo de la liturgia, o en el de las obras de caridad, debe distinguirse siempre por unas características decapilaridad y de contacto inmediato con las personas y los grupos pequeños, de suerte que la percepción de las necesidades concretas vaya siempre unida a la estimulación de los servicios correspondientes.En el ámbito de las comunidades humanas, el diácono está llamado a ser signo de Cristo siervo en todos los ambientes en que los hombres viven, trabajan, sufren, gozan y luchan por la justicia. De este modo lleva a cabo una evangelización capilar, anunciando a cada persona concreta que Cristo es el que la ama y se acerca a ella para servirla. Al mismo tiempo, se afirma como fermento profético para que una Iglesia sierva del mundo tenga una eficacia sanativa en orden a liberar a la sociedad humana del pecado y de sus consecuencias de poder y de opresión.

XI. La aparición de los diáconos desde una opción pastoral renovadora

Concelebrando el Sacramento del Matrimonio, El Monseñor en Español, el Diácono en Inglés… Bendición de Dios casar a mí superviso junto a su tío, el Monseñor…

Celebrando y Dando la Bendición en el Sacramento del Matrimonio, La Sagrada Familia, Metter GA
Hay que valorar la gracia del diaconado para la edificación de una Iglesia pobre y misionera que con coherencia “anuncie a los pobres la buena nueva” (Lc 4,18) y sea fermento profético de una sociedad más justa. Para ello es preciso que este don del Espíritu encuentre un terreno favorable (cf Mt 13,8.23) a su fecundidad y desarrollo. Este terreno favorable debe estar dado por una impostación pastoral de renovación, en la cual las ordenaciones diaconales sean el fruto de una llamada que realiza la comunidad, unida en nombre del Señor, presentando sus candidatos al obispo de acuerdo con las exigencias concretas que surgen para la realización del enfoque pastoral previamente elegido.Tal fue el itinerario que llevó a la ordenación de los “siete” en la Iglesia primitiva: “Elegid, pues, cuidadosamente entre vosotros, hermanos, siete varones de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encomendaremos este servicio; nosotros perseveraremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Agradó la proposición a toda la multitud, y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe y Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Parmenas y a Nicolás, prosélito antioqueño; los presentaron a los apóstoles, los cuales, después de orar, les impusieron las manos” (He 6,3-6). Idéntico itinerario, para la valorización del carisma y del ministerio del diácono en la Iglesia y en el mundo de hoy, se ha formulado y propuesto como conclusiónunánime en el Convegno internazionale sul diaconato”, que tuvo lugar en Pianezza (Turín), del 2 al 4 de septiembre de 1977, para considerar la incidencia del naciente diaconado en la renovación de las comunidades eclesiales y humanas.El obispo misionero belga Jan Van Cauwelaert, al formular las conclusiones de la reunión en nombre de los participantes, que provenían de todas las partes del mundo, afirmó que debe ser ordenado diácono quien “es reconocido por la comunidad como el más idóneo para animar su diaconía”. De este modo las comunidades eclesiales “presentarán al obispo sus candidatos para el diaconado, y con ellos harán el camino para su formación”.La unanimidad lograda a favor de un enfoque pastoral de renovación fundado en las perspectivas de comunidades articuladas, descentralizadas y misioneras, que presenten a los obispos sus candidatos a la ordenación diaconal, perspectiva común a pesar de la gran variedad de experiencias, le permitió al obispo Van Cauwelaert terminar sus reflexiones finales reconociendo en el diaconado naciente un “signo de esperanza” para la Iglesia y para la humanidad.A. Altana BIBL.—AA. VV., El diaconado permanente, en “Seminarios”, nn. 65-66 (1977).—AA. VV., El diaconado en la Iglesia y en el mundo de hoy, Península, Barcelona 1968.—AA. VV., El diaconado, Mensajero, Bilbao 1970 (estudio ecuménico).—Bourgeois, H.-Schaller, R, Mundo nuevo, nuevos diáconos, Herder, Barcelona 1968.—Carrillo, A, El diaconado femenino, Mensajero, Bilbao 1972.—Celam, Ministerios eclesiales en América Latina, Bogotá 1976.—Hornef, J, ¿Vuelve el diaconado de la Iglesia primitiva?,Herder, Barcelona 1962.—Jubany, N, El diaconado y el celibato eclesiástico, Herder, Barcelona 1964.—Schaller, R.-Denis, H, Los diáconos, en el mundo actual, Paulinas, Madrid 1968.—Useros Carretero, M,¿Nuevos diáconos? Información y reflexiones a propósito de una posible renovación del diaconado,Flors, Barcelona 1962.—Winninger, P, /lacia una renovación del diaconado, Desclée, Bilbao 1963.—Ver bibl. de Ministerio pastoral.
En el Amor, Paz y Misericordia del Padre, Hijo y Espíritu Santo… Amén

Reverendo Señor Diácono Rey Morales Diócesis de Savannah, Georgia
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VÍDEO: La Liturgia de la Iglesia: relación de “diakonía” y “leiturgía”

VÍDEO: La Liturgia de la Iglesia: relación de “diakonía” y “leiturgía” por Francisco J. García-Roca L.

Sesiones formativas para candidatos y aspirantes al diaconado permanente sábado, 21 de octubre, el aula minor del Seminario Conciliar (c/San Buenaventura, 9)

 

¿Sirve la Celebración de la Palabra por un diácono para cumplir el precepto dominical?

FERNANDO F. – Soy diácono permanente. A menudo me piden que celebre la liturgia dominical de la Palabra en ausencia del sacerdote. ¿Está de acuerdo con el precepto festivo?14601073_1770973143142566_313782172327513152_n

El precepto dominical y festivo se refiere solo a la celebración eucarística. Esto, desde las primeras décadas del cristianismo, fue percibida por los fieles como el acto más grande de adoración de su fe y su identidad. No tanto como debería ser necesario. Un compromiso serio que debe cumplirse en el ser humano, la rama y la alegría; a veces incluso con sacrificio, pero no desproporcionado en relación con su situación. Donde no hay cura, el Código de Derecho Canónico establece y recomienda que los fieles todavía se reúnen en el día del Señor para una celebración de la palabra de Dios que puede ser dirigida por un diácono o un fiel laico. Aunque no es el rito apropiado que Jesús ordenó hacer en su memoria, la reunión de reunión para escuchar la palabra de Dios santifica el día del Señor. El diácono que preside también puede consentirse con delicadeza en otra Misa, pero no es estrictamente sostenida.

Por Silvano Sirboni en Famiglia Cristiana

¿Qué son los diáconos y qué les diferencia de los sacerdotes?

A veces ir a la misa puede ser confuso para un católico no familiarizado con los diáconos. Ambos miembros del clero usan vestimentas en la misa y en algunas diócesis, ambos incluso llevan collares romanos. Para hacerlo aún más confuso, a veces los sacerdotes y diáconos usan las mismas camisas clericales de color gris con esos collares romanos.web3-deacon-or-priest-catholic-diocese-of-saginaw-cc-by-nd-2-0

Sin embargo, aunque los diáconos y los sacerdotes a veces parecen ser los mismos, su papel en la Iglesia es muy diferente.

El USCCB ofrece una definición sucinta de un diácono y su papel particular en la Iglesia.

“Un diácono es un ministro ordenado de la Iglesia Católica. Hay tres grupos, o “órdenes”, de ministros ordenados en la Iglesia: obispos, presbíteros y diáconos. Los diáconos son ordenados como signo sacramental a la Iglesia y al mundo de Cristo, que vino a “servir y no ser servido”. Toda la Iglesia es llamada por Cristo a servir, y el diácono, en virtud de su ordenación sacramental ya través de sus diversos ministerios, debe ser un siervo en una Iglesia de servicio “.

Los diáconos han estado alrededor de la Iglesia desde el principio, frecuentemente siendo referenciados en el Nuevo Testamento. Para aclarar esta historia, el Papa Francisco  creó una comisión para investigar el papel de los diáconos en la Iglesia primitiva, examinando especialmente el papel de las mujeres diáconas.

La referencia más conocida a los diáconos en el Nuevo Testamento es de los Hechos de los Apóstoles. Se lee: “Y los doce convocaron el cuerpo de los discípulos y dijeron: ‘No está bien que renunciemos a predicar la palabra de Dios para servir a las mesas. Por tanto, hermanos, sacad de vosotros a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de la sabiduría, a los cuales podamos asignar este deber “(Hechos 6: 2-3).

Desde el principio, los diáconos eran conocidos por servir y asistir a los sacerdotes y obispos en su ministerio sacramental.

Los diáconos pueden bautizar, predicar durante la Misa, oficiar una boda católica e incluso dirigir una parroquia (con el permiso del obispo local). Los diáconos también pueden dirigir servicios de comunión que a menudo se ven y se sienten como una misa católica.

Los diáconos, sin embargo, no pueden consagrar la Eucaristía ni escuchar confesiones. No pueden administrar los sacramentos de la Confirmación o Unción de los Enfermos.

En pocas palabras, los diáconos están destinados a ser sirvientes, ayudando al pastor (y la Iglesia) de la manera que sea posible.

Todos los sacerdotes y obispos son también diáconos, porque el diaconado es la primera de las tres etapas de las Ordenes. Los diáconos que van a ser ordenados sacerdotes son conocidos como diáconos de transición. Se prometen celibato. Los hombres que sirven en el diaconado permanente -es decir, que normalmente no proceden a la ordenación sacerdotal- pueden estar casados ​​en el momento de su ordenación, pero no pueden volver a casarse si su cónyuge fallece.

El diaconado permanente es una vocación específica en la Iglesia, que depende de la inspiración del Espíritu Santo. Dios es el que llama a los diáconos a servir en la Iglesia a través del sacramento del Orden. Es importante recordar que no es algo que se gana al pasar por las filas de la Iglesia, sino algo que es dado (y recibido) por la gracia de Dios.

Philip Kosloski en Aleteia

Las palabras que dice en secreto el diácono al leer el Evangelio

¡Qué preciosidad de detalles encierra la Sagrada Liturgia! ¡Y qué importante es la fidelidad a cada uno de ellos! En la celebración de la Santa Misa, dentro de la liturgia de la Palabra, entre ese cúmulo de lecturas y oraciones existe una frase que al acabar de proclamar el Evangelio, el diácono (o si no hubiese, el presbítero u obispo) recita en secreto:

Per evangelica dicta, deleantur nostra delicta” , “Las Palabras del Evangelio borren nuestros pecados”

Y aquí es donde habría que reflexionar sobre el significado de esta oración. ¿En qué sentido nos liberan del maligno esas Palabras Sagradas?18199538_1665907680090590_5283674537496542201_n

Acudimos a la certera explicación sobre estas palabras que nos da el Beato Santiago Alberione

 

“Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues con ellos me has vuelto a dar la vida” (Sal 118/119,93)

La sagrada Escritura es fuente de vida para nuestra alma, es decir, de qué modo su lectura libra al alma del pecado y la protege de las tentaciones, y también que nos ahorra el purgatorio, que aumenta el amor de Dios y sirve para todas las prácticas de piedad: meditación, visita al santísimo Sacramento, examen de conciencia, etc.

La lectura de la Biblia purifica al alma del pecado y cómo, alejándola del pecado, la eleva hasta el cielo. El sacerdote dice durante la Misa una oración brevísima, pero cargada de sentido y de admirables efectos: «Per evangelica dicta, deleantur nostra delicta» ( A través de las Palabras del Evangelio, nuestros pecados serán borrados/ Perdonados.

Las palabras del Evangelio borran de tres maneras nuestros pecados.

a) La lectura de la Biblia es un sacramental.
Sabemos que quien recibe un sacramental, por ejemplo cuando hace la señal de la cruz o toma agua bendita, obtiene el perdón de los pecados veniales; también la lectura de la sagrada Escritura obtiene el perdón de los pecados veniales. Una página de Evangelio leída con recta intención y con dolor de los pecados es suficiente para liberar y purificar al alma de muchas imperfecciones.

b) Porque excita en nosotros el amor de Dios.
El alma de quien lee la Biblia acepta complacida la palabra de Dios, la agradece y considera que la recibe de las manos mismas del Padre celestial, que se dignó tomar la pluma setenta y dos veces y escribirnos. Y lee esos libros sagrados como un hijo afectuoso leería la carta que le enviara un padre lejano, se arroja a los pies de Dios y con humildad y confianza repite, al igual que el joven Samuel: «Loquere, Domine, quia servus tuus audit te”. (Habla, Señor, que tu siervo escucha”

Es un acto de amor, y de ahí que la Iglesia prescriba a todos los sacerdotes que, después de leer durante la Misa el sagrado texto del Evangelio, lo besen. El beato Cottolengo lo hacía con tanto afecto y amor que los presentes lo advertían y después de la Misa comentaban que se sentían edificados con aquel gesto.
El santo sacerdote se sentía tan encendido de amor después de la lectura del texto evangélico que su rostro adquiría el color de las brasas. Cuando besaba el misal parecía absorber las verdades sublimes en él contenidas.

Quien ama de veras las palabras de Dios puede compararse con la gente que, atraída por la doctrina de Jesús y sedienta de ella, se agolpaba a su alrededor para oír sus palabras: «turbæ irruerunt in eum ut audirent verbum Dei». Tenemos también el ejemplo admirable de la santísima Virgen, que sabía guardar, recogida y en dulce silencio, todas las palabras que salían de los labios de su hijo Jesús y celosamente las meditaba en su corazón: «Maria autem conservabat omnia verba hæc, conferens in corde suo».

A quien ama mucho la sagrada Escritura le serán perdonados muchos pecados, como aconteció con María Magdalena, a
quien se le perdonó mucho porque amó mucho: «Remittuntur ei peccata multa, quoniam dilexit multum».

Nadie ama más al Señor que quien solamente quiere lo que Él quiere. Y quien habitualmente lee la sagrada Escritura, poco a poco irá divinizando sus deseos hasta desear únicamente lo que desea el Señor y amar lo que a Él le agrada.

c) la sagrada Escritura dispone el alma al perdón.
Quien lee la Biblia, si todavía se encuentra en pecado, pronto o tarde cambiará. Porque la lectura de la Biblia es una oración muy eficaz, y sabemos que quien ora obtiene todas las gracias, la primera de las cuales es justamente liberar al alma del pecado.
Como prueba de esto se podrían aducir muchos hechos de pecadores convertidos por la lectura de la sagrada Escritura. Recordemos solamente a san Hilario, que se convirtió a la fe de Cristo leyendo el primer capítulo del Evangelio de san Juan; al filósofo san Justino, que se convirtió con la lectura de los Salmos; a san Teófilo de Antioquía y a Atenágoras, que lo hicieron leyendo los Evangelios; al ministro anglicano Federico Guillermo Faber, que encontró la luz de la fe cristiana después de oír el canto del salmo «Laudate pueri Dominum», y muchísimos otros.18056216_1822646884652520_7316518508054221457_o

La lectura del Evangelio, además de borrar el pecado del alma, la transforma y le comunica una fuerza capaz de hacerle conseguir, con la ayuda de la divina gracia, las mayores alturas de la santidad.

Recordemos el caso de Ignacio de Loyola, quien, convaleciente de las heridas en una de sus rodillas, pedía libros que relataran las gestas de ardorosos caballeros. La Providencia dispuso que llegaran a sus manos libros de santos y el Evangelio. Estas lecturas fueron para él una revelación y la llegada de la gracia. Cuando abandonó el hospital, ya no era el caballero de Loyola, sino el caballero heroico de Cristo.

El demonio sabe que los libros sagrados comunican al alma un deseo de virtud, por lo que trata a toda costa de alejarlos de las manos de sus lectores. Por eso debemos llevarlos nosotros siempre en nuestra compañía y leer al menos una página, como hacían los primeros cristianos, porque esto nos tendrá debidamente armados contra las tentaciones diabólicas.

EJEMPLO. Silvio Pellico. Este joven, encarcelado por intrigas políticas en los calabozos de Venecia, recuperó en la soledad y el rigor de la cárcel la salud del alma. Pellico podía leer allí libros, pero prefería la Biblia a todos los demás. Durante algunos días agitados, es verdad, la había abandonado permitiendo que una capa de polvo la cubriera. Pero en una ocasión la defendió valientemente ante el descaro ignorante del hijo de un funcionario, y desde entonces la preció cada vez más. «Un día –cuenta él mismo– se me acercó uno de los chicos del funcionario y, acariciándome, dijo: Desde que usted no lee ese librote, parece estar menos melancólico.diacono predica

– ¿Eso te parece? –le respondí.
Y tomando la Biblia, limpié con el pañuelo el polvo que la cubría y, tras abrirla al acaso, mis ojos se encontraron ante estas palabras: Et ait ad discipulos suos: Impossibile est ut non veniant scandala: væ autem illi per quem veniunt! Utilius est illi si lapis molaris imponatur circa collum eius et proiciatur in mare, quam ut scandalizet unum de pusillis istis.

La lectura de estas palabras me sorprendió y me sentí avergonzado de que aquel joven hubiera pensado, viendo el polvo sobre mi Biblia, que ésta no me interesaba y que me considerara más amable por haberme olvidado de Dios.
– ¡Insensato! – le dije con reproche afable y lamentando haberle escandalizado –. Éste no es un librote, y me siento mal por no haberlo leído desde hace unos días…descarga

Cuando el joven se fue, sentí un gozo íntimo por haber vuelto a tomar la Biblia en mis manos y haberle dicho que sin ella me sentía mal. Me parecía haber dado satisfacción a un amigo generoso, injustamente ofendido, y haberme reconciliado con él…

Dejé la Biblia en una silla, me arrodillé en el suelo, leí y de los ojos de alguien como yo, tan poco proclive / propenso al llanto, brotaron algunas lágrimas…».

Libro de Javier Villalba sobre el diaconado

DIACONADO PERMANENTE, SIGNOS DE UNA IGLESIA SERVIDORA

Este libro destaca la dimensión samaritana y servicial que corresponde al diaconado, y en particular al perm9788428553414anente y nos ayuda a comprender mejor quiénes son los diáconos permanentes, a quién representan y cuál es su misión en medio del mundo y en nombre de la Iglesia. Los diáconos desarrollan tareas de evangelización, liturgia (administran el Bautismo y el Matrimonio y presiden las exequias) y específicamente labores dentro de la Pastoral social y caritativa. El autor analiza todos estos aspectos desde su propia experiencia personal e integra la «doble sacramentalidad» por estar casado, y al mismo tiempo, la vida familiar y profesional.

Javier 16730409_10155110603622904_7593763059177816170_n (2) - copiaVillalba Nogales fue ordenado diácono hace siete años. Está casado y es padre de cuatro hijos. Medico de profesión y especialidad pediatría, ejerce su ministerio en al parroquia de la Santísima Trinidad de Collado Villalba, Madrid.

 

 

Para adquirir el libro

¿Por qué los sacerdotes (y los diáconos) usan estola?

Esta pequeña pieza de tela es uno de los ornamentos más importantes que llevan los clérigos ordenados

Una de las vestimentas más significativas que lleva un miembro del clero ordenado es una simple banda de tela llamada estola.

La Oficina vaticana para las Celebraciones Litúrgicas explica que “la estola es un elemento distintivo del atuendo de un ministro ordenado y siempre es usada en la celebración de los sacramentos y sacramentales. Es una tira de tela bordada, según la norma, cuyo color varía de acuerdo al tiempo litúrgico o al día del santoral”.istock_32591822_large

La palabra “estola” viene del latín stola, que significa “ornamento”. Era una antigua banda de tela romana, parecida a una bufanda, que se usaba para diferenciar a los miembros de la jerarquía imperial, de modo que su uso estaba restringido a individuos de una clase específica.

La palabra stola también se usa en la Vulgata latina en ciertas ocasiones. Por ejemplo, la encontramos en el siguiente pasaje de Lucas 15,22 relacionado con el ornamento que lleva el Hijo Pródigo: “dixit autem pater ad servos suos cito proferte stolam primam et induite illum et date anulum in manum eius et calciamenta in pedes” (“pero el padre dijo a sus servidores: ‘Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies’”).

A veces se la vincula al “yugo de Cristo”, pero esa designación se asocia ahora a la casulla.

Actualmente, a la estola también se la denomina como la “estola de la inmortalidad”, según indica la siguiente oración:

Redde mihi, Domine, stolam immortalitatis, quam perdidi in praevaricatione primi parentis; et, quamvis indignus accedo ad tuum sacrum mysterium, merear tamen gaudium sempiternum

(Devuélveme, Señor, la estola de la inmortalidad, que perdí con la prevaricación del primer padre, y aun cuando me acerque, sin ser digno, a celebrar tus sagrados misterios, haz que merezca el gozo sempiterno).

Es una vestimenta que identifica a los miembros del clero ordenado y la llevan sacerdotes, diáconos y obispos.P

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