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Archivo de la categoría: Formación diaconal

“El hecho religioso en España hoy. Del nacionalcatolicismo al pluralismo religioso”, por el diácono Jose Ignacio Urquijo

El diácono Jose Ignacio Urquijo Valdivielso acaba de publicar como coeditor y coautor: El hecho religioso en España hoy. Del nacionalcatolicismo al pluralismo religioso.urquijo

En este libro realizan un análisis de los últimos 40 años, desde 1978 hasta este año 2018. Con la aprobación de la Constitución española de 1978,  se puede hablar de un antes y un después del hecho religioso en España, con una evolución continuada hasta el día de hoy. En la etapa analizada en este libro, España, ha tenido numerosos e importantes cambios, como se refleja en el actual pluralismo religioso que se vive en nuestros días.

 

El objetivo de este libro es mostrar, con mirada multidisciplinar, la realidad religiosa en España, así como su relevante proceso de secularización.

Son nueve autores de probada experiencia en este campo socio – religioso. El libro está prologado por el sacerdote y profesor Juan María Laboa.

José Ignacio Urquijo Valdivielso (Llodio, Álava 1960), es diácono de la diócesis de Coria-Cáceres y lleva unos años trabajando en Madrid como profesor  de la Universidad San Pablo – CEU. Ver entrevista Urquijo1

 

EDICIONES EUNATE Cien Puertas, Cien Caminos

Pintor Crispín 10, entreplanta B, 31008 Pamplona (Navarra), Tfno: 948-272352 E-mail: eunate@eunateediciones.com http://www.eunateediciones.com

¡Novedad editorial

El hecho religioso en España hoy.

Del nacionalcatolicismo al pluralismo religioso

José Ignacio Urquijo Valdivielso y Tomás Calvo Buezas (eds.)

318 páginas,

José Ignacio Urquijo Valdivielso y Tomás Calvo Buezas, pretenden mostrar cómo es el hecho religioso en la España actual, y también su evolución en la sociedad española en los últimos 40 años (1978-2018). Con la aprobación de la Constitución española de 1978, podemos hablar de un antes y un después del hecho religioso en España, con una evolución continuada hasta el día de hoy. En la etapa analizada en este libro, España, ha tenido numerosos e importantes cambios, como se refleja en el actual pluralismo religioso que se vive en nuestros días.

El objetivo de este libro es mostrar, con mirada multidisciplinar, la realidad religiosa en España, así como su relevante proceso de secularización.

La obra está prologada por el historiador Juan María Laboa Gallego, especialista en Historia de la Iglesia, que ha sido profesor de la Universidad Complutense y de la Universidad de Comillas.

José Ignacio Urquijo Valdivielso, sociólogo y profesor de la Universidad San Pablo – CEU: El cambio socio-religioso en España desde 1978 hasta la actualidad. Tomás Calvo Buezas, catedrático emérito de Antropología de la Universidad Complutense: Cristianos, musulmanes, otras religiones y agnósticos, ¿conviviendo democráticamente en España? Y Odios religiosos en las cloacas de internet. Cristianofobia e Islamofobia, los más repugnantes. José Francisco Serrano Oceja, periodista y profesor de la Universidad San Pablo – CEU: La Iglesia en España desde la transición. Procesos de resignificación de la palabra pública de los obispos. Juan María González–Anleo Sánchez, sociólogo y profesor de ESIC: Jóvenes y religión: ¿Se está agotando la fuerza de la tercera ola de secularización en España? Antonio Piñas Mesa, filósofo y profesor de la Universidad San Pablo – CEU: La función social de la Teología en España. Rafael Briones Gómez, antropólogo y profesor de Antropología Social de la Universidad de Granada: Persistencia del Catolicismo Popular en la España secularizada: el caso de Andalucía y de sus Semanas Santas. Manuel Mandianes Castro, antropólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas: Religión popular gallega. José Luis Calvo Buezas, filósofo y catedrático de Filosofía de Enseñanzas Medias: Islam y Cristianismo: ¿es más lo que nos une que lo que nos separa? José Gómez Galán, director del CICIDE. Universidad Metropolitana (SUAGM, Puerto Rico, Estados Unidos) y Universidad Católica de Ávila: ¿Creacionismo en España? Dimensión educativa de la problemática.

Puede adquirir su ejemplar en su librería habitual, PVP: 20€

En nuestra web: http://eunateediciones.com/?p=1504

A través del correo: eunate@eunateediciones.com Adjuntamos índice de contenidos.

 

ÍNDICE

Prólogo. (Juan María Laboa Gallego) ……………………………………………

Presentación. (José Ignacio Urquijo Valdivielso y Tomás Calvo

11
Buezas) …………………………………………………………………………….

Capítulo 1: El cambio socio-religioso en España desde 1978 hasta la

15
actualidad. (José Ignacio Urquijo Valdivielso) ………………………

Capítulo 2: Cristianos, musulmanes, otras religiones y agnósticos,

¿conviviendo democráticamente en España? (Tomás Calvo

25
Buezas) …………………………………………………………………………….

Capítulo 3: Odios religiosos en las cloacas de internet. Cristianofobia

67
e Islamofobia, los más repugnantes. (Tomás Calvo Buezas) ……

Capítulo 4: La Iglesia en España desde la Transición. Procesos de resignificación de la palabra pública de los obispos. (José

101

Francisco Serrano Oceja) ……………………………………………………

Capítulo 5: Jóvenes y religión: ¿Se está agotando la fuerza de la tercera

141

ola de secularización en España? (Juan Mª González-Anleo) ….

Capítulo 6: La función social de la Teología en España. (Antonio

163

Piñas Mesa) ………………………………………………………………………

Capítulo 7I: Persistencia del Catolicismo Popular en la España secula- rizada: el caso de Andalucía y de sus Semanas Santas (Rafael

187

Briones Gómez) ………………………………………………………………..

209

 

Capítulo 8: Religión popular gallega. (Manuel Mandianes Castro) ……

Capítulo 9: Islam y Cristianismo: ¿es más lo que nos une que lo que

237

nos separa? (José Luis Calvo Buezas) ………………………………….

Capítulo 10: ¿Creacionismo en España? Dimensión educativa de la

249

problemática. (José Gómez Galán) ………………………………………

279

Nota biográfica sobre los autores ………………………………………………….

309

 

 

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¿Por qué los diáconos se casan?

Los diáconos son el rango más bajo del clero en la Iglesia Católica, y en la Iglesia Católica Romana, son los únicos que pueden casarse. ¿Por qué esto es tal? ¿Cuál es la diferencia entre un diácono, un sacerdote o un monje o monja?

 

youtube.

Guion litúrgico de la Festividad de San Lorenzo y Esquema de Oración -Hora Santa- ante el Santísimo Sacramento por la Vida y Ministerio de los Diáconos Permanentes de La Conferencia Episcopal de Colombia

CENTRO PASTORAL PARA LA COMUNIÓN ECLESIAL
Departamentos de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada
Diaconado Permanente
SUBSIDIO PARA LAS CELEBRACIONES
Fiesta de San Lorenzo diácono y mártir
10 DE AGOSTO 2018

0810-san-lorenzo (1)
ESQUEMA DE SANTA LA MISA
1. Monición de entrada
Celebramos hoy la fiesta de San Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma, nacido en
Huesca, y mártir de Jesucristo durante la persecución del emperador Valeriano en el
siglo tercero; como diácono, a Lorenzo le encargaron los pobres de Roma. Cuando
se vio obligado a entregar los bienes de la Iglesia a los perseguidores, los distribuyó
entre los pobres. Cuando le preguntaron dónde estaban los tesoros de la Iglesia, él
les mostró a los pobres.
Murió como mártir, asado vivo a la parrilla. Roma lo venera como uno de los más
grandes santos. Estuvo al servicio de la comunidad en la celebración de la Eucaristía
y en la dedicación a los más pobres; cuyo recuerdo nos une hoy a aquel gran número
de cristianos que en los primeros tiempos fueron testigos de Jesucristo hasta
derramar su sangre.
A nosotros, se nos pide que seamos también testigos de Cristo en nuestra vida por
medio de la fe y de las buenas obras.
Por ello, al comenzar la celebración de los sagrados misterios, reconozcamos
nuestros pecados y pidamos humildemente perdón a Dios por ellos.
2. Acto penitencial
 Tú que eres la plenitud de la verdad y la gracia: Señor, ten piedad.
R/ Señor, ten piedad.
 Tú que te has hecho pobre para enriquecernos: Cristo, ten piedad.
R/ Cristo ten piedad.
 Tú que has venido para hacer de nosotros un pueblo santo: Señor, ten piedad.
R/ Señor, ten piedad
3. Himno
Gloria a Dios en cielo…
4. Oración de fieles
Presidente:
Hermanos, oremos a Dios Padre que de la fortaleza a los que se la piden y sostiene a
sus hijos en la hora de la prueba y, por intercesión de san Lorenzo, pidámosle que su
bendición alcance a la humanidad entera.
R/ Te rogamos óyenos.
 Para que todos los cristianos, imitando a san Lorenzo, se sientan libres de las
ataduras de las riquezas y sepan reconocer en los pobres el tesoro más grande
de la Iglesia. Roguemos al Señor.
 Para que nunca falten ministros ordenados, sacerdotes y diáconos, que llenos
de espíritu de sabiduría, sean buenos administradores de los misterios de Dios
y no se limiten a anunciar el Evangelio, sino que lo escuchen también en su
corazón. Roguemos al Señor.
 Para que quienes tienen el poder en el mundo, estimulados por el testimonio
cristiano, vivan al servicio de la justicia y alejen las situaciones de miseria y
subdesarrollo. Roguemos al Señor.
 Para que quienes se sienten probados o son perseguidos por el nombre de
Cristo, consigan la fuerza que hizo vencer a los mártires en su combate.
Roguemos al Señor.
 Para que el testimonio de los mártires fortalezca nuestra fe y dé vigor a
nuestra vida cristiana. Roguemos al Señor.
Presidente:
Señor, Dios Todopoderoso, que socorres nuestra debilidad con el ejemplo de la
fortaleza de san Lorenzo, escucha nuestra oración y haz que, participando en la
pasión de tu Hijo, alcancemos la gloria de tu Reino. Por Jesucristo nuestro Señor.
ESQUEMA DE ORACIÓN ANTE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO POR LA VIDA Y
MINISTERIO DE LOS DIÁCONOS PERMANENTES
(HTTPS://ESPANOL.BABYCENTER.COM/THREAD/831395/
INFINITAMENTE-SEA-ALABADO—MI-JES%C3%BAS-SACRAMENTADO)
(https://www.aciprensa.com/recursos/san-lorenzo-diacono-y-martir-2915)
HORA SANTA POR LOS DIÁCONOS
1. Exposición del Santísimo
Esta Hora Santa es para pedir al Señor por los diáconos permanentes de Colombia, a
quienes valoramos como Don para la Iglesia y presencia de Cristo servidor entre los
hombres. Que el Señor les sostenga y les fortalezca con su gracia junto con sus
familias. También le pedimos que haga surgir de los hogares santas vocaciones al
ministerio diaconal, para que mantengan viva la fe y el servicio a los más pobres.
2. Canto
/ Tan cerca de mí, / (2)
que hasta lo puedo tocar,
Jesús está aquí.
Le hablaré sin miedo al oído,
le contaré las cosas que hay en mí,
y que sólo a Él, le interesarán,
Él es más que un mito para mí.
ESTRIBILLO.
No busques a Cristo en lo alto,
ni lo busques en la oscuridad:
muy cerca de ti, en tu corazón,
puedes adorar a tu Señor.
ESTRIBILLO.
Míralo a tu lado por la calle
caminando entre la multitud,
muchos ciegos van, sin quererlo ver,
llenos de ceguera espiritual.
ESTRIBILLO.
3. Vísperas
4. Puntos de meditación
Luego de la lectura breve se puede meditar en los siguientes puntos:
 Los diáconos ocupan un lugar especial en la vida de la Iglesia, es fruto del
Concilio Vaticano II, al restaurarlo generó una preciosa gracia del Señor para
su Pueblo y un ministerio ordenado de gran potencialidad y actualidad en la
misión de la Iglesia.
 Damos gracias a Dios por la llamada, que ustedes han recibido y por su
generosa respuesta. Para la mayoría de ustedes que están casados, esta
respuesta también fue posible gracias al amor, a la ayuda y a la colaboración
de sus esposas y de sus hijos.
 El Concilio Vaticano II dice que los diáconos «confortados con la gracia
sacramental, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la
Palabra y de la caridad» (LG 29). Su ministerio es «diaconía de la Iglesia en
las comunidades cristianas locales, signo o sacramento del mismo Cristo
Señor, quien no vino para ser servido sino para servir» (Pablo VI, Ad
Pascendum, Introducción).
 Justamente Ignacio de Antioquia, afirma que los diáconos son «ministros de
los misterios de Jesucristo… ministros de la Iglesia de Dios» (S. Ignacio de
Antioquía, Ad Trallianos, II,3).
 El Concilio Vaticano II explica además, que la gracia sacramental conferida a
través de la imposición de las manos los capacita a realizar el servicio de la
Palabra, del altar y de la caridad con una eficacia particular (Cf. Ad Gentes,
16).
 Por lo tanto han sido ordenados para el servicio de la Palabra de Dios. Esto
quiere decir que todo lo que se refiere a la predicación del Evangelio, a la
catequesis, a la difusión de la Biblia y a su explicación al pueblo, les está
confiado ordinariamente, pero siempre bajo la autoridad del Obispo.
 Hoy, la Iglesia llama nuevamente a todos sus miembros – en modo particular
a los ministros ordenados – a la misión, es decir a levantarse e ir en modo
organizado al encuentro, en primer lugar, de nuestros bautizados que se han
alejado de la práctica de su fe cristiana, pero también de todos aquellos que
conocen poco o nada a Jesucristo y su mensaje, para proponerles nuevamente
el primer anuncio cristiano, el kerigma y, de este modo, conducirles
nuevamente a un encuentro vivo y concreto con el Señor.
 En tal encuentro se renueva la fe y se refuerza la adhesión personal a
Jesucristo, condición para una fe viva y para ser testigo fiel en el mundo. No
podemos reducirnos a la sola espera de nuestros bautizados en nuestras
iglesias. Tenemos que ir a encontrarlos donde viven y trabajan, mediante una
actividad misionera permanente, con atención especial a los pobres en las
periferias urbanas.
 Este ministerio de la Palabra espera de Ustedes, apreciados diáconos, una
familiaridad constante con la Sagrada Escritura, especialmente con los
Evangelios. Que su esfuerzo permanente sea escuchar, meditar, estudiar y
practicar la Palabra de Dios. Así se convertirán cada vez más en discípulos
del Señor y se sentirán llamados e iluminados por el Espíritu Santo para la
misión.
 Han sido ordenados para el servicio litúrgico–sacramental. Actúan con
funciones litúrgicas propias en la celebración y distribución de la Eucaristía,
centro de la vida de la Iglesia y, por ello, centro también de la vida de los
ministros ordenados.
 Posen un ministerio que les confía una especial responsabilidad en el campo
de los sacramentos del Bautismo y del Matrimonio. El Obispo les puede
confiar todo lo que se refiere a la pastoral bautismal y matrimonial – familiar.
 Han sido ordenados para la caridad. ¡Cuántas cosas para hacer, organizar y
animar! Los pobres, los excluidos, los desocupados, los hambrientos, quienes
están reducidos a la miseria extrema que son una cantidad inmensa, levantan
sus manos y sus voces hacia la Iglesia.
 Los diáconos tienen, por origen histórico y por ordenación, una
responsabilidad central hacia los pobres. La caridad, la solidaridad hacia los
pobres, la justicia social, son campos de altísima urgencia que desafían a los
cristianos, porque Cristo dice: “En esto reconocerán todos que sois mis
discípulos, si os amáis unos a otros” (Jn 13,35).
 Queridos diáconos permanentes, oremos por sus esposas y familias. ¡Sean
testigos del amor de Dios! Los confío a María Santísima que continúa
proclamando: “Yo soy la sierva del Señor” (Lc 1,38). Y siguiendo su ejemplo
de servicio, sirvamos a nuestros hermanos en la gran familia humana y en la
Iglesia. (Claudio Card. Hummes).
5. Oración
La lectura de esta plegaria se puede hacer con la intervención de varios diáconos.
“El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mt 20, 28)
A la mitad de mi vida, me llamaste, Señor.
Me aceptaste tal como soy:
con mis años a cuestas,
con mi historia inconclusa,
con mi oficio,
con mi poco o mucho saber,
y, sobre todo, con mi esposa y mis hijos.
Mi vocación ha sido
una vocación de familia;
la acepte yo, por gracia tuya,
la aceptó mi esposa
porque somos uno,
y también mis hijos
porque son nosotros.
Gracias, Señor, por el llamado
y gracias por la respuesta.
Me llamaste al diaconado
y el diaconado es servir;
me uniste a tu Hijo diácono
que no vino a ser servido
sino a servir.
Concédeme, Señor,
vivir mi Sacramento del Orden
en constante comunión
con aquellos que has puesto
como sacerdotes, maestros y pastores
de tu pueblo santo.
Concédeme servir a mis hermanos,
a los más pobres,
a los enfermos,
y a los ancianos,
sabiendo que, amándolos,
amo y sirvo a tu divino Hijo,
que es hombre entre los hombres
y el más pequeño entre los pequeños.
Que proclame con gozo
las buenas noticias,
pan de la Palabra
para mis hermanos hambrientos.
Pon en mis manos
el pan del cielo bajado,
pan y prenda
de la vida eterna.
Que vaya y bautice
a todas las naciones,
para que te nazcan hijos,
hermanos de tu Hijo.
Que sea testigo
del amor humano,
alianza indisoluble
y signo de tu amor divino.
Hazme un hombre de oración,
para que cuando ore
sea yo la Iglesia que ora.
Bendíceme, Padre,
bendice a mi esposa
y a mis hijos,
para que, juntos,
demos testimonio de tu amor
en el mundo en que vivimos.
Por nuestro Señor Jesucristo
que vive y reina contigo,
en unión con el Espíritu Santo,
por lo siglos de los siglos. Amén.
(http://www.vicariadepastoral.org.mx/proyectos/anno_jubilar/pensamientos/pensamientos_14.htm)
6. Canto
Que detalle, señor, has tenido conmigo:
«cuando me llamaste, cuando me elegiste,
cuando me dijiste que tú eras mi amigo.»
que detalle, señor, has tenido conmigo.
Te acercaste a mi puerta pronunciaste mi nombre,
yo temblando te dije: «aquí estoy, Señor »;
Tú me hablaste de un reino, de un tesoro escondido;
de un mensaje fraterno que encendió mi ilusión.
ESTRIBILLO.
Yo dejé casa y pueblo por seguir tu aventura,
codo a codo contigo comencé a caminar.
Han pasado los años y, aunque aprieta el cansancio
paso a paso te sigo sin mirar hacia atrás.
ESTRIBILLO.
¡Qué alegría yo siento cuando digo tu nombre!
¡Qué sosiego me inunda cuando oigo tu voz!
¡Qué emoción me estremece cuando escucho en silencio
tu Palabra que aviva mi silencio interior!
ESTRIBILLO.

7. Reserva del Santísimo.

8. Oración final
Dios y Padre Nuestro,
fortalece con la gracia del Espíritu Santo
a todos los diáconos de tu Iglesia,
para que desempeñen con alegría,
fidelidad y en espíritu de comunión eclesial
su ministerio pastoral,
siguiendo los pasos de tu Hijo Jesucristo,
“que no vino a ser servido, sino a servir y
dar su vida en redención de la humanidad” (Mc. 10, 45).
Te pedimos por las familias de los diáconos casados,
para que sean auténticas “Iglesias domésticas”,
según el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret,
y de ella surjan vocaciones sacerdotales y religiosas.
¡Virgen María, Madre de la Iglesia
y Reina de los Apóstoles,
ruega por los ministros del Señor!
¡San Lorenzo, diácono y mártir,
ruega por los diáconos servidores del pueblo de Dios! Amén.
(https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-del-diacono-permanente-2985)
9. Canción
/ Tan cerca de mí, / (2)
que hasta lo puedo tocar,
Jesús está aquí.
Le hablaré sin miedo al oído,
le contaré las cosas que hay en mí,
y que sólo a Él, le interesarán,
Él es más que un mito para mí.
ESTRIBILLO.
No busques a Cristo en lo alto,
ni lo busques en la oscuridad:
muy cerca de ti, en tu corazón,
puedes adorar a tu Señor.
ESTRIBILLO.
10.Oración a la Santísima Virgen María
María, maestra de fe, que con tu obediencia a la Palabra de Dios, has
colaborado de modo eximio en la obra de la redención, has fructuoso el
ministerio de los diáconos, enseñándoles a escuchar y anunciar con la fe de la
Palabra.
María, maestra de caridad, que con tu plena disponibilidad al llamado de Dios,
has cooperado al nacimiento de los fieles en la Iglesia, has fecundo el
ministerio y la vida de los diáconos, enseñándoles a donarse en el servicio del
Pueblo de Dios.
María, maestra de oración, que con tu materna intercesión, has sostenido y
ayudado a la Iglesia naciente, has que los diáconos estén siempre atentos a las
necesidades de os fieles, enseñándoles a descubrir el valor de la oración.
María, maestra de humildad, que por tu profunda conciencia de ser la Sierva
del Señor, has sido llena del Espíritu Santo, has que los diáconos sean dóciles
instrumentos de la redención de la redención de Cristo, enseñándoles la
grandeza de hacerse pequeños.
María, maestra del servicio oculto, que con tu vida normal y ordinaria llena de
amor, has sabido secundar de manera ejemplar el plan salvífico de Dios, has
que los diáconos sean siervos buenos y fieles, enseñándoles la alegría de
servir en la Iglesia con ardiente amor. Amén
(https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-de-la-santisima-virgen-maria-por-los-diaconos-permanentes-2983)
ESQUEMA DE ENCUENTRO FRATERNO DE LOS DIÁCONOS
EN CADA UNA DE SUS JURISDICCIONES
ESPIRITUALIDAD
DE LA GRACIA QUE NOS HACE VIVIR
NUESTRO SERVICIO COMO VOCACIÓN
Y COMO DON
1. Ambientación
La comunión en el espíritu nos hace descubrir que la caridad es tarea para cada fiel.
Todos estamos llamados al amor desde las entrañas de nuestro mismo ser personas y
desde nuestra condición de cristianos, además de la especial consagración de la que
participamos como diáconos permanentes.
El diácono permanente, unido en el espíritu, está llamado a vivir la caridad y a hacer
de ella la expresión organizada de su servicio. De ahí la importancia de que el
ministerio diaconal este presente de modo activo y organizado en las estructuras de
comunión y participación que hay en la Iglesia.
Espiritualidad de comunión es capacidad de ver, ante todo, lo que hay de positivo en
el otro para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un “don para mí”. Además de
ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente.
2. Palabra de Dios
“Hay diversidad de carismas, pero el espíritu es el mismo; diversidad de ministerios,
pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que
obra en todos.
A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque
a uno se le da por el espíritu, palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el
mismo espíritu; a otro, fe, en el mismo espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el
único espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de
espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas
cosas las obra un mismo y único espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular
según su voluntad. Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene
muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no
forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu
hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos,
esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. (1 Cor 12, 4-13).
3. Momento de meditación a luz de la Palabra (todos comparten a la luz de la
Palabra lo que ha significado su servicio diaconal como vocación y como don)
4. Rezamos juntos
¡Dichoso quien cuida del pobre y débil!
¡Dichoso quien tiende su mano al necesitado!
¡Dichoso quien no sabe negar una ayuda!
¡Dichoso quien sabe amar y comprometerse!
Dichosos, sí, los que no temen arriesgar todo por el Reino.
Dichosos los que saben cambiar la rivalidad por la colaboración, la competencia por
la solidaridad, la violencia por la justicia y el amor.
Ayúdanos, Señor, a desterrar del corazón el egoísmo que tantas veces lo envuelve.
Ayúdanos a no fracasar en nuestro intento de estar atentos al dolor de los demás.
Ayúdanos a saber mirar la realidad, a descubrir la injusticia y la maldad.
Ayúdanos a ser mensajeros de esperanza, a arriesgar, si necesario fuera, la vida por
los demás.
Tú sabes, que nos duele, ver tantos buenos deseos que luego no hacemos fructificar.
Que nos duele, tener las cosas claras en la mente y no traducirlas en compromisos
para transformar.
Danos fuerza, Señor, para que tu Palabra y nuestros deseos lleguen a hacerse
realidad.
(http://www.caritasmadrid.org/dichoso-quien-cuida-del-pobre)
5. Compartimos nuestra oración
Cada uno puede expresar su oración en este momento de la forma que desee.
6. Conclusión
“Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, también él es
ayudado; el poder ayudar no es mérito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia”
(DCE 35).
7. Padrenuestro…
(https://www.oracionesdelossantos.com/2013/02/oracion-san-losrenzo)

Cec.org.co

Novena ante la fiesta de Santa Teresa de Calcuta: Diácono Pedro Jara

Sobre la historia del diaconado por Jorge Medina, pbto.

Jorge Medina E., Pbro.
Profesor de la Facultad de Teología, U.e.
SOBRE LA HISTORIA DEL DIACONADO
A restauración del diaconado permanente en la Iglesia latina ha sido una
decisión importante del Concilio Vaticano 11.No cabe dudar de la oportunidad
ni de las ventajas de este paso trascendental; pero tampoco cabe duda
de que la comprensión cabal de la decisión del Concilio no ha sido inmediata,
y llevará un tiempo, tal vez largo y no sin vaivenes, hasta que se
produzcan la sedimentación y ajuste necesarios.
Puede ser útil cor,siderar algunos datos de cómo se ha vivido el diaconado en
la Iglesia latina. Para ello podríamos establecer tres períodos, con la relatividad, reservas
y matices que son propios de todo intento de sistematización.
El primer período va desde el Nuevo Testamento hasta el siglo X, aproximadamente.
Este primer período se caracteriza por la vigencia de un diaconado permanente,
vitalmente presente en las estructuras pastorales de la Iglesia. El segundo período
que podría situarse, también con aproximación, entre los siglos XI y XX, presenta
al diaconado más bien como un simple tránsito hacia el presbiterado: es una etapa,
generalmente breve (a veces de un solo día), hacia la única meta apetecida en el ministerio, el sacerdocio. El tercer periodo comienza con el Vaticano 11,a partir de la
promulgación de la Constitución sobre la Iglesia, el día 21 de noviembre de 1964.23.png

PRIMER PERIODO
El nacimiento del diaconado ha sido tradicionalmente identificado con la elección
de los “siete” (Hechos 6, 1ss.); pero la interpretación de ese texto no es absolutamente
segura. Sea como fuere, hay otros tres textos en el Nuevo Testamento (Filip.
1,1; 1 Tim. 3, 8 Y 12) en que se nombra este ministerio eclesial, aunque sin especificar
explícitamen~e sus funciones. En estos tres textos aparece el nombre, pero no la función,
en tanto que en Hechos no aparece el nombre, pero sí la función, o algunas de
ellas, no sóio en el texto del cap. 6, sino también en la actividad de Esteban y Felipe,
que predican, catequizan y bautizan. En 1 Tim. se detallan las cualidades de los diáconos

En la época de los primitivos Padres de la Iglesia hay numerosas menciones
de los dióconus y también indicaciones sobre sus funciones. Aparecen nombrados en
la Didaché (S. I o 11); en la venerable carta de S. Clemente Romano (Papa a fines del
S. 1) a los corintios; en varias de las cartas de S. Ignacio de Antioquía (comienzos del
S. 11); en la carta de S. Policarpo de Esmirna (comienzos del S. 11) a los filipenses; en
los escritos de S. Justino mártir (mediados del S. 11); y, lugar muy importante, en la
“Tradición Apostólica” de S. Hipólito Romano, presbítero (comienzos del S. 111), obrita
en que se contiene el primer rito conocido de ordenación diaconal.
,En esos tiempos tan antiguos, el diácono aparece como un ministerio edesial,
con funciones caritativas en favor de los pobres de la comunidad, con una participación
en la liturgia (asistiendo al Obispo y a los presbíteros), llevando la comunión a los enfermos, sirviendo directamente 0:1 Obispo y e¡ercitando el ministerio de la palabra. Su
característica es el servicio. Su papel es considerado tan importante, que S. Ignacio
de Antioquía llega a decir que sin Obispo, presbíteros y diáconos “no se puede hablar
de Iglesia”. Algunas indicaciones que se leen en S. Clemente Romano y en S. Hipólito,
permiten afirmar que los diáconos, sin pertenecer al “presbiterio”, forman parte del
clero. Pero se afirma muy nítidamente que no participan en el sacerdocio, el que se
caracteriza por el servicio de ofrecer la Eucaristía en representación de Cristo, sumo
y eterno sacerdote.
Andando el tiempo se va precisando más el oficio diaconal. En los siglos siguientes
se fortalece la idea de que los diáconos forman parte del “cuadro permanente”
del clero de cada diócesis. Su ministerio aparece como muy flexible, dentro de
sus límites. A comienzos del S. IV aparecen diáconos encargados de comunidades que
no tienen Obispo ni presbíteros, y administran en ellas el bautismo, como posiblemente
ocurría ya en tiempos de S. Hipólito, al menos a.compañando al Obispo. También
en el S. IV se les reconoce el ministerio de la predicación. En ese siglo se atribuye a
los diáconos una amplia participación en la liturgia eucarística, aunque nunca como
concelebrantes, sea dirigiendo las oraciones comunes, sea ayudando a la distribu-ción
de los dones .eucarísticos.El cuidado de los enfermos, de los pobres y de las viudas, era
un quehacer propio de los diáconos, y la historia ha conservado siempre vivo el ejemplo
del diácono mártir S. Lorenzo. En algunos casos fueron los diáconos encargados de recibir a los penitentes a la comuniÓn eclesial, pero no a título de una absolución sacramental. Hay qU1etener presente que la teología sacramental, y especialmente la de la Penitencia, no se clarificó totalmente, sino Mucho más tarde, en el S. XII, y aún después.
Un estudioso de los antecedentes patrísticos del diaconado, Mons. Carmelo Giaquinta
(argentino, actualmente Obispo), estima que una de las causas de la decadencia
del diaconado en occidente fue el haber ido prevaleciendo siempre más su actividad
administrativa, dejándose de lado su ministerio litúrgico y de predicación.
La vecindad que tenían los diáconos, con respecto al Obispo, hizo que llegaran
a ser personajes de gran influencia, con autoridad a veces superior a la de los mismos
presbíteros, cosa de la que se queja amargamente S. Jerónimo (S. IV). Su poder fue

ton grande que los “archidiáconos” se sentían menoscabados si eran ordenados presbíteros.juan garcia
En Roma eran tan importantes que durante el S. VIII o IX sucede con frecuencia
que se elige como Obispo, o sea Papa, no a un presbítero, sino a un diácono, el
cual recibe directamente la ordenación episcopal, sin pasar por la presbiteral.
En este primer período destacan dos grandes figuras de dióconos: S. Lorenzo,
auxiliar del Papa S. Sixto 11,al que acompañó en el altar, en el servicio de los pobres
y en el martirio; y S. Efrén, sirio, poeta del ministerio cristiano y Doctor de la Iglesia.
El primero, latino, del S. 111;el segundo, oriental, del S. IV.
Este primer pe~íodo, por su vecindad a los orígenes de la Iglesia, es de suma
importancia. En él se precisan ya los rasgos de este ministerio y, al finalizar, se advierten
también las causas de su decadencia posterior.
SEGUNDO PERIODO
Sobre esta época tenemos menos información, o al menos pareciera que la investigación
no ha sido tan amplia y profunda.
Una cosa es indudable: la ordenación diaconal sigue existiendo, pero cada vez
más sólo como un “tránsito” hacia el sacerdocio o presbiterado. Podemos aventurar
algunas causas de esto, aunque sin poder dar pruebas concluyentes de lo que se dirá.
A partir del S. VIII aumentan considerablemente las ordenaciones sacerdotales.
Ello, al menos en parte, por la multiplicación de la celebración del sacrificio de la S.
Misa. Siglos después, las numerosísimas “fundaciones” de Misas, que garantizan la
remuneración del sacerdote que las celebra, harán que sea permitido a cada sacerdote
celebrar hasta tres Ss. Misas cada día (S. XIII). La mal llamada “misa privada”, sin
pueblo, con sólo un ayudante, sin diácono asistente, y frecuentemente poro cumplir
con una “fundación”, se hoce muy común: no había diáconos paro asistir a cada celebrante.
Por otra parte, la misma abundancia de presbíteros hizo que éstos asumieran
numerosas responsabilidades que, en la antigüedad, eran propiamente diaconales. No
es que los presbíteros no pudieran asumirlas, teológicamente hablando, pero se debilitó
el “status” eclesial de los diáconos. Los excesos de poder de los diáconos en las postrimerías del período anterior fueron amargamente sentidos por los presbíteros, y sería extraño que los Obispos no hubieran sido sensibles a ellos.
Pero continuó habiendo diáconos más o menos permanentes. Es interesante,
desde el punto de vista ~eológico, que los cuatro principales Abades del Cister recibieron,
a fines del S. XV, del Papa Inocencia VIII, la facultad de ordenar diáconos a
sus súbditos que creyeran oportuno, y esto sin ser dichos Abades sino simples presbíteros.
La razón aducida era para que los monjes no anduvieran vagando fuera de los
monasterios, buscando quien los ordenase. Este argumento sugiere la idea de que esos
monjes diáconos lo eran con cierta permanencia. Ese privilegio estuvo en vigor durante
varios siglos. Hoy está revocado.
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El Concilio de Trento (sesión XXIII, 15 de julio de 1563) deja la impresión de
que los ministerios inferiores al presbiterado (dioconado, subdiaconado y órdenes menores) estaban en decadencia, al menos como ministerios permanentes, y quiso hacer
un esfuerzo por revitalizarlos. Dio disposiciones para la ordenación de diáconos y subdiáconos, pero no parece que esas providencias hayan tenido éxito en cuanto al restablecimiento de esos ministerios con cierta permanencia y no como mero “tránsito” al sacerdocio.
En Roma el diaconado mantuvo cierta vigencia en razón del cardenalato. Al
menos desde el S. XVIII no podía ser creado cardenal sino un clérigo que fuera al menos
diácono. Así es que algunos eclesiásticos que por su “carrera” llegaban a hacerse
acreedores del capelo cardenalicio, decidían, para poder recibirlo, hacerse ordenar
diáconos. En épocas anteriores se podía ser cardenal sin haber recibido siquiera el diaconado, como sucedió con Mazarino, cuyo cardenalato, como el de Richelieu por lo
demás, tuvo más bien orígenes políticos que méritos eclesiásticos. En el S. XIX hubo al
menos dos cardenales que no eran presbíteros y nunca lo fueron, sino sólo diáconos. El
primero fue el Cardenal Hércules Consalvi, Secretario de Estado de Pío VII. Fue un gran
hombre de Iglesia y un defensor valiente y lleno de coraje de los derechos de la Sede Apostólica frente a Napoleón. Espíritu finísimo, diplomático visionario y trabajador
infatigable. Cayó en desgracia con el advenimiento de León XII, que sólo demasiado
tardEl comprendió la vaHa de Consalvi. El segundo fue el Cardenal Giacomo Antonelli,
Secretario de Estado de Pío IX. Su figura es muy discutida, y autores serios le reprochan
falta de visión hacia los nuevos tiempos. No destacó como hombre religioso. Oí
decir a un sacerdote chileno, Mons. Aníbal Carvajal y Aspee, canónigo de Santiago
que había sido condiscípulo de Pío XII en sus tiempos de estudiante en Roma, a fines
del siglo pasado, que en esa época, cwando él era estudiante en el Colegio Pío Latinoamericano,
residía allí un Cardenal de la Curia que era simple diácono. Pero no recuerdo
el nombre.
El diácono más conocido de este segundo período, es S. Francisco de Asís. Al
menos una tíadición venerable señala que no fue nunca sacerdote, y sólo recibió el
dia,conado.
En Chile hubo, en la primera mitad de este siglo, un diácono permanente. Fue
un religioso profeso solemne del Orden de N. Sra. de la Merced, de apellido Piña.
Creo que vivió en el convento grande de Santiago, y le decían “Padre”.31727896_1854995064558243_2269231359362859008_n
TERCER PERIODO
La restauración del diaconado permanente tuvo como antecedente un movimiento
nacido en Alemania, alrededor de 1950.
La restauración fue un tema ampliamente debatido en el Concilio Vaticano 11.
Puede decirse incluso que fue muy controvertido, tanto que hubo de ser sometido a
una votación exploratoria, la cual resultó positiva a la idea de la restauración.

Los adversarios de la restauración del diaconado permanente aducían dos series
de argumentos. La primera consistía en hacer ver que ninguno de los ministerios
tradicionalmente atribuidos a los diáconos depende, en cuanto a su validez, de la ordenación diaconal. Y que, por lo tanto, bien podían concederse las autorizaciones canónicas necesarias para que laicos pudieran ejercerlos, sin conferir la ordenación
sacramental. La segunda hacía recalcar que la ordenación de diáconos casados sería
una puerta abierta para que más tarde se admitieran, en la Iglesia latina, presbíteros
casados. La primera serie de argumentos ha sido examinada teológicamente, y puede
decirse que se ha descartado su valor. No es ahora el momento de repetir ese examen.
La segunda serie recibió una respuesta tajante en el Sínodo Romano de 1971, documento
que el actual Pontífice cita con frecuencia.
La doctrina sobre el diaconado restaurado en la Iglesia latina se encuentra en
el N9 29 de la Constitución sobre la Iglesia “Lumen Gentium”, aprobada por el Concilio
Vaticano 11, y ella ha sido precisada por el Motu Proprio “Sacrum Diaconatus Ordinem”,
promulgado por el Papa Paulo VI, de venerada memoria. No es el objeto
de este pequeño trabajo volver sobre la teología del diaconado. Nos limitaremos a
subrayar algunas características de este importante ministerio.

CARACTERI5TICA5 DEL DIACONADO
Lo que sigue no es más que un ensayo de delimitación. Creemos que está sólidamente
fundado y que responde tanto a la tradición antigua como a la legislación
actualmente en vigor. Pero no pretende ser exhaustivo: muchos aspectos merecerían ulterior desarrollo.
19) El diaconado es un ministerio eclesial que se comunica sacramentalmente.
El diácono, por lo tanto, es miembro del clero y, teológicamente hablando, no es un laico.
Esverdad que con frecuencia continúan desempeñando una profesión, oficio o trabajo
seculares, pero es también cierto que es posible que estén totalmente dedicados a
tareas eclesiales, y algunos lo están. Como es también cierto que hay sacerdotes que
emplean buena parte de su tiempo en quehaceres seculares, y ello es posible. Lo
que no quita que para el diácono permanente y casado las tareas eclesiales son su
“Hauptberuf” como dice el P. Rahner (= oficio principal, cualitativamente hablando)
y no sólo un “Nebenberuf” (= oficio secundario o lateral). Es cierto que el trabajo
secular, oficio o profesión, ponen con frecuencia al diácono en estrecho contacto con
los problemas de los laicos y con su medio de vida: pero él vive en esos problemas y
medio no como laico sino como ministro de la Iglesia.
291 El ministerio diaconal se estructura alrededor de: a) la pred1cadón de
la Palabra de Dios; b) la liturgia de la Iglesia; c) el servicio de la ca,ridad, y d) la
participación, variable en la medida que se la asigne el Obispo, en el gobierno o
conducción pastoral de la Iglesia. Esto es nítido tanto en “Lumen Gentium” 29, como

ne liAd Gentes” 15 y 16 Y en el Motu Proprio “Sacrum diaconatus ordinem”. El diaconado
no confiere la calidad de “super-laico” (esa calidad no existe como constitutiva
de ministerio) ni se identifica con la calidad de “líder” o “dirigente” temporal. En
un reciente discurso u homilía pronunciada por el Papa en una ordenación diaconal
(11 de abril de 1980), dijo: “Estáis llamados a conformaros más íntimamente a CristoSiervo,
y de ahora en adelante el ser discípulos suyos se expresará en el ministerio
de la Palabra, del altar y de la caridad … Recordad siempre que el servido más grande
que podéis prestar al Pueblo de Dios es anunciarle su Evangelio de salvación, dador
de vida y ennoblecedor”. Las palabras del Papa son un fiel trasunto de lo establecido
por el Concilio y por su antecesor Paulo VI. Si alguien creyera que se recibe el diaconado
para ser dirigente político o sindical, eso sería un funesto error, una sacralización
indebida y clericalismo anticuado.
39) El ministerio diaconal debe integrar en cada diácono los diversos aspectos
de su misión, como queda definida en el N9 anterior. Puede ser que la dedicación sea
variable, pero no sería admisible que uno de esos campos quedare ausente o, peor
aún, descartado. La condición de miembros del clero hace particularmente importante
que los diáconos asuman con amor la tarea de la alabanza de Dios expresada en
la forma oficial de la Iglesia que es la Liturgia de las Horas u Oficio Divino, aun
cuando ello no les esté impuesto canónicamente. En la homilía recordada anteriormente,
el Papa ha hecho hincapié en este aspecto de la vida diaconal, tan propio
del ministerio ordenado sacramentalmente.
49) El diácono debe recordar siempre que es un consagrado, es decir, un
hombre que está dedicado perpetuamente al ministerio. No lo puede dejar a voluntad,
como no lo pueden dejar tampoco los Obispos o presbíteros. Esta consagración sacramental que sello la vida hasta la muerte es un signo de la consagración de Cristo
a su Iglesia, y los fieles tienen el derecho de ver en los ministros, Obispos, presbíteros
y diáconos, lo imagen viviente de la fidelidad de Cristo, Esposo de la Iglesia. Por lo
mismo, el diácono seguirá si:empresiéndolo, aunque debo cambiar su domicilio a otra
diócesis, o aunque el Obispo le cambie sus tareas en la propia diócesis. No se recibe
la ordenación diaconal paro este cargo determinado, o para aquel apostolado especffico,
sino para el servicio de lo Iglesia, que puede exigir desplazamientos y cambios,
a veces con gran sacrificio. ‘En esta misma línea de reflexiones no le es permitido
al Obispo marginar a un diácono de toda acción eclesial propia de su ministerio,
si no es por causas que hagan gravemente nocivo su ministerio. La historia de la Iglesia
muestra claramente la paciencia que la Iglesia ha tenido con Obispos y presbíteros
que no eran dechados de pastores; el mismo criterio debe aplicarse a los dióconos.
Una cosa es la selección de los candidatos y su cui,dadosa preparación, y otra muy
distinta desconocerlos cuando ya están ordenados. Y es claro que el Obispo tiene la
responsabilidad, aunque no seo sólo de él, de sostener, orientar y animar espiritualmente a su clero, incluidos en él los diáconos.34963305_1274625492672125_3130888978186633216_n

59) El personalismo no es benéfico a la Iglesia. Los ministros tienen como
misión conducir a los fieles a Cristo, y no a formar “po’rtido·rios” suyos. La frase del
Precursor, San Juan Bautista: “es preciso que El crezca y yo disminuya”, es todo un
programa. Exige tanto la humildad del ministro cemo la adultez de los fieles. Ya
San Pablo se quejaba de las “banderías” eclesiásticas: unos decían “yo soy de Pedro;
otros, yo soy de Pablo; otros yo soy de Apolo”. La respuesta del Apóstol fue contundente:
“¿Acaso yo he muerto por vosotros?”. Si todos los ministros son servidores, ello
vale especialmente según la consta:lte tradición del diácono. ¿Qué nos puede alegrar
tanto, como saber que nuestros hermanos por nuestro modesto servicio han llegado
a ser “de Cristo”?
6″) En la ar,tiglJedad cristiana el diácono era un servidor directo del Obispo.
Es explicable: las diócesis eran pequeñas y el clero reducido. Las circunstancias han
cambiado, y hoy día los dióconos están generalmente al lado de un presbítero. Pero
los presbíteros no deberían olvidar que, salvo aquellos que han recibido una legítima
jurisdicción o potestad en el fuero externo, no tienen derecho a erigirse en superiores
de los diáconos, como si cualquier diácono, por el hecho de serlo, fuera automáticamente
súbdito de cualquier presbítero. Naturalmente si el Obispo asigna a un
diácono como auxiliar de un presbítero, como vicario cooperador, por ejemplo, ese
diácono estará fraternalmente subordinado a las orientaciones del referido sacerdote.
Pero será 3iempre del Obispo, o de su representante, de quien recibirá el diácono la
facultad de predicar, y otras, porque la cabeza de la diócesis es el Obispo. En los casos
de familias religiosas exentas de la autoridad episcopal, será el Superior, cuya
potestad viene del Papa, quien asigne tareas a los diáconos súbditos suyos. Y aunque
la historia muestra bien que el asunto presenta indudables riesgos, hay que admitir
la posibilidad de que el Obispo pudiera conferir a diáconos cierta autoridad sobre
presbíteros. Los cardenales Secretarios de Estado que fueron simples diáconos por
ordenación, tuvieron autoridad incluso sobre Obispos.
79) En cuanto a la acción polí’lica, los diáconos están, en cuanto son miembros
del clero, en la misma situación que los Obispos y presbíteros. No se ve por qué
los principios establecidos en la materia por el Sínodo Episcopal de 1971, en el documento “Sobre el sacerdocio ministeriol”, 2° pOi ” N9 2, letra b), con respecto a los
presbíteros, no se apl:carían también a los Obispos y diáconos. Si no se les mencionó
expresamente, ello fue porque el tema del Sínodo eran los presbíteros. Citamos un
texto capital: “En aquel:as c:r:unstailcias en que se presentan legítimamente diversas
opciones políticas, sociales o económicas, los presbíteros, como todos los ciudadanos,
tienen el derecho de asumir sus propios op:iones. Pero como las opciones políticas
son contingentes por naturaleza ‘1 1″‘0 expresan nunca total, adecuada y perennemente
el Evangelio, el presbítero, testigo de las cosas futuras, debe mantener cierta
distancia de cualquier ca’-go o compromiso político … Hay que procurar que su opción
no aparezca ante los cris:;anos como la única legítima o que se convierta en motivo
de división entre los fieles. “‘!o olviden los presbíteros la madurez de los laicos, que
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ha de tenerse en gran estima cuando se trata de su campo específico. El asumir una
función directiva (liderazgo) o ‘militar’ activamente en un partido político, es algo
que debe excluir cualquier presbítero, a no ser que en circunstancias concretas y excepcionales, lo exija realmente  bien de la comunidad, obteniendo el consentimiento
del Obispo, consultado el Consejo presbiteral y -si el caso lo requiere- también la
Conferencia Episcopal”. Es sabido que últimamente el Santo Padre ha dispuesto el
alejamiento de sacerdotes de cargos políticos. Examinando los argumentos en que se
fundan las disposiciones del Sínodo, se ve que son perfectamente aplicables a los diáconos, pues no arrancan exclusivamente de la especificidad presbiteral, sino de la naturaleza del ministerio. Sería un error considerar a los diáconos como habilitados para
acciones que no deben ejercitar los presbíteros, y lo confirma el Documento de Puebla.
Conviene releerlos números del 507 al 530. Citamos: N° 524: “La política partidista
es el campo propio de los laicos (GS 43L Corresponde a su condición laical el
constituir y organizar partidos políticos, con ideología y estrategia adecuada para
alcanzar sus legítimos fines”. N’? 526: “los Pastores, por el contrario, puesto que deben
preocuparse de la unidad, se despojarán de toda ideología político-partidista que pueda
condicionar sus criterios y actitudes. Tendrán, así, libertad para evangelizar lo
político como Cristo, desde un Evangelio sin partidismos ni ideologizaciones … “.
N’? 527: “Los sacerdotes, también ministros de la unidad, y los diáconos, deberán someterse a idéntica renuncia personaL Si militaran en política partidista, correrían el
riesgo de absolutizarla y radicalizarla, dada su vocación de ser ‘jos hombres de 10
absoluto’ (y cita, a continuación el texto del Sínodo de 1971)”. No es necesario ser
un teólogo muy perspicaz para advertir que el Documento de Puebla coloca decididamente a los diáconos en el campo del clero, y de sus propias responsabilidades y misión, y no en el campo laical, como no podía menos de ser, atendida la más que milenaria tradición de la Iglesia.
Digamos, a guisa de resumen, que el diácono es miembro del clero, ministro
de la Iglesia en su misión propia, y portador de por vida del carácter de signo de la
consagración fiel y total de Cristo a su Iglesia.

CONCLUSION
Esta rápida ojeada a algunos hitos históricos, a la tradición patrística y a las
normas canónicas que delinean la figura del diácono, deberían ~er una invitación a
profundizar en el conocimiento y reflexión sobre una realidad eclesial que hoyes viva
y promisoria.
Esa reflexión incumbe en primer lugar a los Obispos, puesto que sobre ellos
pesa la responsabilidad de discernir la vocación diaconal y de ordenar para siempre
a los candidatos que les parezcan tener las condiciones que pide la Iglesia para el
desempeño de este ministerio.

Incumbe también a los presbíteros, que deben ver en los diáconos no una especie
de servidores suyos y suplentes que les alivien en el ministerio, sino como hermanos
que comparten una buena parte de sus responsabilidades, y cuyo humilde servicio
puede ser con frecuencia un testimonio muy fecundo de la modestia y anonadamiento
de Cristo, que alguna vez en la Escritura es también llamado “diácono” (Rom 15,8).
y toca, en forma muy personal, a los candidatos al diaconado y a los diáconos
ya ordenados para discernir, los primeros, los motivos de su ofrecimiento a la Iglesia
y para ajustar, los segundos, su ministerio a lo que verdaderamente debe ser. .
Ni deja de tocar a los laicos, para saber pedir a los diáconos lo que de ellos
tienen derecho a recibir, y para no pedirles lo que a ellos no les compete dar.

Repositorio

Ponencia del Rev. José Gabriel Mesa, PhD. “Los Retos y las Bendiciones del Diácono” en la Conferencia Nacional Diáconos Hispanos

“El diácono, pobre y fiel en lo poco”: libro del diácono Pedro Jara Vera

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“El diácono, pobre y fiel en lo poco”. Meditaciones biblicas en primera persona

Libro del diácono Pedro Jara Vera en la editorial EDICE

Pedro Jara Vera (1971), ordenado diácono el 12 de noviembre de 2011, es ingeniero de telecomunicacione14222163_10154557984207904_937295956972049720_ns y licenciado en psicología. Está casado con Lourdes Manzano y son padres de tres niños, Clara, Marcos y Teresa. Dedicado a la docencia en el Real Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando de Pozuelo de Alarcón, es autor del libro “Que me empape la lluvia”, editado por Edibesa en 2006 como “A la sombra de la Madre Teresa”. Está a punto de publicarse su libro: «El diácono, pobre y fiel en lo poco» . Organiza periódicamente peregrinaciones a Calcuta. Camina en comunidades neocatecumenales y realiza su ministerio en la parroquia de Nª. Sª. de Aluche.

“Servidor del Evangelio”, libro sobre el diaconado escrito por diácono

Servidor del Evangelio: la identidad del diácono permanente y la presidencia diaconal de la celebración de la palabra es una nueva e importante herramienta para la comprensión del Ministerio del diácono permanente y su misión en la iglesia y en

35889355_1946499742049409_3008244941508837376_n

Es resultado de un trabajo serio y profundo elaborado a partir de una parte de la investigación realizada por el autor para la primera tesis de doctorado en teología en Brasil sobre la identidad y la misión del diácono permanente, defendida en 2016 en la Pontificia Universidad Católica De enero y premiado en 2017 como investigación académica ganadora del premio centro de teología y ciencia humana (ctch) de tesis.

En esta obra, el autor parte de la teología de la mesa de la palabra para entonces definir la identidad del diácono permanente en el contexto de la nueva evangelización y de la En el siguiente paso, entre otras importantes consideraciones sobre el ministerio ordenado en la iglesia, brinda a los lectores con una fascinante teología litúrgico-Sacramental con respecto a la celebración de la palabra para situar a la presidencia diaconal en tales celebraciones, revelando la importancia y Palabra presidida por un diácono permanente, es decir, un clérigo marcado con el carácter indeleble del sacramento de la orden.111111

Por todo ello, el servidor del evangelio se presenta como una importante subvención muy bien elaborada y motivada para quien enseña, estudia o se interesa por disciplinas como liturgia, eclesiología y teología pastoral. Además, es lectura obligatoria para todos los que se dedican a la teología sacramental, sobre todo al sacramento del orden, con énfasis en el ministerio diaconal, que es el único a reunir y articular los sacramentos del matrimonio y del orden en la persona de un Cristo sirviente.

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Empatía en el ministerio diaconal

Quizás una de las cualidades más esenciales del ministerio diaconal es el don de la empatía. En su sentido más básico, la empatía tiene que ver con la capacidad de reconocer y entrar en la experiencia de otro. El término está basado en el prefijo griego ” em ” , que significa “en”, y la palabra ” pathos ” , que significa “sufrimiento”. Esto implica un compartir profundamente personal en las dificultades de otro, de modo que el que empatiza experiencias, en cierto sentido, la dificultad del otro. La empatía crea un vínculo entre los dos que acompañan al paciente mientras lleva su cruz, recordándole que no está solo y que a alguien le importa. Es, a este respecto, nada menos que un acto de amor.2-2-1024x612

El objeto de la auténtica empatía no es tanto el sufrimiento del otro, sino el del otro mismo. La empatía es, en esencia, una realidad interpersonal. En este sentido, al ser empáticos, acompañamos al paciente a través de su sufrimiento. Esto puede parecer, en un mundo dominado por la acción positiva, ser débil e ineficaz. Sentarse junto a la cama de un hospital o pasar tiempo con alguien con una enfermedad mental o simplemente visitar a una persona que ha perdido a un ser querido puede parecer bastante inútil teniendo en cuenta la enfermedad, la enfermedad o la pérdida. Sin embargo, una presencia reconfortante, que asume el sufrimiento del otro simplemente estando allí y escuchando en silencio, brinda un consuelo que permite al paciente no solo soportar, sino también superar las dificultades que experimenta su valor redentor.

Jesús es el modelo perfecto de empatía. En virtud de su encarnación, entra en la condición humana con todo su sufrimiento. No contento con ser un espectador desapasionadamente alejado del pathos humano, toma el sufrimiento de la humanidad a través de su pasión, muerte y resurrección.28280145_1730344370363860_2865256313969410510_n

El Diácono James Keating, en su libro “El Corazón del Diaconado”, escribe: “La empatía solo se mantendrá y se profundizará durante muchas décadas de servicio eclesial si esa empatía proviene de Cristo y se restaura en él cuando la fuerza, el interés y la generosidad humanos se retrasan. ”

Mientras que la plenitud de la gracia de Dios subsiste en la Iglesia Católica (ver Lumen Gentium , n. ° 8 ) , la Iglesia finita no puede contener la naturaleza infinita de la gracia de Dios. Vemos esto en los muchos ejemplos del ateo noble cuyo altruismo desinteresado inspira a otros. Sin embargo, es frecuente que el amor al hombre, sin el correspondiente amor de Dios, haga que el noble ateo sea incapaz de obtener su amor más allá de sí mismo. Es cierto que su amor es, en última instancia, una participación limitada en el amor divino, pero está arraigada en un Dios que no conoce, por lo que no puede extraer de él, ser inspirado por él, fortalecerse en él.

Sin embargo, cuando un diácono enraiza su ministerio en el amor de Cristo el Siervo, él entiende la empatía a la luz del misterio pascual y su promesa personal de salvación. Esto no solo permite una perspectiva más amplia, sino que también comprende la empatía desde el Calvario hasta la tumba vacía. Entiende que, a menudo, la empatía se trata más de estar al pie de la cruz que de sufrir la Resurrección en lugar de hacer algo. Estar con el que sufre no es la ausencia del ministerio sino, muchas veces, el mejor tipo de ministerio.        10

Todo ministerio efectivo se basa en la empatía, sea episcopal, presbiteral, diaconal o laica. Un ministerio que no tiene empatía no solo es radicalmente incapaz de ver al Cristo crucificado en el que sufre, sino que, además, es radicalmente incapaz de presenciar al Cristo resucitado ante ese mismo sufriente. Aquí, el ministro dejará de llevar esperanza a un alma que necesita desesperadamente el amor sanador de Jesucristo. Más allá de esto, cuando compartimos los sufrimientos de los demás, nos revelan sus deseos, y debido a esto, podemos responder a sus necesidades específicas y no a lo que creemos que son sus necesidades.

Debido a nuestra naturaleza caída, luchamos para ser empáticos en nuestras vidas y en nuestro ministerio. Para ser más empáticos, debemos volvernos hacia el que es empatía: Jesucristo. San Juan nos recuerda que somos capaces de amar porque Dios nos amó primero (ver 1 Jn 4:19). Si la empatía es una expresión de amor, entonces somos capaces de ser empáticos debido a la empatía que nos muestra Nuestro Señor. En consecuencia, debemos buscar y restaurar nuestra empatía en Jesús al reflexionar en oración sobre su Encarnación, pasión, muerte y resurrección.xmas-card-photo-2013

Una forma de hacer esto prácticamente es reflexionando sobre un crucifijo. Este símbolo de nuestra Santa fe católica es una representación de un acto de amor divino mediante el cual se miden todos los demás amores. Como la empatía es una expresión de amor, la cruz también es un acto de empatía mediante el cual se miden todos los demás actos de empatía. Cuando meditamos en la cruz en un sentido personal, cuando vemos en este eterno sacrificio eterno a un Dios dispuesto a entrar en nuestros sufrimientos de manera tal que ya no sufrimos solos, nos llenan de temor y gratitud. Es este asombro, esta gratitud, que luego nos permite apropiarnos del amor de Dios, participar en él y expresarlo de manera empática a quienes nos rodean.

En todo esto, se debe reconocer que ser diácono es crecer en empatía. El progreso en la vida interior, el crecimiento en la intimidad con Cristo el Siervo, se puede medir en la medida en que expresamos empatía con los demás. Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si se aman los unos a los otros” (Jn 13, 35). El ministerio diaconal, expresado en empatía, es testigo de un amor divino que da esperanza a los que sufren. Mueve el sufrimiento más allá de la mera resistencia del dolor dándole una cualidad redentora. Lo hace al permitir que el que sufre ofrezca su sacrificio imperfecto en unión con el sacrificio perfecto de Cristo Jesús, nuestro Señor.

Deacon Cerrato es el editor de la revista Deacon Digest.

Por el Diácono Dominic Cerrato, Ph.D.

 

Ha dado comienzo el XIV Encuentro de Formadores de Escuelas Diaconales de Brasil

El XIV Encuentro Nacional de Directores y Formadores de Escuelas Diaconales fue abetto el martes 15 de mayo a las 14h, por el presidente de la Comisión Nacional de los Diáconos – CND, diácono Zeno Konzen.
El obispo referencial de los diáconos don Juan Francisco Salm, obispo de Tubarão, SC, hizo la exhortación inicial, mientras que el secretario de la CND diácono Antonio Héliton Alves hizo la introducción del tema. El comentario sobre el tema fue hecho por el vicepresidente Francisco Pontes (Chiquinho),

El primer asesor del Encuentro fue don Jaime Splenger, arzobispo de Porto Alegre y presidente de la Comisión Episcopal Pastoral para los Ministerios Ordenados y la Vida consagrada de la CNBB, que presentó pistas sobre el tema “Escuela Diaconal del Futuro”. José Augusto Rios Bastos, Maestro en Administración – UFBA., Habló sobre gestión y planificación, para lograr los objetivos.

La programación del día fue encerrada con misa en la Capilla del CTL, presidida por don João Salm.Os_dois_bispos

De Salvador, BA, diácono José Carlos pascual – ENAC / CND