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Archivo de la categoría: Noticias diaconado de Madrid

Algunas anotaciones en los ejercicios espirituales a la fraternidad diaconal de Madrid impartidos por Juan Carlos Mateos González, pbto.

Villa Santa Mónica, Becerril de la Sierra, 1,2 y 3 de marzo de 2019

Algunas anotaciones en los E.E.E.E. a la fraternidad diaconal de Madrid impartidos por el presbítero Juan Carlos Mateos González, secretario del Comité para el Diaconado Permanente de la Conferencia Episcopal Española

La estrategia de Jesús da otro modo de ser, nos “pone otro disco duro”. La humildad tiene que ser el canal. Dios me cuida dándome lo que necesito. Debemos de seguir a Cristo pobre: “bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Cristo debe ser nuestra riqueza, nuestro tesoro y para ello son ayuda las humillaciones. Cuando te desprecian, te envían al último lugar: será una preciosa ocasión para identificarse con Cristo.  Pablo a los Romanos:“que me atraiga lo humilde”. Carlos de Foucauld: “Me he pasado toda la vida buscando el último lugar y cuando lo encontré estaba ocupado: ocupado por Cristo”. Cristo contigo y como tú.53323519_10157238453977904_3483663328293683200_n

 

Cristo es el primer diácono. La vocación de diácono debe ser un testimonio del despojamiento de Cristo. Existe un virus en el clero: el carrerismo. El diaconado es la vocación más bonita, la menos contaminada por ese virus.

En el conocimiento interno está el conocimiento del corazón, que el corazón se entere. Hay tres nivele: 1º cognitivo, 2ª emocional y uno tercero que es en las entrañas, en las tripas, muy adentro. El diácono debe volver a las entrañas, para que su corazón se entere.53345266_10157238454227904_3220739144263139328_n

La palabra ministro viene de “minis”, el menor, el último, el más pequeño, para servir a todos. Esto apunta a cómo es Jesús y cuál es su camino: el del minis, el de las bienaventuranzas.

Al predicar no basta que esas palabras pasen por la boca: tienen que pasar por el corazón, para que tengan Vida. San Francisco de Asís decía: “prediquemos con la vida, y si hace falta, con las palabras”
Hay que pedirle a Jesús un conocimiento interno del Señor. Que la contemplación vaya configurando el corazón, “contigo y como tú”, una mirada del corazón, un corazón delicado, pero no ñoño.

El hombre y la mujer en el matrimonio deben ser un espejo para ver a Dios. Un diácono debe amar a Dios y amar al prójimo.WhatsApp Image 2019-03-05 at 21.28.38

Puede haber malos momentos, pero hay que saber que Dios está trabajando. “En invierno los árboles no tienen hojas, pero sus raíces están creciendo para abajo”.

El Padre Miguel Ángel Arribas señaló que hay tres curvas peligrosas en las que un ministro se puede pegar un tortazo. Se le puede advertir del peligro, pero no conducir por él. Estas son: 1º la relación con el párroco, 2º el fracaso con los jóvenes y 3º la soledad, que en el caso de los diáconos puede ser una soledad matrimonial o ministerial. Hay que poner a Jesús al volante.

En el discernimiento de los aspirantes en vistas a recibir el diaconado lo que hay que discernir es lo que uno ve y siente en la oración, no lo que me gusta o “es muy guay”.  Las mujeres, cuando tienen que firmar el sí a la ordenación de su marido, también.

Cuando se preparan las ofrendas para la misa puede surgir la pregunta: ¿Porque vino? Todo tiene un sentido: el pan es el cuerpo, el vino la sangre. ¿Qué es el cuerpo para un judío?: expresión de la persona, por eso el cuerpo es sagrado, por eso en el matrimonio hay entrega del cuerpo, se entrega la vida entera. Carmen Álvarez afirma que el que entrega el cuerpo, entrega la vida, En la unión de los esposos es sacramental y matrimonial, entregando la vida se entrega el matrimonio, los hijos, los bienes, la salud, todo lo positivo, todo lo que se nos regala. Esto es el pan.  Los fieles ponen la vida entera si hemos entregado la vida. ¿Qué nos queda?, pues la sangre. Para un judío la sangre es la muerte porque si se pierde la sangre, se pierde la vida. Al preparar el vino preparamos la muerte a Cristo, que nos da su muerte. La muerte de cada día son nuestros fracasos, nuestros dolores espirituales o morales. Con el vino entregamos lo que nos conduce a la muerte, lo negativo. Por eso no tiene sentido decir. “no voy a misa porque estoy mal”. Para eso está el vino, la sangre. Para que la misa sea válida, el que preside debe de tomar el cuerpo y la sangre. El ir a misa es ofrecer la vida. A veces hay más pan, otras más vino. A veces la patena y el cáliz pesan poco. Los fieles van a misa, pero se vive poco. No basta estar atento en la misa, hay que ofrecerse en ella.WhatsApp Image 2019-03-05 at 21.28.07

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Beatriz, mujer de diácono: “Al levantar el cáliz veo su anillo y ahí estoy yo también”

Palabras de Beatriz sobre el ministerio diaconal de su marido en el encuentro con D. Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid el 22-II-2019 en el Seminario Conciliar.

Cuando mi marido Jesús se ordenó recuerdo que aquel día me salía una frase, constantemente pensaba: “Dios ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Esta frase sigue saliendo cuando hablo del diaconado de Jesús porque es un privilegio, es una cercanía al Señor. A mí me impresiona cuando Jesús levanta la Copa de la salvación, al ver su anillo de casado, eso a mí me causa una especie de afectación y pienso: ¡Qué bien!, ¡ahí estoy yo también! Porque, claro, estamos muy unidos. Lo que le pasa a uno, también le pasa al otro.cropped-cropped-cropped-1diaconodiamadreteresa22111

También para mí significa que el Señor ha tenido una deferencia preciosa con esta familia, porque mi marido Jesús está tan cerca del Señor, que nos lo trae a casa cada día. Cuando llega de bautizar llega tan contento, tan pletórico. Eso se contagia. Es un privilegio, es una alegría para todos.

Dificultades. Bueno, a veces Jesús, que le gusta una barbaridad, se da mucho en la parroquia, y yo tengo que tomar un papel muy feo, y decirle. ¡Para un poco Jesús!, que la familia estamos aquí y hoy tenemos planes con amigos.

¡Y ahí está la mujer!

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«El diaconado es un servicio precioso a la Iglesia»

«El diaconado es un servicio precioso a la Iglesia»

Este viernes, 22 de febrero, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, mantiene un encuentro con los diáconos y los candidatos y aspirantes al diaconado de la diócesis, acompañados de sus respectivas esposas, en el Seminario Conciliar.

Comenzará a las 20:00 horas con la celebración de la Eucaristía, en la que los candidatos al diaconado Juan Carlos Guillén Holguín y Joaquín García-Muriño Muzquiz serán instituidos en los ministerios de lector y acólito. Una vez finalizada la Misa, todos compartirán la cena.

Entre los presentes, estará Francisco José García-Roca, diácono permanente desde hace 12 años. Destinado en la parroquia San Fulgencio y San Bernardo, da vida a una vocación que se fraguó, desde muy pequeño, en el servicio y en la entrega hacia los más necesitados. Profesor, psicólogo y orientador, es consciente del regalo que Dios custodió, con una alianza perpetua, en sus entregadas manos.

¿Cómo nació tu vocación diaconal?

Todo comenzó con un compromiso hacia la Iglesia que yo tuve siempre. La gente de mi parroquia insistía en que que tenía vocación sacerdotal, pero yo veía que no era la mío y que mi vocación era el matrimonio. Y una vez casado, maduró esta llamada hacia este ministerio y comencé este camino.

¿Cuál es la labor de un diácono permanente?

Es una persona que está inmersa en medio del mundo, en las familias, en su mundo laboral, en su vecindad… Está en medio del mundo viviendo esta llamada al ministerio ordenado, que es una llamada muy especial y que, en la medida que puede, lleva a cabo esta función. Ha de conciliar su vida matrimonial, familiar, laboral, con este precioso servicio a la Iglesia.

Y, de manera especial, hacia los más necesitados, ¿no?

Así es. De principio a fin. Mi vocación está muy unida a las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta. El Señor me las puso muy cerquita, y tanto mi mujer como yo hemos colaborado con ellas, y ahí es donde surgió también esta vocación al servicio que es, a fin de cuentas, el diaconado.

Tu mujer y tus cuatro hijas cincelan y construyen, de la mano de Dios, tu ministerio… ¿Qué papel juegan las esposas en vuestro servicio?

Ese tema es esencial. Porque esto es una segunda llamada dentro de la llamada. Es una vocación que debe afianzar la primera, que es el matrimonio, y que la cuida y la engrandezca. El que recibe el sacramento del Orden es el diácono, pero esa gracia se desborda por la mujer de la familia. Y es importantísimo que la mujer acompañe al marido. De hecho, ella tiene que firmar antes de dar el visto bueno. Así que no es solo una tarea de acompañamiento, sino de decir que sí.

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Es, por tanto, un apoyo y, a la vez, una custodia…

Así es, al igual que san José, custodio del Redentor. Pues, a su imagen, la mujer es custodia de su marido diácono. Sí, es importantísimo el acompañamiento, y eso se lo decimos siempre a los aspirantes, que sus mujeres tienen que participar. Al principio, es verdad que lo demandan, porque parece que les van a quitar al marido. Pero, después, ellas son las primeras fansdel diaconado…

Este viernes os reunís con el cardenal Osoro. ¿Por qué es importante sentir tan cercano a vuestro pastor?

La historia del diaconado, que es desde el comienzo de la Iglesia, siempre ha sido una figura –la del diácono– que estaba ahí con el obispo, muy unido a él, siendo sus asistente, se puede decir. Y por eso es tan importante el reunirnos con él, porque D. Carlos, desde que llegó, nos alienta, anima y acompaña en la tarea.

¿Y de qué manera podéis los diáconos acompañar a la Iglesia que camina en Madrid?

En la actualidad, Madrid cuenta con un grupo de 35 diáconos, que ejercemos nuestro ministerio en las diversas áreas de atención pastoral. Y se están preparando unos 30. Aquí podemos ayudar muchísimo. Lo primero es el testimonio en nuestras vidas; ya sea en el trabajo, con nuestros vecinos, en la familia… Y, después, ayudando en todo lo litúrgico, allí donde los sacerdotes nos necesiten… Pero es verdad que, cuando tenemos los encuentros nacionales, siempre nos dicen que en Madrid estamos muy bien organizados y cuidados.

Un ministerio, sin duda alguna, inmarcesible…

Desde luego que sí. El ministerio es un regalo muy grande, que da mucha felicidad en el servicio. Con sus dificultades, como es normal, pero yo solo puedo dar gracias por este servicio. Ha sido un gran regalo en mi vida, en mi matrimonio, en mi familia y en todos los que están conmigo.

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Homilía del diácono Miguel Iturgoyen de Madrid por San Esteban

Celebración de San Esteban por la fraternidad diaconal de la archidiocesis de Madrid en la parroquia de San Fulgencio y San Bernardo el 26-XII-2018

El obispo de Getafe D. Ginés García Beltrán ordenará un nuevo diácono permanente en la Catedral

El obispo de Getafe, D. Ginés García Beltrán, presidirá el próximo domingo 9 de diciembre la ordenación como diácono permanente de David Corregidor Sanz, en una ceremonia que se celebrará en la Catedral Santa María Magdalena a las 19.00 horas.
Corregidor nació en Madrid en 1965 y es físico. Está casado con Begoña García Cabello desde 1991 y tiene dos hijas. Pertenece a la Parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús (Leganés), donde colabora en la catequesis de primera comunión y prebautismal, en las celebraciones litúrgicas y en Cáritas.
También es lector y acólito instituido.
Además, tiene el título de bachiller en Ciencias Religiosas por la Universidad San Dámaso de Madrid, en la que actualmente estudia la licenciatura en dicha rama teológica.

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Diocesis de Getafe

El cardenal Osoro subraya el ejemplo de los diáconos «para toda la gente que quiera ser servidora»

El pasado lunes, 3 de diciembre, el salón de actos de Alfa y Omega acogió la presentación del libro El diácono, pobre y fiel en lo poco, de Pedro Jara Vera. Además del autor estuvieron presentes el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro; el secretario del Comité Nacional para el Diaconado Permanente, Juan Carlos Mateo, y el director de EDICE, Manuel Fanjul; así como el encargado de esta realidad en la diócesis, el vicario Juan Carlos Vera.

«Gracias, Pedro, por este libro que nos has regalado y que ha sido fruto de la Palabra que has acogido en tu corazón». Con esta premisa, el arzobispo de Madrid agradeció al autor cada una de las páginas de la historia que ha escrito en forma de «meditaciones bíblicas en primera persona». Y lo hizo, también, con la esposa y los hijos del autor, pues «no habrías podido hacer el libro sin ellos», ya que «para escribir hace falta que nos den tiempo».

En esta línea, extendió su agradecimiento, de manera especial, «a quienes forman parte de los diáconos permanentes, que son las esposas e hijos, por el acompañamiento que realizan». Por esta razón, «en este libro habría que poner más autores, y son ellos también…», incidió el purpurado, con el consiguiente asentimiento del autor.

libroUn libro «que nos vale para todos»

Mediante el ejemplar, que «vale para toda la gente que quiera ser servidora», uno descubre cómo el diácono «tiene la configuración en su propia existencia de Cristo servidor». Es «una especie de tríptico, una pintura preciosa, donde en una parte está el pobre, en otra el fiel, y en el centro el diácono, que representa a Cristo». Todo ello «con una música de fondo, una melodía, que la ha ido captando a través del libro de Job, del joven rico y del texto de Filipenses donde el apóstol Pablo nos manifiesta quién es Jesucristo».

Recordando esa banda sonora que acompaña permanentemente la obra, el prelado incidió en su originalidad «porque no todo el mundo sabe escribir y poner música a lo que escribe», y Pedro «sabe escribir, sabe lo que dice y, encima, le pone música para que no nos durmamos y mantengamos la capacidad de escucha que requiere todo esto». Un libro «que nos vale a todos» y mediante el cual «yo me he sentido interpelado».

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«Es un privilegio inmerecido poder servir a Cristo en los pobres»

El autor, ligeramente emocionado y acompañado de su mujer y de sus cuatro hijos, reconoció su «pequeñez» ante un acto de tales características. El libro «ofrece una oportunidad de diálogo e intimidad con Cristo», reveló Pedro Jara, y «se hace hincapié en el servicio a los más débiles y olvidados del mundo: en ellos vive Cristo sufriente y es un privilegio inmerecido poder servir a Cristo en los pobres», donde «Cristo actualiza su Pasión cada día».

El diácono, confesó, «no solo va en nombre de Cristo y lleva su consuelo», sino que «en el servicio a los pobres toca el mismo cuerpo de Cristo». Es un privilegio, aseveró, que «obliga a descalzarse», como Moisés, ante la zarza ardiente –«Descálzate porque el terreno que pisas es sagrado»–, y «a entrar en la pobreza de Cristo». Momento que aprovechó para dejar constancia de su sentir más íntimo y profundo: «No se puede servir a los pobres si no es desde la pobreza, la humildad y la reverencia; no es posible nada de esto sin entregar la voluntad a la voluntad de Dios».

«Me siento totalmente indigno de cualquier cosa»

«No hay otra forma de visibilizar a Cristo siervo: que yo mengüe para que Dios crezca, que yo desaparezca para que sea Dios quien aparezca». Con estas palabras, el diácono permanente expuso su agradecimiento «porque el Señor un día me llamó a su Iglesia, y el primer fruto de este libro es la meditación de la Palabra de Dios». En este sentido, explicó que lo que el Señor le ha regalado solo por el hecho de meditar su Palabra, «ya sería suficiente para justificarlo». Y «por eso he querido que en el mismo cuerpo del texto lo primordial fuera la Palabra de Dios».

Esto «no es mío», reconoció, tomando el libro con sus manos. «A mí todo me lo ha enseñado la Iglesia, y necesito contarlo». En Cristo «está la vida», y «en Cristo siervo se fundamenta el misterio de nuestra salvación». Yo «me siento totalmente indigno de cualquier cosa», pero «doy gracias a Dios por haberme encontrado con Él». Y abrazado a esta acción de gracias, desveló una última petición: «Le pido que me siga salvando», porque «ni soy pobre, ni soy fiel en lo poco», pero «sé que este es el camino que quiere Cristo para mí y para mi salvación».

Por Carlos González en Infomadrid

Autor de ‘El diácono, pobre y fiel en lo poco’: «Es un privilegio inmerecido ver al Cristo sufriente en los enfermos y en los pobres»

7ba07d545489ed04130fe953692d4ed2_XL (1)El lunes 3 de diciembre, a las 19:00 horas, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, preside –en el Salón de Actos del semanario Alfa y Omega– la presentación del libro El diácono, pobre y fiel en lo poco, de Pedro Jara. Diácono permanente de la archidiócesis de Madrid desde hace siete años, está casado y tiene tres hijos. Cristiano de vocación y docente de profesión, conforma su identidad neocatecumenal y diaconal desde una pertenencia eclesial que plasma en un libro que nace por una intuición personal: «A lo largo de todo el proceso de formación y preparación, desde que siento la llamada al diaconado, uno acaba dándose cuenta de que la centralidad no está tanto en lo que hace un diácono, sino en lo que es». Y esa identidad, subraya, se resumen en «visibilizar dentro del mundo la imagen del Cristo siervo y servidor». A partir de ahí, «surge una reflexión de cómo se concreta esto de cara a todos los hermanos», y ese detalle «es lo que acontece en el libro».

«El libro es una obra de la Iglesia, no mía»

El autor destaca la satisfacción que supone la presencia del purpurado madrileño en el acto, pues «significa mucho» porque «es mi pastor y es un motivo de alegría». El libro, propone, «no es algo personal mío». De hecho, «me alegra mucho que lo haya editado EDICE –de la Conferencia Episcopal–, y que haya pasado por manos de comisiones y de obispos, porque si tiene que ser, que sea un fruto de la Iglesia y no de un autor concreto».

Para mí «supone un respaldo que sea el propio arzobispo quien lo presente», ya que «si así lo hace, es porque es un libro que sirve para dar gloria a Dios y para nuestros hermanos». Es, repite, una y otra vez, «una obra de la Iglesia, no mía», ya que «yo no he puesto ahí nada que no me haya regalado la Iglesia antes, desde que nací». Un libro, de principio a fin, para todos: «Es para todos aquellos que sirven a la Iglesia de cualquier modo».

«Todo se reduce a que somos pobres instrumentos»

Respecto al título –El diácono, pobre y fiel en lo poco–, Pedro reconoce que «es una de las facetas que se resaltan dentro del servicio a la Iglesia: o es desde la pobreza o no se pude servir a los pobres». El diácono, incide, con humildad y sin pretensiones insignes, «o entra dentro de la servidumbre del siervo de Yahvé, como el mismo Jesucristo en la Cruz, o no es capaz de visibilizar más que a sí mismo».

Esa es la «tensión» que gira en torno al libro. «Al final, ¿quién queremos que aparezca? ¿El diácono o Cristo al que representamos?», cuestiona el autor. Porque «todo se reduce a que somos pobres instrumentos» y que «nos hemos puesto en manos de Dios para que sea Él quien aparezca delante de nuestros hermanos».

«Cristo siervo es capaz de amarnos hasta el extremo»

Jara confiesa que la labor fundamental del diácono es «visibilizar dentro de la Iglesia y entre nuestros hermanos la figura de Cristo siervo», que «da la vida por todos nosotros y es capaz de amarnos hasta el extremo». Las formas que tiene el diácono de hacerlo es a través de la Palabra, la predicación, la liturgia y el ministerio de la caridad, «pero dejando que sea Dios el que obre».

El reto, afirma, «es ver en el otro a Cristo». En este sentido, enumera las «formas privilegiadas en las que se visibiliza a Cristo», como son «los pobres y las situaciones de debilidad y de fragilidad del ser humano». «Cuando nosotros servimos a los pobres, ya no solo desde el punto de vista material sino también espiritual, tenemos que tener en cuenta que les llevamos el consuelo de Cristo y que estamos viendo a Cristo en ellos». Es «un misterio y un privilegio inmerecido», concluye, «ver al Cristo sufriente en ellos y poder tocar a los enfermos y a los pobres».

por Carlos Gonzalez en Infomadrid

“Sois elegidos, sois amigos del Señor”: D. Juan Antonio Martínez Camino s.j., obispo auxiliar de Madrid ordena a dos diáconos en la Real Colegiata de San Isidro el 5 de mayo de 2018

Homilía de D. Juan Antonio Martínez Camino s.j., obispo auxiliar de Madrid en la ordenación de dos diáconos permanentes en la Real Colegiata de San Isidro el 5 de mayo de 2018

Colegiata de San Isidro

Madrid, 5 de mayo de 2018

Vísperas del VI Domingo de Pascua

 

Queridos señor Vicario episcopal y Presidente de la Comisión para el Diaconado, don Juan Carlos; sacerdotes concelebrantes; queridos diáconos y, muy especialmente queridos Guido y Pedro, con vuestras esposas, hijos, y demás familiares; queridos hermanos todos en el Señor:

 

Estamos muy contentos de celebrar hoy, en la víspera del VI Domingo de Pascua, esta Sagrada Liturgia, en la que Guido y Pedro van a ser ordenados diáconos. Con nosotros se alegra toda la Iglesia santa que peregrina en Madrid, porque desde hoy se verá enriquecida con el ministerio de estos dos hermanos nuestros.8

Estamos felices también de celebrar precisamente aquí, en esta Colegiata, ante las reliquias de San Isidro y de su esposa Santa María de la Cabeza, veneradas desde hace siglos por los madrileños (y todo el mundo católico) y custodiadas hoy en ese preciso retablo; aquí, donde yacen en el suelo, en esos sepulcros del pasillo central, algunos obispos de Madrid: quien fue el primero de todos, don Narciso Martínez Izquierdo, junto a las gradas del presbiterio; quien fue el primer arzobispo, don Casimiro Morcillo, a la entrada del templo; y el primero que fue cardenal, don Vicente Enrique y Tarancón.

La Iglesia católica es santa y apostólica. Bien nos lo recuerdan hoy aquí las memorias de los santos patronos de Madrid y los sepulcros de estos obispos que han sido entre nosotros sucesores de los apóstoles. ¡Iglesia, santa y apostólica! Vosotros, queridos amigos Guido y Pedro, estáis llamados a servirla como diáconos, ejerciendo el ministerio de la santificación y del apostolado para el Pueblo de Dios.

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  1. El sacramento que hoy recibís introduce un cambio muy importante en vuestro ser, en vuestra persona, porque os da parte de modo especial en el ministerio de Cristo, en el servicio que el Señor, presta a su Iglesia. Eso significa que sois objetivamente santificados, porque sois unidos de modo particular al único Santo; y significa también que estáis llamados de un modo especial a ser santos, es decir, a ser coherentes en todo vuestro sentir y actuar, con lo que realmente seréis desde hoy. Y ¿qué seréis y cuál será vuestra coherencia de vida? La Escritura Santa proclamada en este Domingo de Pascua nos lo indica: Sois elegidos, sois amigos del Señor.

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Todos los bautizados son elegidos por Dios para salir de las tinieblas del pecado y de la muerte y para entrar en la luz maravillosa del amor divino y de la vida eterna. Pero a vosotros, queridos amigos, el Señor os ha elegido para que lo ayudéis a Él en su servicio a todos los bautizados. Sí, fijáos bien – ya lo habéis notado en vuestra formación y vuestra oración – no sois vosotros quienes lo habéis elegido a Él; es Él quien os ha elegido a vosotros (cf. Jn 15, 16). ¡Qué maravilla ! ¡Menos mal! ¡Gracias a Dios! Porque si hubiéramos sido nosotros quienes lo hubiéramos elegido a Él,  hubiéramos sido nosotros los protagonistas, los actores. Pero ¿qué podemos hacer nosotros? ¿Podríamos habernos hecho amigos de Dios? ¿Podemos? Aristóteles decía que un filósofo, un ser humano, no puede ser amigo de Dios, porque entre los amigos tiene que haber proximidad, semejanza. En cambio, entre el hombre y Dios hay una distancia y una desemejanza absolutas. Pero Aristóteles no sabía – aunque tal vez intuía- que Dios, además de ser infinito y eterno, también se hizo pequeño en el seno de una mujer y siguió bajando todavía más, hasta morir nuestra muerte en una Cruz. Es ese Dios, queridos amigos, ése es quien nos elige y nos hace amigos suyos. Ha querido morir por nosotros, darnos su sangre, para devolvernos su amistad: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados” (Jn 1, 4,10).3

En las horas de desánimo y de oscuridad, piénsalo, querido diácono, para no caer en la tentación del abandono, de la traición. Es Él quien te ha elegido; no eres tú: no, no te has equivocado en tu elección, elección que ni siquiera fue tuya, sino de Él. Si hubiera sido tuya, sería normal que te vinieras abajo, que no quisieras perseverar en el lío de ayudar al Redentor. Pero es Él quien te ha elegido y dado su fuerza, su gracia, parte en su misión salvadora… una misión maravillosa, pero muy combatida: contra ella batallan el mundo y tus pasiones. Pero tú eres santo, eres amigo de Dios por elección divina. ¡Puedes ser fuerte!

En las horas de ánimo y de luz, medítalo también, para no caer en la tentación de la soberbia y de la vanagloria. Eres elegido, sí, eres amigo del Novio, sí. Eres santo y llamado a ser santo. Pero sólo porque él lo ha querido. No eres tú quien lo ha elegido a Él; es él quien te elige, quien te quiere, quien hace fecunda tu vida y ministerio de un modo misterioso y divino. ¡Puedes ser humilde!

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La meditación de esta maravilla de haber sido elegido por el Señor para ser su amigo, para compartir su misión, su cruz y su gloria, es la que hará tu vida coherente con tu santidad ministerial. Así te santificarás, al tiempo que ejerces el ministerio de la santificación administrando el bautismo y ejerciendo tu oficio de servicio al Pueblo santo.

Hoy invocamos todos aquí la intercesión de nuestros santos patronos, Isidro y María de la Cabeza, para que permanezcáis, como ellos, en el amor y la amistad de Dios, para que seáis santos y sirváis a los hermanos en el camino de la santidad.

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  1. No hay santidad personal sin apostolado: “os he elegido – dice el Señor – y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Jn 15, 16).

No podemos guardarnos para nosotros el don de Dios. Hemos de empeñar nuestra vida en comunicarlo. Eso es el apostolado: comunicar con nuestra vida y nuestra palabra que el Dios infinito y todopoderoso se ha hecho amigo nuestro y nos quiere a todos infinitamente, omnipotentemente: a nosotros, pequeños seres y grandes pecadores. La Iglesia está para eso. Su ser consiste en esa misión. A esta misión fueron enviados los apóstoles, son enviados sus sucesores, sois enviados vosotros. Para dar fruto y para que todos den fruto. ¿Qué fruto? Un fruto que permanezca… no cualquier fruto.

El fruto de la misión apostólica es mucho más sabroso y nutritivo que el de cualquier trabajo humano. Están muy bien los logros que ayudan a construir un mundo mejor, a organizar mejor las cosas de la sociedad, a que funcionen mejor los servicios, a que desaparezca el hambre y se repartan mejor los frutos de la tierra y del trabajo.

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Pero nada de eso se podría conseguir de verdad sin un fruto “que permanezca”. Porque ¿qué sucede cuando no se consigue la justicia en este mundo y cuando, de hecho, tantos y tantos han muerto de hambre o asesinados? ¿Qué esperanza habrá para ellos y para la Humanidad? Todo lo de este mundo está tocado por el pecado, es fragmentario y pasa. Pero el fruto del apostolado que los amigos de Dios están llamados a producir es un fruto divino, es un fruto eterno. Es el fruto que produce el sarmiento que está alimentado por la savia divina de la vid verdadera, es decir, por la sangre de Cristo (cf. Jn 15, 1ss). Es el fruto de vida eterna que produce el grano de trigo que cae en la tierra y muere, pero germina en una cosecha copiosa, sin proporción a su pequeñez. Es el fruto más fuerte que todo lo mezquino y lo caduco, más fuerte que la muerte: el fruto de vida producido solo el Amor de quien da la vida por sus amigos, el de la muerte gloriosa de Cristo. Pero también, ¡el fruto de nuestras vidas, queridos amigos, cuando las unimos a la muerte y la resurrección del Señor! ¡Un fruto de vida eterna que transfigura la vida terrena!

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Hoy más que nunca, el apostolado ha de producir esos frutos de Vida eterna. Porque el mundo ha arrebatado a tantos hermanos la esperanza: ¡la esperanza de la Vida eterna!. Porque tantos viven engañados por un supuesto paraíso en la tierra. Porque esa mentira seca la esperanza y hace imposible la fraternidad y la justicia.

Queridos amigos Guido y Pedro: ayudad con vuestro ministerio a los sucesores de los apóstoles a ser testigos de la resurrección, de la Vida eterna. No os conforméis con menos. Sed santos. Para que la alegría del Resucitado esté en vosotros y sea completa en su Iglesia.

Que la Madre de la Iglesia, Santa María de la Almudena, y Nuestra Señora del Buen Consejo, sea tratada por vosotros siempre con cariño de hijos. Por ella somos todos hijos y amigos de Dios. ¡Madre de la Iglesia, ruega por estos hijos tuyos y por todos nosotros! Amén

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A Pedro antes de su ordenación como diácono

¡Qué poco queda Pedro para que te encuentres postrado en el suelo de la Colegiata, frente al altar y el cuerpo del santo madrileño, escuchando la letanía de los santos…”Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, …,San Isidro, ruega por nosotros…”, celebración en la que tu alma será marcada con el carácter sacramental por la imposición de las manos de D. Juan Antonio, nuestro querido obispo auxiliar, y la oración consecratoria en la que se recordará a Esteban, Felipe y los otros siete primeros a los que impusieron las manos los apóstoles. ¡Qué no te tiemble el pulso cuando, ya configurado con Cristo Siervo y revestido con la estola y la dalmática, tengas que elevar la Copa de la Salvación!

Y es que parece que fue ayer cuando nos conocimos en casa de tu compañera del CEU Mercedes,  y transcurridos unos pocos días la llamada de ella para pedirme permiso para darte mi número de teléfono, porque querías hablar conmigo para hacerme llegar tus inquietudes hacia el diaconado. Quedamos en un sitio precioso, el hogar de enfermos terminales de SIIDA de las misioneras de la caridad de la madre Teresa de Calcuta. ¿Y qué te iba a decir yo? Pues..¡adelante, no tengas miedo, vale la pena, no te arrepentirás!. Te hice ver que emprenderías un camino duro, pero que en esto notarás que “dando se recibe”, y que verdaderamente se recibe el “ciento por uno”. Lo cierto es que me sorprendió que tú reunías todos los requisitos para el comienzo del discernimiento propedéutico, incluidos el apoyo de tu mujer Alicia y de tus hijos, y el ser animado por tu comunidad parroquial, en especial por tu párroco. Todo lo anterior unido a una estabilidad laboral y un horario de trabajo compatible.

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“¡Qué no te tiemble el pulso al elevar la Copa de la Salvación”

¡Y qué bueno ha sido que hayáis formado Alicia y tú parte del grupo de tutorías que Belén y yo acompañamos! ¡Cuántos momentos compartidos! ¡Y qué modelo de matrimonio cristiano y entrega familiar que nos dais! Aprovecho para daros las gracias por tanto que nos habéis aportado como ejemplo de familia, de Iglesia doméstica y de servicio desinteresado.

Pedro, sé que la ordenación coincidirá en fechas no lejanas a la muerte de tu madre y ello hará que se empañen tus ojos por no poderla tener presente físicamente en estos momentos tan entrañables, pero ten la certeza de su presencia espiritual desde el cielo en la comunión de los santos.

Me gustaría que supieras que si hay una virtud en la que te hemos visto sobresalir es en la humildad. Prueba de ello es que no me enteré de tu extraordinario currículo, no solo de títulos (doctorado y másteres), publicaciones (más de 40) e incluso premios (Premio Ángel Herrera a la mejor labor docente 2010 y Premio Ángel Herrera a la mejor labor de investigación 2012), hasta que se te pidió la información para los ministerios de acólito-lector. También me sorprendió que trabajando en el CEU no formases parte de la AC de Propagandistas y me confirmaste que el motivo era que no querías que dicha pertenencia te sirviese de ayuda en tu carrera profesional. Y Pedro, puedo asegurar, que en el camino emprendido por ti hacia el diaconado no existen motivaciones económicas, ni de poder, ni de evasión de otros deberes, sino un deseo de servicio a Jesucristo, a su Iglesia y a los hermanos.

Por todo ello acabo exclamando ¡Qué bueno es el Señor!…por regalarnos vocaciones al diaconado como la tuya,…por regalarme a ti como amigo y ahora ya como hermano. ¡Bienvenido Pedro al número de los diáconos de Jesucristo! ¡Gloria a Dios!

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Pedro da de comulgar a su mujer, Alicia

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El cardenal Carlos Osoro abraza a Pedro después de instituirlo acólito y lector

 

El sábado 5 de mayo de 2019 serán ordenados diáconos Pedro Jiménez Gómez y Guido Jiménez Alvarado en la Colegiata de San Isidro de Madrid

Después de completar  cinco cursos de formación para el diaconado permanente, el sábado 5 de mayo a las 20:00 horas en la Colegiata de San Isidro, la que fue catedral de Madrid, serán ordenados diáconos, los candidatos D. Pedro Jiménez Gómez y D. Guido Jiménez Alvarado.


Pedro Antonio Jiménez Gómez 
 (30/X/1971),

Está casado con Doña Alicia Moreno Valentín desde octubre de 1997 y son padres de Juan Pedro, María de la Paloma e Isabel Qinday.

Pertenece a la parroquia de San Miguel Arcángel  de Moralzarzal

Algunos datos de Pedro:pedro

 Es Licenciado en Ciencias Biológicas (Universidad Complutense Madrid), Doctor por la Universidad San Pablo CEU, Gestor y Auditor Europeo de los sistemas de Gestión de la Calidad y de los Sistemas de Gestión del medio ambiente. (European Organization for Quality), Técnico superior en Prevención de Riesgos laborales en las especialidades de Ergonomía y Psicosociología, Seguridad e Higiene industrial, Máster Universitario Business Administration. Autor de más de 40 publicaciones científicas en revistas científicas, es el responsable del Área de promoción de la Salud (Fundación Universitaria San Pablo CEU). Ha sido Premio Ángel Herrera a la mejor labor docente 2010 y Premio Ángel Herrera a la mejor labor de investigación 2012.

Trabaja como profesor titular responsable del Área de Microbiología de la Universidad San Pablo CEU.

 Guido Ramiro Jiménez Alvarado (14/01/1966)

Está casado con Doña Faly Daza  Díaz y son padres de Rocio y Pablo.

Pertenece a la parroquia de Santa María Madre de la Iglesia

Algunos datos de Guido:

Diplomado en Filosofía (egresado): Universidad Católica del Azuay-Ecuador en 1991, y  Diplomado en Teología (egresado): Universidad Católica del Azuay-Ecuador en 1994. Finalizado estudios de Bachiller de Ciencias Religiosas: Universidad San Dámaso, Madrguidoid en 2017, asistente Pedagógico (Educación Social), Universidad Politécnica Salesiana de Ecuador, en 1998,  Educación Social (Habilitación Profesional), Colegio de Educadores Sociales de Madrid en 2011, Experto Universitario en la gestión de Entidades sin ánimo de lucro”, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en 2005,  Experto en Montaje de Comunidades Terapéuticas para adolescentes, por el Centro Terapéutico San Gregorio de Bogotá en 1999,  Técnico en instalación y mantenimiento de energías renovables, Centro Fomento Profesional, en 2010.

Trabaja como  “Coordinador del Programa de Pisos de acogida de Menores Tutelados” por la Comunidad de Madrid, en la Fundación G.E. Social desde hace 11 años hasta a la actualidad. Ha sido “Coordinador del Programa de Pisos de acogida de adolescentes tutelados” por la Comunidad de Madrid, en la Asociación Mensajeros de la Paz-Madrid, durante 6 años.  Técnico de Proyectos de Cooperación Internacional para el Desarrollo, en la Fundación Mensajeros de la Paz-Ecuador, durante 10 años y  “Director de Programas y Proyectos de Protección de Menores” de la Fundación Mensajeros de la Paz-Ecuador, durante 6 años.Colegiata_de_San_Isidro_(Madrid)_14