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“Sois elegidos, sois amigos del Señor”: D. Juan Antonio Martínez Camino s.j., obispo auxiliar de Madrid ordena a dos diáconos en la Real Colegiata de San Isidro el 5 de mayo de 2018

Homilía de D. Juan Antonio Martínez Camino s.j., obispo auxiliar de Madrid en la ordenación de dos diáconos permanentes en la Real Colegiata de San Isidro el 5 de mayo de 2018

Colegiata de San Isidro

Madrid, 5 de mayo de 2018

Vísperas del VI Domingo de Pascua

 

Queridos señor Vicario episcopal y Presidente de la Comisión para el Diaconado, don Juan Carlos; sacerdotes concelebrantes; queridos diáconos y, muy especialmente queridos Guido y Pedro, con vuestras esposas, hijos, y demás familiares; queridos hermanos todos en el Señor:

 

Estamos muy contentos de celebrar hoy, en la víspera del VI Domingo de Pascua, esta Sagrada Liturgia, en la que Guido y Pedro van a ser ordenados diáconos. Con nosotros se alegra toda la Iglesia santa que peregrina en Madrid, porque desde hoy se verá enriquecida con el ministerio de estos dos hermanos nuestros.8

Estamos felices también de celebrar precisamente aquí, en esta Colegiata, ante las reliquias de San Isidro y de su esposa Santa María de la Cabeza, veneradas desde hace siglos por los madrileños (y todo el mundo católico) y custodiadas hoy en ese preciso retablo; aquí, donde yacen en el suelo, en esos sepulcros del pasillo central, algunos obispos de Madrid: quien fue el primero de todos, don Narciso Martínez Izquierdo, junto a las gradas del presbiterio; quien fue el primer arzobispo, don Casimiro Morcillo, a la entrada del templo; y el primero que fue cardenal, don Vicente Enrique y Tarancón.

La Iglesia católica es santa y apostólica. Bien nos lo recuerdan hoy aquí las memorias de los santos patronos de Madrid y los sepulcros de estos obispos que han sido entre nosotros sucesores de los apóstoles. ¡Iglesia, santa y apostólica! Vosotros, queridos amigos Guido y Pedro, estáis llamados a servirla como diáconos, ejerciendo el ministerio de la santificación y del apostolado para el Pueblo de Dios.

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  1. El sacramento que hoy recibís introduce un cambio muy importante en vuestro ser, en vuestra persona, porque os da parte de modo especial en el ministerio de Cristo, en el servicio que el Señor, presta a su Iglesia. Eso significa que sois objetivamente santificados, porque sois unidos de modo particular al único Santo; y significa también que estáis llamados de un modo especial a ser santos, es decir, a ser coherentes en todo vuestro sentir y actuar, con lo que realmente seréis desde hoy. Y ¿qué seréis y cuál será vuestra coherencia de vida? La Escritura Santa proclamada en este Domingo de Pascua nos lo indica: Sois elegidos, sois amigos del Señor.

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Todos los bautizados son elegidos por Dios para salir de las tinieblas del pecado y de la muerte y para entrar en la luz maravillosa del amor divino y de la vida eterna. Pero a vosotros, queridos amigos, el Señor os ha elegido para que lo ayudéis a Él en su servicio a todos los bautizados. Sí, fijáos bien – ya lo habéis notado en vuestra formación y vuestra oración – no sois vosotros quienes lo habéis elegido a Él; es Él quien os ha elegido a vosotros (cf. Jn 15, 16). ¡Qué maravilla ! ¡Menos mal! ¡Gracias a Dios! Porque si hubiéramos sido nosotros quienes lo hubiéramos elegido a Él,  hubiéramos sido nosotros los protagonistas, los actores. Pero ¿qué podemos hacer nosotros? ¿Podríamos habernos hecho amigos de Dios? ¿Podemos? Aristóteles decía que un filósofo, un ser humano, no puede ser amigo de Dios, porque entre los amigos tiene que haber proximidad, semejanza. En cambio, entre el hombre y Dios hay una distancia y una desemejanza absolutas. Pero Aristóteles no sabía – aunque tal vez intuía- que Dios, además de ser infinito y eterno, también se hizo pequeño en el seno de una mujer y siguió bajando todavía más, hasta morir nuestra muerte en una Cruz. Es ese Dios, queridos amigos, ése es quien nos elige y nos hace amigos suyos. Ha querido morir por nosotros, darnos su sangre, para devolvernos su amistad: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados” (Jn 1, 4,10).3

En las horas de desánimo y de oscuridad, piénsalo, querido diácono, para no caer en la tentación del abandono, de la traición. Es Él quien te ha elegido; no eres tú: no, no te has equivocado en tu elección, elección que ni siquiera fue tuya, sino de Él. Si hubiera sido tuya, sería normal que te vinieras abajo, que no quisieras perseverar en el lío de ayudar al Redentor. Pero es Él quien te ha elegido y dado su fuerza, su gracia, parte en su misión salvadora… una misión maravillosa, pero muy combatida: contra ella batallan el mundo y tus pasiones. Pero tú eres santo, eres amigo de Dios por elección divina. ¡Puedes ser fuerte!

En las horas de ánimo y de luz, medítalo también, para no caer en la tentación de la soberbia y de la vanagloria. Eres elegido, sí, eres amigo del Novio, sí. Eres santo y llamado a ser santo. Pero sólo porque él lo ha querido. No eres tú quien lo ha elegido a Él; es él quien te elige, quien te quiere, quien hace fecunda tu vida y ministerio de un modo misterioso y divino. ¡Puedes ser humilde!

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La meditación de esta maravilla de haber sido elegido por el Señor para ser su amigo, para compartir su misión, su cruz y su gloria, es la que hará tu vida coherente con tu santidad ministerial. Así te santificarás, al tiempo que ejerces el ministerio de la santificación administrando el bautismo y ejerciendo tu oficio de servicio al Pueblo santo.

Hoy invocamos todos aquí la intercesión de nuestros santos patronos, Isidro y María de la Cabeza, para que permanezcáis, como ellos, en el amor y la amistad de Dios, para que seáis santos y sirváis a los hermanos en el camino de la santidad.

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  1. No hay santidad personal sin apostolado: “os he elegido – dice el Señor – y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Jn 15, 16).

No podemos guardarnos para nosotros el don de Dios. Hemos de empeñar nuestra vida en comunicarlo. Eso es el apostolado: comunicar con nuestra vida y nuestra palabra que el Dios infinito y todopoderoso se ha hecho amigo nuestro y nos quiere a todos infinitamente, omnipotentemente: a nosotros, pequeños seres y grandes pecadores. La Iglesia está para eso. Su ser consiste en esa misión. A esta misión fueron enviados los apóstoles, son enviados sus sucesores, sois enviados vosotros. Para dar fruto y para que todos den fruto. ¿Qué fruto? Un fruto que permanezca… no cualquier fruto.

El fruto de la misión apostólica es mucho más sabroso y nutritivo que el de cualquier trabajo humano. Están muy bien los logros que ayudan a construir un mundo mejor, a organizar mejor las cosas de la sociedad, a que funcionen mejor los servicios, a que desaparezca el hambre y se repartan mejor los frutos de la tierra y del trabajo.

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Pero nada de eso se podría conseguir de verdad sin un fruto “que permanezca”. Porque ¿qué sucede cuando no se consigue la justicia en este mundo y cuando, de hecho, tantos y tantos han muerto de hambre o asesinados? ¿Qué esperanza habrá para ellos y para la Humanidad? Todo lo de este mundo está tocado por el pecado, es fragmentario y pasa. Pero el fruto del apostolado que los amigos de Dios están llamados a producir es un fruto divino, es un fruto eterno. Es el fruto que produce el sarmiento que está alimentado por la savia divina de la vid verdadera, es decir, por la sangre de Cristo (cf. Jn 15, 1ss). Es el fruto de vida eterna que produce el grano de trigo que cae en la tierra y muere, pero germina en una cosecha copiosa, sin proporción a su pequeñez. Es el fruto más fuerte que todo lo mezquino y lo caduco, más fuerte que la muerte: el fruto de vida producido solo el Amor de quien da la vida por sus amigos, el de la muerte gloriosa de Cristo. Pero también, ¡el fruto de nuestras vidas, queridos amigos, cuando las unimos a la muerte y la resurrección del Señor! ¡Un fruto de vida eterna que transfigura la vida terrena!

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Hoy más que nunca, el apostolado ha de producir esos frutos de Vida eterna. Porque el mundo ha arrebatado a tantos hermanos la esperanza: ¡la esperanza de la Vida eterna!. Porque tantos viven engañados por un supuesto paraíso en la tierra. Porque esa mentira seca la esperanza y hace imposible la fraternidad y la justicia.

Queridos amigos Guido y Pedro: ayudad con vuestro ministerio a los sucesores de los apóstoles a ser testigos de la resurrección, de la Vida eterna. No os conforméis con menos. Sed santos. Para que la alegría del Resucitado esté en vosotros y sea completa en su Iglesia.

Que la Madre de la Iglesia, Santa María de la Almudena, y Nuestra Señora del Buen Consejo, sea tratada por vosotros siempre con cariño de hijos. Por ella somos todos hijos y amigos de Dios. ¡Madre de la Iglesia, ruega por estos hijos tuyos y por todos nosotros! Amén

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A Pedro antes de su ordenación como diácono

¡Qué poco queda Pedro para que te encuentres postrado en el suelo de la Colegiata, frente al altar y el cuerpo del santo madrileño, escuchando la letanía de los santos…”Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, …,San Isidro, ruega por nosotros…”, celebración en la que tu alma será marcada con el carácter sacramental por la imposición de las manos de D. Juan Antonio, nuestro querido obispo auxiliar, y la oración consecratoria en la que se recordará a Esteban, Felipe y los otros siete primeros a los que impusieron las manos los apóstoles. ¡Qué no te tiemble el pulso cuando, ya configurado con Cristo Siervo y revestido con la estola y la dalmática, tengas que elevar la Copa de la Salvación!

Y es que parece que fue ayer cuando nos conocimos en casa de tu compañera del CEU Mercedes,  y transcurridos unos pocos días la llamada de ella para pedirme permiso para darte mi número de teléfono, porque querías hablar conmigo para hacerme llegar tus inquietudes hacia el diaconado. Quedamos en un sitio precioso, el hogar de enfermos terminales de SIIDA de las misioneras de la caridad de la madre Teresa de Calcuta. ¿Y qué te iba a decir yo? Pues..¡adelante, no tengas miedo, vale la pena, no te arrepentirás!. Te hice ver que emprenderías un camino duro, pero que en esto notarás que “dando se recibe”, y que verdaderamente se recibe el “ciento por uno”. Lo cierto es que me sorprendió que tú reunías todos los requisitos para el comienzo del discernimiento propedéutico, incluidos el apoyo de tu mujer Alicia y de tus hijos, y el ser animado por tu comunidad parroquial, en especial por tu párroco. Todo lo anterior unido a una estabilidad laboral y un horario de trabajo compatible.

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“¡Qué no te tiemble el pulso al elevar la Copa de la Salvación”

¡Y qué bueno ha sido que hayáis formado Alicia y tú parte del grupo de tutorías que Belén y yo acompañamos! ¡Cuántos momentos compartidos! ¡Y qué modelo de matrimonio cristiano y entrega familiar que nos dais! Aprovecho para daros las gracias por tanto que nos habéis aportado como ejemplo de familia, de Iglesia doméstica y de servicio desinteresado.

Pedro, sé que la ordenación coincidirá en fechas no lejanas a la muerte de tu madre y ello hará que se empañen tus ojos por no poderla tener presente físicamente en estos momentos tan entrañables, pero ten la certeza de su presencia espiritual desde el cielo en la comunión de los santos.

Me gustaría que supieras que si hay una virtud en la que te hemos visto sobresalir es en la humildad. Prueba de ello es que no me enteré de tu extraordinario currículo, no solo de títulos (doctorado y másteres), publicaciones (más de 40) e incluso premios (Premio Ángel Herrera a la mejor labor docente 2010 y Premio Ángel Herrera a la mejor labor de investigación 2012), hasta que se te pidió la información para los ministerios de acólito-lector. También me sorprendió que trabajando en el CEU no formases parte de la AC de Propagandistas y me confirmaste que el motivo era que no querías que dicha pertenencia te sirviese de ayuda en tu carrera profesional. Y Pedro, puedo asegurar, que en el camino emprendido por ti hacia el diaconado no existen motivaciones económicas, ni de poder, ni de evasión de otros deberes, sino un deseo de servicio a Jesucristo, a su Iglesia y a los hermanos.

Por todo ello acabo exclamando ¡Qué bueno es el Señor!…por regalarnos vocaciones al diaconado como la tuya,…por regalarme a ti como amigo y ahora ya como hermano. ¡Bienvenido Pedro al número de los diáconos de Jesucristo! ¡Gloria a Dios!

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Pedro da de comulgar a su mujer, Alicia

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El cardenal Carlos Osoro abraza a Pedro después de instituirlo acólito y lector

 

El sábado 5 de mayo de 2019 serán ordenados diáconos Pedro Jiménez Gómez y Guido Jiménez Alvarado en la Colegiata de San Isidro de Madrid

Después de completar  cinco cursos de formación para el diaconado permanente, el sábado 5 de mayo a las 20:00 horas en la Colegiata de San Isidro, la que fue catedral de Madrid, serán ordenados diáconos, los candidatos D. Pedro Jiménez Gómez y D. Guido Jiménez Alvarado.


Pedro Antonio Jiménez Gómez 
 (30/X/1971),

Está casado con Doña Alicia Moreno Valentín desde octubre de 1997 y son padres de Juan Pedro, María de la Paloma e Isabel Qinday.

Pertenece a la parroquia de San Miguel Arcángel  de Moralzarzal

Algunos datos de Pedro:pedro

 Es Licenciado en Ciencias Biológicas (Universidad Complutense Madrid), Doctor por la Universidad San Pablo CEU, Gestor y Auditor Europeo de los sistemas de Gestión de la Calidad y de los Sistemas de Gestión del medio ambiente. (European Organization for Quality), Técnico superior en Prevención de Riesgos laborales en las especialidades de Ergonomía y Psicosociología, Seguridad e Higiene industrial, Máster Universitario Business Administration. Autor de más de 40 publicaciones científicas en revistas científicas, es el responsable del Área de promoción de la Salud (Fundación Universitaria San Pablo CEU). Ha sido Premio Ángel Herrera a la mejor labor docente 2010 y Premio Ángel Herrera a la mejor labor de investigación 2012.

Trabaja como profesor titular responsable del Área de Microbiología de la Universidad San Pablo CEU.

 Guido Ramiro Jiménez Alvarado (14/01/1966)

Está casado con Doña Faly Daza  Díaz y son padres de Rocio y Pablo.

Pertenece a la parroquia de Santa María Madre de la Iglesia

Algunos datos de Guido:

Diplomado en Filosofía (egresado): Universidad Católica del Azuay-Ecuador en 1991, y  Diplomado en Teología (egresado): Universidad Católica del Azuay-Ecuador en 1994. Finalizado estudios de Bachiller de Ciencias Religiosas: Universidad San Dámaso, Madrguidoid en 2017, asistente Pedagógico (Educación Social), Universidad Politécnica Salesiana de Ecuador, en 1998,  Educación Social (Habilitación Profesional), Colegio de Educadores Sociales de Madrid en 2011, Experto Universitario en la gestión de Entidades sin ánimo de lucro”, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en 2005,  Experto en Montaje de Comunidades Terapéuticas para adolescentes, por el Centro Terapéutico San Gregorio de Bogotá en 1999,  Técnico en instalación y mantenimiento de energías renovables, Centro Fomento Profesional, en 2010.

Trabaja como  “Coordinador del Programa de Pisos de acogida de Menores Tutelados” por la Comunidad de Madrid, en la Fundación G.E. Social desde hace 11 años hasta a la actualidad. Ha sido “Coordinador del Programa de Pisos de acogida de adolescentes tutelados” por la Comunidad de Madrid, en la Asociación Mensajeros de la Paz-Madrid, durante 6 años.  Técnico de Proyectos de Cooperación Internacional para el Desarrollo, en la Fundación Mensajeros de la Paz-Ecuador, durante 10 años y  “Director de Programas y Proyectos de Protección de Menores” de la Fundación Mensajeros de la Paz-Ecuador, durante 6 años.Colegiata_de_San_Isidro_(Madrid)_14

La reinstauración del diaconado en Madrid y las primeras ordenaciones

REINSTAURACIÓN EN MADRID

Ante la demanda de la ordenación de diáconos permanentes proveniente de distintos sectores de la Iglesia Diocesana de Madrid y para dar respuesta a estas inquietudes, se nombra una comisión que realiza un borrador preparatorio  para que en el  Consejo Presbiteral de la Archidiócesis sea planteada en su reunión de 8 de marzo de 1982 la reinstauración de este ministerio en la diócesis.

El cardenal arzobispo de Madrid-Alcalá, D. Álgen Suquia Goicoechea

El cardenal arzobispo de Madrid-Alcalá, D. Ángel Suquia Goicoechea

Se aprueba en líneas generales esta reinstauración con la propuesta de elaborar previamente un directorio de instauración siendo encomendada dicha tarea a una comisión de presbíteros diocesanos presidida por el Delegado Episcopal de Agentes de Pastoral. El 16 de enero de 1984 el Consejo Episcopal aprueba en líneas generales dicho directorio de instauración sumando una serie de observaciones y sugerencias, para ello el Señor Arzobispo Don Ángel Suquia nombra una comisión presidida por el Señor Obispo Auxiliar Don Alberto Iniesta para poner en práctica los criterios de selección y formación del directorio para la instauración del diaconado permanente en la Archidiócesis de Madrid y Alcalá. Por otra parte, el directorio de instaruración en España nos señala que “se crearán estructuras necesarias como la creación de una Comisión diocesana para el Diaconado Permanente y el nombramiento de un responsable”[1], que en el caso de Madrid recae sobre el presidente de esta Comisión. Se señala que estará integrada por varios presbíteros y en su tiempo también por diáconos bien experimentados, circunstancia aún no tomada en Madrid donde solo está formada por presbíteros.

Las funciones que puede desarrollar el diácono madrileño se desprenden de las tres funciones pastorales propias del ministerio ordenado realizándolas desde la misión recibida directamente del obispo y en comunión con el y su presbiterio:

  • El servicio de la Palabra , Homilías, Catequesis, Pastoral, enseñanza religiosa..etc
  • El servicio litúrgico, impartir solemnemente el bautismo y el matrimonio, celebraciones de la palabra, exposición y bendición eucarística, ritos de exequias…
  • Servicio de la caridad a los más pobres o más necesitados de liberación.

Sobre la elección de los candidatos al D.P se tendrá que tener en cuenta que partiendo de la experiencia religiosa de la escucha de la llamada de Dios en Cristo, para, desde el seguimiento como discípulo ser testigo de salvación en el servicio a los hermanos. Además de esta vocación se tendrá en cuenta lo siguiente: El sí generoso del candidato y el visto bueno tras el discernimiento de la Iglesia a través del Obispo y las personas por él asignadas. “El bautizado que se dispone a recibir el diaconado lo hace en primer lugar, porque en su manera de ser tiene una actitud y una aptitud, una disponibilidad y algunas cualidades que indican que podría hacerlo y quiere hacerlo, contando con la ayuda del Espíritu y para el mejor servicio de la comunidad. Si a esto se añade la oferta a la comunidad y la aceptación de ésta, rubricada por el obispo que coordina y representa a todas las comunidades, todo ello le da, aun bajo el aspecto de experiencia de rol y de imagen social, una estabilidad y una continuidad que explican el que, de hecho, se pueda suponer que su papel en la comunidad cristiana tiene una importancia y una repercusión habitual que no tendría de otra manera, si se limitara a echar una mano de cuando en cuando, sin una misión eclesial y sin una ayuda sacramental[2]

Diáconos trasladan el cuerpo del arzobispo emérito Ángel Suquia

Para la Iglesia de Madrid, se incide que pueden ser diáconos permanentes los jóvenes solteros que aceptan el compromiso del celibato perpetuo y los hombres de edad más madura, que tras cinco años por lo  menos de vida matrimonial deseen asumir este ministerio.

La edad mínima para la ordenación se establece en 25 años para el candidato soltero y de 35 para el casado con las dispensas tratadas anteriormente. En cuanto a la edad máxima, la Conferencia Episcopal señala que “la edad máxima quedará fijada alrededor de los 60 años”.[3]. Aunque en el directorio de la Archidiócesis de Madrid no hay dictada numéricamente una determinada edad máxima, si dice que será la Comisión Diocesana del D.P “la encargada de decidir en cada caso, contempladas las circunstancias de edad y salud del candidato[4]Habría que hacer notar que el margen de edad  da una ratio pequeña, entre 35 y 60, de tan solo 25 años, lo que limita considerablemente el número de candidatos que cumplen estos requisitos.

Un cuestión importante es saber si es cierta esa vocación a la vida diaconal, y se señala que por medio de tres vías puede el candidato descubrir la llamada de Dios al ejercicio de este ministerio:

  • A propuesta del Obispo o los Presbíteros, por necesidades pastorales, a alguna persona suficientemente conocida y experimentada en tareas apostólicas.
  • Por parte de una comunidad cristiana en la que el candidato vive su fe y practica el testimonio cristiano.
  • Por el deseo personal del candidato.

Se señala la exigencia de estabilidad en el destino pastoral, y más aún si éste es casado.

No debe nacer esta vocación como vía para aquellos que no son aptos para el presbiterado y se exigen determinadas actitudes personales, humanas, sociales y cristianas notables. Deben ser psíquicamente personas equilibradas. Deben tener vida profesional estable y un trabajo compatible con las exigencias del evangelio. Si están casados deben manifestar dedicación a la familia como esposos y si tienen hijos como padres. La mujer debe además de dar el consentimiento formal para la ordenación de su marido, ser capaz de compartir y colaborar con el en las tareas y exigencias propias del ministerio.

La archidiócesis señalan, las Normas de instauración, designará una comisión[5], que actualmente coincide con la Comisión Diocesana del D.P para la formación de los diáconos permanentes, que en relación con el seminario conciliar y la facultad San Dámaso precise los contenidos y etapas del plan de formación.

Al profundizar en los posibles estados de los candidatos nos encontramos con una discrepancia entre el Directorio de Madrid con el de la Santa Sede, al subrayar el Pontificio que está indicado , “ante todo para solteros o viudos” [6] mientras que el madrileño señala que “aunque los candidatos pueden ser célibes o casados, la experiencia actual parece indicar la procedencia mayoritaria de los casados, orientándose más bien los célibes hacia el presbiterado”[7]. De esto último podría comentarse que la vocación diaconal es distinta a la prebiterial, por lo que no se entiende que aquel que siente la llamada al estado diaconal, por el hecho de ser soltero, sea orientado a otra vocación distinta, la presbiteral. “No se trata de suprimir a los presbíteros, cuyo ministerio sigue siendo muy importante e indispensable a la comunidad, pero que está siendo resituado y reformulado en el rol eclesial, sino de llenar un inmenso espacio pastoral entre aquéllos y el pueblo de Dios, frecuentemente vacío por imposibilidad tanto material como vocacional por no haber suficiente número de presbíteros ni tampoco la suficiente cercanía, sintonía y digamos hasta contigüidad. Cuando el mismo vecino de enfrente de siempre, o el compañero de fábrica, o el dueño del bar de la esquina, sea el que entierre al hijo, o case a su hermano, pero profundamente, se habrá ayudado más a dar una imagen popular de Iglesia como pueblo y como comunidad que todos los sermones y pastorales que queramos pronunciar y escribir, sobre este aspecto que quiso conquistar el Vaticano II.”[8]

Se distinguen tres etapas fundamentales en la formación del diacono.
1. Presentación y admisión a la formación

  1. Formación
  2. Ordenación y misión.
  3. Presentación del diácono y admisión del mismo a la formación: Cuando el candidato presenta la petición a la Comisión Diocesana, comienza un proceso que no puede ser de más de un año de duración en el que el candidato con la compañía y el consejo de alguún sacerdote reponsable reflexionará sobre la llamada recibida. Se señala la importancia de la participación de la mujer del candidato en el caso de casados e incluso la de los hijos si la edad lo aconseja.

La Comisión Diocesana debe solicitar toda la información necesaria sobre el candidato para decidir sobre su acceso. Así mismo la Comisión proporcionará los elementos formativos necesarios, lecturas, cursillos, etc.

Al acabar este periodo propedéutico la Comisión dictaminará si puede acceder a la formación en el caso de ser positivo el dictamen se iniciará el proceso de formación, celebrándose el rito de admisión previsto en el ritual de órdenes.

  1. Formación del diácono permanente.

Este periodo no durará menos de tres años, pero se podrá proceder a una ordenación más rápida cuando el candidato posea una formación teológica de nivel superior, adquirida en algún centro eclesiástico[9]. En la Archidióceis de Madrid se exige al candidato los estudios de grado en ciencias religiosas (anigua diplomatura en ciencias religiosas) en el Instituto de Ciencias religiosas San Dámaso con duración de cuatro cursos lectivos- hasta el Plan Bolonia era de tres. No existe en este instituto de C.C.R.R ninguna especialidad específica para los estudiantes candidatos a diáconos permanentes, por lo que pueden elegir cualquiera de las ofertadas: enseñanza religiosa escolar, vida consagrada o pastoral. Esta formación se complementa con la impartida en el Seminario Conciliar, un sábado al mes .

Se señala que los estudios podrán ser posteriormente ampliados según la edad y condiciones del candidato y la misión a la que se destine.

Cabría señalar que la remuneración de la matrícula en el Instituto de Ciencias Religiosas con sus mensualidades son abonadas íntegramente por los candidatos, mientras que en otras diócesis se incentiva al candidato con estudios gratuitos o becados.

El directorio incluso aborda el caso en que sea necesario para la integración de la propia personalidad del candidato la colaboración de especialistas en ciencias humanas.que le ayuden  a orientar suficientemente los problemas humanos y sociales,

Se finalizará dicho periodo formativo con la institución de los ministerios de lector y acólito.

  1. Ordenación y misión:

Acabado el periodo de formación y tras el visto bueno de la Comisión encargada, el candidato podrá solicitar por escrito la ordenación al Arzobispo. En el caso de los casados, la esposa dará también por escrito su consentimiento para la ordenación.

Una vez realizada esta solicitud, se realizará una amplia consulta a todas las comunidades y personas, tanto en ámbitos eclesiales como de vecindad o trabajo que han mantenido una relación cercana con el candidato.ordenacio ramon

El Arzobispo será el último responsable para la ordenación una vez consultados lo anterior y la evaluación de la Comisión.

Si la decisión del Obispo es positiva, el candidato que da admitido a las órdenes, iniciándose la preparación de las mismas. Con la ordenación el diácono queda jurídicamente incardinado en la Archidiócesis de Madrid y entra a formar para en el clero de la misma, aunque no abandone su vida y su profesión civil entre los seglares, a las necesidades propias y de su familia con los ingresos obtenidos de su profesión civil. Si por necesidades de la Archidiócesis tiene que limitar su actividad laboral para una mayor dedicación al mismo, la administración proveerá su economía siguiendo los criterios que rigen para los presbíteros.La Comisión junto con el Seminario proveerá una formación permanente a los diáconos.

El responsable de los diáconos de la Archidiócesis de Madrid es su cardenal-arzobispo y éstos están encuadrados en la Vicaría para el Clero, supervisado por un obispo auxiliar y el vicario delegado. La Comisión Diocesana para el Diaconado Permanente está presidida por un sacerdote que la forman él junto a cinco presbíteros. El presidente de la Comisión delega en un presbitero perteneciente a la misma a efectos organizativos de formación permanente y éste en su secretario, un diácono.

 

PRIMERAS ORDENACIONES

Los cuatro primeros diáconos de la rachidiócesis fueron ordenados por el cardenal  arzobispo de Madrid-Alcalá D. Ángel Suquia Goicoechea el 7 de diciembre de 1986. Los candidatos D. Fernando Martínez Sabroso (ver noticia) , D. Olegario  Olayo Agustino, D. Juan García Biedma y D. Alejandro Cuesta Sacristán.[10]

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EL obispo auxiliar mons. Fco. José Pérez Fdez-Golfín impone las manos a D. Ramón Saa

Posteriormente en el seminario Conciliar fueron ordenados el 27 de octubre de 1990 por el entonces obispo auxiliar de Madrid-Alcalá D. Francisco José Pérez y Fernández-Golfín, D. Ramon Saa Echevarría, D. José Luis Gómez Toledo y D. Jesús Ruiz Gálvez.

Una vez efectuada la división de Madrid entres diócesis pasan a  ser los responsables:

Diócesis de Alcalá de Henares:

Mons. Juan Manuel Ureña y D. Jesús Rafael Roquero, pbto., Director espiritual: D. Juan Sánchez

Diócesis de Getafe:

Mons. Fco. José Pérez Fdez-Golfín, D. Jesús Rivas (ver noticia en este blog)

Archidiócesis de Madrid

Mons. Fco. Javier Martinez, D. Francisco Pérez González (actual arzobispo de Pamplona), Director Espiritual: D. Mateo González Camarma.

 

[1]Conferencia E. E.. Normas p.para la instauración del D. P. en España, oc. nº 10

[2] Alberto Iniesta.  Obispo Auxiliar de Madrid Escritos en la Arena. Caritas Española. PPC.,1.980

[3]Conferencia E.E. Normas b.s para la formación d. .p. oc, p-19

[4] Directorio para la Instauración del D.P en la Archidiócesis de Madrid-Alcalá. IV a). pg 142

[5] D.I. del D.P en la A. de Madrid-A. oc,. V c). pg 144

[6] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 29b y Congregación para el Clero Directorium Pro Ministerio Et Vita Diaconorum Permanentium Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes. El Estatuto Jurídico del diácono. de 22 de febrero del 1998. p.59

[7] D.I. del D.P en la A. de Madrid-A. oc,. V d). pg 144

[8] A.. Iniesta. PPC, oc

[9] D.I. del D.P en la A. de Madrid-A. oc,. V  p. 145

[10] D. Fernando Martinez Sabroso que llego a ser Presidente de Cáritas de España,

D. Olegario  Olayo Agustino, funcionario de Iberia con 19 hijos y 40 nietos

D. Alejandro Cuesta que al enviudar fue ordenado presbítero de la diocesís Complutense de Alcalá.

D. Juan García Biedma, diácono de la diócesis de Getafe. Ha sido Secretario particular durante veinte años de los Arzobispos Castrense de España, Mons. Estepa Llaurens y de Mons. Pérez Fernández. Igualmente fue Delegado de Enseñanza Religiosa Escolar Castrense. Ejerció el ministerio diaconal en las parroquias de Nuestra Señora de la Esperanza, un año, y cinco años en la Parroquia central de Nuestra Señora de la Asunción, en donde tenía la responsabilidad de toda la pastoral social y Cáritas y las relaciones ecuménicas e interreligiosas parroquiales. Asimismo colaboró durante tres años con Cáritas Madrid en donde departamento de Formación del Voluntariado y la creación de Equipos de Cáritas Parroquial, como profesor de Teología de la Caridad y Doctrina Social De la Iglesia; y con la central de Cáritas Getafe durante seis meses.

Como diácono de la Iglesia universal ha prestado sus servicios en la elaboración del Catecismo de la Iglesia católica; en el Directorio General de Catequesis; y en el Manual del Capellán Castrense. También prestó sus servicios como diácono y secretario del Encuentro Internacional de Pastoral Castrense celebrado en Madrid (1991); y del Congreso Iberoamericano de Pastoral y Ecumenismo, que reunió a obispos y delegados de Ecumenismo de todos los países iberoamericanos y del Caribe en Guadalupe (Cáceres, 1992).
Ha sido profesor de Introducción a la Biblia y al Ecumenismo y Diálogo Interreligioso y Sectas/Nuevos Movimientos Religiosos, desde 1990 a 2006, en el Centro Ecuménico “Misioneras de la Unidad” de Madrid. Y secretario de la revista “Pastoral Ecuménica”, editor del boletín InfoEkume y creador de la primera web del citado Centro Ecuménico.
Ha publicado numerosos trabajos en libros de Ecumenismo y en revistas especializadas de Pastoral.

 

Noticia en la prensa sobre la primera ordenación:

abc diaconos

Cardenal Osoro a los diáconos: “Vosotros lleváis a la persona de Cristo en vuestra propia vida”

Homilía del cardenal arzobispo D. Carlos Osoro Sierra en el Seminario Conciliar de Madrid el 19 de enero de 2018 en la Misa de Institución de acolito-lector de D.Pedro Jiménez, candidato a diácono permanente

Querido Juan Carlos, querido Andrés, queridos Diáconos, querido Pedro que vas a ser instituido lector y acolito; querida familia, queridas esposas de los diáconos, hermanos todos:

Para todos nosotros el misteria, el haber escuchado el misterio de esta página del primer libro de Samuel donde se nos narra una historia de odio representada por Saul y una historia de amor, de entrega, de dar vida, de servicio, representada por David.  Dos historias que convergen en esto que estamos celebrando aquí y nos ayuda a redescubrir; por una parte, lo que todos vosotros como diáconos, vivís. Habéis sido ordenados identificándoos con Jesucristo sacerdote no para entrega de muerte sino para entrega de vida. Al estilo de David se podría haber dado muerte a Saul y sin embargo responde “tú me has pagado con bienes, yo y te he pagado con males”.


Hacer siempre el favor más grande, y favor más grande es servir, servir al ser humano como lo hizo nuestro Señor Jesucristo, y es en esa identificación con nuestro Señor en la que vosotros, los diáconos, en libertad absoluta y pidiéndoselo a Iglesia, la Iglesia os ha querido regalar esta configuración con nuestro Señor Jesucristo a través de la ordenación de Diáconos.

Pedro, en este camino que estas iniciado para ordenarte diácono vas a recibir los ministerios de lector y de acolito. Son también ministerios de vida y de servicio. La palabra siempre puede ser palabra de vida o palabra de muerte. Palabra que ha convertirse en palabra buena. Palabra que restaura, palabra que acoge, palabra que distorsiona, elimina, rompe. El Señor te regala, antes de recibir el ministerio del Orden, este ministerio de lector para que lo que pase después de tu ordenación lo hagas ya ahora como un ministerio de la Iglesia para que sepas aprender y descubrir en la lectura de la palabra a Dios, para ti y para los demás, que es una palabra que tenemos hoy pero que es una palabra de vida, palabra que restaura, es palabra que nos marca una dirección y siempre en el dirección de servicio a los demás. Es palabra que consuela, es palabra que da sentido a todas las situaciones que nosotros podamos tener en la vida. Por tanto, es un camino también para vivir, que restaura, para que sirvas y te pongas al servicio de esta palabra.11

Y por otra parte también para establecer el servicio que nos ha de marcar. En ese servicio también está la oportunidad de la celebración y acogida de quien se hace realmente presente en el misterio de la Eucaristía se manifieste con una grandeza especial para nosotros.

Pero Jesucristo nos cambia, nos asimila a Él; por y para que esto sea posible. Y es también un gran servicio. Servicio que también comienza con este ministerio y que te ayudará a acercarte al diaconado con mucha más seguridad y con mucha más fuerza.

Dar vida, alimentar, construir, dar esperanza… Este es un servicio especial que concede el Señor y que desde este ministerio vas a recibir como ya tus compañeros diáconos lo hacen.

Yo quisiera decirte a ti y a todos los que estamos reunidos, familias, tres palabras. Tres hitos de nuestra vida; de los que son diáconos, de los que se están preparando, y también de quienes acompañáis esposas y familias. Tres palabras que acabamos de escuchar: Subir, llamar y ser compañeros y enviados.

Jesús, -nos dice el Evangelio- “mientras subía a la montaña…”. Las cosas más importantes que Jesús nos ha dicho siempre las hace, o desde la altura de una montaña o desde una llanura para que todos vean. El Señor nos invita hoy a subir. Donde se manifiesta el poder, la gloria y la grandeza de Dios y lo que vino ha hacer nuestro Señor por nosotros los hombres. Se manifestó en la transfiguración. El Señor cogió a los discípulos como estaban, cansados, perplejos, sin muchas comodidades, pero los cogió y los llevo a lo alto de una montaña, donde nos dice el Evangelio que nuestro Señor, se transfiguró. Y ellos sintieron la presencia de Dios. La presencia y la manifestación de la grandeza de un Jesús que llevaba unas vestiduras singulares y especiales que de alguna forma mostraban la manifestación de Dios delante de ellos.22

Mirad, para permanecer en la vida como servidores de los demás es necesario subir; es necesario establecer una relación directa, profunda con Jesús nuestro Señor. Porque si no, el riesgo que tenemos es que olvidemos lo que el Señor nos ha regalado. A vosotros os ha regado vuestro ministerio. El de un Dios que viene a este mundo y se pone a servir a los hombres, y se pone a servir también a los más pobres. Un Dios que por una parte nos ha dejado su palabra, para que vivamos de su palabra y por otra parte nos regala su propia presencia y nos quiere acampar con la presencia de Dios en la Eucarística como prolongación del misterio de la encarnación porque realmente es Cristo quien se presenta entre nosotros.

Pero para todo esto, para que se realice todo esto, es necesario Subir. Y Subir quiere decir, tener relación con el Señor, dejar que él os hable, dejar que Él nos diga y nos hable al corazón, dejar que Él nos diga lo que es importante y lo que nos es importante. Subir significa comprender al Señor y ver como se manifiesta su sabiduría en concreto para las demás personas, y esto es importante; Subir.

En segundo lugar; llamar. Aquí no estamos por nuestra voluntad, ni tu Pedro ni los que concelebramos. No es una ocurrencia que un día dijiste “yo quiero ser diacono”; o viniste a ver a alguien. Aquí no hay nadie por sus méritos. Ni yo, ni vosotros. El Señor se ha servido de circunstancias diversas para ganarnos a unos para ser Obispos y a vosotros para ser diáconos y para prepararnos para ello.33

El Señor nos hace un regalo. Porque es la presencia de Jesucristo mismo en medio de nosotros y así habéis sido ganados y entregados a los que sufren. No hay oposiciones especiales. No se logran ni las conquista por su estudio, por su valía, por su inteligencia … no. Aquí estáis llamados por nuestro Señor. Y estáis llamados para servir a la Iglesia y para, en definitiva, hacer los mismos servicios que el Señor hizo a través de su vida. Os diría que os podéis sentir especialmente importantes porque el Señor ha escrito todas las páginas de los Evangelios como un servicio a los hombres. El Señor se acercó a los hombres que estaban, se acercó a una mujer, una pobre viuda sin el único hijo que tenía… Todas las palabras de Evangelio están llenas de la diaconía del Señor, del servicio. Cuando los Apóstoles deciden que hay que dedicarse a predicar a Dios mismo explicando una serie de cosas que el Señor hizo, se lanzaron a buscar una serie de personas. Tomaron conciencia de llamados, es importante.  Ahora mismo Pedro, aunque sea en este ministerio como lector y acolito.44

En tercer lugar, no sólo hay que subir para estar con el Señor. No sólo hay que tomar conciencia de que somos llamados. El Señor nos pide que seamos compañeros y vivamos al servicio del Iglesia. Compañeros de Él y al servicio de la Iglesia. Compañeros de Cristo y por eso es tan importante que estemos vinculados al misterio de Cristo y unidos a la Iglesia. Como nos dice el Evangelio. Porque somos diáconos, compañeros de Cristo. Pero compañeros de Cristo ¿para qué? Para que salgáis a la misión. Tenemos que salir unidos, sabiendo de quién dependemos y la vida que tenemos; sabiendo entrar por los caminos reales por los que van los hombres, en las circunstancias concretas en las que nos envía a servir en estos momentos a ser diáconos. Y así somos enviados. Somos propagadores de una gran noticia, pero, sobre todo, propagadores de servicio, de vivir para los demás y de una forma singular, porque, fijaos que no son “ideas sobre el servicio” las que nos da el Señor, no. Jesús, Él es ese mismo servicio a los hombres, Él es. Vosotros lleváis a la persona de Cristo en vuestra propia vida. Un protagonista, el mismo Cristo. En medio de las circunstancias en la que yo esté, porque el Señor nos ha elegido para esto. Por eso es una gracia del Señor hoy, el que nosotros podamos experimentar, a través de la palabra, lo que el Señor nos pide para serle fieles; Subir, sentirnos amados y sentirnos enviados. Llamados a la misión.

Mirad, si la gente ve gestos concretos, cree. En el diaconado permanente que se restaura después del Concilio Vaticano II tiene unas obligaciones. Es importante entrar en ellas porque si no, no entendemos esto. No es una idea del Papa su restauración, no, no. Todas las constituciones, especialmente las que tratan de la situación del mundo, nos están hablado de que de que está surgiendo una época nueva entre los hombres. Nos lo hemos creído poco y más bien hemos barnizado. Estoy exagerando, ¿verdad?. El Concilio Vaticano II nos sitúa en una época que estamos viviendo ahora. Es una época nueva en la que, o somos directamente el rostro de Cristo, o no seremos creíbles. El Diaconado permanente se ha restaurado para que se muestre el rostro servidor de Cristo en medio de la Iglesia y en medio de esta humanidad. Tiene una razón, tiene una razón siempre, pero en la Iglesia quizá nos habíamos ocupado los sacerdotes de todo, había absorbido el ministerio sacerdotal todo. Era necesario en una época de la cristiandad que el ministerio sacerdotal lo asumiera todo. Pero en una época nueva misionera en la que tenemos que salir, es necesario que se establezca visiblemente esa diaconía. Cuando uno escucha a los jóvenes -y en este momento, como señala el sínodo, es necesario escuchar a los jóvenes-, fijaros la sensibilidad que tienen para entregarse al servicio de los pobres, a marcharse a pasar las vacaciones áfrica a los países más alejados y esto nos tiene que interpelar.
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Por eso es importante este paso tuyo para ser diacono. Es un momento importante para ti y para todos vosotros y todos vosotros, aspirantes y familias. No es una ocurrencia nuestra. Ni es una ocurrencia del Concilio Vaticano II. Cuando la Iglesia quiere iniciar cosas nuevas es necesario y es urgente que se manifieste el servicio a los hombres, en todas las dimensiones del servicio. Para servir, hay que subir, hay que sentirse amado y hay que marchar para encontrarnos con Cristo. Vamos a sentir que habéis sido llamados para servir hasta que regrese nuestro Señor Jesucristo. Estamos en la misión. Somos misioneros. Todo cristiano debe contagiar, y hacer realidad este contagio, y hacer realidad este mensaje. Preparación para vivir la diaconía de Jesucristo.

Que así sea.

El arzobispo de Madrid instituirá acólito y lector en el Seminario Conciliar de Madrid a Pedro Jiménez Gómez, candidato a diácono permanente

El próximo 19 de enero a las 20:00 horas en el Seminario Conciliar será instituido en los ministerios de acólito y lector Pedro Jiménez Gómez, candidato a diácono permanente por el cardenal arzobispo D. Carlos Osoro Sierra


Pedro Antonio Jiménez Gómez 
 (30/X/1971),

Está casado con Doña Alicia Moreno Valentín desde octubre de 1997 y son padres de Juan Pedro, María de la Paloma e Isabel Qinday.

Pertenece a la parroquia de San Miguel Arcángel  de Moralzarzal

Algunos datos de Pedro:

 Trabaja como profesor titular responsable del Área de Microbiología de la Universidad San Pablo CEU

  • Licenciado en Ciencias Biológicas (Universidad Complutense Madrid),
  • Doctor por la Universidad San Pablo CEU.
  • Gestor y Auditor Europeo de los sistemas de Gestión de la Calidad y de los Sistemas de Gestión del medio ambiente. (European Organization for Quality)
  • Técnico superior en Prevención de Riesgos laborales en las especialidades de Ergonomía y Psicosociología, Seguridad e Higiene industrial.
  • Máster Universitario Business Administration.
  • 40 publicaciones científicas en revistas científicas.
  • Responsable del Área de promoción de la Salud (Fundación Universitaria San Pablo CEU).
  • Premio Ángel Herrera a la mejor labor docente 2010.
  • Premio Ángel Herrera a la mejor labor de investigación 2012.pedro (2) - copia

Fallece D. Jesús Enrique García Rivas, el que fue responsable del Diaconado Permanente en Madrid

D. Jesús Enrique fue el responsable del Diaconado Permanente de la Archidiócesis de Madrid-Alcalá en 1991. Siguió los años 1992 y 1993 encargado del diaconado de las tres diócesis y tras un periodo en la vida monástica se hizo cargo de los diáconos permanentes de la diócesis de Getafe.liturgia3web

El sacerdote D. Jesús Enrique García Rivas, Delegado diocesano de Liturgia, ha fallecido en el Centro de Cuidados Paliativos ‘La Laguna’ en Madrid, la tarde del lunes 1 de enero  de 2018.
El obispo de Getafe, D. Joaquín María López de Andújar, presidirá hoy martes 2 de enero, la misa exequial a las 20.00 horas, en la capilla del tanatorio de Getafe donde descansan los restos mortales del sacerdote.
Mañana miércoles 3 de enero, a las 11.00 horas, el vicario general, D. Javier Romera, celebrará la eucaristía en el tanatorio.
A las 12.15 horas, el obispo diocesano presidirá el entierro en el cementerio viejo de Pinto.

 
Biografía
D. Jesús Enrique García Rivas nació en Getafe, en 1954. Fue ordenado sacerdote en 1978. Obtuvo su licenciatura en Teología Pastoral en la Universidad Pontificia de Salamanca. Su primera tarea fue como vicario parroquial, desde 1978 a 1982, en la Parroquia San Nicasio (Leganés). Desde 1982 a 1989 fue ecónomo de esa misma parroquia.
Durante dos periodos fue arcipreste en Leganés, en 1982 y en 1986. En 1983 fue nombrado miembro del Consejo Presbiteral de Madrid.
Fue incardinado en la Diócesis de Getafe en el año 1991 y destinado a la Parroquia Santo Domingo de Silos, en Pinto, donde fue párroco desde 1991 a 1998.
Desde 1998 hasta el año 2002 cursó sus estudios en el Pontificio Consejo de San Anselmo, en Roma, donde obtuvo su licenciatura en Sagrada Liturgia.
En el año 2002 fue nombrado Delegado diocesano de Liturgia, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento.

Apasionado de la fotografía y de la cultura italiana, sobre todo de la música y las diversas manifestaciones artísticas.  A lo largo de toda su vida mantuvo una ferviente actividad evangelizadora, que trasladó también a las redes sociales, incorporando el conocimiento de las nuevas tecnologías a la expansión de la doctrina de la Iglesia Católica, la difusión de la vida de los santos, y la defensa de la liturgia. A él se debe la preparación del calendario propio diocesano.

Que el Señor premie la entrega de su vida en el ministerio sacerdotal. Descanse en Paz.

Diocesis de Getafe

Festividad de San Esteban de la fraternidad diaconal de la archidiócesis de Madrid 2017

Un año más, los diáconos y aspirantes al diaconado de la archidiócesis de Madrid se reunieron el 26 de diciembre para celebrar juntos la fiesta de  San Esteban. Tuvo lugar en la parroquia de San Fulgencio y San Bernardo  sita en el Paseo de San Illán nº 9, donde se comenzó a las 20:15 horas con la Santa Misa, Posteriormente se compartió un ágape fraterno en los salones parroquiales.

Vídeo: testimonio vocacional del diácono Juan Antonio Montón

Vídeo: testimonio vocacional del diácono Francisco Gª-Roca