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Archivo de la categoría: Noticias diaconado Iglesia de España

El arzobispo de Madrid instituirá acólito y lector en el Seminario Conciliar de Madrid a Pedro Jiménez Gómez, candidato a diácono permanente

El próximo 19 de enero a las 20:00 horas en el Seminario Conciliar será instituido en los ministerios de acólito y lector Pedro Jiménez Gómez, candidato a diácono permanente por el cardenal arzobispo D. Carlos Osoro Sierra


Pedro Antonio Jiménez Gómez 
 (30/X/1971),

Está casado con Doña Alicia Moreno Valentín desde octubre de 1997 y son padres de Juan Pedro, María de la Paloma e Isabel Qinday.

Pertenece a la parroquia de San Miguel Arcángel  de Moralzarzal

Algunos datos de Pedro:

 Trabaja como profesor titular responsable del Área de Microbiología de la Universidad San Pablo CEU

  • Licenciado en Ciencias Biológicas (Universidad Complutense Madrid),
  • Doctor por la Universidad San Pablo CEU.
  • Gestor y Auditor Europeo de los sistemas de Gestión de la Calidad y de los Sistemas de Gestión del medio ambiente. (European Organization for Quality)
  • Técnico superior en Prevención de Riesgos laborales en las especialidades de Ergonomía y Psicosociología, Seguridad e Higiene industrial.
  • Máster Universitario Business Administration.
  • 40 publicaciones científicas en revistas científicas.
  • Responsable del Área de promoción de la Salud (Fundación Universitaria San Pablo CEU).
  • Premio Ángel Herrera a la mejor labor docente 2010.
  • Premio Ángel Herrera a la mejor labor de investigación 2012.pedro (2) - copia
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“No somos curas frustrados”, diácono Enrique Diéz

A pesar de que el diaconado permanente es poco conocido en nuestro país, se trata de un ministerio que tuvo gran difusión en la Iglesia antigua, sobre todo en el ejercicio del servicio a los más necesitados y la administración de los bienes, y ya aparece en los Hechos de los Apóstoles, si bien hacia el siglo VIII esa figura desapareció. En el Vaticano II se instaura de nuevo el diaconado como un estado permanente que pueden recibir incluso los hombres casados.

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Enrique y Mariasun, en la librería diocesana donde él trabaja.

Su función principal es ser signo de Cristo siervo en su día a día, en el trabajo, la familia y la pastoral. Entre sus funciones litúrgicas, quizás las más visibles están asistir al obispo y presbíteros, administrar el bautismo, ser ministro ordinario de la comunión, presidir la celebración del matrimonio, presidir exequias, dirigir la celebración de la Palabra, leer la Escritura, predicar la homilía y presidir otros oficios del culto. Hoy hay en todo el mundo en torno a 45.000, aunque en España son solo 400 y la diócesis de Burgos únicamente dos, que se ordenaron hace dos años: Enrique Díez y David Jiménez.

Enrique no supo lo que era el diaconado permanente hasta 2009. Tanto él como su esposa, Mariasun, con la que lleva casado 23 años, siempre han estado muy comprometidos con la Iglesia, «desde chavales». «Sentía que Dios me pedía más y no sabía el qué hasta que descubrí esto, leyendo en internet», cuenta Enrique. «Lo que tenía claro es que no estaba llamado para el sacerdocio, aunque me lo propusieron varias veces. Me gustaban mucho las mujeres», comenta entre risas el diácono, que se confiesa «firme partidario del celibato sacerdotal». «No somos curas frustrados. Son dos vocaciones diferentes y complementarias. No estoy llamado al sacerdocio y lo sé. Incluso en el caso de que me quedase viudo (los diáconos permanentes casados no pueden volver a contraer matrimonio), nunca me ordenaría presbítero. Hay cosas para las que no me siento capacitado, por ejemplo confesar. Un sacerdote tiene que estar preparado para tratar a una persona igual después de haber escuchado su confesión, y yo creo que no sería capaz de mirarla de la misma manera después de saber algunas cosas».

Implicación de la familia

Para Mariasun la opción de su marido no resultó ninguna sorpresa, porque fueron descubriendo juntos qué era eso de ser diácono permanente. «Yo tampoco lo conocía. Lo tomé con naturalidad y con ilusión por él, aunque me daba un poco de respeto. El ser el primero en Burgos…» Lo que sí sabían es que asumir el compromiso del diaconado suponía un esfuerzo (tienen tres hijos, de 19, 18, y 15 años) y que conciliar su servicio a la Iglesia con la vida profesional y familiar no siempre es sencillo. La etapa más difícil en ese proceso que duró tres años, y en ello coinciden ambos, fue la de sus estudios en Ciencias Religiosas, compatibilizar el trabajo, la asistencia a clase y las horas de estudio con la dedicación a sus hijos adolescentes.

Lo cierto es que sin el apoyo de Mariasun, Enrique no podría haber dado jamás el paso. «Tuve que firmar dos veces, una antes de la admisión y otra antes de ordenarse», explica. La esposa siempre tiene que estar de acuerdo y ratificar por escrito que acepta la vocación de su marido, porque su ministerio puede restar tiempo a la familia. No obstante, el matrimonio y la familia siguen siendo la primera vocación del diácono casado. Ella cuenta cómo el que era arzobispo cuando Enrique vivió su proceso, don Francisco Gil Hellín, le insistió en que ser diácono implica servicio (la palabra diácono 

Sin título

significa «el que sirve») y donde primero hay que ejercerlo es en la familia, como padre y esposo.

La vida cotidiana de Enrique se mueve entre su trabajo en la librería diocesana (anteriormente trabajó como director administrativo en el sector de la construcción), la atención a la familia y el servicio en la parroquia de La Inmaculada (los lunes por la tarde, la única que tiene libre en el trabajo) y los domingos por la mañana. Imparte catequesis, visita enfermos, desempeña tareas económicas, está implicado en Cáritas y en pastoral obrera… lo que su escaso tiempo le permite. En algunas diócesis, sobre todo del norte, como en el País Vasco, sí existen diáconos liberados que pueden prestar más apoyo a los presbíteros, pero, como explica Enrique, liberarlos supondría una gran carga económica para la Iglesia, hay que tener en cuenta que muchos de ellos tienen que sostener a una familia. No obstante, insiste, «es un peligro querer ver a los diáconos como solución a la falta de vocaciones sacerdotales; nosotros somos una ayuda para los presbíteros, estamos para apoyar, pero no podemos sustituirlos».

De Archiburgos.es

Ver video Diaconado Burgos en este blog

Ver ordenación de David en este blog

 

 

«El diaconado es el ministerio de la cotidianidad, del servicio las 24 horas del día», David Jiménez, diac.

David Jiménez Chaves nació en Sevilla en 1975 aunque vive desde hace 12 años en Burgos, donde llegó por motivos laborales a Orbaneja Río Pico, localidad situada a 12 kilómetros de la capital. Está casado y tiene dos hijos, niño y niña, de 4 y 6 años de edad. Es ingeniero técnico agrícola de profesión y trabaja en el Centro Especial de Empleo de Aspanias. El 27 de junio de 2015 el arzobispo de entonces Francisco Gil Hellín le admitió al diaconado permanente y es uno de los dos con que actualmente cuenta la diócesis de Burgos. Sus primeros dos años estuvo en la parroquia de San Pedro y San Felices y desde septiembre de este año desarrolla sus funciones en la parroquia Real y Antigua de Gamonal.DAVID-JIMENEZ-1

 

El diácono es un ministro de la Iglesia que ha recibido el grado inferior del sacramento del Orden. Se trata de un ministerio muy antiguo de la Iglesia, que ya aparece en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En los primeros siglos tuvo una gran importancia, aunque después se quedó como un paso en el camino hacia el sacerdocio. El Concilio Vaticano II restauró el diaconado y ofreció la posibilidad de adquirirlo tanto a célibes como a casados, ya que anteriormente se había restringido y solo se aceptaba a los célibes.

 

David destaca que «lo fundamental en un diácono es ser siervo, ser imagen del Cristo siervo, en todos los aspectos de su vida: en su trabajo, con su familia y su ministerio pastoral. El diaconado es el ministerio de la cotidianidad, del servicio las 24 horas del día. El diácono puede administrar el bautismo, presidir la celebración del matrimonio, las exequias, las exposiciones del Santísimo y repartir la comunión. También puede leer el Evangelio en la misa y bendecir imágenes o el agua. Tiene muchas funciones parecidas al sacerdote pero no puede consagrar ni confesar. En el diaconado es mucho más importante el ser que el hacer, lo que representas está por encima de lo que puedas hacer. No se nos debe ver con un prisma meramente utilitarista».

 

En Burgos no estamos muy familiarizados con esta figura, ya  que en toda la diócesis solo son dos, David y Enrique Díez. Tampoco es muy elevado el número en España, unos 415 en total, pero hay países donde es muy habitual, como Estados Unidos, donde la Iglesia cuenta con 18.000 diáconos, o en Italia donde hay 3.000. Se calcula que en el mundo son unos 45.000.

 

Una vocación exigente y compartida

 

Ser diácono es, por supuesto, una vocación, asegura David. «Una vocación ser imagen de Cristo siervo, que dedica toda su vida al Señor. Es una vocación reconocida por la Iglesia y cuando llega a cada persona, percibe que su vida cambia, se transforma para hacerse siervo con Cristo al servicio de los demás». Para él, el proceso llevó mucho tiempo: «Sentí la llamada del Señor un año antes de casarme, en Sevilla, porque allí la figura del diácono es más habitual, en casi todas las parroquias había uno, y en la mía, también. Me gustaba cómo era, lo que hacía y sentí esa llamada interior. Después hice un proceso de discernimiento nada fácil. Yo tenía novia y se lo consulté porque la vocación de diácono debe ser compartida con quienes van a vivir a nuestro lado, porque el diaconado no solo es para los célibes».

 

El apoyo de su esposa fue determinante y es que «en realidad la tarea de consagrdavidar la vida a Dios es de todos, en la familia todos lo compartimos. Debemos hacer compatible la vida familiar con el servicio a Cristo y a los demás. El diaconado es una vocación exigente y necesitas el apoyo total de tu familia, porque no se trata de

aceptarlo a regañadientes, esto no es un capricho para un día o una temporada, es una forma de vida para siempre, por eso la mujer debe estar muy predispuesta para compartir la vida con un diácono», explica.

 

 

Hay quien puede pensar que el diaconado podría ser una solución a la carencia de sacerdotes, pero no es así en opinión de David. «Creo que no, de ninguna manera, porque la vocación de sacerdote y la de diácono son diferentes, son carismas distintos. Los diáconos podemos ayudar en tareas diversas en una parroquia, pero el sacerdote es insustituible, en ningún caso los diáconos pretendemos ni podemos sustituirle, somos sus ayudantes, pero el sacerdote

 

es totalmente imprescindible».

 

Otra cosa es que la presencia y participación de diáconos en la vida de la Iglesia no sea enriquecedora: «La diversidad de carismas es lo importante. Está claro que las vocaciones del diaconado suponen una gran riqueza para la Iglesia. Además, para una diócesis puede ser importante contar con un buen número de diáconos, porque su ejemplo constituye el fermento que los laicos necesitan para ampliar su compromiso y su trabajo en las parroquias».

De Archiburgos.es

Ver video Diaconado Burgos en este blog

Ver ordenación de David en este blog

 

Fallece D. Jesús Enrique García Rivas, el que fue responsable del Diaconado Permanente en Madrid

D. Jesús Enrique fue el responsable del Diaconado Permanente de la Archidiócesis de Madrid-Alcalá en 1991. Siguió los años 1992 y 1993 encargado del diaconado de las tres diócesis y tras un periodo en la vida monástica se hizo cargo de los diáconos permanentes de la diócesis de Getafe.liturgia3web

El sacerdote D. Jesús Enrique García Rivas, Delegado diocesano de Liturgia, ha fallecido en el Centro de Cuidados Paliativos ‘La Laguna’ en Madrid, la tarde del lunes 1 de enero  de 2018.
El obispo de Getafe, D. Joaquín María López de Andújar, presidirá hoy martes 2 de enero, la misa exequial a las 20.00 horas, en la capilla del tanatorio de Getafe donde descansan los restos mortales del sacerdote.
Mañana miércoles 3 de enero, a las 11.00 horas, el vicario general, D. Javier Romera, celebrará la eucaristía en el tanatorio.
A las 12.15 horas, el obispo diocesano presidirá el entierro en el cementerio viejo de Pinto.

 
Biografía
D. Jesús Enrique García Rivas nació en Getafe, en 1954. Fue ordenado sacerdote en 1978. Obtuvo su licenciatura en Teología Pastoral en la Universidad Pontificia de Salamanca. Su primera tarea fue como vicario parroquial, desde 1978 a 1982, en la Parroquia San Nicasio (Leganés). Desde 1982 a 1989 fue ecónomo de esa misma parroquia.
Durante dos periodos fue arcipreste en Leganés, en 1982 y en 1986. En 1983 fue nombrado miembro del Consejo Presbiteral de Madrid.
Fue incardinado en la Diócesis de Getafe en el año 1991 y destinado a la Parroquia Santo Domingo de Silos, en Pinto, donde fue párroco desde 1991 a 1998.
Desde 1998 hasta el año 2002 cursó sus estudios en el Pontificio Consejo de San Anselmo, en Roma, donde obtuvo su licenciatura en Sagrada Liturgia.
En el año 2002 fue nombrado Delegado diocesano de Liturgia, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento.

Apasionado de la fotografía y de la cultura italiana, sobre todo de la música y las diversas manifestaciones artísticas.  A lo largo de toda su vida mantuvo una ferviente actividad evangelizadora, que trasladó también a las redes sociales, incorporando el conocimiento de las nuevas tecnologías a la expansión de la doctrina de la Iglesia Católica, la difusión de la vida de los santos, y la defensa de la liturgia. A él se debe la preparación del calendario propio diocesano.

Que el Señor premie la entrega de su vida en el ministerio sacerdotal. Descanse en Paz.

Diocesis de Getafe

“Ordenados y sin renunciar a la familia”: los diáconos de la diócesis de Tuy-Vigo

Ordenados y sin renunciar a la familia Tui-Vigo cuenta con 4 diáconos permanentes, todos casados

Galicia está dividida en 3.642 parroquias que son atendidas por 1.170 curas, un 25% menos que hace un lustro. La falta de relevo hace que muchos sacerdotes no se jubilen, sino que sigan a pie de obra para garantizar que sus feligreses no se queden sin misa. Tantos, que en casi siete de cada diez superan los 65 años. No obstante,

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los sacerdotes, aparte de tener laicos y religiosos que les echan una mano en su tarea pastoral, cuentan también con la ayuda de los denominados diáconos permanentes, como Desiderio Bernárdez en la parroquia de San Miguel de Bouzas, Andrés Fontenla en la del Corazón Inmaculado de María en Vigo, José Manuel Martínez en Santa Teresa de A Cañiza y José María Fernández en Guillarei. En la Diócesis de Tui-Vigo son cuatro, más otro en  preparación, Enrique, y en la Archidiócesis de Santiago, que también lleva parroquias en Pontevedra (Deza, O Salnés, O Morrazo), otros cuatro.

 

En total, rondarían el medio millar en todo el país. Su presencia es significativa en la Iglesia Católica ya que, según su último Anuario Estadístico, suponen ya uno de cada diez clérigos –junto a obispos y presbíteros (el sacerdote)–. En 1989 se ordenaba por primera vez un diácono permanente en Galicia. El arzobispo de Santiago, Antonio María Rouco Varela, consagraba a Guillermo Cedeira, compostelano de 48 años de edad, casado y padre de dos hijos, como diácono permanente. Los diarios llevaban a los titulares su matrimonio, y es que el diaconado compatibiliza el sacramento del orden con el matrimonio. Los diáconos permanentes se definen como hombres “normales, comprometidos con la Iglesia y con la sociedad, en los ambientes, tanto laboral como social en el que viven”. Suelen ser hombres casados (si es así se piden al menos 5 años de estabilidad matrimonial), en los que ha surgido una vocación. Además se les exige una formación académica y espiritual (diplomatura o licenciatura en Ciencias Religiosas o Teología). Desiderio Bernárdez, responsable del Diaconado Permanente de Tui-Vigo y militar de la Armada en la reserva, cumple los requisitos y apunta otro: el consentimiento de la esposa. Es “muy importante” para ellos, y para su tarea diaconal, el apoyo de su familia, sobre todo de la esposa, explica. “Influye mucho; te respalda”, resalta, y añade que las autoridades religiosas les indican que “lo primero es la familia”. Aunque su agenda es muy ajetreada, porque tienen que compatibilizar su labor en la Iglesia con su familia, pueden disfrutar de momentos extraordinarios con los suyos de los que muy pocos padres pueden presumir: por ejemplo Desiderio presidió la boda de sus hijos y el bautizo de su nieta. “Es una alegría y un don inmerecido por mi parte”, proclama. Son dos funciones que pueden desarrollar. Casi lo único que les separa de los curas es el no poder celebrar la eucaristía, ni confesar ni administrar el sacramento de la unción de enfermos, pero pueden bautizar, distribuir la comunión, casar a parejas católicas, leer el Evangelio en la eucaristía, predicar la homilía, presidir los ritos católicos en los velatorios y los entierros… Dentro de su tarea pastoral, está atender a los necesitados, llevar la administración y organización
de una parroquia y acompañar al obispo, tareas que enfatiza Desiderio para incidir en que su vocación es la de “servir” y “obediencia al obispo”. “Yo trabajo donde mande”, explica, y cuenta cómo en su caso, además de echar una mano al párroco de San Miguel de Bouzas (atender el cementerio, despacho parroquial, entrevista con las familias que quieren bautizar a sus hijos y con novios que se van a casar, catequesis, etc), acompaña al prelado y lleva un poco el catastro diocesano y tareas de la curia. Pero sobre todo incide en la relevancia de la labor de los diáconos en el campo de la asistencia social. En Vigo, los cuatro diáconos están casados y algunos, como Desiderio, incluso son abuelos. Todos tienen en común una convicción: “Lo importante es servir, somos servidores”, explica, e ilustra la variedad de sus filas al indicar que los ordenados como él en la diócesis son un maestro, un albañil retirado y un médico psiquiatra en activo.tuy

Los diáconos, dice, hacen lo que pueden y muchas veces les “falta tiempo” debido a la falta de vocaciones de sacerdocio, pero “no son unos suplentes” de los curas. “Lo nuestro es una vocación al diaconado, no al sacerdocio”. Porque cualquier bautizado al que autorice el obispo puede presidir una boda, unas exequias o un bautizo, pero el asunto no es el “hacer”, sino el “ser”, señala. “Algo que a algún sacerdote les cuesta ver y aceptar”, añade. ¿Y cuándo llega la vocación? En su caso, lleva “implicado” en la vida de la Iglesia desde siempre, cuenta, y cuando se instauró el diaconado permanente en la diócesis le sugirieron animarse. “No sabía si tenía vocación o no”, dice, pero se “abrió” a la propuesta a la llamada y pasó un proceso de discernimiento vocacional y espiritual que desembocó en su ordenación hace 12 años. A veces la tarea es agotadora, reconoce, pero el resultado “es una vida plena y confianza en Dios y siendo consciente que soy un indigno siervo y que tengo muchos fallos, muchos…”

por C. Villar en el Faro de Vigo

Festividad de San Esteban de la fraternidad diaconal de la archidiócesis de Madrid 2017

Un año más, los diáconos y aspirantes al diaconado de la archidiócesis de Madrid se reunieron el 26 de diciembre para celebrar juntos la fiesta de  San Esteban. Tuvo lugar en la parroquia de San Fulgencio y San Bernardo  sita en el Paseo de San Illán nº 9, donde se comenzó a las 20:15 horas con la Santa Misa, Posteriormente se compartió un ágape fraterno en los salones parroquiales.

Con escasos días de diferencia fallecen dos diáconos permanentes en Cádiz

Por: José Antonio Hernández Guerrero

Con escasos días de diferencia fallecen los diáconos permanentes gaditanos Florencio Romero Meléndez y Antonio Hörh Gómezfloren2

Los dos recibieron el Orden del Diaconado el día ocho de diciembre de mil novecientos ochenta y cuatro. Los dos hicieron compatibles sus entregas a la familia y las diversas actividades ministeriales. Florencio desarrolló su trayectoria pastoral especialmente dedicado a la ayuda de las familias, colaborando en el Centro de Orientación Familiar y en las Parroquias de San Lorenzo, El Rosario y Santa Cruz, de Cádiz. Antonio ejerció, durante el tiempo que mantuvo la salud, la catequesis y la administración de los sacramentos, en especial el Bautismo, en la Parroquia de San José y la atención a los enfermos en la Clínica de la Salud.

La familia -me repitió Florencio en reiteradas ocasiones- no está solamente para amarse a sí misma, sino también para dar testimonio del amor al mundo que se encuentra fuera de la familia. Me decía que la pauta que seguía en sus “modestos” quehaceres apostólicos estaba definida en unas palabras de Pablo VI dedicadas a la Iglesia, ‘o es misionera o no lo es”.

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En la largas conversaciones que mantuve con Antonio, especialmente durante su última hospitalización, me explicó su extrañeza de que, en la actualidad,  en un mundo en el que existe tanta pobreza, tantas dificultades, tantas personas mayores y tantos enfermos, no surgieran más vocaciones de diáconos permanentes “porque -fueron sus palabras- somos nosotros, sin duda alguna, los especialistas para llegar a todas estas personas como hacía Jesucristo, a través de la cercanía, del consuelo, de la compasión y del amor”. Los dos -Florencio y Antonio- eran conscientes de sus compromisos, los dos estaban “orgullosos” por poseer los bellos y valiosos tesoros que encierran los sacramentos del Matrimonio y del Orden, los dos estaban agradecidos por los diferentes vínculos que la familia y el diaconado –fuentes permanentes de inspiración y de energías- creaban en sus vidas cotidianas y los dos se mostraban contentos por sentirse más visiblemente insertados en la vida de la Iglesia manteniendo sus relaciones con sus actividades familiares, profesionales y sociales.

Aunque cada uno de ellos siguió un itinerario espiritual y pastoral diferente, las dos biografías nos sirven para comprender la incalculable riqueza de los dos sacramentos. Los dos testimonios nos ayudan a valorar los Gozos y las Esperanzas de unos hombres buenos que hicieron compatibles la vida familiar y el ministerio de diáconos permanentes. Los dos unieron el amor a sus respectivas esposas e hijos con el servicio a Cristo en las vicisitudes del pobre, el lugar teológico por excelencia. Que descansen en paz.

Por: José Antonio Hernández Guerrero en Diócesis de Cádiz y Ceuta

Ordenación de diácono en Mallorca

Día de gozo y alegría para nuestra Iglesia de Mallorca. Hoy ha sido ordenado de diácono permanente, nuestro hermano Roger Fernández Balaguer.

Han transcurrido varios aňos desde que fue ordenado Mn. Miquel Capó E. P. D. Poco a poco el número de diáconos permanentes sigue creciendo.

Damos gracias a Dios nuestro Señor y a nuestra Santísima Madre la B. V. María.

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Ayer a mediodía la parroquia de la Nativitat del la Mare de Déu de Costitx fue el escenario que acogió la ordenación de Roger Fernández Balaguer como nuevo diácono permanente de la diócesis de Mallorca. Roger Fernández, de 57 años, está casado, tiene dos hijos, es licenciado en Ciencias Religiosas y lleva más de 30 años ejerciendo la docencia como profesor de religión.

La celebración, que fue presidida por el obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, congregó a un numeroso grupo de vecinos de la localidad del Pla de Mallorca a los que se añadieron los invitados a la ordenación: sacerdotes, diáconos permanentes y amistades de Roger.

Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue el canto de la Letanía de los santos, la imposición de manos por parte del obispo y el revestimiento con la dalmática del nuevo diácono permanente.

En estos momentos la diócesis de Mallorca cuenta con 16 diáconos permanentes ordenados trabajando en diversas parroquias y siete candidatos que están en proceso de formación.

La figura del diácono ya aparece en las primeras comunidades cristianas en tiempo de los apóstoles como servidores de las mismas, pero fue con el Concilio Vaticano II cuando esta figura, tercera en la escala de la jerarquía eclesial, volvió a resurgir.

La formación académica del diácono permanente pasa por tres años de estudio en el Instituto de Ciencias Religiosas (ISUCIR), dependiente de la Facultad de Teología de Barcelona, que se van combinando con la labor pastoral en la parroquia de procedencia.

El diácono permanente depende directamente del obispo de la diócesis y las tareas que le son encomendadas son la dedición a los pobres, la predicación, la administración del sacramento del bautismo y el matrimonio, atender a los necesitados, a los enfermos, presidir las exequias de los difuntos, la celebración de la Palabra, la catequesis y sobre todo el servicio a la comunidad cristiana, ya sea llevando la administración y organización de una parroquia.

 

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Por Simó Tortella en Diario de Mallorca

“Tres diáconos permanentes. Una buena noticia”, fray Jesús Sanz, arzobispo de Oviedo

“Con estos nuevos tres hermanos, junto al sí de sus respectivas esposas y sus familias, nuestra diócesis de Oviedo recibe un inmenso e inmerecido regalo, y son la entrega bendita con la que Dios allegará ese mensaje de alegría y esperanza”

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Estamos de estreno y enhorabuena en nuestra diócesis. No porque nunca antes se haya dado lo que ahora de nuevo se nos regala, pero sí porque se va afianzando un don con el que el Señor nos responde a las necesidades que tenemos en la tarea de anunciar el santo Evangelio en el ahora de nuestro tiempo y en el aquí de nuestros lares.

Se trata de la ordenación de tres nuevos diáconos permanentes, que vienen a sumarse con nombre propio y biografía personal a los dos que ya pudimos ordenar hace ahora dos años. José Juan, Santos y José María han respondido a la llamada recibida que con la Iglesia han ido discerniendo en estos años de preparación espiritual, pastoral y teológica. Fue hermoso el encuentro que pude tener con ellos tres y con las esposas, pues esta vocación no modifica una llamada precedente aunque ahora se dilate en este ministerio diaconal que estaba ya presente al comienzo de la historia de la Iglesia.

Diácono significa servidor, que es el mismo significado de la palabra ministro. Y a un servicio son llamados dentro de la comunidad cristiana y en estrecha disponibilidad para lo que les confíe el obispo dentro de la diócesis en la que quedarán incardinados con un vínculo especial.

Ellos responden a una llamada que desde su vocación bautismal y matrimonial han ido poco a poco madurando. Fueron llamados a la vida, a la fe y al amor para formar una familia que Dios ha bendecido con hijos. Paulatinamente ha ido naciendo la inquietud que luego se verificó como auténtica vocación para servir a Dios en el ministerio diaconal entregándose a los hermanos. Ellos no han sido llamados al ministerio presbiteral, pero sí a dar el alto testimonio de la caridad desde su ministerio como diáconos. Se les confiará este servicio que pasa por la unción con la imposición de las manos que recibirán en la celebración de su ordenación diaconal.

¿Qué hace un diácono? Vivir la caridad de quien se sabe enviado a los hermanos para curar sus heridas sean cuales sean sus cuidados necesarios, el anuncio de la Palabra de Dios como una verdadera Buena Noticia que el Señor pone en sus labios, la formación de los cristianos y comunidades que la Iglesia les confiará para ahondar en una catequesis renovada en la que sigan creciendo y madurando. Esta es la vocación de un diácono permanente. Con estos nuevos tres hermanos, junto al sí de sus respectivas esposas y sus familias, nuestra diócesis de Oviedo recibe un inmenso e inmerecido regalo, y son la entrega bendita con la que Dios allegará ese mensaje de alegría y esperanza tan propio del tiempo del adviento que estamos a punto de comenzar. Tiempo de espera, de allanar caminos y enderezar entuertos, preparando incesantemente la senda que nos permite encontrarnos con Dios en los vaivenes que Él frecuenta y en los que se hace especialmente encontradizo.

Ser diácono es vivir en hondura el ministerio, es decir, el servicio. Jesús el Señor es también para ellos tres, modelo y camino. Que no haya lágrima que no encuentre en su ministerio un consuelo; que no haya pregunta que no halle en su servicio un atisbo de respuesta. Todo cuanto hasta hoy han vivido en el seno de sus familias y en la comunidad cristiana que los ha acompañado en sus respectivas parroquias, hoy se hace envío diocesano lleno de esperanza, alegría y misericordia.

María, tan presente en el tiempo de adviento, es un referente para quien comienza este ministerio como diácono permanente. A Ella les encomendamos, en este año especial del centenario de la coronación de nuestra Santina de Covadonga.

 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

Vídeo: testimonio vocacional del diácono Juan Antonio Montón