Archivo de la categoría: Noticias diaconado Iglesia de España

Algunas anotaciones en los ejercicios espirituales a la fraternidad diaconal de Madrid impartidos por Juan Carlos Mateos González, pbto.

Villa Santa Mónica, Becerril de la Sierra, 1,2 y 3 de marzo de 2019

Algunas anotaciones en los E.E.E.E. a la fraternidad diaconal de Madrid impartidos por el presbítero Juan Carlos Mateos González, secretario del Comité para el Diaconado Permanente de la Conferencia Episcopal Española

La estrategia de Jesús da otro modo de ser, nos “pone otro disco duro”. La humildad tiene que ser el canal. Dios me cuida dándome lo que necesito. Debemos de seguir a Cristo pobre: “bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Cristo debe ser nuestra riqueza, nuestro tesoro y para ello son ayuda las humillaciones. Cuando te desprecian, te envían al último lugar: será una preciosa ocasión para identificarse con Cristo.  Pablo a los Romanos:“que me atraiga lo humilde”. Carlos de Foucauld: “Me he pasado toda la vida buscando el último lugar y cuando lo encontré estaba ocupado: ocupado por Cristo”. Cristo contigo y como tú.53323519_10157238453977904_3483663328293683200_n

 

Cristo es el primer diácono. La vocación de diácono debe ser un testimonio del despojamiento de Cristo. Existe un virus en el clero: el carrerismo. El diaconado es la vocación más bonita, la menos contaminada por ese virus.

En el conocimiento interno está el conocimiento del corazón, que el corazón se entere. Hay tres nivele: 1º cognitivo, 2ª emocional y uno tercero que es en las entrañas, en las tripas, muy adentro. El diácono debe volver a las entrañas, para que su corazón se entere.53345266_10157238454227904_3220739144263139328_n

La palabra ministro viene de “minis”, el menor, el último, el más pequeño, para servir a todos. Esto apunta a cómo es Jesús y cuál es su camino: el del minis, el de las bienaventuranzas.

Al predicar no basta que esas palabras pasen por la boca: tienen que pasar por el corazón, para que tengan Vida. San Francisco de Asís decía: “prediquemos con la vida, y si hace falta, con las palabras”
Hay que pedirle a Jesús un conocimiento interno del Señor. Que la contemplación vaya configurando el corazón, “contigo y como tú”, una mirada del corazón, un corazón delicado, pero no ñoño.

El hombre y la mujer en el matrimonio deben ser un espejo para ver a Dios. Un diácono debe amar a Dios y amar al prójimo.WhatsApp Image 2019-03-05 at 21.28.38

Puede haber malos momentos, pero hay que saber que Dios está trabajando. “En invierno los árboles no tienen hojas, pero sus raíces están creciendo para abajo”.

El Padre Miguel Ángel Arribas señaló que hay tres curvas peligrosas en las que un ministro se puede pegar un tortazo. Se le puede advertir del peligro, pero no conducir por él. Estas son: 1º la relación con el párroco, 2º el fracaso con los jóvenes y 3º la soledad, que en el caso de los diáconos puede ser una soledad matrimonial o ministerial. Hay que poner a Jesús al volante.

En el discernimiento de los aspirantes en vistas a recibir el diaconado lo que hay que discernir es lo que uno ve y siente en la oración, no lo que me gusta o “es muy guay”.  Las mujeres, cuando tienen que firmar el sí a la ordenación de su marido, también.

Cuando se preparan las ofrendas para la misa puede surgir la pregunta: ¿Porque vino? Todo tiene un sentido: el pan es el cuerpo, el vino la sangre. ¿Qué es el cuerpo para un judío?: expresión de la persona, por eso el cuerpo es sagrado, por eso en el matrimonio hay entrega del cuerpo, se entrega la vida entera. Carmen Álvarez afirma que el que entrega el cuerpo, entrega la vida, En la unión de los esposos es sacramental y matrimonial, entregando la vida se entrega el matrimonio, los hijos, los bienes, la salud, todo lo positivo, todo lo que se nos regala. Esto es el pan.  Los fieles ponen la vida entera si hemos entregado la vida. ¿Qué nos queda?, pues la sangre. Para un judío la sangre es la muerte porque si se pierde la sangre, se pierde la vida. Al preparar el vino preparamos la muerte a Cristo, que nos da su muerte. La muerte de cada día son nuestros fracasos, nuestros dolores espirituales o morales. Con el vino entregamos lo que nos conduce a la muerte, lo negativo. Por eso no tiene sentido decir. “no voy a misa porque estoy mal”. Para eso está el vino, la sangre. Para que la misa sea válida, el que preside debe de tomar el cuerpo y la sangre. El ir a misa es ofrecer la vida. A veces hay más pan, otras más vino. A veces la patena y el cáliz pesan poco. Los fieles van a misa, pero se vive poco. No basta estar atento en la misa, hay que ofrecerse en ella.WhatsApp Image 2019-03-05 at 21.28.07

Beatriz, mujer de diácono: “Al levantar el cáliz veo su anillo y ahí estoy yo también”

Palabras de Beatriz sobre el ministerio diaconal de su marido en el encuentro con D. Carlos Osoro, cardenal arzobispo de Madrid el 22-II-2019 en el Seminario Conciliar.

Cuando mi marido Jesús se ordenó recuerdo que aquel día me salía una frase, constantemente pensaba: “Dios ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Esta frase sigue saliendo cuando hablo del diaconado de Jesús porque es un privilegio, es una cercanía al Señor. A mí me impresiona cuando Jesús levanta la Copa de la salvación, al ver su anillo de casado, eso a mí me causa una especie de afectación y pienso: ¡Qué bien!, ¡ahí estoy yo también! Porque, claro, estamos muy unidos. Lo que le pasa a uno, también le pasa al otro.cropped-cropped-cropped-1diaconodiamadreteresa22111

También para mí significa que el Señor ha tenido una deferencia preciosa con esta familia, porque mi marido Jesús está tan cerca del Señor, que nos lo trae a casa cada día. Cuando llega de bautizar llega tan contento, tan pletórico. Eso se contagia. Es un privilegio, es una alegría para todos.

Dificultades. Bueno, a veces Jesús, que le gusta una barbaridad, se da mucho en la parroquia, y yo tengo que tomar un papel muy feo, y decirle. ¡Para un poco Jesús!, que la familia estamos aquí y hoy tenemos planes con amigos.

¡Y ahí está la mujer!

bea y jesus

«El diaconado es un servicio precioso a la Iglesia»

«El diaconado es un servicio precioso a la Iglesia»

Este viernes, 22 de febrero, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, mantiene un encuentro con los diáconos y los candidatos y aspirantes al diaconado de la diócesis, acompañados de sus respectivas esposas, en el Seminario Conciliar.

Comenzará a las 20:00 horas con la celebración de la Eucaristía, en la que los candidatos al diaconado Juan Carlos Guillén Holguín y Joaquín García-Muriño Muzquiz serán instituidos en los ministerios de lector y acólito. Una vez finalizada la Misa, todos compartirán la cena.

Entre los presentes, estará Francisco José García-Roca, diácono permanente desde hace 12 años. Destinado en la parroquia San Fulgencio y San Bernardo, da vida a una vocación que se fraguó, desde muy pequeño, en el servicio y en la entrega hacia los más necesitados. Profesor, psicólogo y orientador, es consciente del regalo que Dios custodió, con una alianza perpetua, en sus entregadas manos.

¿Cómo nació tu vocación diaconal?

Todo comenzó con un compromiso hacia la Iglesia que yo tuve siempre. La gente de mi parroquia insistía en que que tenía vocación sacerdotal, pero yo veía que no era la mío y que mi vocación era el matrimonio. Y una vez casado, maduró esta llamada hacia este ministerio y comencé este camino.

¿Cuál es la labor de un diácono permanente?

Es una persona que está inmersa en medio del mundo, en las familias, en su mundo laboral, en su vecindad… Está en medio del mundo viviendo esta llamada al ministerio ordenado, que es una llamada muy especial y que, en la medida que puede, lleva a cabo esta función. Ha de conciliar su vida matrimonial, familiar, laboral, con este precioso servicio a la Iglesia.

Y, de manera especial, hacia los más necesitados, ¿no?

Así es. De principio a fin. Mi vocación está muy unida a las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta. El Señor me las puso muy cerquita, y tanto mi mujer como yo hemos colaborado con ellas, y ahí es donde surgió también esta vocación al servicio que es, a fin de cuentas, el diaconado.

Tu mujer y tus cuatro hijas cincelan y construyen, de la mano de Dios, tu ministerio… ¿Qué papel juegan las esposas en vuestro servicio?

Ese tema es esencial. Porque esto es una segunda llamada dentro de la llamada. Es una vocación que debe afianzar la primera, que es el matrimonio, y que la cuida y la engrandezca. El que recibe el sacramento del Orden es el diácono, pero esa gracia se desborda por la mujer de la familia. Y es importantísimo que la mujer acompañe al marido. De hecho, ella tiene que firmar antes de dar el visto bueno. Así que no es solo una tarea de acompañamiento, sino de decir que sí.

francisco javier garcia roca diaconopermanente

Es, por tanto, un apoyo y, a la vez, una custodia…

Así es, al igual que san José, custodio del Redentor. Pues, a su imagen, la mujer es custodia de su marido diácono. Sí, es importantísimo el acompañamiento, y eso se lo decimos siempre a los aspirantes, que sus mujeres tienen que participar. Al principio, es verdad que lo demandan, porque parece que les van a quitar al marido. Pero, después, ellas son las primeras fansdel diaconado…

Este viernes os reunís con el cardenal Osoro. ¿Por qué es importante sentir tan cercano a vuestro pastor?

La historia del diaconado, que es desde el comienzo de la Iglesia, siempre ha sido una figura –la del diácono– que estaba ahí con el obispo, muy unido a él, siendo sus asistente, se puede decir. Y por eso es tan importante el reunirnos con él, porque D. Carlos, desde que llegó, nos alienta, anima y acompaña en la tarea.

¿Y de qué manera podéis los diáconos acompañar a la Iglesia que camina en Madrid?

En la actualidad, Madrid cuenta con un grupo de 35 diáconos, que ejercemos nuestro ministerio en las diversas áreas de atención pastoral. Y se están preparando unos 30. Aquí podemos ayudar muchísimo. Lo primero es el testimonio en nuestras vidas; ya sea en el trabajo, con nuestros vecinos, en la familia… Y, después, ayudando en todo lo litúrgico, allí donde los sacerdotes nos necesiten… Pero es verdad que, cuando tenemos los encuentros nacionales, siempre nos dicen que en Madrid estamos muy bien organizados y cuidados.

Un ministerio, sin duda alguna, inmarcesible…

Desde luego que sí. El ministerio es un regalo muy grande, que da mucha felicidad en el servicio. Con sus dificultades, como es normal, pero yo solo puedo dar gracias por este servicio. Ha sido un gran regalo en mi vida, en mi matrimonio, en mi familia y en todos los que están conmigo.

francisco javier garcia roca diaconopermanente 2

Homilía del diácono Miguel Iturgoyen de Madrid por San Esteban

Celebración de San Esteban por la fraternidad diaconal de la archidiocesis de Madrid en la parroquia de San Fulgencio y San Bernardo el 26-XII-2018

Los que llevan estola cruzada

Tal vez el detonante haya sido la escasez de vocaciones, pero el redescubrimiento del diaconado permanente en la Iglesia es uno de los signos más esperanzadores de este tiempo, en línea con otros como la misión compartida de laicos y religiosos o una conciencia más acusada sobre la corresponsabilidad de todos los bautizados. El Encuentro Nacional del Diaconado Permanente que acaba de celebrarse en Toledo ha puesto sobre la mesa la conveniencia de una pastoral vocacional dirigida  específicamente a este ministerio. Pero no es posible amar algo sin conocerlo. Centrada
en la relación entre diaconado y familia, la cita ha servido para mostrar cómo viven los cerca de 450 diáconos permanentes que hay en España, cómo concilian su ministerio con su trabajo profesional y, sobre todo, cómo se ven involucrados sus mujeres e hijos en este servicio a la Iglesia y a la sociedad. La imagen del diácono revestido durante una celebración litúrgica muestra una faceta importante de esta vocación, pero hace poca justicia a una misión que tiene mucho más que ver con una Iglesia que sale al encuentro de las personas en los caminos de la vida.estola cruzada

Diáconos permanentes, los ministros de lo cotidiano

Nueve de cada diez diáconos permanentes en España sintieron la llamada dentro del matrimonio, circunstancia que refuerza ambos sacramentos, pese a las dificultades de conciliar vida laboral, familiar y diaconal. La clave para afrontarlas está en poner el foco en la identidad del ministro ordenado, no tanto en la tarea que desempeña, aseguran participantes en el Encuentro Nacional del Diaconado Permanente celebrado el pasado fin de semana en Toledo. El objetivo es hacer presente a Dios en medio de la sociedad actual

La figura del diácono permanente es cada vez más conocida desde que el Concilio Vaticano II lo restaurase –también para hombres casados– hace más de 50 años y lo propusiese como un grado ministerial más. Ha ayudado a su visibilidad que haya en España, según los últimos datos de la Conferencia Episcopal correspondientes al año 2017, un total de 447 diáconos permanentes, una clasificación que lideran las diócesis de Sevilla (60), Barcelona (43), Madrid (31) y Valencia (20). Sin embargo, todavía hay 22 sedes episcopales que no cuentan con ninguno.

En cualquier caso, a pesar de el crecimiento de la presencia de estos diáconos en los últimos años, lo cierto es que su figura todavía no ha sido comprendida por una gran mayoría de fieles, que los siguen viendo como una solución a la escasez de vocaciones sacerdotales, un sacerdote con menos funciones o como una especie de laico clericalizado. Pero como explica Javier Villalba, diácono permanente en la parroquia de la Santísima Trinidad de Collado Villalba (Madrid), este grado del orden «tiene su propia identidad». Y añade, en conversación con este semanario: «El diácono permanente encarna el servicio dentro de la Iglesia. Por eso es bueno que en la Iglesia haya estas personas que llevan la estola cruzada y que nos recuerdan a todos que somos servidores».MinistrosCotidiano1 (1)

Jesús, eje central

Pedro Jara, diácono permanente y autor del libro El diácono, pobre y fiel en lo poco, prologado por el cardenal Carlos Osoro, coincide en que lo importante es la configuración del ministro con Jesús, es decir, hacerle presente en medio del mundo. «Se trata de que Jesucristo, el eje central, aparezca a través de las cosas que hacemos. Es un servicio en las cosas pequeñas y olvidadas», explica. De hecho, tiene gran importancia en el ministerio diaconal el ser servidor, sobre todo, en el ámbito de la caridad. No es raro que los diáconos permanentes trabajen en las fronteras de la pastoral penitenciaria, la pastoral de la salud o la pastoral social.

Jara presentó su libro en el Encuentro Nacional del Diaconado Permanente que, organizado por la Conferencia Episcopal, abordó la semana pasada en Toledo la relación entre el diaconado y la familia. En él también intervinieron Javier Villalba y su mujer, Belén Santos, que hablaron de la conciliación –no solo a nivel práctico, que también– entre estas dos dimensiones que ellos viven en primera persona.

Javier se ordenó hace ocho años, aunque el proceso comenzó mucho antes, con el discernimiento junto con su mujer y luego con la formación. Habla ahora Belén Santos: «Entendimos los dos que teníamos que confiar en esa llamada que nos hacía Dios. Todo el proceso nos llevó a hablar mucho y significó también un compromiso del uno con el otro y de ambos con los demás. En este sentido, se incorpora a la familia como un proyecto».

Creen que si hubieran tenido más modelos en los que reflejarse, probablemente habría sido más sencillo, pero también son conscientes de que están viviendo momentos históricos. Por eso valoran especialmente los encuentros entre diáconos y sus esposas, lo que han llamado fraternidad diaconal. Y lanzan esta propuesta: una pastoral vocacional específica para el diaconado permanente, que dé a conocer esta figura «que para muchos es una novedad y que tiene unas peculiaridades que conviene que sean conocidas».

Esta opción significa asumir una serie de tareas a distintos niveles: el de la Palabra, el litúrgico y el caritativo. Así, Villalba desarrolla su ministerio en Cáritas, en el Centro de Orientación Familiar de la parroquia que, además, acaba de poner en marcha un centro de escucha; en la pastoral familiar, en la preparación de novios o del Bautismo de niños, en el trabajo con jóvenes; y en la predicación. «Somos ministros ordenados presentes en medio del mundo, en lo cotidiano. En la universidad, en el mundo laboral, en las distintas tareas de nuestra vida. Creo que este figura es importante en un mundo que pierde a Dios aparezca una figura cualitativamente distinta en representación de la Iglesia. Es bueno para la Iglesia poner el rostro de un ministro [diácono permanente] allá donde no llegan otros ministros [sacerdotes].MinistrosCotidiano2

 

La conciliación

Conjugar todo esto a nivel práctico no es sencillo, pues a la dificultad en la conciliación de la vida familiar con la laboral –Javier es pediatra y Belén trabaja en un centro educativo– hay que unir esta vida diaconal. «Hacemos encaje de bolillos en un difícil equilibro de todas las parcelas. Para ser sinceros, hacemos lo que podemos y esto conlleva renuncias y a tener prioridades. En la familia tenemos asumido que Javier dedica mucho tiempo durante el fin de semana a las tareas pastorales y yo le acompaño cuando puedo», reconoce Belén. Javier añade que la clave es poner a Dios y al Espíritu en medio de la vida, pues da «mucha paz interior». «Son diferentes frentes y hay que vivirlos con alegría y no con el agobio de una tarea que consume. Solo la vida espiritual intensa con tu mujer es lo que hace que se puedan llevar las cosas con paz y vivir ese equilibro. Porque en realidad se trata de ser signo», sigue.

Por su parte, Pedro Jara señala que el primer servicio se da en la familia, que es la primera vocación a la que uno es llamado: «La vocación al diaconado permanente no interrumpe la del matrimonio. Si lo hiciese no sería una llamada de Dios. Es complicado conjugarlo todo, pero no se trata tanto de lo que haces sino de cómo lo haces. En realidad, el diácono tiene que desaparecer para que aparezca Jesús».

Los hijos

Otra cuestión importante es cómo abordar este ministerio con los hijos. Tanto Pedro Jara como Javier Villalba tienen familias numerosas con tres y cuatro hijos, respectivamente. En el caso de Javier, sus hijos lo han integrado perfectamente, aunque les haya impactado ver a su padre revestido las primeras veces. «El proceso, que fue lento, les ayudó a asimilarlo. Haberlo vivido en familia ha permitido que lo entiendan y lo vayan contando con sus palabras a sus iguales. Hoy, en la parroquia, parece que llevemos con un diácono toda la vida», afirma Belén.

En su opinión, ve bien que en la actualidad haya diáconos permanentes con niños pequeños, pues hasta hace poco la mayoría eran mayores y estaban en otros momentos vitales, como si el ministerio diaconal solo fuese accesible cuando no tienes obligaciones familiares. «Eso no es así, Dios llama cuando llama. Además, es muy interesante hacer ese camino con nuestros hijos y tener la ocasión de explicárselo, de hablarles y de contar con ellos», continúa.

Pero el impacto no se produce solo en el entorno familia o en la parroquia, pues estar inserto en la sociedad, en el mercado laboral y ser a la vez un ministro ordenado interpela a los demás. Al menos, a los amigos de Javier les sorprendió verle predicar revestido en el funeral de su padre el año pasado: «Entonces entienden lo que les has venido contando y cómo lo vives. De este modo, el diácono es el rostro de la Iglesia en mitad de las circunstancias del mundo».

Obispos, sacerdotes y diáconos como ministros ordenados junto a los laicos son los encargados hoy de llevar la palabra de Dios al mundo de hoy y «todos somos necesarios», apunta Javier. «Todos formamos un único pueblo, pero sí es verdad que al restaurar el diaconado permanente se hace mucho más visible los grados de la jerarquía de la Iglesia y es algo muy bonito y enriquecedor», concluye

¿Qué es un diácono permanente?  El diaconado es uno de los grados del Orden Sacerdotal. Lo reciben los obispos, los sacerdotes y los diáconos.
Fue importante en la Iglesia antigua, sobre todo, en el ámbito caritativo. La figura se
diluyó posteriormente. Con el Concilio Vaticano II, la Iglesia recupera este ministerio en
grado permanente.

Pueden ser hombres casados, mayores de 35 años, con cinco años de matrimonio estable,
que han dado testimonio cristiano en la educación de los hijos y en la vida familiar.
La formación se concreta en tres etapas: introductoria o de discernimiento, de formación
[tres años] y pastoral.
Su acción pastoral se concreta en Cáritas [delegados, pastoral de enfermos y marginados…], la liturgia [exequias, Bautismo, bendición del Matrimonio…],
en la Palabra [catequesis, lectura y predicación…] y administración [despacho,
centros de orientación familiar, relaciones públicas..].

Por Fran Otero en AlfayOmega

Vídeo sobre el XXXIII Encuentro Nacional del Diaconado Permanente en Toledo

El obispo de Getafe D. Ginés García Beltrán ordenará un nuevo diácono permanente en la Catedral

El obispo de Getafe, D. Ginés García Beltrán, presidirá el próximo domingo 9 de diciembre la ordenación como diácono permanente de David Corregidor Sanz, en una ceremonia que se celebrará en la Catedral Santa María Magdalena a las 19.00 horas.
Corregidor nació en Madrid en 1965 y es físico. Está casado con Begoña García Cabello desde 1991 y tiene dos hijas. Pertenece a la Parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús (Leganés), donde colabora en la catequesis de primera comunión y prebautismal, en las celebraciones litúrgicas y en Cáritas.
También es lector y acólito instituido.
Además, tiene el título de bachiller en Ciencias Religiosas por la Universidad San Dámaso de Madrid, en la que actualmente estudia la licenciatura en dicha rama teológica.

diaconopermanenteweb

Diocesis de Getafe

II Polémicas diaconales en la red

Encuentro Nacional del Diaconado permanente en ¡Toledo!

diaconado-permanente

 

No soy ningún entusiasta del Diaconado Permanente. Por supuesto que lo acepto y reconozco su sello sacramental. Durante mi ya larga vida jamás he echado de menos a un diácono permanente o no. Si no me hubiera tropezado a ninguno mi vida eclesial hubiera sido exactamente igual.

Si en una misa un diácono permanente no levanta el cáliz junto al sacerdote, no dice daos fraternalmente la Paz o podéis ir en paz  o no lee el Evangelio he oído misa tan exactamente igual como si lo hubiera hecho, no ha aportado nada esencial ni accidental. Vamos, que si no hubiera estado presente la misa sería igual de misa que estando.

Ya sé que ahora comparecerá algún diácono permanente para decirnos que son importantísimos, que sin ellos no existiría Iglesia o poco menos y lo que ustedes quieran. Pero una cosa es lo que ellos se crean y otra la realidad. Si en una diócesis no hay diáconos permanentes pues no pasa nada. Y no niego que presten servicios útiles en ocasiones además de esas intervencioncitas litúrgicas en misa tan inútiles que cuando no hay diácono no tienen lugar sin que la misa pierda nada.

Bueno, existen y se quieren encontrar. Pues vale. Ya que sea en Toledo, donde creo que no hay ninguno o uno, pues, qué quieren que les diga. Es  algo así como montar un bar de copas en Arabia Saudí. En Toledo hay curas de sobra y no hace falta para nada un diácono permanente. Ordenar uno porque haya alguien con el deseo de ser diácono permanente me parece absurdo. Y convocar allí la reunión de los que hay es algo así como montar una tienda de bikinis el el Polo Norte y en enero. Si es que hay cosas que no se le ocurren ni al que asó la manteca.

https://www.revistaecclesia.com/encuentro-nacional-del-diaconado-permanente-en-toledo/

 

16 comentarios en “Encuentro Nacional del Diaconado permanente en ¡Toledo!”
    1. Para la gran mayoría de los fieles, la acción visible de los diáconos es en la Eucaristía, la cual ya es importante, pertinente y relevante, pero no se dan cuenta que además de la Liturgia, son la Palabra y la Caridad, los ministerios que este Orden Sacramental tiene destinados, y yo diría que a la sociedad de hoy le urge que la última sea asumida por los diáconos, quienes en Gracia de su Orden, pueden llevar a instancias espirituales el servicio de caridad que hoy es seglar, me refiero a las obras de caridad que hoy resultan precarias porque no se le da la Gloria a Dios en ellas impidiendo su santificadora acción (universidades, escuelas, hogares geriátricos, hospitales, orfanatos, casas de rehabilitación a adictos, hogares de apoyo a jóvenes embarazadas, cárceles, entre tantos otros). Y no dudo que el Concilio Vaticano no buscaba clericalismo cuando revitalizó el diaconado, buscaba ser estratégico en el ministerio de la Palabra pues con ellos surgió también la Nueva Evangelización, que es la invitación a vivir la Fe como los apóstoles la vivieron, en pequeñas comunidades evangelizadoras. Quienes viven su fe sólo en la eucaristía no entienden que la Iglesia es muchísimo más y que haberse centrado en el presbiterado trajo como consecuencia, un debilitamiento de la acción misionera de la Iglesia. El diácono será prontamente un referente ante los laicos, cada vez más vivo y activo en la Iglesia, pues está facilitando su diálogo y encuentro con el clero que Jesús nos legó.

    2. Yo vivo cerca de la calle Sacramento. Tengo seis obispos cerca (que si se vistieran como antes comenzarían por la dalmática de diácono); de modo que me sobran todos los sacerdotes. Total, solamente ellos son los ministros ordinarios de mi confimación y -quizás, ¿quién sabe?- de mi ordenación.

    3. Reconocer el sello sacramental pero ignora absolutamente su misión (la de los diáconos) por la simpleza con la que habla de su teórica función. Parece increíble pe sar que siendo usted sacerdote y, por ende, diácono habla con tan po a sensibilidad de otros ministros de la Iglesia. Pero vamos, nada que sorprenda. Rezuma tanta amargura en sus publicaciones que provoca más pena que convencimiento. Le encomendamos encarecidamente para que se encuentre verdaderamente con el Señor.

    Francisco José

    Me uno a los mensajes de apoyo al ministerio diaconal. Hay que recordar sus orígenes apostólicos-Hch 6, 1-6- y la importancia que tomó en los primeros siglos. Basta nombrar a Esteban, Lorenzo, Vicente, Gregorio Magno, Francisco de Asís y tantos santos diáconos. Se debería subrayar que la restauración del diaconado por los padres conciliares como ministerio permanente no fue solo para suplir la falta de presbíteros, sino especialmente para hacer tangible el retorno a los orígenes apostólicos de la jerarquía como cuidaron y conservaron durante estos dos milenios en oriente. Es muy reduccionista describir la necesidad de un ministerio por “lo que se hace”, lo que habría que resaltar estaría en “lo que se es”. Aún así llama la atención que sea de segunda categoría el ser “ministro ordinario del bautismo”, dispensador de un sacramento de escasa importancia, o ser por oficio el que debe proclamar solemnemente en la Misa el Evangelio, palabras sin valor que puede leer cualquiera. Si apoyamos el argumento de que si está un sacerdote en la Misa, sobra el diácono porque todo lo que este hace lo puede hacer el cura, entonces sería mejor que ordenaran solo obispos, porque estos pueden administrar más sacramentos todavía.
    En fin que hay que dar la enhorabuena a la Iglesia que camina en Toledo por ese enorme regalo que es la restauración del diaconado como ministerio distinto y permanente y especialmente a su arzobispo D. Braulio.

    https://diaconofrancis.com/2018/07/20/polemicas-diaconales-en-blog/

    1. San Gregorio Magno fue Papa, Doctor y Padre de la Iglesia.

      Dice Santo Tomás que el diaconado está orientado a auxiliar al Orden Episcopal. En la antigüedad muchos diácono se quedaron en ese Orden pero para muchos era una etapa de preparación al Episcopado. Fue el caso de San Gregorio Magno y de San Gregorio VII que tras desempeñar como diáconos este ministerio en administración y legaciones Pontificia, recibieron el presbiterado y con dispersa de los intersticios accedieron inmediatamente al Orden Episcopal y al Sumo Pontificado.

      16996295_965175560284422_8588598673101788793_n

  1. Pues yo me alegro de haberlos encontrado, al menos a una, en el cementerio de la Almudena. Los sacerdotes que hay son de lo peor de la diócesis, todos extranjeros y sin ni siquiera hablar español, y las múltiples veces que me ha tocado ir a una cremación respiro aliviado cuando veo que está el diácono. Don Carlos tiene abandonada la pastoral sanitaria, a la cua pertenece (cosa que no entiendo) la pastoral funeraria

  2. Sus palabras D Cigoña suenan a fracasado o frustrado… no se… deje a los Diáconos en paz y reduzcase a su condición de laico. Solo no ve la necesidad e importancia del Diacono el que no quiere… y usted no quiere, porque ver si que ve… pero no quiere… Es su opinión… Que le vamos a hacer…

  3. Pero qué insistente es Ud, Sr Cigoña, con nuestro ministerio. ¿Por qué le caemos tan mal? El diácono no es un sacerdote, es otro ministerio, de ayuda al obispo y al presbítero. Es una vocación diferente. Ni queremos ni podemos sustituir al presbítero. Sólo queremos ayudar allí donde se nos mande. El diácono, es verdad, realiza algunas funciones que a veces coinciden con las presbiterales, ¿y eso es un problema? Bendito sea Dios que podemos ayudar si el sacerdote no llega. Es muy útil, aquí se ha apuntado, en quitarle trabajo al obispo en aquellas tareas eclesiales que no precisan de sacerdotes, y que a veces ocupan éstos injustificadamente: administración, tanatorios, delegaciones, Cáritas, archivos, curia, bibliotecas, tiendas, colegios diocesanos,…

    Es en Toledo este año el Encuentro Nacional. ¿Qué problema que sea allí? Don Braulio ha instaurado este ministerio en su diócesis hace poco y querrá darlo a conocer. Le repito: es una vocación distinta de la del presbítero. No tiene nada que ver que haya pocas o muchas (ojalá) vocaciones al presbiterado. Son independientes, pero llamadas a servir al Pueblo de Dios.

    De verdad que le animo a conocer esta vocación sin prejuicios. Vea, sé que le gusta, el anuario pontificio. Se llevará una sorpresa de cómo crece y está extendido este ministerio. Oraciones.

  4. Es verdad, amigo Perenolasc, el mejor sermón que he oído en mi ya larga vida, en un tanatorio, en el funeral de una amiga nuestra, lo hizo un diácono permanente. Y no solamente el sermón, sino el resto de la ceremonia. Fue admirable y, aunque sucedió hace unos años, no he vuelto a ver otro funeral así. Impresionante. Fue en Barcelona, por cierto.

  5. Suscribo la mayoría de los comentarios, en defensa de la necesidad actual (hace años sin duda no hacían falta) de esta figura. Recuerdo el fin de mi padre con horror, la cosa más desangelada del mundo. Si no eres amigo de un sacerdote, imposible conseguir uno para un responso en condiciones, o para acompañar en el cementerio. Parece que nuestro amigo Cigüeña, a quien tanto estimo, ha tenido y tiene suerte en el sentido de que nunca le falta un sacerdote, pero para muchísimos creyentes eso ya no es así.

  6. Estoy de acuerdo con lo que dice Peronolasc, por algo fue fundado en la Iglesia primitiva con funciones precisas e importantes.
    Para mí, lo que no tiene sentido es que, cuando nos encontramos que hay escasez de sacerdotes, haya sacerdotes que se dediquen a tiempo completo a dirigir una librería religiosa, frecuentemente mal, a dedicar la mayor parte del tiempo a Cáritas o a la administración de la parroquia, frecuentemente de manera deficiente, a dirigir y administrar los bienes de la diócesis, frecuentemente mal o muy mal, no pocas veces con resultados desastrosos y simultáneamente, no es raro que no aparezcan por el confesionario, o celebren la misa deprisa y corriendo, o no visiten o lleven la comunión a los enfermos, descuidan la predicación y la catequesis, actuando como funcionarios, pero malos. Para que seguir.
    Los diáconos, pueden realizar una buena parte de las funciones de los sacerdotes y en especial las que absorben más tiempo. Encima pueden ser casados y en época de pocas vocaciones pueden ayudar a los sacerdotes.
    Siempre me ha sorprendido que no se potenciara el diaconado. Posiblemente debido a que muchos sacerdotes su verdadera vocación es la diáconos.

  7. Creo que aunque no despierten entusiasmos habrá que irse acostumbrando a los diáconos permanentes, que en un futuro tendrán un protagonismo mayor, especialmente en las zonas rurales. De aquí a diez años desaparecerá un buen número de sacerdotes, para los que no hay reemplazo, así que ya me contarán cómo nos vamos a organizar.

  8. Tres cosas sobre el diaconado:
    En las liturgias bizantinas, católicas u ortodoxas su papel es muy importante, especialmente de agradecer si poseen una bella voz de bajo.
    He visto en algún tanatorio a un diácono permanente cumplir un papel muy importante y liberar a un sacerdote de estar siempre allí, a tener en cuenta en estos tiempos de pocos segadores.
    Finalmente un diácono permanente es lo más parecido a un pastor protestante pero en católico, claro está . Ambos pueden predicar, ayudar en la liturgia, participar como ministros en bautizos, bodas y funerales. Pero tanto el pastor protestante como el diácono permanente católico no pueden ni consagrar ni absolver los pecados.

  9. El diaconado permanente es la máxima expresión de la clericalización del laico. Resulta paradójico que el Concilio Vaticano II, que pretendió promocionar el laicado, recuperase esta figura.

  10. En mi parroquia había 3 sacerdotes, bueno, 2 y medio y ahora quedan dos.

    Afortunadamente en todas las Misas, la Iglesia está llena, a diario Misa de 10 y 20h. y Festivos 3 Misas por la mañana y otra a las 20 horas, además exposición del Santísimo los jueves en Su capilla.

    Pues bien, tienen diácono permanente, de nombre Jesús. Cristiano auténtico y preocupado por la parroquia y por su propia formación. De su labor intraeclesial como apoyo a los sacerdotes no puedo opinar, supongo que será buena, de lo que los fieles presenciamos, aunque reconozco que todo cuanto hace lo hace con devoción y respeto, siempre está un sacerdote presente, así que excepto por afonía o indisposición de los curas, su labor en la Misa es perfectamente suprimible ( En la Misa para niños, además de la proclamación del Santo Evangelio, es él el que echa el sermón, muy buenos, por cierto.

    Me gustaría saber, si fuera posible, que otras funciones no visibles durante la Misa tienen los diáconos permanentes.

    1. Pueden leer el Evangelio en la Santa Misa, pronunciar la homilía. Son los ministros ordinarios de la Oración de los fieles (ministro idóneo: IGMR 177. Las intenciones de la oración de los fieles, después de la introducción del sacerdote, de ordinario las dice el diácono desde el ambón.)

      Toda la parte dedicada a la misa con diácono está aquí:
      http://www.vatican. v a /roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20030317_ordinamento-messale_sp.html#B)_Misa_con_di%C3%A1cono

      Este está bastante bien explicado:
      usccb . o r g / prayer-and-worship/la-santa-misa/el-diacono-en-la-misa.cfm

      Además, pueden presidir matrimonios, encomendar los cuerpos de los fieles difuntos, bendecir objetos, personas y lugares. Curiosamente, en el rito oriental (católico u ortodoxo), esto

El cardenal Osoro subraya el ejemplo de los diáconos «para toda la gente que quiera ser servidora»

El pasado lunes, 3 de diciembre, el salón de actos de Alfa y Omega acogió la presentación del libro El diácono, pobre y fiel en lo poco, de Pedro Jara Vera. Además del autor estuvieron presentes el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro; el secretario del Comité Nacional para el Diaconado Permanente, Juan Carlos Mateo, y el director de EDICE, Manuel Fanjul; así como el encargado de esta realidad en la diócesis, el vicario Juan Carlos Vera.

«Gracias, Pedro, por este libro que nos has regalado y que ha sido fruto de la Palabra que has acogido en tu corazón». Con esta premisa, el arzobispo de Madrid agradeció al autor cada una de las páginas de la historia que ha escrito en forma de «meditaciones bíblicas en primera persona». Y lo hizo, también, con la esposa y los hijos del autor, pues «no habrías podido hacer el libro sin ellos», ya que «para escribir hace falta que nos den tiempo».

En esta línea, extendió su agradecimiento, de manera especial, «a quienes forman parte de los diáconos permanentes, que son las esposas e hijos, por el acompañamiento que realizan». Por esta razón, «en este libro habría que poner más autores, y son ellos también…», incidió el purpurado, con el consiguiente asentimiento del autor.

libroUn libro «que nos vale para todos»

Mediante el ejemplar, que «vale para toda la gente que quiera ser servidora», uno descubre cómo el diácono «tiene la configuración en su propia existencia de Cristo servidor». Es «una especie de tríptico, una pintura preciosa, donde en una parte está el pobre, en otra el fiel, y en el centro el diácono, que representa a Cristo». Todo ello «con una música de fondo, una melodía, que la ha ido captando a través del libro de Job, del joven rico y del texto de Filipenses donde el apóstol Pablo nos manifiesta quién es Jesucristo».

Recordando esa banda sonora que acompaña permanentemente la obra, el prelado incidió en su originalidad «porque no todo el mundo sabe escribir y poner música a lo que escribe», y Pedro «sabe escribir, sabe lo que dice y, encima, le pone música para que no nos durmamos y mantengamos la capacidad de escucha que requiere todo esto». Un libro «que nos vale a todos» y mediante el cual «yo me he sentido interpelado».

PHOTO 2018 12 04 09 30 24

«Es un privilegio inmerecido poder servir a Cristo en los pobres»

El autor, ligeramente emocionado y acompañado de su mujer y de sus cuatro hijos, reconoció su «pequeñez» ante un acto de tales características. El libro «ofrece una oportunidad de diálogo e intimidad con Cristo», reveló Pedro Jara, y «se hace hincapié en el servicio a los más débiles y olvidados del mundo: en ellos vive Cristo sufriente y es un privilegio inmerecido poder servir a Cristo en los pobres», donde «Cristo actualiza su Pasión cada día».

El diácono, confesó, «no solo va en nombre de Cristo y lleva su consuelo», sino que «en el servicio a los pobres toca el mismo cuerpo de Cristo». Es un privilegio, aseveró, que «obliga a descalzarse», como Moisés, ante la zarza ardiente –«Descálzate porque el terreno que pisas es sagrado»–, y «a entrar en la pobreza de Cristo». Momento que aprovechó para dejar constancia de su sentir más íntimo y profundo: «No se puede servir a los pobres si no es desde la pobreza, la humildad y la reverencia; no es posible nada de esto sin entregar la voluntad a la voluntad de Dios».

«Me siento totalmente indigno de cualquier cosa»

«No hay otra forma de visibilizar a Cristo siervo: que yo mengüe para que Dios crezca, que yo desaparezca para que sea Dios quien aparezca». Con estas palabras, el diácono permanente expuso su agradecimiento «porque el Señor un día me llamó a su Iglesia, y el primer fruto de este libro es la meditación de la Palabra de Dios». En este sentido, explicó que lo que el Señor le ha regalado solo por el hecho de meditar su Palabra, «ya sería suficiente para justificarlo». Y «por eso he querido que en el mismo cuerpo del texto lo primordial fuera la Palabra de Dios».

Esto «no es mío», reconoció, tomando el libro con sus manos. «A mí todo me lo ha enseñado la Iglesia, y necesito contarlo». En Cristo «está la vida», y «en Cristo siervo se fundamenta el misterio de nuestra salvación». Yo «me siento totalmente indigno de cualquier cosa», pero «doy gracias a Dios por haberme encontrado con Él». Y abrazado a esta acción de gracias, desveló una última petición: «Le pido que me siga salvando», porque «ni soy pobre, ni soy fiel en lo poco», pero «sé que este es el camino que quiere Cristo para mí y para mi salvación».

Por Carlos González en Infomadrid

Autor de ‘El diácono, pobre y fiel en lo poco’: «Es un privilegio inmerecido ver al Cristo sufriente en los enfermos y en los pobres»

7ba07d545489ed04130fe953692d4ed2_XL (1)El lunes 3 de diciembre, a las 19:00 horas, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, preside –en el Salón de Actos del semanario Alfa y Omega– la presentación del libro El diácono, pobre y fiel en lo poco, de Pedro Jara. Diácono permanente de la archidiócesis de Madrid desde hace siete años, está casado y tiene tres hijos. Cristiano de vocación y docente de profesión, conforma su identidad neocatecumenal y diaconal desde una pertenencia eclesial que plasma en un libro que nace por una intuición personal: «A lo largo de todo el proceso de formación y preparación, desde que siento la llamada al diaconado, uno acaba dándose cuenta de que la centralidad no está tanto en lo que hace un diácono, sino en lo que es». Y esa identidad, subraya, se resumen en «visibilizar dentro del mundo la imagen del Cristo siervo y servidor». A partir de ahí, «surge una reflexión de cómo se concreta esto de cara a todos los hermanos», y ese detalle «es lo que acontece en el libro».

«El libro es una obra de la Iglesia, no mía»

El autor destaca la satisfacción que supone la presencia del purpurado madrileño en el acto, pues «significa mucho» porque «es mi pastor y es un motivo de alegría». El libro, propone, «no es algo personal mío». De hecho, «me alegra mucho que lo haya editado EDICE –de la Conferencia Episcopal–, y que haya pasado por manos de comisiones y de obispos, porque si tiene que ser, que sea un fruto de la Iglesia y no de un autor concreto».

Para mí «supone un respaldo que sea el propio arzobispo quien lo presente», ya que «si así lo hace, es porque es un libro que sirve para dar gloria a Dios y para nuestros hermanos». Es, repite, una y otra vez, «una obra de la Iglesia, no mía», ya que «yo no he puesto ahí nada que no me haya regalado la Iglesia antes, desde que nací». Un libro, de principio a fin, para todos: «Es para todos aquellos que sirven a la Iglesia de cualquier modo».

«Todo se reduce a que somos pobres instrumentos»

Respecto al título –El diácono, pobre y fiel en lo poco–, Pedro reconoce que «es una de las facetas que se resaltan dentro del servicio a la Iglesia: o es desde la pobreza o no se pude servir a los pobres». El diácono, incide, con humildad y sin pretensiones insignes, «o entra dentro de la servidumbre del siervo de Yahvé, como el mismo Jesucristo en la Cruz, o no es capaz de visibilizar más que a sí mismo».

Esa es la «tensión» que gira en torno al libro. «Al final, ¿quién queremos que aparezca? ¿El diácono o Cristo al que representamos?», cuestiona el autor. Porque «todo se reduce a que somos pobres instrumentos» y que «nos hemos puesto en manos de Dios para que sea Él quien aparezca delante de nuestros hermanos».

«Cristo siervo es capaz de amarnos hasta el extremo»

Jara confiesa que la labor fundamental del diácono es «visibilizar dentro de la Iglesia y entre nuestros hermanos la figura de Cristo siervo», que «da la vida por todos nosotros y es capaz de amarnos hasta el extremo». Las formas que tiene el diácono de hacerlo es a través de la Palabra, la predicación, la liturgia y el ministerio de la caridad, «pero dejando que sea Dios el que obre».

El reto, afirma, «es ver en el otro a Cristo». En este sentido, enumera las «formas privilegiadas en las que se visibiliza a Cristo», como son «los pobres y las situaciones de debilidad y de fragilidad del ser humano». «Cuando nosotros servimos a los pobres, ya no solo desde el punto de vista material sino también espiritual, tenemos que tener en cuenta que les llevamos el consuelo de Cristo y que estamos viendo a Cristo en ellos». Es «un misterio y un privilegio inmerecido», concluye, «ver al Cristo sufriente en ellos y poder tocar a los enfermos y a los pobres».

por Carlos Gonzalez en Infomadrid