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Archivo de la categoría: Testimonios

Diácono de origen gitano: Agustín Gabarre: “El pueblo gitano expresa su fe, no la intelectualiza”

Diácono permanente y de origen gitano, explica que la figura del diácono es “muy reconocida por el colectivo porque comprende sus necesidades”
“Al estar inmersos en las tareas de su ministerio, los sacerdotes no llegan a ambientes a los que los diáconos si lo hacen”agustin-gabarre-850x310

Recién ordenado diácono permanente, Agustín Gabarre está casado, tiene un hijo y trabaja en una ong. Además, sus orígenes son gitanos, por lo que está muy ligado a la Pastoral con este grupo. “Durante mucho tiempo ha habido diferentes delegados que han
trabajado en el acompañamiento de estas comunidades”, dice a Vida Nueva. Aquí, el papel del diaconado es “muy importante”, porque es la figura “más reconocida por el colectivo”. Una persona casada, con familia, con un trabajo fuera del ámbito eclesial, es
reconocida por los gitanos “porque es alguien capacitado que tiene a su familia y a la vez comprende las necesidades del colectivo”. Así, la evangelización, la coordinación de iniciativas, la realización de ponencias, encuentros y peregrinaciones se convierten en la
manera de evangelizar. Y, si bien “uno es diácono desde que se levanta hasta que se acuesta”, en el trabajo, con la familia y los amigos, “es una vida de servicio” llevada con “esa actitud particular, evangelizadora” y, por supuesto, “compatibilizarlo todo esto
con la vida de la parroquia”.
“El sentir del pueblo gitano en cuanto a la fe es particular”, señala Gabarre, al igual que “lo es el sentir de los muchos grupos que conforman la Iglesia”. Es, para Gabarre, una fe expresada de una manera “más sentida, más desde el corazón”. “Está claro que entre
los gitanos del sur y del norte la manifestación también es distinta, pero siempre es una fe que no busca ser intelectualizada sino expresada”, explica.

Diaconado y sacerdocio, vocaciones diferentes
Es bastante común establecer el diaconado como una suerte de remedio para suplir la falta de vocaciones al sacerdocio, pero para Gabarre esto es un error. “Un diácono permanente no es un cura de segunda, ni viene a suplir la figura clerical”, apunta, a lo que añade que “el diaconado es un ministerio propio, donde no se tienen las mismas tareas que un sacerdote, como la celebración de la eucaristía”. Y es que “un diácono bendice, no consagra”, y sus tareas están enfocadas a “animar y llevar la pastoral”.
Esta diferencia dentro de la misión de cada una de las ordenaciones es lo que hace tan importante, para Gabarre, a la figura del diácono dentro de la Pastoral Gitana. “Actúa como nexo, ya que el diácono es una persona que está en el mundo, que trabaja y
tiene familia y que puede llevar el mensaje de una manera diferente a la del sacerdote, que al estar inmerso en las tareas propias de su ministerio en ocasiones no está tan cercano a algunos ambientes a los que los diáconos si llegan”, dice.

por Elena Magariños en Vidanuevadigital

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De judío a mesiánico y luego católico y diácono: todo empezó con el villancico «Noche de paz»

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El diácono Richard Malamut y su esposa Kathy conversan en las afueras de la Iglesia de San Marcos en Bristol, donde desempeña su ministerio como diácono permanente de la Arquidiócesis de Filadelfia. (Sarah Webb)

Richard Malamut se crió en la tradición judía, fue adorado con su familia en el Oxford Circle Jewish Community Center en el noreste de Filadelfia, asistió a la escuela hebrea y asistió a la ceremonia de Bar Mitzvah. A la edad de 13 años, su devoción llevó a su familia y amigos a creer que estaba destinado a ser rabino.

Ni ellos ni él pudieron imaginar que su futuro estaba en el diaconado de la Iglesia Católica Romana.

El primero en darse cuenta de hacia dónde se dirigía el viaje espiritual de Malamut fue Kathy, su esposa y la madre de los tres hijos de la pareja. Ella de alguna manera lo supo, nunca lo empujó, dedicándose a su propia fe y dejando el resto, dijo, a Dios.

Esa intuición primero golpeó durante su compromiso. Era la temporada de Navidad y Malamut mencionó que le gustaba el villancico, “Silent Night”.

“Sabes de quién se trata”, le respondió ella. “Dijo que lo hizo, pero le gustó la canción”, dijo Kathy. “En ese momento supe que la semilla había sido plantada. Sabía a dónde iba esto “.

La pareja se casó en 1981, pero pasaron otros 15 años antes de que su esposo ingresara en la Iglesia Católica, y se necesitaría una crisis desgarradora que lo llevaría al Seminario de St. Charles para comenzar la formación como diácono permanente.

El sábado por la noche, después de la misa de las 5 pm en la parroquia de St. Mark en Bristol, Deacon Rich, así es como se refiere a sí mismo, arrojó luz sobre su propio viaje de inicio y parada que lo llevó a su ministerio actual.

Recordó sus últimos años de adolescencia como el momento en que comenzó a ir a la deriva, dijo, y se mostró en desacuerdo con algunas de las reglas creadas por el hombre que pensó que combinaban el significado de las Escrituras del Antiguo Testamento.

Por ejemplo, Deacon Malamut creció sin consumir leche y carne en la misma comida. Esa antigua prohibición está escrita en la Torá (Éxodo 23:19 y Deuteronomio 14:21), donde dijo que se consideraba cruel “bañar (o alimentar) a un niño” o cualquier animal joven que estaba a punto de ser sacrificado. En la leche que se suponía alimentaría al niño.

“Nunca en mi vida comí carne y bebí leche” durante la misma comida, dijo.

Otra práctica que Deacon Malamut comenzó a cuestionar fue la de no trabajar el domingo.

“Podría entender que tal vez no conducir un coche. ¿Pero no encender un interruptor de luz? De Verdad? Todo tiene que ser demasiado. ¿Dónde estaban consiguiendo estas cosas? Parecían estar amontonándolo ”, dijo.

Con el tiempo, llegaría a apreciar la belleza de la fe judía, especialmente en lo que se relaciona con el catolicismo. Pero durante los años de confusión espiritual, incluido el protestantismo, permaneció en modo de búsqueda.

Mientras crecía, se adhirió a la advertencia de su familia de no mencionar nunca el nombre de Jesús en el hogar. Pero durante su deambulación posterior, se familiarizó con el concepto de Jesús como Salvador. A instancias de sus amigos, finalmente se convirtió en miembro del faro del Mesías, un grupo de judíos mesiánicos, un movimiento religioso que surgió a fines de la década de los 60, cuyos miembros se aferran a las prácticas judías mientras aceptan a Jesús como el Mesías.

Para estas fechas, Deacon Malamut era un esposo y padre. Kathy se mantuvo firme en su fe católica.

“Pero no tuve ningún problema en criar a los niños católicos”, dijo. “El judaísmo es una religión matriarcal, lo que significa que un niño era judío si nació de una madre judía. Como Kathy no era judía, nuestros hijos no serían (técnicamente) considerados judíos. Criar a los niños como católicos no me molestó “.

“Pero ya tenía a Jesús en mi vida. ¿Por qué necesitaría la Iglesia Católica? ”, Pensó en ese momento.

El cambio en el mar se produjo en diciembre de 1995 porque era hora, dijo, de que sus hijos comenzaran la escuela en la escuela St. Christopher. Estarían aprendiendo sobre su fe. Necesitarían ayuda con la tarea. Él no quería ser uno de esos padres a los que se les haría una pregunta, solo para ofrecerle la respuesta de “ve y pregunta a tu madre”.

Así que le preguntó al pastor si podía inscribirse en las clases de Rito de Iniciación Cristiana para Adultos (RICA) de la parroquia para personas que se preparan para convertirse al catolicismo. Solo para entender la fe, solo para poder responder preguntas, se aseguró a sí mismo.

El Espíritu Santo en el que confiaba la esposa de Diácono Malamut fue a trabajar.

“Para diciembre, me di cuenta de que lo que estaba aprendiendo en esas clases se movió de mi cabeza a mi corazón. Iba a ser católico “, dijo.

El paso final en su viaje no fue sin obstáculos. Uno aceptaba la autoridad del papa y de los obispos. Pero llegó a comprender que tal autoridad tenía sentido porque fue Jesús quien le dio las llaves del Reino al apóstol Pedro, junto con la autoridad: “Todo lo que ates en la tierra también será atado en el cielo” (Mateo 18:18) .

No fue un desafío creer en la transubstanciación, la transformación durante la liturgia del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El diácono Malamut dijo que estaba acostumbrado a leer sobre eventos milagrosos en el Antiguo Testamento. La creencia en el corazón de la liturgia católica le fue fácil.

Kathy dijo que estaba feliz, pero no sorprendida por la conversión de su esposo. Tenía una respuesta lista cuando se le preguntó cómo “consiguió” que su esposo se convirtiera.

“No ‘entiendes’ a la gente. El Espíritu Santo hace su trabajo, ”ella respondería.

Con una excepción, un primo, la familia judía de Diácono Malamut, aceptó su decisión. Kathy dijo que la familia de su esposo siempre había sido respetuosa, asistía a la boda de la pareja en la iglesia de San Cristóbal y oficiaba tanto de un sacerdote como de un rabino.

Cuando su padre investigó, la madre de Deacon Malamut reprendió a su esposo. Ella simplemente le dijo: “No preguntes”.

Llegaron a los bautismos de los niños y otros sacramentos “, dijo Kathy. “Siempre estuvieron ahí”.

En la Misa de la Vigilia Pascual en San Cristóbal esa primavera, el Diácono Malamut fue bautizado, confirmado y recibió su primera comunión. Fue una de las ocasiones más felices de su vida, pero la iluminación del Espíritu Santo se estaba acelerando. Era una angustia familiar que lo impulsaría hacia el ministerio ordenado.

Esa ruta, sin embargo, puso a la familia cara a cara con la participación de su hijo Jim con las drogas, el contacto con la policía, el tribunal de familia y las sesiones de terapia. Gradualmente, llegó la sanación, al igual que la dirección al ministerio de Deacon Malamut.

“Durante una de las sesiones, el terapeuta familiar me sugirió que considerara convertirme en diácono. No sabía qué era eso, así que comencé a investigar ”, dijo.

Luego, en una misa posterior en San Cristóbal, dos amigos hicieron la misma sugerencia.

“Hay un dicho judío: ‘Si tres personas te dicen que estás borracho, ve a casa y acuéstate'”, dijo el diácono Malamut con una risita. Pero aplicó ese viejo dicho a las sugerencias sobre el diácono.

Después de mucha oración y evaluación, ingresó a las clases nocturnas en el Seminario St. Charles Borromeo en Overbrook. Fue ordenado diácono en 2011 y sirvió en St. Christopher Parish durante siete años antes de ser enviado a St. Mark.

Los deberes de un diácono incluyen predicar, bautizar, oficiar bodas, proclamar el Evangelio durante la misa, ayudar a los obispos y sacerdotes durante la misa, presidir los servicios de velatorios y funerales durante el rito del entierro y presidir las liturgias devocionales.

“La fe católica es la fe más judía a la que me he conectado”, dijo Deacon Malamut. “Les digo a los católicos que, si no leen el Antiguo Testamento, se están perdiendo gran parte de su religión. La fe católica es la fe más bella “.

El día de trabajo del diácono es un programador de computadoras en Jack and Jill Ice Cream Co. Kathy trabaja en Giant Supermarkets. Tienen tres hijos adultos: Jim, 32, Amanda, 30 y Sara, 26.

Jim está casado y vive en el sur de California; Sara está estudiando para su doctorado en psicología y Amanda está casada y vive en el sur de Filadelfia.

A pesar de su ajetreada vida y sus tareas de fin de semana en San Marcos, el ministerio de Deacon Malamut es una parte vital de su vida y fe.

Un diácono tiene un pie en dos mundos, dijo. Uno es el mundo de la familia y el trabajo, el otro es los deberes del ministerio involucrados.

“Este ministerio me da el privilegio de poder hablar de la persona que amo a los que amo. Es un privilegio que nunca daré por sentado “, dijo Deacon Malamut.

Por Elizabeth Fisher en Catholic Philly

Un centenario diácono reflexiona sobre los 100 años: ‘Siempre quise servir a la Iglesia’

El diácono Lawrence Girard celebra un cumpleaños muy importante con amigos y familiares en San Sebastián, Detroit, EEUU.

Mucho ha cambiado durante los 100 años de Deacon Lawrence Girard en esta tierra. 

Con una vida que abarca dos países, dos carreras y una vocación como pionera en el diaconado permanente, el centenario cuenta con innumerables historias de servicio. 

Pero la historia que le da la mayor alegría aún, sostiene, es la historia del Evangelio que continúa proclamando como diácono en la parroquia St. Sebastian en Dearborn Heights. 

“Me gusta ayudar al sacerdote; Lo que sea que quieran que haga, lo intento “, dijo Deacon Girard a Detroit Catholic mientras se vestía en la sacristía de San Sebastián antes de la misa del viernes por la noche en octubre.gira1

El diácono Girard ofrece la Comunión a un Massgoer diario en la parroquia St. Sebastian en Dearborn Heights.

A pesar de sus años avanzados, Deacon Girard se esfuerza por asistir a ocho Misas a la semana, sirviendo en el altar durante la mayoría de las 11 Misas a lo largo de la semana en San Sebastián, proclamando la palabra del Señor a la gente. 

“Cuando estaba más activo, visitaba a los enfermos y hacía visitas a domicilio, porque el sacerdote tenía mucho que hacer en persona”, dijo Deacon Girard. “Pero ahora soy un poco más lento, creo que ‘diácono mayor’ es como me llaman. Pero cuando estaba activo, fui a los hospitales para traer la comunión. Algunas veces (los pacientes) comenzaban a confesar sus pecados, así que los detuve y dije: ‘Espera un momento, buscaré a mi padre’ ”. 

Ordenado diácono por el cardenal John F. Dearden el 25 de abril de 1976, el diácono Girard estaba entre los pioneros para el diaconado restaurado en la Arquidiócesis de Detroit.

El diaconado permanente fue restablecido en los Estados Unidos por el Papa San Pablo VI en 1968, y la primera clase de diaconado permanente en la Arquidiócesis de Detroit fue ordenada en 1971. 

En 1972, Deacon Girard era un feligrés laico en San Sebastián. casado con su esposa, Jean (Faucher), con cinco hijos: Anne, Paul, Mary, Clare y Tom. 

“Pensé que podría usar algunos de mis talentos para ayudar a la Iglesia de diferentes maneras”, dijo Deacon Girard. “Pensé que podía ayudar a la Iglesia, ayudar a los sacerdotes en las parroquias, siempre necesitan ayuda. Supongo que recibí una llamada del Espíritu Santo ”. 

No fue la primera vez que el Diácono Girard distinguió la vida religiosa.

Nacido el 21 de noviembre de 1918, hijo de William y Marie (Rondot) Girard en Windsor, Ontario, Deacon Girard creció en Immaculate Conception Parish en Windsor antes de ir a De La Salle College en Toronto, St. Michael’s College y Toronto Normal School at the Universidad de Toronto para obtener su certificado de enseñanza, y el Instituto St. George en la Universidad de Montreal por su licenciatura.2 gira100

El diácono Girard sirve en el altar como p. Lucas Iwuji consagra la Santa Eucaristía en San Sebastián.

El diácono Girard estaba estudiando y discerniendo con los Hermanos Cristianos, a quienes se unió en 1932, tomando sus votos iniciales en 1936 mientras enseñaba en las escuelas de los Hermanos en Toronto y Montreal.

En 1947, se mudó a Detroit para enseñar en St. Joseph High School, pero el feligrés de Holy Redeemer sintió que era hora de un cambio de carrera. 

“Comencé a dedicarme al trabajo social y dejé la enseñanza, obteniendo mi licenciatura en trabajo social de Wayne State y luego una maestría en la Universidad de Detroit”, dijo Deacon Girard.“Comencé a trabajar como voluntario con los Capuchinos en San Buenaventura, haciendo trabajo social con la Sociedad de San Vicente de Paúl. En ese momento, San Vicente se hizo cargo de los niños en el sistema judicial, los asignó a hogares de acogida y haría visitas domiciliarias “.

El diácono Girard eventualmente se convirtió en un trabajador social para el condado de Wayne, donde trabajó durante 25 años antes de retirarse y ganar su pensión. Su nueva carrera lo llevó a una nueva vocación, ya que conoció a Jean Faucher, un maestro de las Escuelas Públicas de Detroit, en el Holy Redeemer, donde se casaron en 1951. 

La pareja se quedó en Detroit para sus primeros tres hijos, antes de mudarse a Dearborn y unirse a San Sebastián. 

“Cuando nos mudamos aquí para convertirnos en feligreses, nos involucramos en el Movimiento Familiar Cristiano, donde nos reuniríamos en las casas de los demás para discutir los problemas de la Iglesia y las formas en que podemos ayudar a nuestras familias”, dijo Deacon Girard. 

Cuando se abrió la oportunidad de convertirse en diácono permanente, Deacon Girard supo que era su vocación de servir a la Iglesia.

“Siempre quise servir a la Iglesia, pero sabía que no quería ser sacerdote”, dijo Deacon Girard. “Fui testigo de muchas bodas y bauticé algunas en los primeros días. “Solía ​​ir al hospital de Oakwood para llevar la comunión, a veces visitaba a 20 personas enfermas al día o les llevaba la comunión”.3 gira 100

El diácono Lawrence Girard, a la izquierda, sonríe con el padre. Luke Iwuji, sacerdote visitante de la parroquia St. Sebastian en Dearborn Heights, el 19 de octubre. El diácono Girard cumplirá 100 años el 21 de noviembre, pero aún dice que le encanta servir en el altar y “poder ayudar al sacerdote”. de cualquier manera que pueda “.

Los feligreses de San Sebastián dicen que la parroquia no sería la misma sin Deacon Girard;apenas hay una misa en la parroquia en la que no participa.

El diácono Girard admite que ya no puede hacer las visitas a domicilio ni las visitas al hospital que solía hacer. Su esposa falleció hace 10 años, y ahora vive con su hija, Clare. Sus otros hijos viven en el sureste de Michigan, excepto su hija Mary, que vive en Ottawa. 

El diácono Girard dijo que la familia había planeado estar en San Sebastián el 11 de noviembre para celebrar su cumpleaños número 100 después de la misa de las 10 am. 

Celebrar la marca del siglo no significa que el diácono Girard esté pensando en renunciar a sus responsabilidades de ser un diácono – lejos de eso. 

Todavía espera cada misa en la parroquia, asistiendo al sacerdote en la medida de lo que pueda: una devoción a la Iglesia y a la misa que no se oscurece con la edad.

“Cuando piensas en un siglo, o incluso en 10 años, ves muchos cambios en la Iglesia”, dijo el diácono Girard. “Pero poder ayudar al sacerdote, conectar a los laicos con el sacerdote o estar allí cuando el sacerdote está ocupado, eso es lo que más me gusta. Es la razón por la que me convertí en diácono en primer lugar, y es por eso que todavía me gusta ser diácono para ayudar al sacerdote cuando celebra la misa. Ahí es cuando soy más feliz, cuando puedo ayudar “.

por Daniel Meloy en Detroit Catholic

 

 

Adiós al diácono hawaiano Kin Borja: “Amó y vivió su diaconado, y fue un firme defensor de la vida”

El diácono Kin Borja se sentía tan feliz que quería que todos en el auto cantaran. El 25 de octubre conducía con familiares y amigos desde Sacramento, California, hasta el lago Tahoe, para unas vacaciones muy esperadas. Eligió “Amazing Grace”, una canción que aún retumbaba en su cabeza por los funerales que había presidido la semana anterior en la iglesia St. Elizabeth en Aiea.kin2

Poco sabía que estaba cantando para sí mismo, más tarde su esposa Alicia le contó al Hawaii Catholic Herald. El diácono Joaquín Muna Borja se derrumbó en el baño del hotel poco después de registrarse y murió poco después.

Una bendición involuntaria de la muerte de su esposo donde se encontraba, a 2.500 millas de su hogar, dijo Alicia, fue que estaba más cerca de muchos de sus 14 hermanos, los que viven en el continente. “Toda la familia vino al hotel” para apoyarla, dijo. Ella dijo que estaba agradecida de tener “familia cerca” en su “último viaje” con Kin, orando por él.

Borja tenía 69 años y era diácono durante 11 años. Sirvió en St. Elizabeth, trabajando en numerosos ministerios, pasando largas horas cada semana en la iglesia. Como director del Rito de Iniciación Cristiana de Adultos, preparaba grandes grupos de catecúmenos cada año para el bautismo.10461384_1514124778847820_6205791653623484252_n

Estaba muy agradecido por el privilegio de ser diácono, dijo Alicia. “Amaba el diaconado”.

“Creía que había venido al mundo para servir, no para ser servido”, dijo. “Nunca rechazó una petición”.

Alicia dijo que le gustaría que la gente lo recordara “tal como era, un siervo de Dios”.

“Amaba a Dios, amaba a su iglesia y amaba a su familia”, dijo.

El funeral del diácono Borja fue el 10 de noviembre en la parroquia de St. Elizabeth.

Joaquin “Kin” Muna Borja nació el 2 de febrero de 1949 en Chalan Kanoa, Saipan, en la Comunidad de las Islas Marianas del Norte. Asistió a la Universidad Estatal de California, Long Beach.

Alicia y Kin Borja se casaron hace 46 años. Tienen tres hijos, Mei, Kathy y Rosalia, siete nietos y dos bisnietos.

Fue ordenado por el obispo Larry Silva para la Diócesis de Honolulu en 2007.kin4

El diácono Borja se retiró hace cinco años como asesor de recursos humanos en el Departamento de Defensa, Agencia de la Comisaría de Defensa, trabajando en la Base de la Fuerza Aérea de Hickam.

Un ferviente simpatizante de las causas del prolife, el diácono fue presidente de Aloha Life Advocates, anteriormente Hawaii Right to Life, la organización que durante muchos años ha organizado la Marcha por la Vida anual cada mes de enero en el Capitolio del Estado.

El diácono Walter Yoshimitsu, director de la Oficina diocesana Resect Life, dijo que el diácono Borja era una “gran voz para toda la vida en Hawai”.

El diácono también fue miembro de los Caballeros de Colón durante 33 años y miembro distinguido del Consejo de Estado de Hawai, según Robert Camilleri, tesorero estatal de los Caballeros. Se desempeñó como gran caballero del Consejo Padre Damien De Veuster 6906 en Aiea y como Diputado de Estado de la Jurisdicción de Hawaii de 2004 a 2006.

De 2009 a 2013, Deacon Borja fue maestro de distrito del Cuarto Grado de Hawai de los Caballeros de Colón. También se desempeñó durante muchos años como director de vida del Consejo de Estado de Hawái, liderando las actividades de prolife de la organización.

El pastor de la parroquia St. Elizabeth, el padre Arnold Ortiz, en la homilía que preparó para el funeral del diácono, enumeró a “todos los que se beneficiaron del ministerio de Deacon Kin”: aquellos a quienes bautizó, aquellos cuyas bodas y funerales ofició, aquellos a quienes preparó Recepción en la iglesia, aquellos a quienes aconsejó y aquellos con los que caminó en apoyo de la vida.kin7

También reconoció a aquellos “cuyo espíritu fortaleció con su proclamación del Evangelio” y sus homilías, que oraron con él en la adoración eucarística, a cuyos hogares o automóviles bendijo y a quienes apoyó en los retiros juveniles – “en otras palabras,” Padre Ortiz dijo, a todos los que trajo “más cerca del corazón de Jesús”.

El padre Ortiz dijo que se refería cariñosamente a Deacon Kin como “mi diácono”.

Tenía un “corazón enorme y generoso … el corazón de un sirviente”, dijo el sacerdote, “siempre tan listo para servir a los demás a través de su ministerio diaconado”.

“A veces tuve que regañarlo cuando creía que estaba haciendo demasiado, yendo más allá de lo que creía que su salud podía manejar”, dijo.

Dijo que el diácono Borja solo se reiría “mientras seguía moviéndose y sirviendo”.

El padre Ortiz notó la apasionada oposición de su diácono al aborto, que dijo, “lo que más le dolió fue lo que pensó que era lo más cruel, lo que le hizo llorar”.

“Esos bebés bebés pesaban tanto en su corazón”, dijo.

“Puedo verlo ahora”, dijo el padre Ortiz, y el diácono fue recibido en el cielo por “multitudes de bebés angelitos que apreciaron sus esfuerzos en su nombre”.

Por Patrick Downes en Hawaii Herald católico

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Un diácono doctor asiste gratuitamente en una clínica de Manassas, Virginia, E.E.U.U. (vídeo)

Cuando Scott Ross crecía en Dunbar, Pensilvania, estaba ansioso por servir en el altar. Las restricciones de edad no le impidieron preguntar al sacerdote. “Tienes que esperar”, le decía el sacerdote, una y otra vez. “Necesitas esperar.”

Una vez que tuvo la edad suficiente, Ross se convirtió en un servidor del altar, y lo mantuvo durante todo el camino hasta la escuela secundaria. Las cosas buenas vinieron con paciencia, trabajo duro y en el tiempo de Dios, un tema que lo seguiría a lo largo de la vida, como médico y diácono. 

Ross se graduó de la Universidad de Georgetown con un título en biología y una filosofía menor, y obtuvo su título de médico allí en 1994. Conoció a su esposa, Kellie, una graduada en enfermería, cuando trabajaban en la misma unidad en el hospital. 

Ross “se alejó” de la iglesia durante sus años universitarios, asistiendo a misa con poca frecuencia, pero el matrimonio lo trajo de vuelta “a todo gas”. 

“Cuando mi esposa y yo decidimos que nos casaríamos y ojalá algún día tendremos una familia, entonces es cuando realmente dijimos: ‘Sabes, necesitamos algo más grande que nosotros para ayudarnos'”, dijo. 

Los Ross tuvieron dos hijos, Jake y Sam, y comenzaron a “echar raíces” en la Iglesia de Todos los Santos en Manassas. Habían sido feligreses durante tres años cuando, en 2001, comenzó la planificación de una nueva parroquia, la Iglesia de la Santísima Trinidad en Gainesville. Formaron parte del proyecto desde el primer día. 

“Dimos un salto de fe y seguimos profundizando nuestra fe en nuestro deseo de servir”, dijo Ross. ccc

El obispo Paul S. Loverde reabrió el programa de diaconado permanente en la Diócesis de Arlington en 2005, después de una suspensión de 20 años. Ross pasó mucho tiempo pensando en el diaconado en oración, a menudo durante la adoración eucarística. Habló con Kellie, quien estaba encontrando su propia forma de ser cofundadora de la organización sin fines de lucro House of Mercy en Manassas. Ella fue de apoyo, por lo que se aplicó al programa.

El no fue aceptado “Fue una experiencia dolorosa”, dijo Ross. “Fue una experiencia estimulante”.

Aún así, siguió recibiendo “codazos” hacia el diaconado, dijo. Una de las principales fuentes de inspiración fue el diácono Jake Henry, un diácono permanente en la Santísima Trinidad, quien lo alentó a volver a aplicar. Con algo de aprensión, en 2009, Ross decidió dar el salto. 

“Creo que crecí en la madurez de la fe en ese momento”, recordó. “(Yo) dije, ‘si estaba destinado a ser, sucederá’. Estaba más abierto a aceptar los resultados de una manera u otra “.

El tiempo era el correcto. En 2014, Ross fue ordenado diácono permanente y asignado a su parroquia, Holy Trinity.

En 2015, Art Bennett, CEO de Catholic Charities y un parroquiano compañero. Se acercó a Ross con una gran noticia: un grupo de católicos locales estaba comprando una antigua clínica de abortos en Manassas . Además, el grupo, la Fundación BVM, quería transformar el espacio en una clínica médica gratuita para los pobres. Bennett quería saber si Ross consideraría servir como director médico voluntario. 

“Le dije que me diera la noche a la mañana para pensarlo y orar”, dijo Ross, “pero supe cuál era la respuesta al instante”.

Durante los siguientes dos años, los voluntarios trabajaron para establecer la clínica. En diciembre pasado, la Clínica Médica Gratuita Madre de la Misericordia abrió sus puertas, bajo el paraguas de las Caridades Diocesanas Católicas. Ross a veces piensa en la primera vez que entró por las puertas.ccccccenlarged

“Todavía había equipo de la clínica de abortos y era extraño. Aunque sabía que había sido bendecido, era muy extraño “, dijo. “No tengo ese sentido ahora. “

“Hemos establecido que es un lugar para el bien, un lugar para el amor y no un lugar para la muerte, el dolor y el sufrimiento. Sí, hay dolor y sufrimiento en la medicina, la gente está enferma, pero saben que ahora es un lugar para la vida y un lugar para el amor. Es hermoso saber que con la ayuda de Dios hemos hecho todas las cosas nuevas “, dijo Ross. “Ha habido una transformación aquí”.

Él siente que su ministerio como diácono y como médico van “de la mano” a la clínica. “El diaconado me permite ayudar a las personas con problemas espirituales”, dijo. “Mi profesión médica me ayuda a ayudar a las personas con sus necesidades y problemas físicos. Creo que aquí en la Clínica Médica Gratuita de la Madre de la Misericordia, realmente están reunidos en servicio “

por Mary stachyra lopez en Catholic Herald

Vídeo: la Vocación del mejicano Juan Manuel Ríos al Diaconado Permanente.

Acompáñanos a conocer la Vocación de Juan Manuel Ríos al Diaconado Permanente.

Carlos Echevarría, el deuterodiácono hondureño

Llamado por el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez el “deuterodiácono”, es residente del municipio en Santa Lucia, allí desarrolla su labor pastoral, en la parroquia “Cristo de las Mercedes” donde ejerce su ministerio diaconal sirviendo al altar en una de las misas del domingo, allí le toca predicar, además de impartir la formación cristiana a los adultos y las demás actividades que le son conferidos al diaconado.

¿Cómo fue su infancia?

Mi infancia fue marcada por la religión Católica, en mi casa se bendecía el alimento, se daba gracias, se rezaba el Rosario todos los días y en ese ambiente fui creciendo, mi familia era sumamente católica nos acostumbramos todos a ir a misa los domingos.foto1-e1537996903779

¿Cuáles son los  orígenes de sus padres?

Ambos nacieron en Costa Rica, mi papá se sentía un poco vasco de apellido Echeverría y su segundo apellido Elizondo. Son del área vasco de Navarra decía él que veníamos por lo cual él apoyaba a lo lejos al Osasuna y su servidor también. Yo no tengo problema, con el Real Madrid y el Barcelona siempre con el Osasuna ahora en segunda división.

¿Cómo describe sus anhelos desde su niñez?

Mi anhelo juvenil era llegar a ser sacerdote para eso me preparé tuve la bendición de estar en una universidad muy seria la Universidad Gregoriana de los Jesuitas y la tremenda bendición de coincidir con el Concilio Vaticano II, por lo tanto, ver la figura de Juan XXIII y de Pablo VI fue para mí algo muy especial.

¿Que lo molesta y lo hace enojar?

La injusticia, la farsa de algunos políticos; nos hacen la vida de cuadritos.  A veces nos dicen una cosa luego nos dicen otra, se ha manejado el país de mala manera, este es un país sumamente rico, pero lamentablemente ha estado muy mal administrado, muy bien robado, y durante mucho tiempo en total impunidad.

 ¿Cuál ha sido el  día más feliz de su vida?

He tenido unos días muy felices cuando me gradué en la Universidad Gregoriana era difícil, cuando me casé, cuando nacieron mis hijos, cuando me gradué en la maestría y cuando fui ordenado diácono en la Iglesia católica son los días que lo marcan a uno para toda la vida.

¿Cómo vive usted su diaconado?

Encomendándome al Señor, haciendo la tarea que le toca a uno, estamos cooperando con la Universidad Católica, También en el ministerio sirviendo al altar en una de las misas allá en Santa Lucía, me toca predicar en esa Misa, también me toca a mí la formación cristiana a los adultos estamos por tres años consecutivos con esa tarea que es muy gratificante, porque son gente que a su edad anda buscando al Señor.

¿Cómo recibió la noticia que sería diácono, quien se la dio?

Me la dio el presbíterio asistí un domingo a la celebración de la Divina Misericordia hace como seis años cuando fue ordenado el primer diácono permanente el doctor Elio Alvarenga, uno de los sacerdotes dijo Carlos va a ser el próximo y otros presbíteros que me conocían repitieron lo mismo, la cosa   llegó al cardenal fue más prudente y dijo “pedid y recibiréis” al mes me llamó mi párroco que era el padre Tony Salinas y me dijo Carlos ya discutimos y aprobamos lo tuyo.p14echeverria

¿Qué hacer en los momentos difíciles que vive la Iglesia?

Ahorita nos toca enderezar el camino, formar mejor en los seminarios a nuestros sacerdotes ayudarles a discernir mejor, hacer más oración por la santa madre Iglesia y por sus ministros y si alguien falla hay que tener tolerancia cero e incluso colaborar con las autoridades civiles en cada uno de los países, porque no se puede tolerar, que se haga daño especialmente a niños y a jóvenes que se nos han sido confiados.

¿Qué propuestas podemos dar para mejorar la Iglesia?

Hay que poner las cosas en perspectiva, no podemos excusar los pecados cometidos, pero por otro lado también tenemos que ver la santidad de la Iglesia, mucho más, los presbíteros que han consagrado su vida al Señor y en total fidelidad que son una inmensa mayoría y es conocer el bien y es de su pastoral de los sacramentos la fe y su actividad social, la Iglesia beneficia a tantos seres humanos en el mundo entero hay que tener fe en Dios, hay que darle paso a la esperanza para que las cosas se produzcan de la manera correcta.

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Conozca al diácono

Carlos Echeverría

Nació en Costa Rica realizó estudios en Francia y en la Universidad Gregoriana de Roma, está casado es padre de 4 hijos, es el segundo diácono permanente en la Arquidiócesis de Tegucigalpa actualmente contribuye en la formación de los seminaristas en el Seminario Mayor  “Nuestra Señora de Suyapa”, y colabora en la Universidad Católica.

por Amarys Galeano en Fides Diario

“Originario de Costa Rica, en sus planes estaba el  ser sacerdote, pero Dios cambio de rumbo su vocación para servir aquí en nuestro país, sin saber que sería aquí donde le haría el llamado para ser ordenado Diácono Permanente”.

Nació una Navidad de 1943, en San José  de Costa Rica de niño creció en un hogar sumamente católico, con amor filial a la Santa Eucaristía y a la Madre Santísima. En una plática amena el futuro Diácono Permanente nos cuenta un poco de su vida, las expectativas que tiene ante este gran acontecimiento que está por vivir y el compromiso que desde ahora adquiere.
“Mi padre Carlos Roger Echeverría Elizondo era Farmacéutico y profesor universitario un caballero Mariano, él siempre anduvo en los pasos del Señor, mi mamá Margarita Coto Montero, era maestra también y sabia de contabilidad era muy católica, poco después cuando nos tuvo a nosotros se dedicó a las actividades de casa y nos inculcó  a estar siempre pendientes del Señor, jamás nos perdíamos la Misa de todos los domingos y en otras devociones como el Rosario de la Aurora”.
Son cuatro hermanos, dos mujeres y dos varones. Don Carlos recuerda que a temprana edad fue monaguillo del Padre Troyo que después llegó a ser Obispo Auxiliar de San José Monseñor Antonio Troyo. “La misa era en latín, mi papá que sabía latín me enseñó lo básico del latín para que yo no repitiera sin saber lo que estaba diciendo”. “En ese ambiente entre rosarios y eucaristías fui creciendo”.

“ME NACIÓ EL DESEO DE ENTRAR AL SEMINARIO”
Él estudio en una escuela pública de San José de Costa Rica, pero poco después nace dentro de él una inquietud a la vida sacerdotal.” “Me nació el deseo de entrar al seminario a la edad de trece años, había un seminario menor, entonces entré y cuando estaba en cuarto curso hicieron unas pruebas para dar unas becas y yo me la gané para ir a estudiar a Roma y una parte universitaria al seminario mayor, pero resulta que yo no había acabado mi secundaria y el señor Obispo de allá Carlos Humberto Rodríguez me envío a un seminario que queda en el sur de Francia, y allí termine mi secundaria sacando bachillerato francés y después pasé a Roma con la Pontificia Universidad Gregoriana, allí curse toda la filosofía y comencé la Teología, después decidimos el director espiritual y yo que no debía seguir mi formación, uno entra al seminario también a discernir si es o no su vocación y en ese momento pensamos que no debíamos seguir”.
Así es que a la edad de 23 años desiste de la idea de ser sacerdote y regresa a su natal Costa Rica.

SU LLEGADA A HONDURAS
Él viene a nuestro país ya que en Costa Rica se realizó un Congreso de Filósofos Centroamericanos y la Universidad de Honduras pidió un profesor para aquí Honduras. “A mí me nombró la Universidad de Costa Rica para poderme prestar a la universidad de Honduras, vine aquí por un año, renové por otro y después me quedé”.

LA FAMILIA
A los dos años de estar aquí en Honduras formó su hogar “Mi esposa es licenciada en Pedagogía y tiene un posgrado en Filosofía, ella se llama Vilma Mondragón Alvarado, es de Choluteca y hemos tenido cuatro hijos: Diego, Marcela, Beatríz y Diana y tengo seis nietos”.
“Si bien yo me retiré del seminario, nunca se me ocurrió retirarme de la Iglesia, entonces ayudaba en parroquias y siempre hemos estado sirviendo a la Iglesia”.
Él ha forjado una larga carrera profesional en el país, ha sido Jefe del Departamento de Filosofía, coordinador de la carrera de Filosofía, director académico de la Universidad, ha laborado en UNITEC. Desde hace cinco años es profesor del Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa.p5dialogos3

ANÉCDOTA
Recuerda que  cuando asistió a la Ordenación Diaconal del Doctor Elio David Alvarenga al salir uno de los sacerdotes le dijo “miren Carlos va a ser el próximo y otros dijeron lo mismo eso lo escuchó el Obispo Auxiliar Monseñor Juan José Pineda que quien también dijo lo mismo y el Cardenal Rodríguez dijo: pidan y recibirán”. “Yo lo tomé a broma, mi sorpresa fue que a los días el Padre Tony Salinas que estaba en mi comunidad de Santa Lucía,  me comentó que habían discutido el asunto en reunión de Clero y que habían dado el visto bueno, siempre y cuando mi esposa Vilma estuviera de acuerdo, yo hablé con ella y le expliqué lo que eso significaba…, ella conversó con el Padre Tony Salinas y al salir me otorgó el permiso”.
Desde entonces don Carlos Echeverría comenzó su periodo de preparación que ha durado alrededor de tres años “He continuado mis estudios de Teología, aprendiendo un poco más de Pastoral, viendo algo más sobre Liturgia”.

OBEDIENCIA
“Sé que el Diácono tiene las funciones que el Obispo quiera darle, él nos puede dar funciones de caridad, ocuparse de lo que llamados nosotros la dimensión samaritana, o puede ser que un Diácono esté ligado a la enseñanza, también el Diácono tiene funciones Litúrgicas entre otras”. “Uno asiste al Obispo en el desarrollo de la Diócesis en este caso de la Arquidiócesis en las funciones que le asigne, vamos a ver que me asigna a mí”.
Al darse cuenta que sería nombrado como Diácono Permanente él se informó: “Me fui de inmediato a Documentos del Vaticano para ver cuáles eran las funciones, requisitos y la manera de prepararse vi que era una función seria, de hecho no es que uno quiera ser Diácono o que uno lo haya buscado, sino que es un llamado del Señor, si ya estaba comprometido como laico pues ahora se me hace este llamado de entregarme más dentro de la vida de la Madre Iglesia”.
Él cuenta con el apoyo de su familia, quienes muy jubilosos  serán testigos de este acontecimiento histórico, él será el segundo Diácono Permanente Ordenado en nuestro país.

 

Diálogo “Fe y Razón”
Diaconado permanente
Carlos E. Echeverría Coto
carlosecheverriac@gmail.com
El diácono es el ministro consagrado menos conocido. La razón es muy sencilla. El diaconado, que tuvo abundantes representantes en los primeros siglos dela Iglesia, muchos de los cuales llegaron a los altares, fue desapareciendo como institución permanente. El por qué se lo dejo a los expertos en Historia Eclesiástica. Únicamente recordaré, en primer lugar, que durante las primeras seis décadas del siglo XX (y desde muchísimo tiempo atrás), eran ordenados diáconos únicamente quienes se preparaban al sacerdocio –o sea que se trataba de un ministerio transitorio. En segundo lugar, que el Concilio Vaticano II, en la Constitución Dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia, numeral 29 resolvió “…restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente”, habiendo recordado pocas líneas atrás que se trata de “…el grado inferior de la jerarquía”. En tercer lugar se dispone que pueden optar al diaconado permanente hombres jóvenes, quienes deberán conservarse célibes, pero también “…hombres de edad madura, aunque estén casados.”
La feligresía católica de Honduras ha tenido poca oportunidad de interactuar con los diáconos, pues, además de su tradicional condición transitoria, su número ha sido insuficiente para cubrir todas las parroquias y su duración ha sido breve. Les han visto ayudando en el altar, quizá bautizando, leyendo el evangelio y tal vez predicando. Otros menesteres pastorales también los realizan los seminaristas, los ministros extraordinarios de la comunión y los delegados de la Palabra.
Es oficio propio del diácono, según Vaticano II “…la administración solemne del bautismo, el conservar y distribuir la Eucaristía, el asistir en nombre de la Iglesia y bendecir los matrimonios, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir los ritos de funerales y sepelios” además de estar “dedicados a los oficios de caridad y
En la Iglesia hondureña la decisión de ordenar varones casados como diáconos permanentes, es muy reciente (unos 3 años), al punto de tener en la Arquidiócesis de Tegucigalpa un único diácono permanente en la persona del Rector de la Universidad Católica, Dr. Elio David Alvarenga. El que esto escribe será, Dios mediante, el segundo, a partir del 20 de junio. Algunos diáconos permanentes, ordenados en el extranjero y pertenecientes a órdenes religiosas, en poco número, han estado ocasionalmente apoyando a la jerarquía en algunas diócesis de Honduras. Tal es el caso actual del Diácono José Peñate, en la cuasi parroquia de la Santísima Trinidad.
Los diáconos permanentes casados lo llegan a ser, mediante autorización de su esposa. No puede ser de otro modo, pues se trata, en ambos casos, de un estado de vida de carácter sacramental, cuyos efectos son permanentes. Las responsabilidades de esposo y padre no se deben ver afectadas, antes bien, deberán ser desempeñadas con mayor dedicación, si cabe. Por su parte, se espera que la familia de estos diáconos sea ejemplo de vida cristiana en sus respectivas comunidades y brinden su apoyoen el desempeño de las funciones en que puedan cooperar.
Pedimos a nuestros amables lectores oraciones reiteradas por todos los que en estas semanas y en toda Honduras, están recibiendo el orden presbiteral y el orden diaconal.

por Suyapa Banegas en Semanario Fides

María Calero, viuda del diácono Fabián García, Medalla Pro Ecclesia Malacitana

María Calero era la esposa del diácono permanente Fabián García, que falleció hace poco más de 2 años. Ambos eran naturales de Pozo Blanco (Córdoba) pero por cuestiones de trabajo llegaron a Málaga: «Llegamos antes que la parroquia», recuerda María Calero, y siempre formaron parte de ella. En la reciente Visita Pastoral a la parroquia María Madre de Dios, el Sr. Obispo le hizo entrega de la Medalla Pro Ecclesia Malacitana junto a otros dos feligreses de la comunidad parroquial: Antonia Orta y Antonio Burgos4

«Estoy muy agradecida a todos los párrocos que han pasado por aquí, quiero mucho a mis curas»

¿Cuándo llegaron a Málaga?

Somos de Pozo Blanco, en Córdoba y toda nuestra familia se encuentra allí. Llegamos a Málaga hace 51 años, en 1967. Mi esposo Fabián se presentó a unas oposiciones de Correos cuyo primer destino fue Barcelona y después Torremolinos. Nos vinimos a vivir a la barriada de Belén, porque ya vivían aquí unos paisanos nuestros. Aquí hemos vivido con nuestro cinco hijos, ocho nietos y hasta un biznieto.

¿Y cuándo se integraron en la parroquia?

Pues es curioso pero llegamos antes que la parroquia. El primer templo lo hicieron justo en el bajo de nuestro bloque y después se unieron las dos parroquias de la zona en la actual María Madre de Dios. Recuerdo que llegamos a celebrar la Misa en la calle, antes de terminar las obras y que, cuando aún no teníamos luz, enchufábamos la luz del salón de mi casa. Fueron unos años preciosos de construcción de la comunidad parroquial.

¿Cuál era su misión en la parroquia?

Sobre todo la liturgia y el arreglo del templo. Hasta blanqueábamos la fachada del templo para que estuviera bonita para las fiestas. Pero estábamos disponibles para todo lo que nos encomendaran. Muchas veces decíamos, para qué nos vestiremos de bonito, si terminamos siempre con la escoba en la mano (se ríe).

¿Cómo fue que su esposo recibió la ordenación como diácono permanente?

Pues resulta que, en una ocasión que se estaba construyendo un salón para los jóvenes, fue al Obispado, con otro grupo de hombres de la parroquia, a pedir dinero para la construcción y el obispo de entonces, D. Ramón Buxarrais le preguntó directamente que si no se había planteado ser diácono permanente, que lo haría muy bien. Y se lo planteó, comenzó a estudiar y recibió la ordenación en 1981, en la parroquia de la Natividad, porque la nuestra era muy pequeña.

¿Cómo ha llevado lo de ser la esposa de un diácono permanente?

La verdad es que muy bien. Siempre lo he acompañado a todos los lugares que he podido, aunque nunca dijera quién era. Para nosotros ha sido un servicio a la Iglesia, sin dejar nunca de lado a nuestra familia. Ha sido un fabuloso padre y abuelo. Nunca se cansaba y nunca se quejaba.

¿Cómo fue el momento en que recibió la Medalla?

Una sorpresa inmensa, pues no tenía ni idea. Mi hija llevaba toda la semana diciéndome que tenía que ir a la peluquería (se ríe). Lo agradezco muchísimo, pero no me siento merecedora, hay mucha gente que ha hecho mucho más que yo. Estoy muy agradecida a todos los párrocos que han pasado por aquí, quiero mucho a mis curas. Siempre nos han dejado trabajar y han valorado lo que hacemos, todos y cada uno de ellos, y eso es de agradecer. Al recibir la Medalla me acordé de forma especial de mi Fabián. Con el humor que le caracterizaba, me hubiera llamado la niña de la medalla (se ríe). Me acuerdo a todas horas de él y no salgo un día a la calle que no me encuentre a alguien que me hable de lo bueno que hizo Fabián.

por Encarni Llamas Fortes en Diocesis Malag

Mas sobre el diácono Fabian en este blog:

 

El diaconado, una llamada de Dios para toda la familia

Mi padre Jorge Coronado Herrera es al día de hoy diácono permanente de la iglesia católica desde hace poco más de tres años, tuvo que estudiar alrededor de cinco años o más y estuvo un año de vida pastoral asignado a una parroquia, al principio de este llamado nos explicó como familia cuál era su meta y con humildad solicitó nuestra colaboración y apoyo, ya que sin la aprobación familiar, el camino se torna complicado, la realidad es que es más una aprobación de pareja ya que en su caso es casado y laico comprometido y antes  de su vocación (llamado) al diaconado permanente tiene esposa e hijos. En casa entendimos y aceptamos, que si como parte de su necesidad para su lograr su meta era apoyarle, lo haríamos sin problema, pero la verdad es que no teníamos ni idea de las bendiciones que conlleva tener un diácono en casa, los hijos no dejamos de ser personas con intereses y necesidades particulares y a veces cada quien girando en su mundo, pero mi padre nos hablaba de la responsabilidad, respeto y cuidado de las horas de estudio, celebraciones y prácticas naturales de la formación diaconal. En esos años mis hermanos y yo crecíamos a nuestro entender e intereses naturales y personales, intentando causar la menor incomodidad posible para la vida de mis padres, como lo intentan todos, supongo. Mi padre de por si para mí, es un hombre sobrio, sensato, amoroso, comprensivo y firme de carácter y espíritu, la travesía transcurría y las situaciones familiares por sencillas que fueran, a través de él las canalizábamos a la fe y al amor de Dios, ignoro si usted que me lee, ha hecho esta prueba de canalizar sus situaciones del día a día a su fe, si no, usted sabrá la mejor forma que le funcione y es de mucho respeto, pero desde mi experiencia como familia nos ha funcionado a nosotros.1102143acaf8094

A mis padres al principio del 2017 les viene un problema de salud realmente grave de mí parte, yo su hijo Fernando de 32 años en ese momento y ya a punto de llegar a los 33 el día de hoy. Se me presentó una mañana de lunes del mes de enero un derrame cerebral causado por una crisis hipertensiva, no es como un catarro que te despiertas y sigues tu vida, fue un tema, con secuelas, que cambió mi vida, mi padre ya estando ordenado diácono, me da un acompañamiento espiritual, no solo necesario, sino sanador, no solo físico, sino de espíritu, de alma, de lesiones acumuladas por de vida, y hoy con claridad puedo decir que mi recuperación ha sido más satisfactoria de espíritu que de cuerpo, tal vez los  científicos me tilden de idiota o irreverente, pero la sanidad y recuperación que tengo hoy, tiene mucho que ver con la orientación de mi padre, porque si bien me urgía sanar lo físico y era fundamental, el espíritu me dio fuerza y voluntad para avanzar, en general toda mi familia ha sido fundamental, pero resalto la cercanía espiritual de mi padre con  Dios para mi recuperación del alma pues la visión y el concepto desde donde te hacen ver las situaciones por las que atravesamos de momento en nuestra vida. Un ser humano ordinario puede hacer mucho en tu vida, pero creo que no tiene la profundidad con la que te habla alguien que busca a Dios a todas horas. No dudo que usted querido lector tenga experiencias de vida más contundentes que las mías sin necesidad de Dios y las respeto, pero con humildad y afecto le agradezco su tiempo para leer esta columna que no pretende cambiar su visión de las cosas, es algo muy personal que yo viví y sigo viviendo, no es fácil salir adelante después de un derrame cerebral. Hoy camino con bastón, me traslado en taxi a mi trabajo, que por la gracia de Dios y buen corazón de muchas personas aun conservo, sigo con terapias diarias para mi recuperación y continúo agradeciendo a Dios por tantas personas que estuvieron a mi lado en esos momentos tan difíciles pero que me han dejado tanto aprendizaje en mí ser. De no ser por la cercanía de mis amigos y familiares, personal médico, etc. no estaría escribiendo esto. Hay tanto que agradecer a Dios en la presencia de tanta gente que se involucró y comprometió conmigo hasta verme recuperado y que aun al día de hoy siguen haciéndolo. Quiero agradecer de manera especial a mis tíos y familia, al colegio diaconal de la Arquidiócesis de Yucatán que siempre estuvieron y siguen estando pendientes de mi recuperación, de manera especial a los hermanos en Cristo de mi padre.fernandoxcoronado_png_1897867670.png_793492074

Por Fernando Coronado en La Verdad

Querido diácono Joaquín, sólo se me ocurre esta despedida: ¡Te nos has ido demasiado pronto! 

El pasado 22 de junio falleció el diácono permanente D. Joaquín López Maíz, a la edad de 57 años. Esposo, padre y abuelo, ejerció su ministerio diaconal durante 18 años con total entrega en la diócesis de Valladolid.
Definir la personalidad de este abulense de pro, tanto desde la amistad que nos unía, como desde el ministerio del diaconado que compartimos sin caer en el elogio emocional no resulta sencillo. Joaquín era como lo definió el profesor D. Javier Burrieza: “una de esas grandes personas que pasan por la vida de uno, que al mismo tiempo son grandes y sencillas, que no hacen ruido, con grandes gestos de amistad y entrega a los demás. Personas que cuando faltan en tu vida te das cuenta que has conocido a un santo“.
Joaquín como el resto de los diáconos permanentes, coordinaba su vocación diaconal, con la entrega a su familia y su trabajo profesional. Una triada que a veces es difícil de compaginar sin menoscabar a ninguna de ellas. Ejercía su ministerio en una triple acción pastoral poniendo en práctica las funciones u oficios propios del diácono: el munus docenti, (diaconía de la Palabra) proclamando el Evangelio a los fieles y exhortando al pueblo con sus homilías y catequesis. El munus sanctificandi, (diaconía de la liturgia) por el que administró solemnemente el sacramento del Bautismo y los sacramentales, distribuyó la Eucaristía, bendijo el sacramento del Matrimonio en nombre de la Iglesia, presidió el rito del entierro y de los funerales y consoló a los enfermos administrándoles el viatico. Y por último el munus regendi, (diaconía de la caridad). Para esta función de la caridad Joaquín tuvo siempre presente las palabras de San Policarpo dirigidas a los diáconos en su entrega a quién lo necesitaba: “Sed compasivos y diligentes, actuándo según la verdad del Señor, que se hizo el servidor de todos”. Sin título
Durante su labor en las parroquias donde desarrolló su ministerio, con su visita consoladora a los enfermos se hizo servidor de todos, pues la verdadera vocación del diácono por la que fue ordenado, es ser servidor de todos, es configurarse con Cristo Siervo. Con su ejemplo y su palabra se puso al servicio de los hermanos. Con su dedicación sirvió al pueblo de Dios en nombre de Cristo, con humilde caridad y misericordia.
Como diácono casado, Joaquín se sintió particularmente responsabilizado por ofrecer un claro testimonio de la doble santidad del matrimonio y de la familia. Bendecido por el Señor, con una esposa que en todo momento apoyó su vocación diaconal, tuvo la suerte de ver incrementado el amor matrimonial con dos hijas y un nieto, donando su amor hacia ellas sin ningún tipo de límite. Compaginar lo entrega diaconal y de esposo a veces llevo consigo el robar algo de tiempo a quien más quieres. pero su esposo y sus hijas nunca tuvieron la menor duda de que la entrega de Joaquín por aquellos que lo necesitaban, no sólo no significaba un pequeño abandono temporal, sino que con su generosidad mostraron que el matrimonio es un sacramento de comunión, no solo entre los esposos, sino con la Iglesia y la comunidad. Joaquín y su esposa sabían que toda familia cristiana está llamada a asumir de formo viva y responsable la misión de la Iglesia, en el mundo actual, pero en el caso de los diáconos casados, estamos llamados de uno forma especial a ser un ejemplo vivo de fidelidad y de servicio a la misión de lo Iglesia. Por ello el papel de la esposa es de vital importancia en esto entrego familiar, porque son ellas quienes con su apoyo y testimonio hacen posible responder al servicio de la Iglesia o través de la conexión entre el sacramento del matrimonio y el diaconado. Un verdadero ejemplo de este testimonio han sido Joaquín y su esposa. quienes con su entrega total al servicio de los demás han contribuido a hacer presente lo Iglesia en el mundo actual. images
Pero si hay un rasgo característico a destacar de Joaquín fue su relación con los jóvenes. Él ero consciente que los jóvenes constituyen una fuerza excepcional el Iglesia, que son el presente y sobre lo el futuro de lo Iglesia. Su cercanía y conexión con ellos a través de encuentros la catequesis de preparación para el sacramento de la Confirmación, dio como resultado que muchos de esos jóvenes sigan hoy colaborando en los parroquias donde Joaquin ejerció su ministerio. Como padre de familia, sabía lo que es experimentar el amor hacia y de los hijos, practicó el dialogo y la comprensión, actitudes que le ayudaron a entender, ayudar y conectar mejor a los jóvenes y sobre todo a colaborar con ellos en sus problemas, dudas e inquietudes. No puedo terminar este merecido homenaje a mi amigo Joaquín sin hacer de nuevo alusión a su origen abulense. Cualquiera que lo haya conocido, no sólo ejerciendo su ministerio, sino en la vida cotidiana, sabe que siempre que tenía ocasión presumía y llevaba muy a gala a su Ávila natal y por supuesto su devoción a la Virgen de las Vacas. Pido a Dios que la Virgen que te arropó con su manto, te acoja con sus brazos misericordiosos en la casa del Padre.
Querido Joaquín, sólo se me ocurre esta despedida:
¡Te nos has ido demasiado pronto!

Por Francisco Castro, diácono en “Agua Viva

Vídeo de Joaquin en este blog