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Documento final del Sínodo de la Amazonía: “Es urgente la promoción, formación y apoyo a los diáconos permanentes, por la importancia de este ministerio en la comunidad”

documento final Sinodo de la Amazonía

d. Diaconado permanente

104. Para la Iglesia Amazónica es urgente la promoción, formación y apoyo a los diáconos permanentes, por la importancia de este ministerio en la comunidad. De un modo particular, por el servicio eclesial que requieren muchas comunidades, especialmente los pueblos indígenas. Las necesidades pastorales específicas de las comunidades cristianas amazónicas nos llevan a una comprensión más amplia del diaconado, servicio que existe ya desde el inicio de la Iglesia, y restaurado como un grado autónomo y permanente por el Concilio Vaticano II (LG 29, AG 16, OE 17). El diaconado hoy debe también promover la ecología integral, el desarrollo humano, el trabajo pastoral social, el servicio de los que se encuentran en situación de vulnerabilidad y pobreza, configurándolo al Cristo Servidor, haciéndose Iglesia misericordiosa, samaritana, solidaria y diaconal.

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Shainkiam Yampik Wananch, un diácono ordenado por la Iglesia Católica, dando de comulgar a los indígenas Achuar en una capilla en Wijint, una aldea en la Amazonía peruana, Perú, 20 de agosto de 2019. REUTERS / Maria Cervantes

 

105. Los presbíteros han de tener en cuenta que el diácono está al servicio de la comunidad por designación y bajo la autoridad del obispo, y que tienen la obligación de apoyar a los diáconos permanentes y de actuar en comunión con ellos. Hay que tener presente la manutención de los diáconos permanentes. Esto incluye el proceso de vocación según los criterios de admisión. Las motivaciones del candidato deben apuntar al servicio y a la misión del diaconado permanente en la Iglesia y en el mundo de hoy. El proyecto formativo se intercala entre el estudio académico y la práctica pastoral, acompañado por un equipo formativo y la comunidad parroquial, con contenidos e itinerarios adaptados a cada realidad local. Es deseable que la esposa e hijos participen en el proceso de formación.1

106. El programa de estudios (currículum) para la formación del diaconado permanente, además de las asignaturas obligatorias, debe incluir temas que favorezcan el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural, la historia de la Iglesia en la Amazonía, el afecto y la sexualidad, la cosmovisión indígena, la ecología integral y otros temas transversales que son típicos del ministerio diaconal. El equipo de formadores estará conformado por ministros ordenados y laicos competentes que estén en línea con el directorio de diaconado permanente aprobado en cada país. Queremos alentar, apoyar y acompañar personalmente, el proceso vocacional y la formación de futuros diáconos permanentes en las comunidades ribereñas e indígenas, con la participación de párrocos, religiosos y religiosas. Finalmente, que haya un programa de seguimiento para la formación continua (espiritualidad, formación teológica, asuntos pastorales, actualizaciones de documentos de la iglesia, etc.), bajo la guía del obispo.

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EL ROL LITURGICO DEL DIACONO EN LA MISA: PARADIGMA DE SU ACCION EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO

BOLETÍN DE INFORMACIÓN, SERVICIOS Y COORDINACIÓN JULIO 2004 DE LA COMISIÓN NACIONAL DE LITURGIA – CHILE Serie Nueva N° 73
EL ROL LITURGICO DEL DIACONO EN LA MISA: PARADIGMA DE SU ACCION EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO
Presentamos un tercer artículo sobre el Diaconado. Los números anteriores han tenido gran acogida, lo que demuestra el interés de nuestros hermanos diáconos por su ministerio. Pero este número ofrece orientaciones nuevas y profundización del sentido simbólico de las intervenciones del diácono en la celebración eucarística, que contribuirá a renovar su actuación. No se trata de ver lo que se podría quitar al sacerdote para traspasarlo al diácono. Se trata de saber y entender lo que pertenece a cada uno: “Todos los ministros ordenados y los fieles laicos, al desempeñar su función u oficio, harán todo y solo aquello que les corresponde” (IGMR 90)
Evidentemente, a primera vista sus funciones previstas en las normas aparecen de poca relevancia, y no tan necesarias, ya que durante siglos se ha prescindido de ellos en la celebración de la misa. Y sin embargo, a través de la humildad de sus funciones aparentemente totalmente secundarias, podemos descubrir que estas mismas funciones ilustran claramente aspectos de su ministerio diaconal, descritos por el Obispo en la colación de su orden, como aspectos típicos de la figura del mismo Cristo-Servidor, tal como lo ha querido para su Iglesia servidora.
Es cierto que frecuentemente por distracción, olvido o por rutina, al celebrar la misa les quitamos, sacerdotes y obispos, sin darnos cuenta, las funciones que las rúbricas les atribuyen en propio, a pesar de ser aparentemente secundarias y poco relevantes.
Así, es frecuente que encadenamos casi mecánicamente el “Vamos en la paz” inmediatamente después del Amén de la bendición final. Es un ejemplo entre otros… les quitamos su “pega”.
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Y nos cuesta descubrir que también ellos son la voz que Cristo utiliza para -no “despedir”, sino- “enviar” a sus discípulos y confiarles su “misión” (misa).
Nuestra larga experiencia pastoral y el conocimiento de la importancia del rol del diácono en la Liturgia de la Iglesia oriental, particularmente en la “synaxis” de san Juan Crisóstomo o de San Basilio, nos permite descubrir la importancia de este ministerio.
Es cierto que obispos y presbíteros también hemos recibido el diaconado y lo hemos practicado (“en tránsito” a nuestra entrada en el colegio presbiteral o episcopal); pero ¿porqué, hoy que nuestra Iglesia ha restaurado este ministerio diaconal “permanente”, no redescubrir su rol específico, y dejarlos cumplir su “pega” litúrgica que ilustra (“paradigma”) su acción tan importante en nuestra Iglesia y en nuestro mundo de hoy?
Estamos seguros que, al descubrir la razón profunda de tal o cual gesto del diácono en la misa, vamos a redescubrir al mismo tiempo la riqueza simbólica de ciertos aspectos de la Eucaristía, al mismo tiempo que la figura de Cristo-Diácono.
Ofrecemos, en este artículo, una catequesis litúrgica para los fieles, allí donde ejercen diáconos. La hemos experimentado, en una celebración de la misa parroquial, un domingo con 9 diáconos de la misma “promoción” (sin sentido honorífico!) de ordenados en Agosto 2003. Esta misa impactó a los fieles, que entendieron el sentido profundo de su actuación a través de ciertos ritos propios del diácono.
Oportunidad de este acto: al iniciar la misa de ordenación de este grupo de diáconos, me di cuenta que el Obispo no tenía la nueva fórmula de la “Prex ordinationis”. Al ir a buscar otro Pontifical, quise atravesar sin darme cuenta, una puerta de vidrio, desgraciadamente cerrada, se me cayó el vidrio, y me lastimó gravemente la mano derecha. Hospitalización, brazo enyesado… Al domingo siguiente, en que me acompañó por primera vez nuestro nuevo diácono, éste puso el agua en el cáliz y lo elevó, como es su rol, en la doxología “Por Cristo”, mientras yo levantaba la Patena con la mano izquierda. Toda la asamblea entendió: “Pobre párroco que no pudo levantar el cáliz con su brazo enyesado!…”
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O “feliz culpa!” que fue la oportunidad de catequizar este gesto y el sentido profundo del rol del diácono: ser la mano de la Asamblea que se ofrece también (Rom 12,1) junto con el Cuerpo de Cristo levantado por el que actúa “in persona Christi”, como lo explicamos en este artículo.
Para esta catequesis (en vez de la homilía)… la 2ª lectura era el relato de la Institución de los diáconos, (Hechos 2, 14 ), y frente a la asamblea, un pizarrón con los dos recuadros de la Pág. 5)
¿ QUE ES EL DIACONADO?
Ministerio de institución divina que forma parte del sacramento del Orden, tiene su fundamento en la Palabra de Dios, en los Hechos de los Apóstoles.
Los Apóstoles crearon en primer lugar el ministerio de los “Ancianos”, los que serán luego los Pastores cabezas de las comunidades (obispos y presbíteros). Y luego, crearon para ayudarlos en su misión de organizar la Iglesia naciente, los diáconos (o servidores de la comunidad)
Los Hechos señalan los nombres de los 7 primeros diáconos sobre quienes los Apóstoles impusieron las manos. Conocemos sobre todo a Esteban, el primer mártir, y Felipe.
En el tiempo de la Iglesia apostólica de los primeros siglos, hubo muchos diáconos, entre los cuales conocemos algunos más famosos: Lorenzo, Efrén, Francisco de Asís…
A lo largo del primer milenario, casi desaparecieron, pero no completamente, ya que para acceder al ministerio de Obispo o presbítero, había que ejercer primero el orden del diaconado; y se quedó así como un ministerio de tránsito al presbiterado.
El Concilio Vaticano II (1967) restableció el orden del “diaconado permanente”, o sea, no un ministerio de tránsito al presbiterado, sino un ministerio definitivo ya que podía ser confiado a hombres casados.
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Esta restauración del diaconado constituye un importante signo visible de la obra del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia. Lo describe el Concilio en la “Constitución sobre la Iglesia,“Lumen Gentium”:
“En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, que reciben la imposición de las manos, no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio (servicio). Así, confortados con la gracia sacramental, sirven al pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la Palabra y de la caridad, en comunión con el obispo y su presbiterio” (29)
Y en la alocución dirigida al pueblo, el obispo resume así algunos aspectos de su servicio diaconal, que ilustraremos luego en este artículo:
“Fortalecidos con el don del Espíritu santo, ayudará al obispo y a su presbiterio en el anuncio de la Palabra, en el servicio del altar, y en el ministerio de la caridad, mostrándose servidor de todos. Sirviendo en la celebración de la Eucaristía, proclama el Evangelio, prepara el sacrificio y reparte a los fieles el cuerpo y la sangre del Señor!” (Ritual)
Y sigue la alocución, detallando algunos aspectos concretos de su ministerio: de la Palabra, del altar y de la caridad (servicio).
Este triple ministerio queda reducido a uno ,en el servicio del plan redentor de Dios; la Palabra de Dios nos lleva al culto, y el culto a su vez nos conduce a una vida de caridad.
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CRISTO – IGLESIA
CRISTO : PROFETA SACERDOTE REY-PASTOR “Yo soy: “la Verdad” “la Vida” “el Camino”
IGLESIA Función : profética litúrgica hodegética (martiria) (koinonia) (diakonia)
Pastoral : TESTIMONIO “COMUNION” SERVICIO de anunciar la Palabra celebrar liturgia servir a la comunidad
FUNCIONES DEL DIACONO
ACCION PROFETICA
• Anuncio del evangelio • Inteligencia de la fe • Catequesis • Comunicación social • Preparación sacramentos
ACCION LITURGICA
• Misa :Ayudar al altar • Proclamar evangelio • Predicar, enseñar • Dar la comunión • Bautismo –(matrimonio) • Bendición Santísimo • ADAP • Ejercicios piadosos • Oración litúrgica
ACCION DE SERVICIO
• Servicio de la caridad • Ayuda fraterna • Solidaridad-Caritas • Salud – enfermos • Servicio de la pastoral • Pastoral familiar • Pastoral social • Pastoral juvenil • Pastoral niños • Pastoral educacional • Secretaria económica y • administrativa de la comunidad • Animador de comunidad • Consejero matrimonial

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¿Como se instituye un diácono ?
Como todo sacramento, la ordenación comprende “materia” y “forma”, o sea un signo material acompañado de una palabra que le confiere su sentido.
Para el diácono, la materia del sacramento de la ordenación es la imposición de las manos, hecha en silencio por el obispo sobre cada uno de los ordenándoos, antes de la oración consagratoria: éste es un gesto de comunicación, de transmisión.
La forma la constituye la misma oración consagratoria, de la cual son esenciales, y por ello necesarias para la validez, las palabras centrales: “Envía sobre ellos, Señor, el Espíritu Santo, para que, fortalecidos con tu gracia de los siete dones, desempeñen con fidelidad su ministerio”
Se trata pues de los “Siete dones” del Espíritu que se confieren al diácono para el ejercicio de su “servicio”.
Para el presbítero, se pide el Espíritu de santidad y santificación. Y para el Obispo, el “Espíritus capitalis”, o Espíritu de la cabeza, o de “soberanía”, o plenitud del Espíritu, que lo configura a imagen del Padre y de Cristo cabeza de su Iglesia.
Así, los diáconos son el signo de una Iglesia servidora a imagen de Cristo: “No he venido para ser servido sino para servir”, y este signo, Cristo mismo lo visibilizó en la misma institución de la Eucaristía (“Hagan esto como mí memoria”), y al lavar los pies de sus discípulos (“lo mismo, háganlo con sus hermanos”).
Conviene precisar que, en una ordenación, no se trata tanto de conferir a cada uno individualmente un “poder” especial, sino ser agregado a un “colegio” o “orden” (episcopal, presbiteral o diaconal”) en que cada uno de sus miembros, colegialmente, ejerce una función de edificación de la Iglesia, el mismo Cristo que edifica su Iglesia, y particularmente por la Eucaristía. Y por eso, la raíz de todo ministerio radica en la Eucaristía.
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De allí que podemos ilustrar ahora cómo cada una de las funciones del diácono en la misa refleja o visibiliza un aspecto concreto de su acción en la Iglesia y en el mundo.
Aunque sea secundaria y no esencial, permite captar a través de cada gesto o signo de su actuación en la misa, una faceta de la persona de CristoServidor… de allí la importancia de dar razón del sentido profundo de cada signo… y vivirlo como si fuera un gesto de Cristo mismo.
Así, cuando se dice que en la Eucaristía el sacerdote actúa “in persona Christi” (=como si fuera Cristo mismo en persona) y que hace realidad lo que dice o hace, se puede decir también “mutatis mutandis” que el diácono presta su voz y sus gestos a Cristo mismo, edificando su Iglesia.
LAS TRES FUNCIONES DEL DIÁCONO
Cristo : Funciones YO SOY EL CAMINO Rey-Pastor, (conducir) ilustra  servicio de la caridad YO SOY LA VERDAD Profeta, Maestro, (enseñar) ilustra  servio de la Palabra YO SOY LA VIDA Sacerdote (santificar) ilustra  servicio del altar
Este orden de las funciones se cita en orden inverso cuando nombramos a CRISTO: “SACERDOTE – PROFETA – Y REY”.
Es el orden que seguiremos, ya que el primer y esencial título de Cristo es su rol de “intermediario” entre Dios y los hombres, tan bien ilustrado en la Carta a los Hebreos.
I. SERVICIO DEL ALTAR
Son cuatro los gestos del Diácono en este rubro, gestos de profunda significación cuando se los realiza con conocimiento de su simbolismo. Ya no son tan secundarios en el sentido de poca relevancia: -la preparación del cáliz, la gota de agua, la elevación y la distribución de la comunión: funciones propiamente diaconales.
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1. Preparación del cáliz:
Después de recibir el sacerdote los dones a la entrada del presbiterio o al altar, el diácono, junto con el sacerdote sube al altar y se ubica a su derecha.
Los dones son traídos por dos miembros de la asamblea: el pan en una patena o una bandeja con hostias chicas y la grande (no una serie de copones), y un jarro de vidrio con vino (no el cáliz, con corporal y purificatorio), ni siquiera la vinajera de agua (que no es “fruto de la tierra y del trabajo del hombre”), que los acólitos traen desde la credencia al diácono ya en el altar.) Cf. IGMR n.
Desde ya, las manos del diácono son las manos de la Asamblea. Presenta primero la patena con la hostia al sacerdote y luego vierte el vino en el cáliz (cantidad suficiente según el número de los que van a comulgar al altar).
Añade también en el vino unas gotas de agua (sin hacer señal de la cruz!) diciendo una breve oración llena de sentido: “Que esta agua mezclada con el vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de Quien ha querido compartir nuestra condición humana”
Siempre se ha visto en este rito la traducción visible de la recomendación de S. Pablo. “Yo los exhorto hermanos por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: éste es el culto espiritual que deben ofrecer (Rom 12, 1)
Siempre también se ha visto en esta gota de agua la vida de toda la asamblea unida a la de Cristo mismo, que El asume, compenetrándola en su propia vida. Con este rito, la mano del diácono ya simboliza la de la asamblea misma, y se relaciona con el gesto de la elevación del cáliz al final de la plegaria eucarística.
Excepcionalmente, en una catequesis del rito, un miembro de la asamblea, delante del altar podría presentar al diácono ubicado al lado derecha del sacerdote, la vinajera de agua, hacer el gesto de verter unas gotas de agua en
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el vino, pronunciando (de memoria) en voz alta la oración que acompaña este gesto. Y luego entrega el cáliz al sacerdote.
Después de la presentación del cáliz, el diácono lo cubre con la palia.
2. Elevación del cáliz: “ Por Cristo”
Complemento y consecuencia lógica de este primer gesto del agua en el cáliz, es rol propio del diácono de elevar -es la única elevación de la misa- el cáliz junto con el sacerdote que eleva la Hostia, en la doxología final de la Plegaria eucarística.
Siendo la mano de la asamblea, el diácono significa claramente en este momento que es toda la vida de la asamblea que se ofrece -aspecto sacrificialal Padre junto con Cristo.
Por la mano del sacerdote que actúa “in persona Christi”, es Cristo mismo que se ofrece al Padre, (puede utilizar las dos manos, una con la bandeja o la patena y la otra con la Hostia);
Pero, por la mano del diácono, es la asamblea misma que se ofrece junto con Él.
De allí, que sería un no-sentido que, en presencia de un diácono, sea otro concelebrante (u obispo) el que levante el cáliz.
En una concelebración se eleva solo un cáliz único. Podríamos decir que con estos dos ritos de la gota de agua en el cáliz y de la elevación del cáliz en este momento cumbre del Sacrificio, es lo esencial, pero tan significativo e importante, de la función diaconal en la misa. Démosle todo su relieve!
3. Fracción del Pan
También en vista a la comunión, las normas prevén que el diácono, si es necesario, ayuda al sacerdote en el rito de la Fracción.
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Sobre todo si se ha utilizado hostias grandes, el diácono parte el pan junto con el sacerdote; o bien preferentemente, si se han consagrado hostias chicas en una bandeja grande, las reparte en varios copones o bandejas mas chicas, según el número de los ministros que van a distribuir la comunión.
Excepcionalmente, pero que nunca sea costumbre, se traerá discretamente un copón con hostias ya consagradas en misas anteriores. Pero insistimos que sea excepcional y discreto, o mejor reservar esto a un ministro extraordinario de la comunión, ya que contradice el sentido profundo de la misa tal como lo expresan insistentemente las normas de la IGMR (n. 85,157,243)y la recién instrucción “Redentoris Sacramentum”, (n.89) complemento a la Encíclica sobre la Eucaristía de 2003.
Lo cual indica que debe ser un encargo preciso del diácono, preparar antes de cada misa el número de hostias suficientes para cada celebración, a fin de consagrar las hostias suficientes, y si quedan pocas, consumirlas al altar en vez de guardarlas para otra misa.
Todo diácono, con la práctica y un poco de experiencia, debe saber evaluar el número probable de hostias según la concurrencia de los fieles en cada misa.
4. Distribución de la comunión
Es un rol explícito y propio del diácono distribuir la comunión a los fieles. En las grandes concelebraciones con muchos sacerdotes y diáconos, se evitara que se usurpe esta función propia de los diáconos.
También en las parroquias, el diácono se preocupará del orden de esta procesión de comunión (“ordenada” dice la IGMR n. ) y evitar así esta triste precipitación de las primeras filas y el desorden -¡poco fraternal!- de los primeros que vuelven a su lugar por el mismo camino atropellando a toda costa e impidiendo que se acerquen los que vienen después.
¿Por qué no organizar esta procesión -con un poco de paciencia- es lo más fácil y rápido: todos avanzan de a dos por el pasillo central y vuelven a su lugar por los pasillos laterales…

Después de la comunión Es rol del diácono(s) purificar los vasos sagrados: pero que lo haga espalda a la asamblea y no delante de la asamblea. Ver nuestros comentarios anteriores.

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II. SERVICIO DE LA PALABRA
1. La proclamación del Evangelio
Otro rol importante y específico del diácono: la proclamación del Evangelio en la Misa.
El diácono es también el portavoz de Cristo; a El le presta sus labios. La solemnidad con que las normas describen esta función muestra su importancia.
Inclinado delante del que preside, le pide la bendición: signo de que la Palabra viene de Cristo mismo a través del que actúa “in persona Christi”.
Procesión al ambón precedida por los acólitos llevando velas, inciensa el Evangeliario.
La asamblea lo reconoce como el portavoz de Cristo al indicar su presencia en este rito: “el Señor esté con ustedes”, y la asamblea lo reconoce como el ministro de Cristo aludiendo al “Espíritu” (“Y con tu Espíritu!”) que ha recibido por la imposición de las manos del Pastor de la Iglesia local.
Por eso las rúbricas señalan que dice “con las manos juntas” la afirmación: “El Señor esté…” Es el Señor el que va a hablar, y no el diácono mismo: no es el momento de abrir los brazos como para saludar a la asamblea, sino el gesto humilde del que no hace otra cosa que prestar sus labios al Señor.
Al final cierra el Libro –no muestra la página que es “Escritura” y no “Palabra”diciendo solamente, sin agregar nada más: “Palabra del Señor”, y besa el Libro, a no ser que presida el Obispo.
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2. La predicación
Además de la proclamación solemne del Evangelio en que “el Señor se hace presente por su Palabra en este momento”, el Obispo le ha conferido también el ministerio de la predicación. Lo hace en la “Asamblea dominical en ausencia del sacerdote”.
Es bueno que periódicamente lo haga también en la misa parroquial.
Se atenderá siempre a la recomendación de Puebla: “La homilía, como parte de la Liturgia, es ocasión privilegiada para exponer el misterio de Cristo en el aquí y ahora de la comunidad, partiendo de los textos sagrados, relacionándolos con el sacramento, y aplicándolos a la vida concreta” (n.930)
También esta función profética del diácono en la Iglesia y en el mundo se expresará en el anuncio del evangelio en la pastoral misionera, en la inteligencia de la fe, en la catequesis, en la preparación a los sacramentos, en la comunicación social… el campo es inmenso… (ver recuadro)
Insertado en el mundo por su condición de casado, profesional… podemos decir que tiene un pie en la Iglesia (jerárquica) y un pie en el mundo.
Proyecta, como imagen de Cristo servidor, toda la fuerza impulsora de toda la diaconía de la Iglesia, por ser insertado en la familia, en el mundo del trabajo y en la comunidad.
Se espera de él que sea un Pastor que escuche, acoja, forme, guíe y acompañe, que sea signo de comunión y participación, capaz de llevar el Alma de la Iglesia al mundo y los problemas del mundo a la Iglesia.
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III. SERVICIO DE LA CARIDAD
1. Las moniciones diaconales
Este ministerio de Cristo Pastor que conduce a la comunidad, tiene también su expresión simbólica en algunas funciones litúrgicas de la misa, particularmente en las moniciones diaconales que se le confía, y particularmente la última de la misa.
Es impresionante ver cómo esta función es relevante en la Liturgia de la Iglesia de Oriente (más inmediata y cercana a la misa de los tiempos apostólicos, s. III-VI): la “Liturgia de S. Juan Crisóstomo o de S. Basilio”, en que el diácono aparece realmente como el conductor de la liturgia por sus numerosas intervenciones para con la asamblea.
La IGMR distingue 2 clases de moniciones: moniciones mistagógicas reservadas al que preside, por ej.: antes de iniciar la plegaria eucarística (IGMR n.31), y moniciones diaconales propias del diácono.
Es cierto que hoy los laicos han asumido algunas, debido quizás a la desaparición del diaconado antes de los años 70-75. Pensamos en las moniciones de la introducción a las lecturas bíblicas que hoy asumen los laicos (“guías”). Y es una buena cosa que los laicos las asuman: está prevista en la IGMR n.68 a): “El guía, que, mediante breves moniciones introduce a los fieles en la celebración y los dispone para su mejor comprensión. Es necesario que las moniciones del guía estén preparadas con toda precisión y se caractericen por su sobriedad.
Al desempeñar su función, el guía se colocará fuera del presbiterium en un lugar adecuado frente a los fieles, pero no al ambón”
Precisión necesaria: el ambón es el lugar exclusivamente reservado a la Palabra de Dios y no a la catequesis o avisos, o moniciones, o dirección del canto. IGMR (n.105 –ex 69-)
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El diácono a su vez tiene a su cargo otras moniciones:
El “Ceremonial de los Obispos” cita algunas excepcionales: al iniciar una procesión (p. ej. de los Ramos u otras: “Procedamos en paz”) o antes de que el Obispo imparta la bendición final: “¡Inclinen la cabeza para recibir la bendición!”, etc.
Pero la IGMR atribuye al diácono otras habituales:
Antífona de entrada: Si no hay canto de entrada, el diácono puede leer la antífona inicial del Misal, antes de que el sacerdote haga la señal de la cruz.
Acto penitencial: Si se utiliza la fórmula III, conviene que el diácono pronuncie las invocaciones, a las que la asamblea contesta: “Señor, ten piedad”.
Dense la paz En la misa, es sobre todo la invitación a darse la paz, una invitación importante: Dice “con las manos juntas”:“Dense la paz”.
Evidentemente puede señalar de que manera, o por un apretón de mano o tomándose de la mano… según el caso, y de acuerdo con el presidente.
Es bueno que recuerde el sentido de este gesto: por ej.: “Para expresar nuestra fraternidad antes de comulgar, nos tomamos de la mano, cantando (por ej.: la oración por la paz de S. Francisco: “Señor, haz de mi un instrumento de tu paz,” (nueva melodía hermosa de Los Perales). Pero evitar todo comentario superfluo. No es el rol del “servidor”.
Roguemos al Señor En la Liturgia de la Iglesia oriental, la “Oración de los fieles” está siempre a cargo del diácono, y son varias las que se formulan a lo largo de la celebración. Aparece mas bien como el conductor de la oración del pueblo, mucho mas incluso que el celebrante mismo. Nuestra liturgia latina es muchos menos expansiva.
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Aun que sea un lector que formule las intenciones, convendría que sea el diácono el que las concluya con la invitación “Roguemos al Señor!” (proclamada o cantada) y la asamblea canta la respuesta “Escúchanos, Señor, te rogamos” (u otra).
Desde algunos años, en nuestros “Subsidios para la misa dominical” publicados mensualmente en Internet (Cf. acceso al final pág. 20) proponemos una manera nueva de formularlas, evitando así una cierta rutina de este rito: todos las fórmulas de esta Oración son elaboradas a partir del mensaje bíblico del domingo, lo que permite una gran variedad y riqueza de la oración.
Cada formula de oración se reparte entre dos lectores, preferentemente orientados hacia el altar y no frente a la asamblea, desde otro micrófono.
La disposición tipográfica del texto facilita el dialogo:  El primer lector lee o una frase bíblica del día que inspira la petición o bien señala los destinatarios de la petición,  el secundo lector fórmula la petición misma,  y el diácono, desde el ambón o desde su ubicación al lado del que preside, concluye con la invitación “Roguemos al Señor” (rezada o cantada) pero precedida siempre por una breve pausa de silencio, para que la asamblea pueda interiorizar la petición.
Ilustramos con ejemplos: Domingo XV, 11 Julio (evangelio del Buen Samaritano):
2. Oremos por los que tienen un ministerio en nuestra Iglesia. – Concédeles, Señor, un corazón lleno de misericordia como el del Buen Samaritano – (pausa) Y el diácono concluye: “Roguemos al Señor”!
3. Oremos por aquellos que la vida ha herido y que yacen medio muertos en nuestro camino Lc 10,3 – Haz que no imitemos al levita del Evangelio pasando al lado de ellos sin socorrerlos. Haznos la gracia de ser para ellos un buen samaritano (pausa)
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Diácono : “Roguemos al Señor!”.
Domingo XII 20 junio: (Gal 3 y Lc 9) 2. “En Cristo Jesús, ya no hay ni varón ni mujer!” Gal 3,28 – Señor, aparta de tu Iglesia toda discriminación fundada sobre el sexo. Que las mujeres puedan acceder, según tu voluntad a los mismos derechos que los varones. (pausa) – Diácono: “Roguemos al Señor”!
3. “En Cristo Jesús, somos hijo de Dios por la fe”. Gal 3,26 – Señor, aleja de tu Iglesia la lepra de la duda y la locura del orgullo. Danos la fe para reconocer en las cruces de cada día Lc 9,18 el camino al cielo. (pausa) – Diácono: “Roguemos al Señor!”
Corpus 5. “Tu Eucaristía, Señor, es un compartir el mismo pan” 1.Cor.10,10 – Concede a tu Iglesia la gracia de la unidad. Apresura el día en que católicos, ortodoxos y protestantes no celebrarán sino una sola Eucaristía! (pausa) – Diácono: “Roguemos al Señor!”
El diácono, educador de la fe y de la oración, se destaca y se visibiliza su rol al asumir la Oración universal, aun que sean otros miembros de la asamblea que formulen las intenciones. Incluso, él mismo podría encargarse de redactarlas según las necesidades inmediatas del momento, en vez de utilizar textos redactados e impresos varios meses antes y que ya no responden a las necesidades del momento.

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II. La despedida o más bien El envío
Es quizás la monición más solemne que la liturgia confía al diácono y lo “grafica” así como un pastor encargado también de la organización de la comunidad.
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Se ha perdido el sentido y la importancia de este rito tan solemne en la misa de antes del Concilio, cuando el diácono cantaba solemnemente en latín una larga melodía: “AITE, misa est!” que se podría traducir literalmente: “Vayan, ahora es su misión que empieza!
Hoy parece ridículo decir: “la misa ha terminado!” (la gente no es tonta!) y contradice y desvaloriza el sentido genuino de la palabra “misa”, (como si la ”misión” no se debería iniciar desde la salida!).
Y también decir: “Podemos ir en paz”, como si se diera solo un permiso, o como si se dijera: “La reunión ha terminado, se levanta la sesión, nos vamos…”
No tiene por que incluirse él mismo, utilizando la primera persona plural: “podemos”.
Hay que recuperar la importancia de este rito de despedida. Es el eco de la última palabra de Cristo en la Ascensión cuando envía a sus discípulos: “Vayan” en 3ª persona.
El diácono presta sus labios a Cristo para enviar, en su nombre, a los fieles a comunicar la buena noticia del encuentro que han hecho al reunirse. “Convocados” por Él (=llamados en “Iglesia” los convocados), son ahora despedidos o mas bien enviados para una misión.
Por eso conviene que el diácono lo pronuncie desde el ambón, lugar de la Palabra de Cristo.
En nuestros subsidios para la misa dominical, hablamos, no de “Despedida”, sino de “Envío”, y añadimos algunas breves palabras recordando el mensaje bíblico del domingo. Por ejemplo:
Fiesta del Corpus: “Alimentados con el mismo Pan, alegres con el mismo Vino, proclamemos a todos nuestros hermanos que el Señor los llama al banquete de su gozo eterno. Vayan en el gozo y la paz del Señor!
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DOM XVIII A lo largo de la semana que viene, que nuestro corazón viva en el cielo Col 3,1 Allí donde está Cristo resucitado. Vayan ahora a servir a sus hermanos en el gozo y la paz de Cristo!
11 Julio Hermanos y hermanas, A cada uno de nosotros, Cristo nos dice ahora: “Anda, y que seas tú también, para tu hermano un buen Samaritano. Lc 10,37 Vayan en el gozo y la paz de Cristo!

Monición: “¡Este es el Sacramento de nuestra fe!”
¿Pertenece al sacerdote o al diácono? Es una pregunta frecuente. Todo depende si es una monición mistagógica, en cual caso pertenece al sacerdote; o es una monición diaconal, en cual caso pertenece al diácono.
La práctica no es universal. En Estados Unidos y en Alemania, la pronuncia el diácono desde la reforma del Misal.
Todo indica que es más bien una monición de carácter diaconal, ya que llama la respuesta de la asamblea. Lo que es tradicional en la Liturgia oriental en que siempre es la asamblea la que contesta a las numerosas moniciones del diácono.
En este momento se invita la asamblea a ratificar la “anamnesis” (memorial). Prueba de esto, las 3 fórmulas del Ordinario de 1992:
“Aclamen el misterio de la Redención!” es una invitación para introducir la respuesta 2 “Cada vez que comemos de este pan… “Cristo se entregó por nosotros!”, es mas bien una profesión de fe para introducir la respuesta 3: “Por tu Cruz y resurrección, nos has salvado Señor!
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En cuanto a la fórmula 1 del primer Ordinario de la Misa “Este es el Sacramento de nuestra fe !” (o “misterio”) es también, más que un anuncio, una invitación a la asamblea para que ratifique la anamnesis por una profesión de fe (“Sacramento de nuestra fe!”) “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección…”
modelo que podría ser brevemente desarrollado, por ejemplo: “ Jesucristo, muerto y resucitado, aquí presente bajo los signos del Pan y del Vino, éste es el sacramento de nuestra fe!”.
Así que entendemos que muchos obispos aceptan que el diácono pronuncie esta monición de carácter típicamente diaconal, como se practica en Alemania y en USA.. Pero por el momento, hay que atenerse a la rúbrica del misal actual: “El sacerdote dice:”
La falta de praxis común se explica. Hay detalles que se van precisando con el tiempo.
Así: el Misal reformado por el Concilio fue promulgado en latín en 1969. Hubo que esperar la traducción a las lenguas vernáculas, lo que se demoró varios años (en Chile fue publicado en 1975!). No había mucha experiencia del rol del diácono permanente que fue restaurado por Pablo VI solo en 1967: los primeros diáconos aparecieron en 1971!
La IGMR no hizo sino que retomar el rol del diácono en la misa de antes del Concilio.
En 1975, 2ª edición típica del Misal Romano, con modificaciones en las rúbricas.
En 1982, con el nuevo Derecho canónico, nuevas modificaciones para integrar nuevas disposiciones.
En 1984 se publicó el “Caeremoniale Episcoporum” con nuevas precisiones para el diácono: por ej.: en el n. 155: “El diácono permanece de rodillas desde la epiclesis hasta la elevación del cáliz. Después de la consagración, si se juzga conveniente, vuelve a cubrir el cáliz y el copón”.
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Y aquí, el Ceremoniale sigue con la norma de la IGMR: “Dicho, por el Obispo: “Este es el sacramento de nuestra fe, el pueblo responde con la aclamación.”
Y en 1987, se publica un nuevo Ordinario de la Misa también con novedades, particularmente estas 3 nuevas moniciones que deben introducir las 3 fórmulas de anamnesis de la Asamblea.
Este Ordinario entró en vigencia solamente en la cuaresma de 1992.
Finalmente, en 1992, se anunció una 3a edición típica de Misal Romano, después de consultas a las Conferencias episcopales. Ya tenemos, en una versión provisoria, el texto de la IGMR de la 3ra edición del Misal… Todavía hay que esperar la aprobación de las Conferencias episcopales y la confirmación de la Santa Sede. A. P.
RITUAL DE LA ORDENACIÓN DE DIÁCONOS MODIFICACIONES
La plegaria consagratoria (“Prex ordinatotionis”) de las ordenaciones de obispos, presbíteros y diáconos publicada en el “Pontifical” de 1978 para Chile y Paraguay (todavía muy utilizado en Chile) has sido modificada en la 2ª edición típica de 1988, así como su traducción al castellano para los países de habla española aprobada por el Santo Padre en 1997.
“CONALI Informa” envió inmediatamente (nº 22 noviembre 1997) a todos los Obispos, Catedrales y Seminarios el texto de estas “preces” para pegar en el Pontifical en reemplazo de la anterior.
Pero no todos han tenido conocimiento de estas modificaciones, particularmente en las escuelas del Diaconado Permanente. “CONALI Informa” puede enviar copia de este documento a los que lo soliciten (Liturgia, Conferencia Episcopal.
El Boletín “Notitiae” de la Congregación para el Culto Divino publicó en la ocasión un buen comentario sobre la revisión de estas fórmulas sacramentales por su secretario Mons. Pere Tena (8 páginas).

ENLACE

17 nuevos diáconos ordenados par la diócesis de Orange. Los primeros ordenados en la recién consagrada Catedral de Cristo, antigua Catedral de Cristal.

La Diócesis de Orange recibió a 17 nuevos diáconos el sábado 19 de octubre en el primer servicio de ordenación en la Catedral de Cristo desde su dedicación en julio. El obispo Kevin Vann dirigió la solemne ceremonia.

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El obispo Kevin Vann pone sus manos sobre Richard Purpura durante la ceremonia de ordenación de 17 nuevos diáconos en la Catedral de Cristo en Garden Grove el sábado 19 de octubre de 2019. Esta es la primera clase de diaconado que se ordena dentro de la nueva catedral. (Foto por Kevin Sullivan, Registro del Condado de Orange / SCNG)

Durante la “Letanía de los Santos”, los hombres yacían boca abajo en el piso de la catedral como señal de su humildad.

Uniéndose a los 141 diáconos existentes que sirven en parroquias en todo el Condado de Orange, los hombres formaron la clase de graduados más grande en 40 años.

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Los nuevos diáconos se sientan juntos después de ser ordenados en la Catedral de Cristo en Garden Grove el sábado 19 de octubre de 2019. Esta es la primera clase de diaconado que se ordena dentro de la nueva catedral y la más grande, a los 17 años, desde 1979. (Foto de Kevin Sullivan , Registro del Condado de Orange / SCNG)

Un diácono es un ministro ordenado que participa en misas y otras ceremonias, como bautizos. A diferencia de los sacerdotes católicos, los diáconos pueden casarse.

La preparación de los diáconos incluyó clases académicas, meditación y servicio pastoral en hospitales y cárceles.

Por SUSAN CHRISTIAN GOULDING en The Orange Conty Register

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Después de cinco años de preparación, el Obispo Kevin Vann ordenará a 17 hombres como diáconos en la Iglesia Católica a las 10 am del sábado 19 de octubre en la Catedral de Cristo. Esta es la primera clase de diaconado que se ordena dentro de la nueva Catedral de Cristo. La última clase de este tamaño fue en 1979 con un total de 18 hombres.

Tras su ordenación en el evento solo por invitación, los hombres se unirán a los 141 diáconos existentes que sirven en parroquias en toda la Diócesis de Orange. Además del obispo Vann, asistirán a la ceremonia los obispos auxiliares Timothy Brown y Thanh Thai Nguyen; los diáconos diocesanos existentes y sus esposas; y muchos de los pastores en cuyas parroquias servirán los hombres.

Su preparación incluye clases académicas en temas como derecho canónico e historia de la iglesia, preparación espiritual en oración y meditación, y servicio pastoral en hospitales, cárceles y la comunidad. Frank Chávez, el director diocesano de la Oficina del Diaconado, dice que la ceremonia de ordenación incluirá la imposición de manos, que está profundamente arraigada en la fe y la tradición católica; una serie de votos solemnes que hacen los hombres, incluyendo promesas de obedecer y respetar al Obispo; la letanía de los santos; y una misa especial donde rezan juntos.

“Durante la Letanía de los Santos, los hombres se postrarán en el suelo de la catedral como un signo de su humildad mientras toda la iglesia canta y reza por ellos”, dice Chávez.

Señala que muchas personas, incluidos los católicos, saben poco sobre la vida, el entrenamiento y el llamado de los diáconos. “Muchas personas los ven solo sirviendo en la misa, pero eso es solo parte de quienes somos. Estamos en la comunidad ya que nuestro llamado es servir. En la misa, el diácono es el que es enviado a la comunidad para ir en paz “.

El diaconado ha crecido rápidamente en los Estados Unidos y más de 17,000 diáconos ahora sirven en todo el país, dice Chávez. Él cree que los diáconos católicos “traen la gracia del altar a las calles y traen las necesidades de las calles al altar”.

La Orden del Diácono fue instituida por los apóstoles. Inicialmente, se escogieron siete hombres y “se les impusieron las manos” para que pudieran continuar en el nombre de los apóstoles el ministerio a las viudas necesitadas. El ministerio asignado a los diáconos creció para incluir a otros necesitados, la administración de los asuntos temporales de la Iglesia, la predicación y la realización de ciertos ministerios sacramentales.

Después de varios cientos de años, la Orden del Diácono desapareció en la Iglesia Occidental. Fue restaurado como un ministerio público permanente en la Iglesia Católica Romana en el Concilio Vaticano II y la restauración del diaconado permanente en los Estados Unidos fue autorizada en 1968.

Chávez, quien fue ordenado en 1984, está casado con su esposa Mary; tienen dos hijos y viven en Yorba Linda. Como diácono, ha podido bautizar a sus cinco nietos.

“En mi experiencia, lo más profundo es que nosotros, como diáconos, tenemos el privilegio de entrar en la vida de las personas de manera muy íntima en momentos profundos de sus vidas”, dice, incluyendo bautizar a sus hijos, enterrar a sus abuelos, presenciar votos en sus matrimonios. “

Los candidatos para el diaconado deben ser miembros activos de la iglesia. Si están casados, sus matrimonios deben ser estables y deben tener buenos antecedentes laborales. Deben tener entre 35 y 60 años antes de someterse al proceso de formación y demostrar vidas activas de servicio, participación apostólica y liderazgo en la comunidad. Deben demostrar el potencial para desarrollar habilidades ministeriales, incluyendo relacionarse bien con las personas y hablar bien.

Los candidatos a la Clase de 2019 de la Diócesis del Diaconado de Orange incluyen:

  • Leopoldo Arana, Nuestra Señora de Guadalupe, Santa Ana-Delhi
  • William Beam, San Buenaventura, Huntington Beach
  • Anthony Caso, San Bonifacio, Anaheim
  • Kevin Durkin, San Antonio de Padua, Anaheim Hills
  • Andrés Guerrero, Santa Cecilia, Tustin
  • David Hernández, Catedral de la Sagrada Familia, naranja
  • Francisco Javier Martin, San Joaquín, Costa Mesa
  • José Mercado, St. Mary’s, Fullerton
  • Carlos Muñoz, San Norberto, Naranja
  • Phong Nguyen, Santísimo Sacramento, Westminster
  • Anthony Palazzolo, San Juan Neumann, Irvine
  • Carlos Pineda, San Nicolás, Laguna Woods
  • Richard Purpura, San Norberto, Naranja
  • Jorge Sanchez, Cristo Nuestro Salvador, Santa Ana
  • John Selig, Santo Tomás Más, Irvine
  • John Silberstein, St. Kilian, Mission Viejo
  • Victor Valenzuela, St. Kilian, Mission Viejo

Sobre la diócesis católica romana de Orange

Con 1.3 millones de católicos, 57 parroquias, 5 centros católicos y 41 escuelas, la Diócesis Católica Romana de Orange es una de las comunidades religiosas más grandes y diversas de los Estados Unidos. La Diócesis capacita a los católicos de todo el Condado de Orange para que tengan una vida activa de fe integrada y entretejida en el tejido de su vida diaria a través de la comunidad y la vida sacramental de la Iglesia. Bajo el liderazgo del obispo Kevin Vann, la Diócesis trabaja para establecer y apoyar parroquias y escuelas dinámicas y vibrantes que dan la bienvenida a todos para vivir el Evangelio con fe, alegría, caridad y unidad. Christ Cathedral, el hogar espiritual de la Diócesis, se dedicó en julio de 2019.

Cardenal Schönborn en el Sínodo del Amazonas: ¿Por qué no comenzar con diáconos viri probati en las aldeas? ¿Prepararlos como catequistas, como diáconos, antes de preguntar si pueden convertirse en sacerdotes? El sínodo, el cardenal Christoph Schönborn, de Viena, es parte del grupo responsab

le de redactar el documento final de la Asamblea Especial en la Amazonía. Él habla con Radio Vaticano sobre su intervención en el Sínodo y sobre sus ideas sobre nuevas formas de ministerio.

El Papa Francisco hizo esta semana cuatro nominaciones personales de miembros para el grupo responsable de redactar el documento final del sínodo amazónico. Entre ellos se encuentra el cardenal Christoph Schönborn de Viena.

El comité de redacción ahora se reúne para reunir en un documento las recomendaciones de los pequeños grupos de trabajo de sus discusiones durante el sínodo.

El documento final del sínodo se votará, el penúltimo día de la reunión. Luego se le dará al Papa Francisco para que lo use o no lo use como desee en la redacción de una exhortación post-sinodal.

Linda Bordoni le preguntó al Cardenal sobre los desafíos de reunir una gran variedad de voces en una narrativa coherente.

Escuche la entrevista con el cardenal Christoph Schönborn

El cardenal Schönborn describió su responsabilidad, como parte del comité de redacción, como un desafío, pero expresó su confianza en que, en realidad, las propuestas provenientes de los diferentes grupos lingüísticos no son realmente tan diversas.

“Ciertas preguntas y ciertas propuestas son muy similares en la mayoría de los grupos”, dijo.

Con respecto al trabajo real de redacción del documento, el Cardenal dijo que lo hace principalmente el Relator , el Cardenal Hummes y sus dos colegas, y explicó que, como el comité de redacción “tendremos que revisar el primer borrador que recibiremos el sábado por la tarde , enmendarlo, hacer nuestras propuestas, y luego el texto enmendado pasa por discusiones en los grupos de idiomas ”.

Dijo que los grupos luego hacen propuestas integradas por el comité de redacción, y finalmente, el borrador final será presentado a la Asamblea Plenaria, discutido y luego enmendado nuevamente. El último paso llega el próximo sábado con una votación final sobre las propuestas del texto.

Un papel de “escucha”

Con respecto a su propia intervención en el Salón del Sínodo, el Cardenal dijo que no hizo propuestas “porque estoy aquí como uno de los pocos europeos en el Sínodo, y creo que nuestro papel es principalmente escuchar”, dijo.

Entonces pensó que sería mejor hacer preguntas y no hacer proposiciones.

“Mi primera pregunta fue: ‘¿qué significa que el 60% de la población cristiana en la Amazonía está más o menos con los pentecostales?’ ¿Qué significa para nosotros, la Iglesia Católica que tanta gente ha abandonado la Iglesia Católica tradicional, qué significa para nuestro trabajo pastoral?

La respuesta que proviene del Sínodo, dijo Schönborn, es la necesidad de un ministerio pastoral, no solo de visita, sino de presencia. Si estas comunidades, que están dispersas por cientos de kilómetros en la región amazónica, tienen un sacerdote visitando una vez al año, dijo, este no es un ministerio pastoral de presencia.

“Los pentecostales están presentes en la mayoría de las aldeas”, señaló, por lo que el desafío no es principalmente los nuevos ministerios, sino una mejor presencia. Y presencia significa en el lugar, y eso significa las personas que viven allí ”.cq5dam.thumbnail.cropped.750.422

Sobre nuevas formas de ministerio

“Expresé mi sorpresa de que el diaconado permanente no esté tan presente en la Amazonía, mientras que hay mucha discusión sobre el viri probati “, dijo.

Dijo en Austria que ya tienen viri probati porque el Concilio Vaticano II “nos dio permiso para ordenar a hombres casados ​​que hayan dado un buen testimonio de su vida familiar, o su vida profesional, de su fe cristiana, para ser diáconos permanentes”.

“Entonces, ¿por qué no comenzar con diáconos viri probati en las aldeas? ¿Prepararlos como catequistas, como diáconos, antes de preguntar si pueden convertirse en sacerdotes? ”, Dijo.

El cardenal Schönborn señaló que hay etapas para cada ordenación sacerdotal y la primera etapa es convertirse en diácono.

Han pasado 50 años, desde el Vaticano II, concluyó que podrían haber comenzado con diáconos permanentes, “¡así que creo que vale la pena hacer estas preguntas!”

Por Linda Bordoni en Vatican News

Diaconado Permanente en la Diócesis de Little Rock, EEUU

Historia del Diaconado Permanente de la Diócesis de Little Rock

La restauración del diaconado permanente es uno de los grandes legados del Concilio Vaticano II. El servicio de los diáconos en la Iglesia está documentado desde la época de los apóstoles. Es una tradición muy arraigada que San Ireneo reafirma e influye en la liturgia de la ordenación. Puede ver el origen del diaconado en la institución de los siete, mencionada en los Hechos de los Apóstoles (6,1-6). Por lo tanto, el rango inicial de la sagrada jerarquía eclesiástica son los diáconos, cuyo ministerio siempre ha sido objeto de gran aprecio en la Iglesia.

San Pablo se refiere a los diáconos y obispos en sus cartas a los Filipenses (Fil 1,1) y también a Timoteo (1 Tim 3,8-13). En estas cartas enumera las cualidades y virtudes que los diáconos deben tener. San Ignacio de Antioquía considera que una Iglesia sin obispo, sacerdote o diácono es inconcebible. Enfatiza también que el ministerio diaconal no es otra cosa que el ministerio de Jesucristo.

Hasta el siglo quinto el diaconado había florecido en la Iglesia. Sin embargo, después de este período, por diversas razones, sufrió una decadencia lenta que sobrevivió solo como un estado intermedio para los candidatos al sacerdocio. El Concilio de Trento resolvió que el diaconado permanente fuera restaurado a la manera de los primeros siglos. Sin embargo, no se puso en práctica.

La restauración del diaconado como ministerio permanente en la Iglesia es uno de los legados importantes del Vaticano II. Los padres conciliares establecieron un principio importante para la renovación que se aplica al redescubrimiento de la misión distintiva, a su identidad y al ministerio del diaconado permanente restablecido. Los Papas Pablo VI y Juan Pablo II estuvieron de acuerdo en desarrollar de manera constante y progresiva este principio de renovación.

Durante los años siguientes a la terminación del Concilio, el Papa Pablo VI puso en práctica la proposición sobre la restauración del diaconado. El concilio dejó la responsabilidad de restauración del diaconado a las deliberaciones de cada una de las Conferencias Episcopales. En la primavera de 1968 los obispos de los Estados Unidos solicitaron autorización a la Santa Sede para restaurar el diaconado en nuestro país.

El siguiente mes de agosto, el Delegado Apostólico informó a los obispos de los Estados Unidos que el Papa Pablo VI había aprobado su solicitud y en noviembre la Conferencia Nacional de Obispos Católicos constituyó formalmente el Comité del Diaconado Permanente. Las primeras directrices para el diaconado se publicaron a fines de 1971.

El afecto y el interés del Obispo Andrew J. McDonald por el diaconado fue evidente poco después de ser designado como nuestro obispo en 1972. Con su aprobación y apoyo se cumplió el trabajo preparatorio vinculado con todo lo necesario para establecer una oficina del diaconado.

Comenzó con el proceso de selección de los solicitantes y continuó durante varios años con la formación de cada clase de diáconos. El Obispo McDonald permaneció relacionado con los hombres y sus esposas durante el trascurso de la formación. El primer grupo de 16 candidatos que comenzó en 1978 recibió la ordenación en noviembre de 1981. En 1986, fueron ordenados otros 18 hombres y en 1993 otro grupo de 18. El domingo de Pentecostés, el 31 de mayo de 1998, se ordenaron 12 hombres y el 12 de diciembre, 22 hombres más recibieron las órdenes.

En su discurso a los diáconos permanentes de los Estados Unidos (“El corazón del diaconado, siervos de los misterios de Cristo y servidores de sus hermanos y hermanas”, 19 de septiembre, 1987), dijo el Papa Juan Pablo II que el ministerio de los diáconos “es el servicio sacramental de la Iglesia […] Este es el corazón mismo del diaconado al que ustedes han sido llamados: a ser siervos de los misterios de Cristo, y al mismo tiempo, a servir a sus hermanos y hermanas”.

El “Directorio nacional para la formación, la vida y el ministerio de los diáconos permanentes en los Estados Unidos” promulgado por la Conferencia Nacional de Obispos de los Estados Unidos el 15 de noviembre de 2004, contiene una declaración del “Directorio para el ministerio y vida de los diáconos permanentes” de 1998, que dice: “La función del diácono permanente, por lo tanto, es colaborar con el obispo y los sacerdotes en el ejercicio de su ministerio (de la Palabra, liturgia y servicio) que no es propia de su sabiduría, sino de la Palabra de Dios, que nos llama a todos a la conversión y a la santidad”.

Con la aprobación del Administrador Diocesano, el Mons. Gaston Hebert, la clase actual de diáconos comenzó en julio de 2008. Con el apoyo continuo del Obispo Anthony Taylor, quien fue instalado como cabeza de la Diócesis de Little Rock el 5 de junio de 2008, hay cuarenta y ocho hombres (20 hispanos y 28 anglosajones) asistiendo a las clases de formación un fin de semana por mes.

Actualmente hay 77 diáconos activos en la diócesis, de los cuales 18 tienen más de 75 años de edad. Estos diáconos prestan servicio no solamente en las liturgias, sino también en muchos otros ministerios comunitarios: son capellanes de la policía, sirven en centros para mujeres maltratadas, en servicios de tratamiento de adicción a drogas, en el ministerio a los enfermos y moribundos, en el Cursillo, en el Ministerio de Vida en el Espíritu, en el Rito de Iniciación Cristiana para Adultos, en clases de Catecismo, en centros de retiro y en la educación de adultos. Los directores de formación y el ministro para los diáconos ofrecen un programa de formación diocesana unificada en las dimensiones humanas, espirituales, intelectuales y pastorales para todos los diáconos permanentes (aspirantes, candidatos y ordenados).

Se debe a la visión y al apoyo del Obispo McDonald, el Mons. Hebert y el Obispo Taylor que el trabajo del Señor, el ministerio de diaconado permanente, continúa exitosamente en la Diócesis de Little Rock.

Programa de formación de diaconado permanente

 

La Diócesis de Little Rock ofrece un programa de formación de diaconado permanente y bilingüe de cinco años   que comenzó en el otoño de 2017. Es un ministerio de la  Oficina de Formación de Fe  bajo la dirección del  Padre Erik Pohlmeier .

Setenta hombres fueron aceptados en el programa en agosto de 2017. Durante el primer año, estos hombres fueron llamados aspirantes y su formación se centró en la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral.

En septiembre de 2018, 62 fueron aceptados como candidatos para la ordenación al diaconado permanente por el obispo Anthony B. Taylor. De 2018 a 2022, sus cursos de formación se centran más en estudios teológicos. 

“Ustedes candidatos para el diaconado permanente están en camino de convertirse en ministros ordenados de la Iglesia. Como tal, se encontrarán con el quebrantamiento humano de muchas maneras y deberán tratar con compasión con todos los que se encuentran, incluidas aquellas personas que son difíciles de amar. ” – Obispo Anthony B. Taylor, homilía para la misa de candidatura, 8 de septiembre de 2018

Los candidatos de habla inglesa y sus esposas asisten a clases mensuales de fin de semana  en el Centro Católico St. John en Little Rock, mientras que los hombres de habla hispana y sus esposas asisten a clases de formación  en Subiaco Abbey en Subiaco. Por primera vez, la diócesis proporciona el programa de candidatura en inglés a través del Seminario St. Meinrad en Indiana.

La Diócesis de Little Rock también trabaja en estrecha colaboración con el Seminario St. Meinrad para la formación sacerdotal de muchos de nuestros seminaristas. Los instructores brindan cursos presenciales y en línea durante 11 meses al año durante cinco años. Para la formación española, el clero diocesano y los laicos dirigen cursos en persona en la Abadía de Subiaco durante el mismo período. Se espera que la ordenación ocurra en el verano de 2022.

Este proceso de formación  comenzó en 2015  cuando todos los interesados ​​asistieron a reuniones informativas para conocer el diaconado permanente. Estaba abierto a hombres católicos en buena posición con la Iglesia que tendrían al menos 35 años de edad por su ordenación en 2022. 

Más de 130 hombres y sus esposas comenzaron a reunirse para discernir una vocación al diaconado en enero de 2016. Después de completar nueve meses de oración y reflexión, 85 hombres estaban interesados. De estos, 70 fueron aceptados. 

El desarrollo de esta clase de formación se produjo después de un descanso de cinco años. El obispo Anthony B. Taylor ordenó a 40 hombres de habla inglesa y española de toda la diócesis al diaconado permanente en noviembre de 2012. Para obtener más información, comuníquese con el  padre Pohlmeier  al (501) 664-0340.

CANDIDATOS DE ARKANSAS

Los siguientes candidatos a diáconos forman la clase de formación de diaconado de 2022. Representando a parroquias de todo Arkansas, estos hombres y sus esposas participan en cursos de formación mensuales para prepararlos para la ordenación al diaconado permanente. Obtenga más información sobre este proceso o haga clic en el nombre de un candidato para conocerlo.

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Los siguientes candidatos a diáconos forman la clase de formación de diaconado de 2022. Representando a parroquias de todo Arkansas, estos hombres y sus esposas participan en cursos de formación mensuales para prepararlos para la ordenación al diaconado permanente. Obtenga más información sobre este proceso o haga clic en el nombre de un candidato para conocerlo.

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Los siguientes candidatos a diáconos forman la clase de formación de diaconado de 2022. Representando a parroquias de todo Arkansas, estos hombres y sus esposas participan en cursos de formación mensuales para prepararlos para la ordenación al diaconado permanente. Obtenga más información sobre este proceso o haga clic en el nombre de un candidato para conocerlo.

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Curso para diáconos permanentes y sus esposas en Santiago de Chile

Curso para diáconos permanentes y sus esposas, en Santiago:

Desde el año 2014, en la Vicaría para el Clero del Arzobispado de Santiago, se ha formado un equipo (integrado por diáconos de distintas profesiones, (entre ellos un catequeta), una esposa de diácono y el encargado de formación de esta Vicaría) para apoyar la capacitación de los diáconos permanentes y de sus esposas.ciile

En agosto de 2016 se hizo una encuesta -en la arquidiócesis- sobre las principales necesidades de formación que planteaban los propios diáconos y sus esposas. A partir de los resultados de esa encuesta se diseñaron y se realizaron -desde el año 2018 en adelante- una serie de cursos, tales como: uno sobre el Evangelio de San Marcos, un curso de Homilética, y otro sobre la Pastoral de fronteras.chile

Durante ocho sábados del primer semestre de 2019, se realizó el Curso de Pastoral de fronteras, en el que se abordaron las siguientes temáticas: la Pastoral de migrantes, la Pastoral de la diversidad sexual, la Pastoral hospitalaria y la Pastoral carcelaria. En una sesión se desarrolló (con una metodología expositiva) una mirada bíblica, teológica y pastoral de cada una de estas temáticas, con profesores expertos y luego, en la sesión siguiente, (con una metodología participativa) se compartieron experiencias concretas de algunos diáconos en cada una de esas áreas o pastorales.

En estos cursos de formación, han participado más de 80 personas, entre diáconos y esposas de diáconos, quienes los han evaluado como muy positivos y enriquecedores para el ministerio diaconal, en las nuevas fronteras de la misión.miguel-ang

Miguel Ángel Herrera Parra, diac.

Esbozos diaconales del Diaconado Permanente Monclova, diócesis de Saltillo, México.

El Diácono Permanente es un hombre normal, con los mismos problemas que los demás.

Un hombre que pese a sus defectos humanos se sabe renovado por Jesucristo, con disposición al servicio de la Iglesia y de la humanidad, que anuncia el Evangelio y lo encarna en su vida.b

Esta vocación la vive y celebra siempre en comunidad desde su ministerio específico, diaconal.

Es un hombre al servicio de los hombres, signo vivo y sacramento de Cristo Servidor.

Es una persona de fe íntegra, con madurez humana y cristiana, integrado en la comunidad, que ha practicado con empeño obras de apostolado y que goza de buena fama y costumbres intachables.

Es un hombre de oración, que tiene un sentido de Iglesia humilde y fuerte, un espíritu de pobreza, capacidad de obediencia y comunión fraterna, celo apostólico, servicialidad y una gran caridad hacia los hermanos, como amigo de los pobres.

Es un hombre responsable, laborioso, con capacidad para el diálogo y sentido moral.

El lugar teológico del Diaconado Permanente se nutre de dos fuentes sacramentales, dos vertientes que hacen confluir las gracias de estado en el diácono casado, configurando una sinergia de gracias que le capacita, por la acción del Espíritu, a vivir su experiencia matrimonial y familiar con una nueva intensidad y dimensión, y a la vez el carácter indeleble que le otorga el sacramento del orden, sedimenta en su vida una estabilidad emocional desde donde es posible crecer en abundancia para todos.

La teología profundizada y reflexiona desde las realidades de ambos sacramentos: el del Matrimonio y el del Orden.c

El ministerio diaconal encarnado por un diácono casado no puede ser concebido como una cosa más de la Iglesia, como una actividad personal del cónyuge varón.

La esposa está implicada, porque es con su marido uno en Cristo.

Ella no es diaconisa ni ha recibido ordenación alguna, pero es una con el marido y si están ambos involucrados en la educación de los hijos, también la familia completa puede muy bien involucrarse en el apoyo y en la ayuda de la misión diaconal del esposo

El Diácono casado, al crecer en el amor mutuo junto a su esposa y su familia, ofrece un testimonio claro de la santidad del matrimonio y la familia, vocación a la que están llamados.

La familia diaconal es signo esperanzador del amor de Dios al mundo. En el matrimonio el amor se hace donación interpersonal, mutua fidelidad, fuente de vida nueva, sostén en los momentos de alegría y de dolor.a

El amor se hace servicio. Vivido en la fe, este servicio familiar, es para el pueblo de Dios y el mundo, ejemplo de amor en Cristo y estímulo para las demás familias.

Afrontando con espíritu de fe los retos de la vida matrimonial y las exigencias de la vida diaria, la familia diaconal fortalece la vida familiar no sólo de la comunidad eclesial, sino de la sociedad entera, haciendo más humana la familia de los hombres y su historia.

Su casa es lugar de encuentro y acogida.

Un nuevo acercamiento a los orígenes del diaconado

El diaconado es una parte integral del misterio de la salvación, complementando el episcopado y el sacerdocio.

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Desde su restauración hace unos 50 años, el diaconado ha luchado por encontrar su voz en la Iglesia en general. Si bien la Tradición y el magisterio han afirmado el lugar del diaconado junto a los obispos y sacerdotes dentro del Sacramento del Orden Sagrado, hay poco en el camino de la teología que une estas órdenes. En otras palabras, si tomamos como punto de partida fundamental la unidad de las órdenes sagradas como lo hace la Iglesia, entonces debería haber una forma en que cada grado comparta, cada uno en su propia medida, un origen y una misión comunes.

Al carecer de esto, el diaconado se considera simplemente un complemento complementario, y el diácono solo funciona como ayudante del padre. Lamentablemente, esta es una percepción común. Sin embargo, si se puede demostrar teológicamente que el diaconado es una parte integral del misterio de la salvación que complementa el episcopado y el sacerdocio, entonces se puede ver que el diaconado tiene una contribución única e indispensable para la vida y la misión de la Iglesia. Esto no es elevar el diaconado a más de lo que es, sino más bien recuperar la intención original de Dios y así cumplir la misión de la Iglesia de manera más efectiva.

Hace algunos años, me encontré providencialmente con la unidad de las órdenes sagradas mientras exploraba los orígenes del diaconado en mi libro, “En la persona de Cristo el Siervo” (St. Ephraem Press, $ 19.95). Utilizando el pensamiento personalista del Papa San Juan Pablo II, ahora poseía el lenguaje filosófico para explicar mejor el ministerio diaconal, no como algo que hacemos, sino como alguien que damos: nosotros mismos. Este don de sí mismo, que es simplemente otra forma de hablar sobre el amor, me intrigó, especialmente porque se desarrolló en el misterio pascual. Fue allí donde descubrí lo que más tarde llamaría “la hipótesis del establecimiento”.

Tres principios fundamentales

La hipótesis del establecimiento se basa en tres principios fundamentales. Primero, y lo más importante, el misterio pascual, es decir, la pasión, muerte y resurrección de Cristo, es la fuente de nuestra salvación (rf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 571). Segundo, esta salvación es ofrecida por Dios, a través de su Iglesia, por medio de órdenes sagradas (CIC, No. 1536). Tercero, así como el Misterio pascual era nada menos que un don divino de sí mismo, así también se perpetúa a través de un don personal similar en los tres grados de órdenes sagradas. A este respecto, como buenos discípulos, obispos, sacerdotes y diáconos siguen el ejemplo de Cristo por su propio don de sí, sus propios actos de amor (cf. Mt 10:38, Mt 16:24, Mc 8:34, Lc 9 : 23, Lc 14:27).

En muchos aspectos, la Última Cena no es solo parte del misterio pascual, sino que la encapsula. En términos del sacerdocio, la Iglesia siempre ha considerado este evento como su institución, junto con el episcopado, que es la plenitud de las órdenes. Si hay una unidad cohesiva en las órdenes sagradas, entonces tendría sentido encontrarla en el misterio pascual y, debido a que este misterio está encapsulado en la última cena, la última cena debería ser nuestro punto de partida.

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Conciliar la Ley 6 con la hipótesis del establecimiento

Dado el testimonio unánime de la tradición, surge la pregunta: ¿Cómo podemos conciliar la institución de los Siete con la Hipótesis del Establecimiento? Una forma de abordar este aparente conflicto es a través de la distinción entre officium (oficio) y ordo (orden) Una oficina es una posición en una organización más grande que lleva consigo una función específica, y el orden es una oficina compartida por dos o más que forman un cuerpo reconocido. En el orden de causalidad, una oficina siempre precede a un orden.

Cuando el mandatum estableció el oficio de diácono, la selección de los Siete y la imposición de manos en Hechos 6 representa la institución del orden. Donde la oficina representa un tipo de concepción, el orden representa un tipo de nacimiento.

Hay alguna evidencia implícita de este proceso en las Escrituras. Sabemos, por ejemplo, que el oficio del sacerdocio se estableció en la Última Cena. Sin embargo, la orden presbiterada fue instituida en algún momento después como lo atestigua Timothy. Del mismo modo, podemos decir que la oficina del episcopado (la totalidad de las órdenes) también se estableció en la Última Cena. Sin embargo, la orden episcopal se instituyó algún tiempo después, como lo atestiguó nuevamente Timothy. Si esto es cierto para el presbiterio y el episcopado, entonces es razonable concluir que también es cierto para el diaconado.

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La noche antes de morir, Jesús compartió la cena de Pascua con los Doce. Allí emitió dos conjuntos distintos de comandos. El primero se encuentra en los Evangelios sinópticos y consiste en: “Toma y come … Toma y bebe … Haz esto en memoria de mí …” (Mt 26: 17-30, Mc 14: 12-26, Lc 22: 7-39 )

Estos son conocidos como las narrativas institucionales, ya que instituyen tanto la Eucaristía como el sacerdocio. Sin embargo, durante esa misma comida hubo otro comando, que no se encuentra en los sinópticos, sino en el Evangelio de Juan. Allí, Jesús, después de lavar los pies de sus discípulos, dijo: “Te he dado un modelo a seguir, de modo que, como he hecho por ti, tú también deberías hacerlo (Jn 13:15)”.

Esto se conoce como el mandatum . El Jueves Santo, la Ceremonia de los Obispos llama al obispo a comenzar el lavado de pies quitando su casulla, debajo de la cual está la dalmática. El Papa Francisco, durante el mismo ritual, transforma su estola sacerdotal en una estola diaconal antes de lavar los pies de la gente. Lo hacen porque, aunque son obispos, todavía poseen el diaconado, y hay algo intuitivamente diaconal en este acto.

En este evento, un evento que encapsula el misterio pascual, tenemos dos comandos dominicales, uno inequívocamente de naturaleza sacerdotal y el otro inconfundiblemente diaconal. A este respecto, la hipótesis del establecimiento no es realmente nueva.

El diácono James Keating escribe: “La escena del lavado de pies en la Última Cena es una expresión de la institución del diaconado por parte de Cristo, ya que refleja la verdad doctrinal de la unidad de las órdenes sagradas. Existe una simetría entre el cargo ‘Haz esto en memoria mía’ (Lucas 22:19) a los apóstoles y su otro cargo apostólico, ‘De modo que, como he hecho por ti, tú también deberías hacerlo’ (Jn 13,14- 15). ”Al hacer esta afirmación, Deacon Keating cita al cardenal Walter Kasper, quien en un documento afirma:

“Hemos visto que sin diaconia no puede haber una Iglesia, porque Cristo mismo es uno que sirve (Lc 22:27). Por lo tanto, en la Última Cena … no solo estableció la idea del sacerdocio, sino que, en principio, también sentó las bases del ministerio diaconal. Al lavarnos los pies nos dio un ejemplo, para que nosotros también lo hagamos, como nos hizo a nosotros (Jn 13:15). En estas palabras, uno puede ver los cimientos del diaconado “.

Actos de amor

Donde la Hipótesis del Establecimiento abre nuevos caminos, y donde se mueve más allá de la observación intuitiva de Keating y Kasper, es que describe con precisión cómo sucede esto a través de una serie de regalos (actos de amor) sucesivos. Para esto es fundamental la realidad fundamental de que simplemente no podemos dar lo que no poseemos. En otras palabras, si los apóstoles no recibieron la plenitud de lo que ahora llamamos órdenes sagradas de Cristo, no podrían transmitirlo a los obispos. Del mismo modo, si los obispos no recibieran las órdenes sagradas de los apóstoles, no podrían transmitirlo a sacerdotes y diáconos. De manera similar, si los sacerdotes y los diáconos no recibieran sus órdenes de los obispos, no podrían transmitirlo a los laicos en forma de ministerio sacerdotal y diaconal.

El don de sí mismo

Para apreciar mejor lo que quiero decir sobre el don de sí mismo, dividiré este proceso en siete pasos simples que se refieren al diagrama.

• Paso 1: a través de su don de sí mismo en la cruz, Jesús reconcilia a la humanidad con el Padre, y esta oferta de reconciliación se resume en la Última Cena.

• Paso 2: En la Última Cena, Jesús emite dos mandamientos a sus apóstoles, uno sacerdotal y otro diaconal.

• Paso 3: Estos comandos, a la luz del misterio pascual, establecen tanto el sacerdocio como el diaconado.

• Paso 4: los apóstoles, después de haber recibido este don de sí mismo de Cristo en forma de sacerdocio y diaconado, ahora se entregan a sus sucesores, los obispos (cf. Lumen Gentium, No. 20).

• Paso 5: Los obispos, después de haber recibido este don de sí mismo de los apóstoles en forma de sacerdocio y diaconado, ahora se entregan a los sacerdotes y diáconos a través de la concesión de órdenes sagradas.

• Paso 6: Los sacerdotes y diáconos, después de haber recibido este obsequio del obispo en forma de sacerdocio y diaconado, ahora revelan de manera distintiva y complementaria a todo el Cristo ( Christus totus ). Como resultado, se entregan a los laicos a través de la evangelización y los sacramentos.

• Paso 7: los laicos, después de haber recibido este don de sí mismos de sacerdotes y diáconos, ahora se entregan para vivir sus vocaciones.

El don total de sí mismo de Cristo significa que la relación complementaria entre el episcopado, el sacerdocio y el diaconado encuentra su nexo en la única persona de Cristo. Cada orden participa y contribuye de manera única llevando el Christus totus al mundo. Esto significa que, mediante el uso del lenguaje personalista del Papa San Juan Pablo II, tenemos, por primera vez, no solo una nueva forma de visualizar los orígenes del diaconado, sino, quizás aún más importante, una forma orgánica de hablar sobre la unidad de las santas órdenes.

Si lo anterior es cierto, y creo que lo es, entonces el diaconado no es auxiliar al plan de salvación de Dios, sino un componente absolutamente integral e indispensable nacido en la mente del Padre antes de todas las edades. Es por esta misma razón que el diaconado necesita redescubrir su propia voz, entrando más plenamente en la imaginación católica no solo por su propio bien, sino por el bien de aquellos a quienes servimos, por el bien de la redención, por el bien de un divino. Amor derramado.Deacon Cerrato

EL DIÁCONO DOMINIC CERRATO, Ph.D., es editor de Deacon Digest y director de formación diaconal de la Diócesis de Joliet, Illinois. Es fundador de Diaconal Ministries, donde ofrece presentaciones nacionales y retiros a diáconos y candidatos diaconales.

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Diácono Dominic Cerrato en Deacon Digest

Declaración de la Presidencia de la CND en la sesión del Sínodo del Amazonas, por el Diácono Chiquinho, Presidente de la CND de Brasil

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Declaración de la Presidencia de la CND en la sesión del Sínodo del Amazonas, por el Diácono Chiquinho, Presidente de la CND de Brasil

CND SALUDO AL SÍNODO AMAZÓNICO

“Amazonas: nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral”.

Querido Santo Padre, Papa Francisco, Diácono de Diáconos.

Queridos hermanos y hermanas reunidos en el Sínodo del Amazonas.

“No se puede pensar en el Amazonas sin la presencia del diaconado permanente”. (Obispo Sérgio Castriani, Arquidiócesis de Manaos, AM)

La Comisión Nacional de Diáconos de Brasil (CND) presenta su apoyo incondicional al Sínodo para la Amazonía, que tendrá lugar este mes de octubre en el Vaticano, el Kairós que nos llena de esperanza pero también nos convoca. Experimentarlo como un camino de profecía y conversión ministerial, pastoral y colectiva ha sido gratificante y desafiante en este momento histórico de crisis, incertidumbres y contradicciones, con escenarios socioambientales, políticos y económico cada vez más degradantes y que destruyen la vida. Requiere una actitud de docilidad con el Espíritu Santo y una gran apertura para recibir las noticias y experiencias de los pueblos de los bosques y aguas de este enorme continente amazónico con pueblos y naciones de nueve países.

La Iglesia tiene una presencia importante en el piso amazónico. Experimentamos la riqueza de vivir con una diversidad que nos llama al diálogo y la contemplación. ¡El Papa Francisco nos pide que seamos una Iglesia extrovertida, cercana y solidaria, defensora de la dignidad humana y profética, capaz de discernir lo que el Espíritu Santo nos pide, denunciando injusticias y alimentando la Esperanza para los pueblos de la Amazonía!

La Comisión Nacional de Diáconos de Brasil (CND), basada en la vocación, identidad y misión del ser diaconal, participa en diferentes iniciativas que tienen como uno de sus objetivos principales el pleno apoyo del Sínodo para el Amazonas. En el mismo espíritu de comunión, el diácono es el signo sacramental de Cristo Siervo, siendo un discípulo misionero, consagrado para servir a la unidad del Pueblo de Dios, viviendo en comunión en el ministerio ordenado, produciendo las buenas nuevas del Evangelio entre todas las criaturas. El diaconado permanente está en el contexto de la vida y la acción pastoral de la Iglesia. “Algunos discípulos misioneros del Señor están llamados a servir a la Iglesia como diáconos permanentes, la mayoría de ellos fortalecidos por la doble sacramentalidad del matrimonio y el orden. Están ordenados para el servicio de la Palabra, la Liturgia y la Caridad, y también acompañan la formación de nuevas comunidades eclesiales, especialmente en las fronteras geográficas y culturales, donde la acción evangelizadora de la Iglesia no se alcanza habitualmente” (DAp 205).

“Los nuevos caminos requieren que la Iglesia en la Amazonía haga propuestas determinadas que deberían ser audaces “y” no temerosas”, como nos pide el Papa Francisco. En este sentido, el Vaticano II nos recuerda que todo el pueblo de Dios participa en el sacerdocio de Cristo, al tiempo que distingue el sacerdocio común del sacerdocio ministerial (LG 10). A partir de ese momento, es urgente evaluar y repensar los ministerios que se necesitan hoy para responder a los objetivos de “una iglesia amazónica y una iglesia indígena” (P. PM). Una prioridad es definir los contenidos, métodos y actitudes para constituir un ministerio pastoral evangelizador, ministerial e inculturado capaz de responder a los grandes desafíos en el territorio.

Otra es proponer nuevos ministerios y servicios a los diferentes agentes pastorales que son responsables de las tareas y responsabilidades de la comunidad amazónica. También es necesario promover el clero indígena y los nacidos en el territorio, afirmando su propia identidad y valores culturales. Sin embargo, es necesario repensar nuevas formas para que el Pueblo de Dios tenga un mejor y frecuente acceso a la Eucaristía, el centro de la vida cristiana (DAp 251). Sin embargo, el diaconado permanente es un ejemplo de que la iglesia puede crear y recrear ministerios; En la Arquidiócesis de Manaos hay 48 (cuarenta y ocho) diáconos, 739 (setecientos y treinta y nueve) diáconos en toda la Amazonía brasileña, que es muy poco, muy poco.

El proceso de cambio al diaconado permanente en la dimensión ministerial de la Iglesia debe profundizarse y, sin revisión de esta dinámica de ministerialidad, no tendremos la fuerza para asegurar la presencia de la Iglesia y del Cristo Eucarístico en las comunidades. ¡La Eucaristía es un regalo que pertenece a una comunidad eclesial, no solo a un ministerio! Estamos llamados a entrar con el corazón abierto en este nuevo camino eclesial. Todos están llamados a vivir con cambios en sus comunidades y a comprometerse a defender sus vidas, a amarlos y amar sus culturas. La espiritualidad practicada con los pies en el suelo ofrece la posibilidad de encontrar la alegría y el gusto de vivir con los pueblos amazónicos. Comunidades que tienen derecho a ser alimentadas por el pan de la Eucaristía, la Palabra y los Sacramentos. Hemos crecido mucho en ministerios laicos, vida consagrada, como catequistas, animadores comunitarios, ministros de la palabra, el funeral y la santa comunión; se forman y ordenan sacerdotes diocesanos y diáconos permanentes; en los últimos tiempos, ya tenemos un clero local que, si no numerosos, tienen su propia identidad. Pero las necesidades siguen siendo grandes y nuestras características regionales requieren soluciones diferenciadas, donde los diáconos permanentes nos colocamos como Siervos de Cristo.

Seguimos el curso del proceso del Sínodo con la firme esperanza de construir una iglesia que responda más fielmente a lo que Dios quiere y lo que la gente necessita. En este camino, no volveremos. Hacemos un llamado a nuestras comunidades a participar en este camino, a experimentar la catolicidad de nuestra Iglesia que en comunión se pone al servicio de la vida. Estamos juntos. Estamos con el sínodo. Estamos con el papa. No nos faltará nuestra fuerza, los Mártires de estas tierras nos cuidan (47ª Asamblea Regional de CNBB Norte 1).

Oremos, por lo tanto, para que las decisiones que tomará este Sínodo contribuyan a una acción evangelizadora encarnada en la realidad de los pueblos de los bosques amazónicos y en la declaración de que la Casa Común, en toda su diversidad, es una expresión de la gracia amorosa del Dios de Dios de la Creación, reconociendo que la fuerza creadora de Dios trasciende la capacidad humana de comprender la complejidad de la vida presente en el bioma amazónico. Por lo tanto, llamados a vivir una Iglesia en éxodo, en un estado de peregrinación, de compromiso, sin acomodarnos, que la vida en el ministerio diaconal es la semilla del cambio, de la posibilidad, de la esperanza.

Que María de Nazaret, una expresión del rostro maternal de Dios entre nuestro pueblo, a través de su intercesión, acompañe los pasos de la Iglesia de su Hijo en las aguas y tierras del Amazonas.

Al querido Papa Francisco, nuestra oración. Y a nuestros hermanos y hermanas, nuestra gratitud a Dios por haber sido llamados a servir.

Alabado sea, mi Señor.

Manaos (AM), 4 de octubre de 2019 – Día de San Francisco de Asís, Patrón de Ecología

Diácono Francisco Salvador Pontes Filho

Presidente de la Comisión Nacional de Diáconos de Brasil.

El diácono Francisco Salvador Pontes pide en el Sínodo de la Amazonia estudiar la posibilidad de que los diáconos sean ministros ordinarios del sacramento de la Unción de los Enfermos

El diácono Francisco Salvador Pontes Filho (Chiquinho) participa en el Sínodo del Vaticano para la Amazonía, que comenzó el 6 de octubre y finalizará el 27 del mismo mes. El diácono fue convocado a través del apoyo del arzobispo de Manaus (AM), el arzobispo Sérgio Eduardo Castriani y representa a la Comisión Nacional de Diáconos.

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En contacto con el Diácono Chiquinho podemos destacar cuatro momentos e intervenciones. En la ceremonia de apertura, en la presentación de los participantes, hubo un lapso del Secretario General del Sínodo, el Cardenal Lorenzo Baldisseri, quien no anunció la presencia del Diaconado. Respetuosamente, el Diácono Chiquinho se dirigió al cardenal, identificándose como presidente de la Comisión Nacional de los Diáconos de Brasil y un profundo conocedor de la Amazonía brasileña. Luego se solucionó el lapso.

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El sábado por la mañana (12), tuvo la oportunidad de hacer una declaración, que fue escuchada cuidadosamente por la asamblea (fotos 1 y 2). El domingo (13), envió la siguiente nota a ENAC – Equipo Asesor de Comunicación Nacional: “Queridos hermanos diáconos, ¡buenas noches! Como contribución a nuestro círculo de estudio aquí en el Sínodo para el Amazonas, solicité estudiar la posibilidad de proporcionar al ministerio diaconal el Sacramento de la Unción de los Enfermos. Esto no es un reclamo, porque si lo fuera, no tendría sentido. Sin embargo, esta es una gran necesidad que encontramos diariamente cuando ejercemos nuestro ministerio. ¿Cuántos hermanos enfermos mueren cada día sin recibir este importante sacramento? Oremos para que este Sínodo también señale en esta dirección “.

Finalmente (foto 3), participó en la Solemne Celebración de la Canonización de Santa Dulce de los Pobres, entre miles de brasileños presentes en la Santa Sede este domingo 13 de octubre.

SDN Brasil

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