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Ordenado diácono en la catedral de Tui por el obispo

Ordenación Diaconal Luis Enrique 7 Jul 2019 2

Los cinco diáconos de Tuy-Vigo: De Izquierda a derecha: Andrés, José Manuel, Luis Enrique, José María y Desiderio.

La Ordenación tuvo lugar el domingo día 7 de Julio en la Catedral de Tui, junto con la ordenación de dos presbíteros y la institución de dos lectores, de manos de nuestro Obispo Monseñor Don Luis Quinteiro Fiuza.
Luis Enrique, es el más jóven de los 5, casado con una hija y otro en camino. Profesor de Filosofía.
Le damos gracias a Dios, por esta nueva ordenación, y le pedimos que siga enviando a su Iglesia Sacerdotes y Diáconos Permanente buenos y santos.
Desiderio Bernárdez Valeiras, diácono

Luis Enrique Álvarez fue ordenado diácono permanente. Además, serán instituidos lectores los seminaristas Jesús García y Gabriel Gómez.

Luis Enrique Álvarez Figueira, natural de Vigo, es profesor de filosofía. Casado y padre de familia, ha desarrollado las funciones propias del acólito en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Vigo, donde se prevé que continúe.obispo-tui

 

La paternidad le llevó a querer ser diácono “y el obispo me animó”

Luis Enrique Álvarez Figueira será ordenado diácono permanente. Actualmente ejerce de profesor de filosofía en el I.E.S Santa Irene, está casado y es padre de familia, lo que le llevó a replantearse su relación con la Iglesia. Tras su nombramiento podrá ejercer la liturgia, la palabra y la caridad, y la formación permanente, no la Eucaristía.
El diácono permanente es una figura de ayuda y apoyo para presbíteros y obispos que fue muy común entre los primeros cristianos. Para su nombramiento necesitan una formación doctrinal de cuatro años, y en el caso de estar casado, como Álvarez, una edad mínima de 35 años y el consentimiento de su esposa. La Diócesis de Tui-Vigo cuenta con cuatro diáconos permanentes, a los que el domingo se sumará Luis Enrique Álvarez, que previsiblemente desarrollará sus funciones en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, donde ya lo ha hecho hasta el momento.

¿Por qué ha decidio ser diácono ahora?
No lo he decidido ahora. Es un proceso que lleva un tiempo, yo lo inicié en 2013, fue una llamada de la Iglesia. Estoy casado y ser diácono surgió como respuesta a mi paternidad, cuando nació mi hija. Me pregunté cómo podía ser mejor padre, y me lo planteé a través de la oración. Luego hablé con el obispo y me animó a ello.

¿Qué funciones cumple ahora en la parroquia?
Ahora estoy en la Parroquia del Carmen. Fui el encargado de la liturgia de una misa, estoy en el grupo pastoral de la salud, en que nos dedicamos a la atención de los enfermos, entre otras tareas.

¿Cuáles serán sus nuevas funciones como diácono?

El obispo me dirá donde hago falta y allí estaré, igual continúo en la misma Parroquia, en el Carmen. Las funciones propias del diácono tienen que ver con el servicio, a enfermos, en la catequesis, en Cáritas, la atención a familias, y otras tareas.

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Acción de Gracias de los nuevos diáconos de Madrid: entregan lirios a sus mujeres

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59920891_370481097147234_4048988450169290752_nEminentísimo y Reverendísimo Señor D. Carlos Osoro, Señores Vicarios, Párrocos, Sacerdotes concelebrantes, diáconos y a todos los aquí presentes.
En este día tan especial en el que Dios nos ha hecho un regalo tan grande como es el orden del diaconado queremos mostrar nuestro agradecimiento a todos aquellos que nos han acompañado hasta este momento.
En primer lugar a Dios Nuestro Señor que nos ha llamado a esta vocación, a la que nos ha ido preparando desde siempre, nos ha cuidado con esmero, nos ha mostrado su infinito amor y nos ha llenado de su Espíritu Santo para que seamos fieles servidores suyos. A la Iglesia porque nos ha considerado válidos para ejercer este ministerio y nos proporciona los medios y las personas para llevarlo a cabo.
A D. Carlos, nuestro Pastor, que con su presencia aquí, nos muestra su cercanía y el valor que concede al ministerio del diaconado permanente.
Queremos dar gracias a Dios por todos nuestros formadores en el diaconado, D. Andrés
Martínez, D. Javier Cuevas y D. Juan Carlos Vera que nos han acompañado con paciencia y afecto durante estos años y a los que debemos el afianzamiento de nuestra vocación y su preocupación por llevarla a buen término.
A nuestros párrocos D. Pedro Pablo y D. Gonzalo, bajo cuya estricta mirada hemos ido
creciendo y aprendiendo lo que es el servicio y la entrega a los demás. En especial queremos agradecer a D. Pedro Pablo y a toda la Parroquia de La Asunción de Nuestra Señora su acogida para poder celebrar esta gran fiesta. No podemos olvidar al coro que tan gratamente nos ha deleitado y embellecido esta celebración.
También agradecemos a Dios por nuestros profesores de la Universidad San Dámaso que nos han transmitido amplios conocimientos y nos han iniciado en muchos campos del saber. Agradecemos al Señor el haber puesto en nuestro camino a la familia diaconal que con su  cogida fraternal y ejemplo ha sido una motivación para consolidar nuestra vocación.
También por nuestro amigos y compañeros que nos han animado ha seguir este camino de servicio.
Queremos hacer un agradecimiento especial al movimiento Regnum Christi, a la Legión de Cristo y a la Adoración Nocturna Española.
Gracias especialmente a nuestro padres que pusieron la semilla de la fe en nuestros corazones y la vieron crecer con su entrega y dedicación.
A nuestros hermanos y familia más cercana , que han vivido con interés y cariño esta etapa larga de formación.
Por nuestros hijos e hijas con los que hemos compartido momentos de estudio,
experimentado ausencias y que han querido sumarse a esta fiesta del servicio a los demás. Queremos agradecer a Dios el que haya puesto en nuestro camino a dos personas muy importantes para nosotros y sin cuyo consentimiento no podríamos haber sido ordenados, nuestras esposas, ejemplos de paciencia, entrega y amor que comparten nuestra vocación y nos sostienen en nuestra vida cotidiana.
Con su permiso, D. Carlos queremos hacerles entrega a cada una de ellas de un lirio, que
simboliza la vocación de servicio que compartió San José con la Virgen María, cuando , según la tradición, de su bastón brotó esta flor que le eligió como varón digno de tal privilegio.

“Siete hombres llamados para servir”. El sábado 30 serán ordenados como diáconos permanentes en la diócesis de Asidonia-Jerez

El próximo sábado serán ordenados como diáconos permanentes. La Diócesis de Asidonia-Jerez tiene el mayor número de personas dedicadas al carisma del diaconado

José Manuel, Francisco, Agustín, Ricardo, Juan Luis, Antonio y José Luis son nombres distintos que denominan a siete hombres que quedarán unidos para siempre. No son siete magníficos. No han salvado a nadie ni vuelven de una operación humanitaria en cualquier rincón del mundo donde se practica la injusticia. Lo único que les une es una vocación a través de una llamada. “Cuando Dios te emplaza, por mucho que quieras escapar, quedas atrapado y tarde o temprano caes en sus redes”, dice Juan Luis. Él viene de El Puerto de Santa María, de la parroquia que los jesuitas llevan bajo el nombre de San Francisco –parece una paradoja-.jerez

El sello que unirá a estos cristianos para siempre será la ordenación que monseñor Mazuelos Pérez llevará a cabo el próximo día 30 de junio como diáconos permanentes en la sede episcopal. Una ordenación que imprime carácter y una importante herramienta que la Iglesia tiene para prestar el servicio del apostolado y la liturgia. También hay otro denominador. Son siete hombres casados, con sus vidas resueltas desde el ámbito de la seguridad económica. Con hijos, incluso nietos. Sin embargo, fueron llamados. “En mi caso se trata de un enamoramiento de Jesucristo a través de una llamada. Se lo dije a mi hijo. No es posible servir a la Iglesia si no existe este enamoramiento del Señor”, afirma Francisco Holgado. Viene de San Rafael. Influenciado por el espíritu de la Congregación de la Misión a través de los padres Paúles que estuvieron durante años dando su vida por el barrio de Federico Mayo, Holgado ahora se siente totalmente satisfecho con esta llamada que “sin embargo, no la tuve para hacerme Paúl”.

Vidas distintas. Nombres diferentes para un mismo cometido. Personas que subrayan el apoyo de sus esposas. “Sin ellas, hubiera sido imposible poder llegar hasta aquí. Nos han asistido durante estos cuatro años de preparación”, sostiene Ricardo Fernández. Ricardo venía del mundo de la construcción. Siempre tuvo como una llamada de Dios a servir a la Iglesia. Quiso asistir a las clases que imparte el ISCRA (Instituto Superior de Ciencias Religiosas Asidonense) y acabó estudiando los escritos de San Agustín o de San Tomás de Aquino. “Todo se sobrelleva si te apoyas en el Señor”, asegura. Un esfuerzo que ahora tiene la recompensa de la ordenación como diácono para ponerse al servicio de la Iglesia, previsiblemente, en su parroquia de San Joaquín de El Puerto de Santa María.

Por otro lado, Agustín Hernández, sanluqueño de nacimiento, llega al diaconado desde el mundo de las cofradías. Fue hermano mayor de dos corporaciones y presidente del consejo. “También fue una llamada insistente que siempre tuve y que cuando comencé vi claro que era lo que quería hacer”, asevera. Vidas distintas para llegar a un mismo fin. Como el caso de Antonio, que venía de una trayectoria dedicada a la Guardia Civil y la seguridad. Colabora desde hace años en su parroquia de los Dolores. “Es importante que se sepa que aquí no estamos por gusto personal. Muchos piensan que es una cuestión de apetencia. Después de cuatro años estudiando teología y filosofía, teniendo momentos muy complicados porque no llegas a los exámenes con la preparación que deseas, uno piensa que no se llegamos por capricho, sino por una fuerte respuesta de servicio”, sostiene.

Alejado de la Iglesia

José Luis, por su parte, no viene del mundo de los jesuitas ni es llamado a través de un grupo parroquial. “Siempre fui una persona alejada de la Iglesia. Acompañaba a mi mujer a Misa y yo me iba al bar. Sin embargo, ocurrió un milagro en mi familia. Y vi cómo Dios intervenía en mi vida aprovechando este acontecimiento. La respuesta que tuve ante esta llamada fue de dar este paso definitivo a través del diaconado”, explica.

Por último, José Manuel, viene de Rota. De la parroquia de Nuestra Señora del Mar. Hombre inquieto. Siempre alerta al encuentro con Dios. Un día, quiso probar y dio el paso al diaconado; después de haber estado en algunos movimientos. Se trata del séptimo hombre que recibirá este sacramento que va en concordancia con la ordenación sacerdotal o la de obispo de la Iglesia.

La Diócesis está de enhorabuena. A partir del sábado que viene, siete cristianos maduros darán un importante paso de servicio. De ayuda a sus parroquias. No les une nada. O sí. Les une el amor a Cristo. Todo este proceso les ha robado sueño, tiempo, ocio y hasta dinero –los alumnos deben pagar sus matrículas y materiales de estudio-, pero no se cambian por nadie.

Holgado concluye afirmando que “tiene misma ilusión que cuando contrajo matrimonio”. El diaconado permanente es una herramienta que tiene la Iglesia en tiempos de pocas vocaciones sacerdotales. Un carisma que irá al alza en un corto plazo. Por ser útil para la comunidad y por ser respuesta a muchos problemas que la sociedad pide a la Iglesia

Cardenal Osoro a los diáconos: “Vosotros lleváis a la persona de Cristo en vuestra propia vida”

Homilía del cardenal arzobispo D. Carlos Osoro Sierra en el Seminario Conciliar de Madrid el 19 de enero de 2018 en la Misa de Institución de acolito-lector de D.Pedro Jiménez, candidato a diácono permanente

Querido Juan Carlos, querido Andrés, queridos Diáconos, querido Pedro que vas a ser instituido lector y acolito; querida familia, queridas esposas de los diáconos, hermanos todos:

Para todos nosotros el misteria, el haber escuchado el misterio de esta página del primer libro de Samuel donde se nos narra una historia de odio representada por Saul y una historia de amor, de entrega, de dar vida, de servicio, representada por David.  Dos historias que convergen en esto que estamos celebrando aquí y nos ayuda a redescubrir; por una parte, lo que todos vosotros como diáconos, vivís. Habéis sido ordenados identificándoos con Jesucristo sacerdote no para entrega de muerte sino para entrega de vida. Al estilo de David se podría haber dado muerte a Saul y sin embargo responde “tú me has pagado con bienes, yo y te he pagado con males”.


Hacer siempre el favor más grande, y favor más grande es servir, servir al ser humano como lo hizo nuestro Señor Jesucristo, y es en esa identificación con nuestro Señor en la que vosotros, los diáconos, en libertad absoluta y pidiéndoselo a Iglesia, la Iglesia os ha querido regalar esta configuración con nuestro Señor Jesucristo a través de la ordenación de Diáconos.

Pedro, en este camino que estas iniciado para ordenarte diácono vas a recibir los ministerios de lector y de acolito. Son también ministerios de vida y de servicio. La palabra siempre puede ser palabra de vida o palabra de muerte. Palabra que ha convertirse en palabra buena. Palabra que restaura, palabra que acoge, palabra que distorsiona, elimina, rompe. El Señor te regala, antes de recibir el ministerio del Orden, este ministerio de lector para que lo que pase después de tu ordenación lo hagas ya ahora como un ministerio de la Iglesia para que sepas aprender y descubrir en la lectura de la palabra a Dios, para ti y para los demás, que es una palabra que tenemos hoy pero que es una palabra de vida, palabra que restaura, es palabra que nos marca una dirección y siempre en el dirección de servicio a los demás. Es palabra que consuela, es palabra que da sentido a todas las situaciones que nosotros podamos tener en la vida. Por tanto, es un camino también para vivir, que restaura, para que sirvas y te pongas al servicio de esta palabra.11

Y por otra parte también para establecer el servicio que nos ha de marcar. En ese servicio también está la oportunidad de la celebración y acogida de quien se hace realmente presente en el misterio de la Eucaristía se manifieste con una grandeza especial para nosotros.

Pero Jesucristo nos cambia, nos asimila a Él; por y para que esto sea posible. Y es también un gran servicio. Servicio que también comienza con este ministerio y que te ayudará a acercarte al diaconado con mucha más seguridad y con mucha más fuerza.

Dar vida, alimentar, construir, dar esperanza… Este es un servicio especial que concede el Señor y que desde este ministerio vas a recibir como ya tus compañeros diáconos lo hacen.

Yo quisiera decirte a ti y a todos los que estamos reunidos, familias, tres palabras. Tres hitos de nuestra vida; de los que son diáconos, de los que se están preparando, y también de quienes acompañáis esposas y familias. Tres palabras que acabamos de escuchar: Subir, llamar y ser compañeros y enviados.

Jesús, -nos dice el Evangelio- “mientras subía a la montaña…”. Las cosas más importantes que Jesús nos ha dicho siempre las hace, o desde la altura de una montaña o desde una llanura para que todos vean. El Señor nos invita hoy a subir. Donde se manifiesta el poder, la gloria y la grandeza de Dios y lo que vino ha hacer nuestro Señor por nosotros los hombres. Se manifestó en la transfiguración. El Señor cogió a los discípulos como estaban, cansados, perplejos, sin muchas comodidades, pero los cogió y los llevo a lo alto de una montaña, donde nos dice el Evangelio que nuestro Señor, se transfiguró. Y ellos sintieron la presencia de Dios. La presencia y la manifestación de la grandeza de un Jesús que llevaba unas vestiduras singulares y especiales que de alguna forma mostraban la manifestación de Dios delante de ellos.22

Mirad, para permanecer en la vida como servidores de los demás es necesario subir; es necesario establecer una relación directa, profunda con Jesús nuestro Señor. Porque si no, el riesgo que tenemos es que olvidemos lo que el Señor nos ha regalado. A vosotros os ha regado vuestro ministerio. El de un Dios que viene a este mundo y se pone a servir a los hombres, y se pone a servir también a los más pobres. Un Dios que por una parte nos ha dejado su palabra, para que vivamos de su palabra y por otra parte nos regala su propia presencia y nos quiere acampar con la presencia de Dios en la Eucarística como prolongación del misterio de la encarnación porque realmente es Cristo quien se presenta entre nosotros.

Pero para todo esto, para que se realice todo esto, es necesario Subir. Y Subir quiere decir, tener relación con el Señor, dejar que él os hable, dejar que Él nos diga y nos hable al corazón, dejar que Él nos diga lo que es importante y lo que nos es importante. Subir significa comprender al Señor y ver como se manifiesta su sabiduría en concreto para las demás personas, y esto es importante; Subir.

En segundo lugar; llamar. Aquí no estamos por nuestra voluntad, ni tu Pedro ni los que concelebramos. No es una ocurrencia que un día dijiste “yo quiero ser diacono”; o viniste a ver a alguien. Aquí no hay nadie por sus méritos. Ni yo, ni vosotros. El Señor se ha servido de circunstancias diversas para ganarnos a unos para ser Obispos y a vosotros para ser diáconos y para prepararnos para ello.33

El Señor nos hace un regalo. Porque es la presencia de Jesucristo mismo en medio de nosotros y así habéis sido ganados y entregados a los que sufren. No hay oposiciones especiales. No se logran ni las conquista por su estudio, por su valía, por su inteligencia … no. Aquí estáis llamados por nuestro Señor. Y estáis llamados para servir a la Iglesia y para, en definitiva, hacer los mismos servicios que el Señor hizo a través de su vida. Os diría que os podéis sentir especialmente importantes porque el Señor ha escrito todas las páginas de los Evangelios como un servicio a los hombres. El Señor se acercó a los hombres que estaban, se acercó a una mujer, una pobre viuda sin el único hijo que tenía… Todas las palabras de Evangelio están llenas de la diaconía del Señor, del servicio. Cuando los Apóstoles deciden que hay que dedicarse a predicar a Dios mismo explicando una serie de cosas que el Señor hizo, se lanzaron a buscar una serie de personas. Tomaron conciencia de llamados, es importante.  Ahora mismo Pedro, aunque sea en este ministerio como lector y acolito.44

En tercer lugar, no sólo hay que subir para estar con el Señor. No sólo hay que tomar conciencia de que somos llamados. El Señor nos pide que seamos compañeros y vivamos al servicio del Iglesia. Compañeros de Él y al servicio de la Iglesia. Compañeros de Cristo y por eso es tan importante que estemos vinculados al misterio de Cristo y unidos a la Iglesia. Como nos dice el Evangelio. Porque somos diáconos, compañeros de Cristo. Pero compañeros de Cristo ¿para qué? Para que salgáis a la misión. Tenemos que salir unidos, sabiendo de quién dependemos y la vida que tenemos; sabiendo entrar por los caminos reales por los que van los hombres, en las circunstancias concretas en las que nos envía a servir en estos momentos a ser diáconos. Y así somos enviados. Somos propagadores de una gran noticia, pero, sobre todo, propagadores de servicio, de vivir para los demás y de una forma singular, porque, fijaos que no son “ideas sobre el servicio” las que nos da el Señor, no. Jesús, Él es ese mismo servicio a los hombres, Él es. Vosotros lleváis a la persona de Cristo en vuestra propia vida. Un protagonista, el mismo Cristo. En medio de las circunstancias en la que yo esté, porque el Señor nos ha elegido para esto. Por eso es una gracia del Señor hoy, el que nosotros podamos experimentar, a través de la palabra, lo que el Señor nos pide para serle fieles; Subir, sentirnos amados y sentirnos enviados. Llamados a la misión.

Mirad, si la gente ve gestos concretos, cree. En el diaconado permanente que se restaura después del Concilio Vaticano II tiene unas obligaciones. Es importante entrar en ellas porque si no, no entendemos esto. No es una idea del Papa su restauración, no, no. Todas las constituciones, especialmente las que tratan de la situación del mundo, nos están hablado de que de que está surgiendo una época nueva entre los hombres. Nos lo hemos creído poco y más bien hemos barnizado. Estoy exagerando, ¿verdad?. El Concilio Vaticano II nos sitúa en una época que estamos viviendo ahora. Es una época nueva en la que, o somos directamente el rostro de Cristo, o no seremos creíbles. El Diaconado permanente se ha restaurado para que se muestre el rostro servidor de Cristo en medio de la Iglesia y en medio de esta humanidad. Tiene una razón, tiene una razón siempre, pero en la Iglesia quizá nos habíamos ocupado los sacerdotes de todo, había absorbido el ministerio sacerdotal todo. Era necesario en una época de la cristiandad que el ministerio sacerdotal lo asumiera todo. Pero en una época nueva misionera en la que tenemos que salir, es necesario que se establezca visiblemente esa diaconía. Cuando uno escucha a los jóvenes -y en este momento, como señala el sínodo, es necesario escuchar a los jóvenes-, fijaros la sensibilidad que tienen para entregarse al servicio de los pobres, a marcharse a pasar las vacaciones áfrica a los países más alejados y esto nos tiene que interpelar.
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Por eso es importante este paso tuyo para ser diacono. Es un momento importante para ti y para todos vosotros y todos vosotros, aspirantes y familias. No es una ocurrencia nuestra. Ni es una ocurrencia del Concilio Vaticano II. Cuando la Iglesia quiere iniciar cosas nuevas es necesario y es urgente que se manifieste el servicio a los hombres, en todas las dimensiones del servicio. Para servir, hay que subir, hay que sentirse amado y hay que marchar para encontrarnos con Cristo. Vamos a sentir que habéis sido llamados para servir hasta que regrese nuestro Señor Jesucristo. Estamos en la misión. Somos misioneros. Todo cristiano debe contagiar, y hacer realidad este contagio, y hacer realidad este mensaje. Preparación para vivir la diaconía de Jesucristo.

Que así sea.

“No somos curas frustrados”, diácono Enrique Diéz

A pesar de que el diaconado permanente es poco conocido en nuestro país, se trata de un ministerio que tuvo gran difusión en la Iglesia antigua, sobre todo en el ejercicio del servicio a los más necesitados y la administración de los bienes, y ya aparece en los Hechos de los Apóstoles, si bien hacia el siglo VIII esa figura desapareció. En el Vaticano II se instaura de nuevo el diaconado como un estado permanente que pueden recibir incluso los hombres casados.

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Enrique y Mariasun, en la librería diocesana donde él trabaja.

Su función principal es ser signo de Cristo siervo en su día a día, en el trabajo, la familia y la pastoral. Entre sus funciones litúrgicas, quizás las más visibles están asistir al obispo y presbíteros, administrar el bautismo, ser ministro ordinario de la comunión, presidir la celebración del matrimonio, presidir exequias, dirigir la celebración de la Palabra, leer la Escritura, predicar la homilía y presidir otros oficios del culto. Hoy hay en todo el mundo en torno a 45.000, aunque en España son solo 400 y la diócesis de Burgos únicamente dos, que se ordenaron hace dos años: Enrique Díez y David Jiménez.

Enrique no supo lo que era el diaconado permanente hasta 2009. Tanto él como su esposa, Mariasun, con la que lleva casado 23 años, siempre han estado muy comprometidos con la Iglesia, «desde chavales». «Sentía que Dios me pedía más y no sabía el qué hasta que descubrí esto, leyendo en internet», cuenta Enrique. «Lo que tenía claro es que no estaba llamado para el sacerdocio, aunque me lo propusieron varias veces. Me gustaban mucho las mujeres», comenta entre risas el diácono, que se confiesa «firme partidario del celibato sacerdotal». «No somos curas frustrados. Son dos vocaciones diferentes y complementarias. No estoy llamado al sacerdocio y lo sé. Incluso en el caso de que me quedase viudo (los diáconos permanentes casados no pueden volver a contraer matrimonio), nunca me ordenaría presbítero. Hay cosas para las que no me siento capacitado, por ejemplo confesar. Un sacerdote tiene que estar preparado para tratar a una persona igual después de haber escuchado su confesión, y yo creo que no sería capaz de mirarla de la misma manera después de saber algunas cosas».

Implicación de la familia

Para Mariasun la opción de su marido no resultó ninguna sorpresa, porque fueron descubriendo juntos qué era eso de ser diácono permanente. «Yo tampoco lo conocía. Lo tomé con naturalidad y con ilusión por él, aunque me daba un poco de respeto. El ser el primero en Burgos…» Lo que sí sabían es que asumir el compromiso del diaconado suponía un esfuerzo (tienen tres hijos, de 19, 18, y 15 años) y que conciliar su servicio a la Iglesia con la vida profesional y familiar no siempre es sencillo. La etapa más difícil en ese proceso que duró tres años, y en ello coinciden ambos, fue la de sus estudios en Ciencias Religiosas, compatibilizar el trabajo, la asistencia a clase y las horas de estudio con la dedicación a sus hijos adolescentes.

Lo cierto es que sin el apoyo de Mariasun, Enrique no podría haber dado jamás el paso. «Tuve que firmar dos veces, una antes de la admisión y otra antes de ordenarse», explica. La esposa siempre tiene que estar de acuerdo y ratificar por escrito que acepta la vocación de su marido, porque su ministerio puede restar tiempo a la familia. No obstante, el matrimonio y la familia siguen siendo la primera vocación del diácono casado. Ella cuenta cómo el que era arzobispo cuando Enrique vivió su proceso, don Francisco Gil Hellín, le insistió en que ser diácono implica servicio (la palabra diácono 

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significa «el que sirve») y donde primero hay que ejercerlo es en la familia, como padre y esposo.

La vida cotidiana de Enrique se mueve entre su trabajo en la librería diocesana (anteriormente trabajó como director administrativo en el sector de la construcción), la atención a la familia y el servicio en la parroquia de La Inmaculada (los lunes por la tarde, la única que tiene libre en el trabajo) y los domingos por la mañana. Imparte catequesis, visita enfermos, desempeña tareas económicas, está implicado en Cáritas y en pastoral obrera… lo que su escaso tiempo le permite. En algunas diócesis, sobre todo del norte, como en el País Vasco, sí existen diáconos liberados que pueden prestar más apoyo a los presbíteros, pero, como explica Enrique, liberarlos supondría una gran carga económica para la Iglesia, hay que tener en cuenta que muchos de ellos tienen que sostener a una familia. No obstante, insiste, «es un peligro querer ver a los diáconos como solución a la falta de vocaciones sacerdotales; nosotros somos una ayuda para los presbíteros, estamos para apoyar, pero no podemos sustituirlos».

De Archiburgos.es

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«El diaconado es el ministerio de la cotidianidad, del servicio las 24 horas del día», David Jiménez, diac.

David Jiménez Chaves nació en Sevilla en 1975 aunque vive desde hace 12 años en Burgos, donde llegó por motivos laborales a Orbaneja Río Pico, localidad situada a 12 kilómetros de la capital. Está casado y tiene dos hijos, niño y niña, de 4 y 6 años de edad. Es ingeniero técnico agrícola de profesión y trabaja en el Centro Especial de Empleo de Aspanias. El 27 de junio de 2015 el arzobispo de entonces Francisco Gil Hellín le admitió al diaconado permanente y es uno de los dos con que actualmente cuenta la diócesis de Burgos. Sus primeros dos años estuvo en la parroquia de San Pedro y San Felices y desde septiembre de este año desarrolla sus funciones en la parroquia Real y Antigua de Gamonal.DAVID-JIMENEZ-1

 

El diácono es un ministro de la Iglesia que ha recibido el grado inferior del sacramento del Orden. Se trata de un ministerio muy antiguo de la Iglesia, que ya aparece en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En los primeros siglos tuvo una gran importancia, aunque después se quedó como un paso en el camino hacia el sacerdocio. El Concilio Vaticano II restauró el diaconado y ofreció la posibilidad de adquirirlo tanto a célibes como a casados, ya que anteriormente se había restringido y solo se aceptaba a los célibes.

 

David destaca que «lo fundamental en un diácono es ser siervo, ser imagen del Cristo siervo, en todos los aspectos de su vida: en su trabajo, con su familia y su ministerio pastoral. El diaconado es el ministerio de la cotidianidad, del servicio las 24 horas del día. El diácono puede administrar el bautismo, presidir la celebración del matrimonio, las exequias, las exposiciones del Santísimo y repartir la comunión. También puede leer el Evangelio en la misa y bendecir imágenes o el agua. Tiene muchas funciones parecidas al sacerdote pero no puede consagrar ni confesar. En el diaconado es mucho más importante el ser que el hacer, lo que representas está por encima de lo que puedas hacer. No se nos debe ver con un prisma meramente utilitarista».

 

En Burgos no estamos muy familiarizados con esta figura, ya  que en toda la diócesis solo son dos, David y Enrique Díez. Tampoco es muy elevado el número en España, unos 415 en total, pero hay países donde es muy habitual, como Estados Unidos, donde la Iglesia cuenta con 18.000 diáconos, o en Italia donde hay 3.000. Se calcula que en el mundo son unos 45.000.

 

Una vocación exigente y compartida

 

Ser diácono es, por supuesto, una vocación, asegura David. «Una vocación ser imagen de Cristo siervo, que dedica toda su vida al Señor. Es una vocación reconocida por la Iglesia y cuando llega a cada persona, percibe que su vida cambia, se transforma para hacerse siervo con Cristo al servicio de los demás». Para él, el proceso llevó mucho tiempo: «Sentí la llamada del Señor un año antes de casarme, en Sevilla, porque allí la figura del diácono es más habitual, en casi todas las parroquias había uno, y en la mía, también. Me gustaba cómo era, lo que hacía y sentí esa llamada interior. Después hice un proceso de discernimiento nada fácil. Yo tenía novia y se lo consulté porque la vocación de diácono debe ser compartida con quienes van a vivir a nuestro lado, porque el diaconado no solo es para los célibes».

 

El apoyo de su esposa fue determinante y es que «en realidad la tarea de consagrdavidar la vida a Dios es de todos, en la familia todos lo compartimos. Debemos hacer compatible la vida familiar con el servicio a Cristo y a los demás. El diaconado es una vocación exigente y necesitas el apoyo total de tu familia, porque no se trata de

aceptarlo a regañadientes, esto no es un capricho para un día o una temporada, es una forma de vida para siempre, por eso la mujer debe estar muy predispuesta para compartir la vida con un diácono», explica.

 

 

Hay quien puede pensar que el diaconado podría ser una solución a la carencia de sacerdotes, pero no es así en opinión de David. «Creo que no, de ninguna manera, porque la vocación de sacerdote y la de diácono son diferentes, son carismas distintos. Los diáconos podemos ayudar en tareas diversas en una parroquia, pero el sacerdote es insustituible, en ningún caso los diáconos pretendemos ni podemos sustituirle, somos sus ayudantes, pero el sacerdote

 

es totalmente imprescindible».

 

Otra cosa es que la presencia y participación de diáconos en la vida de la Iglesia no sea enriquecedora: «La diversidad de carismas es lo importante. Está claro que las vocaciones del diaconado suponen una gran riqueza para la Iglesia. Además, para una diócesis puede ser importante contar con un buen número de diáconos, porque su ejemplo constituye el fermento que los laicos necesitan para ampliar su compromiso y su trabajo en las parroquias».

De Archiburgos.es

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Ordenación de diácono en Mallorca

Día de gozo y alegría para nuestra Iglesia de Mallorca. Hoy ha sido ordenado de diácono permanente, nuestro hermano Roger Fernández Balaguer.

Han transcurrido varios aňos desde que fue ordenado Mn. Miquel Capó E. P. D. Poco a poco el número de diáconos permanentes sigue creciendo.

Damos gracias a Dios nuestro Señor y a nuestra Santísima Madre la B. V. María.

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Ayer a mediodía la parroquia de la Nativitat del la Mare de Déu de Costitx fue el escenario que acogió la ordenación de Roger Fernández Balaguer como nuevo diácono permanente de la diócesis de Mallorca. Roger Fernández, de 57 años, está casado, tiene dos hijos, es licenciado en Ciencias Religiosas y lleva más de 30 años ejerciendo la docencia como profesor de religión.

La celebración, que fue presidida por el obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, congregó a un numeroso grupo de vecinos de la localidad del Pla de Mallorca a los que se añadieron los invitados a la ordenación: sacerdotes, diáconos permanentes y amistades de Roger.

Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue el canto de la Letanía de los santos, la imposición de manos por parte del obispo y el revestimiento con la dalmática del nuevo diácono permanente.

En estos momentos la diócesis de Mallorca cuenta con 16 diáconos permanentes ordenados trabajando en diversas parroquias y siete candidatos que están en proceso de formación.

La figura del diácono ya aparece en las primeras comunidades cristianas en tiempo de los apóstoles como servidores de las mismas, pero fue con el Concilio Vaticano II cuando esta figura, tercera en la escala de la jerarquía eclesial, volvió a resurgir.

La formación académica del diácono permanente pasa por tres años de estudio en el Instituto de Ciencias Religiosas (ISUCIR), dependiente de la Facultad de Teología de Barcelona, que se van combinando con la labor pastoral en la parroquia de procedencia.

El diácono permanente depende directamente del obispo de la diócesis y las tareas que le son encomendadas son la dedición a los pobres, la predicación, la administración del sacramento del bautismo y el matrimonio, atender a los necesitados, a los enfermos, presidir las exequias de los difuntos, la celebración de la Palabra, la catequesis y sobre todo el servicio a la comunidad cristiana, ya sea llevando la administración y organización de una parroquia.

 

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Por Simó Tortella en Diario de Mallorca

Vídeo: Entrevista al diácono Cesar Cid y cierre de las Jornadas de Duelo

Entrevista en 13TV al diácono César Cid, de la archidiócesis de Madrid.

Cesar se encarga de acompañar a las personas en los momentos finales de la vida. Su contacto con la muerte le ha permitido desestigmatizarla y aprender a valorarla como un elemento más de la vida.

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VER VÍDEO ENTREVISTA DIÁCONO CESAR CID EN 13TV

El jueves 16 de noviembre, en las XIII Jornadas sobre Duelo, el diácono Cesar Cid cerrará dichas jornadas:

17:30-18:00- ACTIVIDAD VIVENCIAL

Homenaje: Mientras Vivas. Historias de acompañamiento al final de la vida. A cargo de D. César Cid, profesional de los medios. Licenciado en ciencias religiosas. Experto en Duelo

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Libro de Javier Villalba sobre el diaconado

DIACONADO PERMANENTE, SIGNOS DE UNA IGLESIA SERVIDORA

Este libro destaca la dimensión samaritana y servicial que corresponde al diaconado, y en particular al perm9788428553414anente y nos ayuda a comprender mejor quiénes son los diáconos permanentes, a quién representan y cuál es su misión en medio del mundo y en nombre de la Iglesia. Los diáconos desarrollan tareas de evangelización, liturgia (administran el Bautismo y el Matrimonio y presiden las exequias) y específicamente labores dentro de la Pastoral social y caritativa. El autor analiza todos estos aspectos desde su propia experiencia personal e integra la «doble sacramentalidad» por estar casado, y al mismo tiempo, la vida familiar y profesional.

Javier 16730409_10155110603622904_7593763059177816170_n (2) - copiaVillalba Nogales fue ordenado diácono hace siete años. Está casado y es padre de cuatro hijos. Medico de profesión y especialidad pediatría, ejerce su ministerio en al parroquia de la Santísima Trinidad de Collado Villalba, Madrid.

 

 

Para adquirir el libro

Ordenados cuatro diáconos en la catedral de la diócesis de Coria-Cáceres

Este domingo 9 de julio de 2017 a las 19 horas en la Catedral de Coria tuvo lugar la ordenación de cuatro diáconos: Juan Sáinz de los Terreros Aguirre de Cárcer (Coria), Joaquín Vila Ramos (Cáceres), José Luis Fernández Martín (Aldehuela de Jerte) y José Luis Suela Gil (de Cor Iesu, residente en Casares de Hurdes). En la celebración estuvieron acompañados por los párrocos de sus localidades, así como numerosos sacerdotes y fieles de nuestra diócesis y también de las diócesis vecinas de Plasencia,  Mérida-Badajoz y Toledo. La nota musical la puso el Coro de la Renovación Carismática de Coria.coria

En su homilía, el obispo de Coria-Cáceres explicado qué es ser diácono: una institución que está desde el principio de la Iglesia, con “aquellos siete varones justos que ayudaban a los presbíteros en la palabra, la liturgia, la administración y sobre todo en el servicio a los más pobres”. E hizo hincapié en dos términos: la Palabra y los pobres.

El diácono está llamado a prestar su servicio en la proclamación de la Palabra de Dios, en la Comunión, principalmente a los enfermos, y en el servicio de la caridad, por eso entre sus tareas no podrá descuidar la organización y potenciación de las Cáritas, entre otras funciones. Puede, también, presidir y bendecir el sacramento del matrimonio y el bautismo.coria 2

Todo ello sin desatender su formación y sus obligaciones familiares, sobre todo, si las tuvieren, ya que el diácono permanente puede ser también un hombre casado. También sus respectivas esposas forman parte de esa vocación diaconal ya que deben dar su consentimiento. Por fidelidad a su esposa, aunque enviudase, el diácono permanente no se vuelve a casar.

El prelado explicó que de los cuatro uno, José Luis Suela Gil, además adquiría también el compromiso el celibato con vistas al sacerdocio, una condición no es la de un hombre que vive sin pasión y sin amor,  sino que vive su celibato con la “pasión por el Evangelio y Jesucristo que lleva a la santidad”.

Durante la celebración, D. Francisco Cerro impuso las manos a los cuatro para pedir el Espíritu Santo para los nuevos diáconos, quienes prometieron obediencia al obispo.

 

Además, todos los fieles se unen en oración invocando a los santos su intercesión, momento en el que los ordenandos se postraron en el suelo, como signo de humildad, pero elevando a Dios su corazón.coria 3

Ya con su nueva condición fueron revestidos por otros diáconos con la estola cruzada y la dalmática, ornamentos distintivos del Diaconado.

¿Qué es un diácono?

Durante siglos el diaconado quedó relegado exclusivamente como paso previo al sacerdocio. Sin embargo, el Vaticano II retomó la importancia del diaconado, restableciéndolo en la Iglesia Latina «como un grado propio y permanente de la jerarquía» (LG 29). Siguiendo también el Directorio del Diaconado Permanente de la Diócesis, “los diáconos, que se encuentran «en el grado inferior de la jerarquía, reciben la imposición de manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio. Así, confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la Liturgia, de la Palabra y de la Caridad» (LG 29)”.

Este ministerio constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia. Por esta riqueza que el Diaconado aporta a la Iglesia, estamos de enhorabuena en la Diócesis de Coria-Cáceres.

diocesiscoriacaceres.org