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Acción de Gracias de los nuevos diáconos de Madrid: entregan lirios a sus mujeres

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59920891_370481097147234_4048988450169290752_nEminentísimo y Reverendísimo Señor D. Carlos Osoro, Señores Vicarios, Párrocos, Sacerdotes concelebrantes, diáconos y a todos los aquí presentes.
En este día tan especial en el que Dios nos ha hecho un regalo tan grande como es el orden del diaconado queremos mostrar nuestro agradecimiento a todos aquellos que nos han acompañado hasta este momento.
En primer lugar a Dios Nuestro Señor que nos ha llamado a esta vocación, a la que nos ha ido preparando desde siempre, nos ha cuidado con esmero, nos ha mostrado su infinito amor y nos ha llenado de su Espíritu Santo para que seamos fieles servidores suyos. A la Iglesia porque nos ha considerado válidos para ejercer este ministerio y nos proporciona los medios y las personas para llevarlo a cabo.
A D. Carlos, nuestro Pastor, que con su presencia aquí, nos muestra su cercanía y el valor que concede al ministerio del diaconado permanente.
Queremos dar gracias a Dios por todos nuestros formadores en el diaconado, D. Andrés
Martínez, D. Javier Cuevas y D. Juan Carlos Vera que nos han acompañado con paciencia y afecto durante estos años y a los que debemos el afianzamiento de nuestra vocación y su preocupación por llevarla a buen término.
A nuestros párrocos D. Pedro Pablo y D. Gonzalo, bajo cuya estricta mirada hemos ido
creciendo y aprendiendo lo que es el servicio y la entrega a los demás. En especial queremos agradecer a D. Pedro Pablo y a toda la Parroquia de La Asunción de Nuestra Señora su acogida para poder celebrar esta gran fiesta. No podemos olvidar al coro que tan gratamente nos ha deleitado y embellecido esta celebración.
También agradecemos a Dios por nuestros profesores de la Universidad San Dámaso que nos han transmitido amplios conocimientos y nos han iniciado en muchos campos del saber. Agradecemos al Señor el haber puesto en nuestro camino a la familia diaconal que con su  cogida fraternal y ejemplo ha sido una motivación para consolidar nuestra vocación.
También por nuestro amigos y compañeros que nos han animado ha seguir este camino de servicio.
Queremos hacer un agradecimiento especial al movimiento Regnum Christi, a la Legión de Cristo y a la Adoración Nocturna Española.
Gracias especialmente a nuestro padres que pusieron la semilla de la fe en nuestros corazones y la vieron crecer con su entrega y dedicación.
A nuestros hermanos y familia más cercana , que han vivido con interés y cariño esta etapa larga de formación.
Por nuestros hijos e hijas con los que hemos compartido momentos de estudio,
experimentado ausencias y que han querido sumarse a esta fiesta del servicio a los demás. Queremos agradecer a Dios el que haya puesto en nuestro camino a dos personas muy importantes para nosotros y sin cuyo consentimiento no podríamos haber sido ordenados, nuestras esposas, ejemplos de paciencia, entrega y amor que comparten nuestra vocación y nos sostienen en nuestra vida cotidiana.
Con su permiso, D. Carlos queremos hacerles entrega a cada una de ellas de un lirio, que
simboliza la vocación de servicio que compartió San José con la Virgen María, cuando , según la tradición, de su bastón brotó esta flor que le eligió como varón digno de tal privilegio.

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“Sois elegidos, sois amigos del Señor”: D. Juan Antonio Martínez Camino s.j., obispo auxiliar de Madrid ordena a dos diáconos en la Real Colegiata de San Isidro el 5 de mayo de 2018

Homilía de D. Juan Antonio Martínez Camino s.j., obispo auxiliar de Madrid en la ordenación de dos diáconos permanentes en la Real Colegiata de San Isidro el 5 de mayo de 2018

Colegiata de San Isidro

Madrid, 5 de mayo de 2018

Vísperas del VI Domingo de Pascua

 

Queridos señor Vicario episcopal y Presidente de la Comisión para el Diaconado, don Juan Carlos; sacerdotes concelebrantes; queridos diáconos y, muy especialmente queridos Guido y Pedro, con vuestras esposas, hijos, y demás familiares; queridos hermanos todos en el Señor:

 

Estamos muy contentos de celebrar hoy, en la víspera del VI Domingo de Pascua, esta Sagrada Liturgia, en la que Guido y Pedro van a ser ordenados diáconos. Con nosotros se alegra toda la Iglesia santa que peregrina en Madrid, porque desde hoy se verá enriquecida con el ministerio de estos dos hermanos nuestros.8

Estamos felices también de celebrar precisamente aquí, en esta Colegiata, ante las reliquias de San Isidro y de su esposa Santa María de la Cabeza, veneradas desde hace siglos por los madrileños (y todo el mundo católico) y custodiadas hoy en ese preciso retablo; aquí, donde yacen en el suelo, en esos sepulcros del pasillo central, algunos obispos de Madrid: quien fue el primero de todos, don Narciso Martínez Izquierdo, junto a las gradas del presbiterio; quien fue el primer arzobispo, don Casimiro Morcillo, a la entrada del templo; y el primero que fue cardenal, don Vicente Enrique y Tarancón.

La Iglesia católica es santa y apostólica. Bien nos lo recuerdan hoy aquí las memorias de los santos patronos de Madrid y los sepulcros de estos obispos que han sido entre nosotros sucesores de los apóstoles. ¡Iglesia, santa y apostólica! Vosotros, queridos amigos Guido y Pedro, estáis llamados a servirla como diáconos, ejerciendo el ministerio de la santificación y del apostolado para el Pueblo de Dios.

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  1. El sacramento que hoy recibís introduce un cambio muy importante en vuestro ser, en vuestra persona, porque os da parte de modo especial en el ministerio de Cristo, en el servicio que el Señor, presta a su Iglesia. Eso significa que sois objetivamente santificados, porque sois unidos de modo particular al único Santo; y significa también que estáis llamados de un modo especial a ser santos, es decir, a ser coherentes en todo vuestro sentir y actuar, con lo que realmente seréis desde hoy. Y ¿qué seréis y cuál será vuestra coherencia de vida? La Escritura Santa proclamada en este Domingo de Pascua nos lo indica: Sois elegidos, sois amigos del Señor.

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Todos los bautizados son elegidos por Dios para salir de las tinieblas del pecado y de la muerte y para entrar en la luz maravillosa del amor divino y de la vida eterna. Pero a vosotros, queridos amigos, el Señor os ha elegido para que lo ayudéis a Él en su servicio a todos los bautizados. Sí, fijáos bien – ya lo habéis notado en vuestra formación y vuestra oración – no sois vosotros quienes lo habéis elegido a Él; es Él quien os ha elegido a vosotros (cf. Jn 15, 16). ¡Qué maravilla ! ¡Menos mal! ¡Gracias a Dios! Porque si hubiéramos sido nosotros quienes lo hubiéramos elegido a Él,  hubiéramos sido nosotros los protagonistas, los actores. Pero ¿qué podemos hacer nosotros? ¿Podríamos habernos hecho amigos de Dios? ¿Podemos? Aristóteles decía que un filósofo, un ser humano, no puede ser amigo de Dios, porque entre los amigos tiene que haber proximidad, semejanza. En cambio, entre el hombre y Dios hay una distancia y una desemejanza absolutas. Pero Aristóteles no sabía – aunque tal vez intuía- que Dios, además de ser infinito y eterno, también se hizo pequeño en el seno de una mujer y siguió bajando todavía más, hasta morir nuestra muerte en una Cruz. Es ese Dios, queridos amigos, ése es quien nos elige y nos hace amigos suyos. Ha querido morir por nosotros, darnos su sangre, para devolvernos su amistad: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados” (Jn 1, 4,10).3

En las horas de desánimo y de oscuridad, piénsalo, querido diácono, para no caer en la tentación del abandono, de la traición. Es Él quien te ha elegido; no eres tú: no, no te has equivocado en tu elección, elección que ni siquiera fue tuya, sino de Él. Si hubiera sido tuya, sería normal que te vinieras abajo, que no quisieras perseverar en el lío de ayudar al Redentor. Pero es Él quien te ha elegido y dado su fuerza, su gracia, parte en su misión salvadora… una misión maravillosa, pero muy combatida: contra ella batallan el mundo y tus pasiones. Pero tú eres santo, eres amigo de Dios por elección divina. ¡Puedes ser fuerte!

En las horas de ánimo y de luz, medítalo también, para no caer en la tentación de la soberbia y de la vanagloria. Eres elegido, sí, eres amigo del Novio, sí. Eres santo y llamado a ser santo. Pero sólo porque él lo ha querido. No eres tú quien lo ha elegido a Él; es él quien te elige, quien te quiere, quien hace fecunda tu vida y ministerio de un modo misterioso y divino. ¡Puedes ser humilde!

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La meditación de esta maravilla de haber sido elegido por el Señor para ser su amigo, para compartir su misión, su cruz y su gloria, es la que hará tu vida coherente con tu santidad ministerial. Así te santificarás, al tiempo que ejerces el ministerio de la santificación administrando el bautismo y ejerciendo tu oficio de servicio al Pueblo santo.

Hoy invocamos todos aquí la intercesión de nuestros santos patronos, Isidro y María de la Cabeza, para que permanezcáis, como ellos, en el amor y la amistad de Dios, para que seáis santos y sirváis a los hermanos en el camino de la santidad.

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  1. No hay santidad personal sin apostolado: “os he elegido – dice el Señor – y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Jn 15, 16).

No podemos guardarnos para nosotros el don de Dios. Hemos de empeñar nuestra vida en comunicarlo. Eso es el apostolado: comunicar con nuestra vida y nuestra palabra que el Dios infinito y todopoderoso se ha hecho amigo nuestro y nos quiere a todos infinitamente, omnipotentemente: a nosotros, pequeños seres y grandes pecadores. La Iglesia está para eso. Su ser consiste en esa misión. A esta misión fueron enviados los apóstoles, son enviados sus sucesores, sois enviados vosotros. Para dar fruto y para que todos den fruto. ¿Qué fruto? Un fruto que permanezca… no cualquier fruto.

El fruto de la misión apostólica es mucho más sabroso y nutritivo que el de cualquier trabajo humano. Están muy bien los logros que ayudan a construir un mundo mejor, a organizar mejor las cosas de la sociedad, a que funcionen mejor los servicios, a que desaparezca el hambre y se repartan mejor los frutos de la tierra y del trabajo.

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Pero nada de eso se podría conseguir de verdad sin un fruto “que permanezca”. Porque ¿qué sucede cuando no se consigue la justicia en este mundo y cuando, de hecho, tantos y tantos han muerto de hambre o asesinados? ¿Qué esperanza habrá para ellos y para la Humanidad? Todo lo de este mundo está tocado por el pecado, es fragmentario y pasa. Pero el fruto del apostolado que los amigos de Dios están llamados a producir es un fruto divino, es un fruto eterno. Es el fruto que produce el sarmiento que está alimentado por la savia divina de la vid verdadera, es decir, por la sangre de Cristo (cf. Jn 15, 1ss). Es el fruto de vida eterna que produce el grano de trigo que cae en la tierra y muere, pero germina en una cosecha copiosa, sin proporción a su pequeñez. Es el fruto más fuerte que todo lo mezquino y lo caduco, más fuerte que la muerte: el fruto de vida producido solo el Amor de quien da la vida por sus amigos, el de la muerte gloriosa de Cristo. Pero también, ¡el fruto de nuestras vidas, queridos amigos, cuando las unimos a la muerte y la resurrección del Señor! ¡Un fruto de vida eterna que transfigura la vida terrena!

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Hoy más que nunca, el apostolado ha de producir esos frutos de Vida eterna. Porque el mundo ha arrebatado a tantos hermanos la esperanza: ¡la esperanza de la Vida eterna!. Porque tantos viven engañados por un supuesto paraíso en la tierra. Porque esa mentira seca la esperanza y hace imposible la fraternidad y la justicia.

Queridos amigos Guido y Pedro: ayudad con vuestro ministerio a los sucesores de los apóstoles a ser testigos de la resurrección, de la Vida eterna. No os conforméis con menos. Sed santos. Para que la alegría del Resucitado esté en vosotros y sea completa en su Iglesia.

Que la Madre de la Iglesia, Santa María de la Almudena, y Nuestra Señora del Buen Consejo, sea tratada por vosotros siempre con cariño de hijos. Por ella somos todos hijos y amigos de Dios. ¡Madre de la Iglesia, ruega por estos hijos tuyos y por todos nosotros! Amén

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A Pedro antes de su ordenación como diácono

¡Qué poco queda Pedro para que te encuentres postrado en el suelo de la Colegiata, frente al altar y el cuerpo del santo madrileño, escuchando la letanía de los santos…”Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, …,San Isidro, ruega por nosotros…”, celebración en la que tu alma será marcada con el carácter sacramental por la imposición de las manos de D. Juan Antonio, nuestro querido obispo auxiliar, y la oración consecratoria en la que se recordará a Esteban, Felipe y los otros siete primeros a los que impusieron las manos los apóstoles. ¡Qué no te tiemble el pulso cuando, ya configurado con Cristo Siervo y revestido con la estola y la dalmática, tengas que elevar la Copa de la Salvación!

Y es que parece que fue ayer cuando nos conocimos en casa de tu compañera del CEU Mercedes,  y transcurridos unos pocos días la llamada de ella para pedirme permiso para darte mi número de teléfono, porque querías hablar conmigo para hacerme llegar tus inquietudes hacia el diaconado. Quedamos en un sitio precioso, el hogar de enfermos terminales de SIIDA de las misioneras de la caridad de la madre Teresa de Calcuta. ¿Y qué te iba a decir yo? Pues..¡adelante, no tengas miedo, vale la pena, no te arrepentirás!. Te hice ver que emprenderías un camino duro, pero que en esto notarás que “dando se recibe”, y que verdaderamente se recibe el “ciento por uno”. Lo cierto es que me sorprendió que tú reunías todos los requisitos para el comienzo del discernimiento propedéutico, incluidos el apoyo de tu mujer Alicia y de tus hijos, y el ser animado por tu comunidad parroquial, en especial por tu párroco. Todo lo anterior unido a una estabilidad laboral y un horario de trabajo compatible.

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“¡Qué no te tiemble el pulso al elevar la Copa de la Salvación”

¡Y qué bueno ha sido que hayáis formado Alicia y tú parte del grupo de tutorías que Belén y yo acompañamos! ¡Cuántos momentos compartidos! ¡Y qué modelo de matrimonio cristiano y entrega familiar que nos dais! Aprovecho para daros las gracias por tanto que nos habéis aportado como ejemplo de familia, de Iglesia doméstica y de servicio desinteresado.

Pedro, sé que la ordenación coincidirá en fechas no lejanas a la muerte de tu madre y ello hará que se empañen tus ojos por no poderla tener presente físicamente en estos momentos tan entrañables, pero ten la certeza de su presencia espiritual desde el cielo en la comunión de los santos.

Me gustaría que supieras que si hay una virtud en la que te hemos visto sobresalir es en la humildad. Prueba de ello es que no me enteré de tu extraordinario currículo, no solo de títulos (doctorado y másteres), publicaciones (más de 40) e incluso premios (Premio Ángel Herrera a la mejor labor docente 2010 y Premio Ángel Herrera a la mejor labor de investigación 2012), hasta que se te pidió la información para los ministerios de acólito-lector. También me sorprendió que trabajando en el CEU no formases parte de la AC de Propagandistas y me confirmaste que el motivo era que no querías que dicha pertenencia te sirviese de ayuda en tu carrera profesional. Y Pedro, puedo asegurar, que en el camino emprendido por ti hacia el diaconado no existen motivaciones económicas, ni de poder, ni de evasión de otros deberes, sino un deseo de servicio a Jesucristo, a su Iglesia y a los hermanos.

Por todo ello acabo exclamando ¡Qué bueno es el Señor!…por regalarnos vocaciones al diaconado como la tuya,…por regalarme a ti como amigo y ahora ya como hermano. ¡Bienvenido Pedro al número de los diáconos de Jesucristo! ¡Gloria a Dios!

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Pedro da de comulgar a su mujer, Alicia

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El cardenal Carlos Osoro abraza a Pedro después de instituirlo acólito y lector

 

Cardenal Osoro a los diáconos: “Vosotros lleváis a la persona de Cristo en vuestra propia vida”

Homilía del cardenal arzobispo D. Carlos Osoro Sierra en el Seminario Conciliar de Madrid el 19 de enero de 2018 en la Misa de Institución de acolito-lector de D.Pedro Jiménez, candidato a diácono permanente

Querido Juan Carlos, querido Andrés, queridos Diáconos, querido Pedro que vas a ser instituido lector y acolito; querida familia, queridas esposas de los diáconos, hermanos todos:

Para todos nosotros el misteria, el haber escuchado el misterio de esta página del primer libro de Samuel donde se nos narra una historia de odio representada por Saul y una historia de amor, de entrega, de dar vida, de servicio, representada por David.  Dos historias que convergen en esto que estamos celebrando aquí y nos ayuda a redescubrir; por una parte, lo que todos vosotros como diáconos, vivís. Habéis sido ordenados identificándoos con Jesucristo sacerdote no para entrega de muerte sino para entrega de vida. Al estilo de David se podría haber dado muerte a Saul y sin embargo responde “tú me has pagado con bienes, yo y te he pagado con males”.


Hacer siempre el favor más grande, y favor más grande es servir, servir al ser humano como lo hizo nuestro Señor Jesucristo, y es en esa identificación con nuestro Señor en la que vosotros, los diáconos, en libertad absoluta y pidiéndoselo a Iglesia, la Iglesia os ha querido regalar esta configuración con nuestro Señor Jesucristo a través de la ordenación de Diáconos.

Pedro, en este camino que estas iniciado para ordenarte diácono vas a recibir los ministerios de lector y de acolito. Son también ministerios de vida y de servicio. La palabra siempre puede ser palabra de vida o palabra de muerte. Palabra que ha convertirse en palabra buena. Palabra que restaura, palabra que acoge, palabra que distorsiona, elimina, rompe. El Señor te regala, antes de recibir el ministerio del Orden, este ministerio de lector para que lo que pase después de tu ordenación lo hagas ya ahora como un ministerio de la Iglesia para que sepas aprender y descubrir en la lectura de la palabra a Dios, para ti y para los demás, que es una palabra que tenemos hoy pero que es una palabra de vida, palabra que restaura, es palabra que nos marca una dirección y siempre en el dirección de servicio a los demás. Es palabra que consuela, es palabra que da sentido a todas las situaciones que nosotros podamos tener en la vida. Por tanto, es un camino también para vivir, que restaura, para que sirvas y te pongas al servicio de esta palabra.11

Y por otra parte también para establecer el servicio que nos ha de marcar. En ese servicio también está la oportunidad de la celebración y acogida de quien se hace realmente presente en el misterio de la Eucaristía se manifieste con una grandeza especial para nosotros.

Pero Jesucristo nos cambia, nos asimila a Él; por y para que esto sea posible. Y es también un gran servicio. Servicio que también comienza con este ministerio y que te ayudará a acercarte al diaconado con mucha más seguridad y con mucha más fuerza.

Dar vida, alimentar, construir, dar esperanza… Este es un servicio especial que concede el Señor y que desde este ministerio vas a recibir como ya tus compañeros diáconos lo hacen.

Yo quisiera decirte a ti y a todos los que estamos reunidos, familias, tres palabras. Tres hitos de nuestra vida; de los que son diáconos, de los que se están preparando, y también de quienes acompañáis esposas y familias. Tres palabras que acabamos de escuchar: Subir, llamar y ser compañeros y enviados.

Jesús, -nos dice el Evangelio- “mientras subía a la montaña…”. Las cosas más importantes que Jesús nos ha dicho siempre las hace, o desde la altura de una montaña o desde una llanura para que todos vean. El Señor nos invita hoy a subir. Donde se manifiesta el poder, la gloria y la grandeza de Dios y lo que vino ha hacer nuestro Señor por nosotros los hombres. Se manifestó en la transfiguración. El Señor cogió a los discípulos como estaban, cansados, perplejos, sin muchas comodidades, pero los cogió y los llevo a lo alto de una montaña, donde nos dice el Evangelio que nuestro Señor, se transfiguró. Y ellos sintieron la presencia de Dios. La presencia y la manifestación de la grandeza de un Jesús que llevaba unas vestiduras singulares y especiales que de alguna forma mostraban la manifestación de Dios delante de ellos.22

Mirad, para permanecer en la vida como servidores de los demás es necesario subir; es necesario establecer una relación directa, profunda con Jesús nuestro Señor. Porque si no, el riesgo que tenemos es que olvidemos lo que el Señor nos ha regalado. A vosotros os ha regado vuestro ministerio. El de un Dios que viene a este mundo y se pone a servir a los hombres, y se pone a servir también a los más pobres. Un Dios que por una parte nos ha dejado su palabra, para que vivamos de su palabra y por otra parte nos regala su propia presencia y nos quiere acampar con la presencia de Dios en la Eucarística como prolongación del misterio de la encarnación porque realmente es Cristo quien se presenta entre nosotros.

Pero para todo esto, para que se realice todo esto, es necesario Subir. Y Subir quiere decir, tener relación con el Señor, dejar que él os hable, dejar que Él nos diga y nos hable al corazón, dejar que Él nos diga lo que es importante y lo que nos es importante. Subir significa comprender al Señor y ver como se manifiesta su sabiduría en concreto para las demás personas, y esto es importante; Subir.

En segundo lugar; llamar. Aquí no estamos por nuestra voluntad, ni tu Pedro ni los que concelebramos. No es una ocurrencia que un día dijiste “yo quiero ser diacono”; o viniste a ver a alguien. Aquí no hay nadie por sus méritos. Ni yo, ni vosotros. El Señor se ha servido de circunstancias diversas para ganarnos a unos para ser Obispos y a vosotros para ser diáconos y para prepararnos para ello.33

El Señor nos hace un regalo. Porque es la presencia de Jesucristo mismo en medio de nosotros y así habéis sido ganados y entregados a los que sufren. No hay oposiciones especiales. No se logran ni las conquista por su estudio, por su valía, por su inteligencia … no. Aquí estáis llamados por nuestro Señor. Y estáis llamados para servir a la Iglesia y para, en definitiva, hacer los mismos servicios que el Señor hizo a través de su vida. Os diría que os podéis sentir especialmente importantes porque el Señor ha escrito todas las páginas de los Evangelios como un servicio a los hombres. El Señor se acercó a los hombres que estaban, se acercó a una mujer, una pobre viuda sin el único hijo que tenía… Todas las palabras de Evangelio están llenas de la diaconía del Señor, del servicio. Cuando los Apóstoles deciden que hay que dedicarse a predicar a Dios mismo explicando una serie de cosas que el Señor hizo, se lanzaron a buscar una serie de personas. Tomaron conciencia de llamados, es importante.  Ahora mismo Pedro, aunque sea en este ministerio como lector y acolito.44

En tercer lugar, no sólo hay que subir para estar con el Señor. No sólo hay que tomar conciencia de que somos llamados. El Señor nos pide que seamos compañeros y vivamos al servicio del Iglesia. Compañeros de Él y al servicio de la Iglesia. Compañeros de Cristo y por eso es tan importante que estemos vinculados al misterio de Cristo y unidos a la Iglesia. Como nos dice el Evangelio. Porque somos diáconos, compañeros de Cristo. Pero compañeros de Cristo ¿para qué? Para que salgáis a la misión. Tenemos que salir unidos, sabiendo de quién dependemos y la vida que tenemos; sabiendo entrar por los caminos reales por los que van los hombres, en las circunstancias concretas en las que nos envía a servir en estos momentos a ser diáconos. Y así somos enviados. Somos propagadores de una gran noticia, pero, sobre todo, propagadores de servicio, de vivir para los demás y de una forma singular, porque, fijaos que no son “ideas sobre el servicio” las que nos da el Señor, no. Jesús, Él es ese mismo servicio a los hombres, Él es. Vosotros lleváis a la persona de Cristo en vuestra propia vida. Un protagonista, el mismo Cristo. En medio de las circunstancias en la que yo esté, porque el Señor nos ha elegido para esto. Por eso es una gracia del Señor hoy, el que nosotros podamos experimentar, a través de la palabra, lo que el Señor nos pide para serle fieles; Subir, sentirnos amados y sentirnos enviados. Llamados a la misión.

Mirad, si la gente ve gestos concretos, cree. En el diaconado permanente que se restaura después del Concilio Vaticano II tiene unas obligaciones. Es importante entrar en ellas porque si no, no entendemos esto. No es una idea del Papa su restauración, no, no. Todas las constituciones, especialmente las que tratan de la situación del mundo, nos están hablado de que de que está surgiendo una época nueva entre los hombres. Nos lo hemos creído poco y más bien hemos barnizado. Estoy exagerando, ¿verdad?. El Concilio Vaticano II nos sitúa en una época que estamos viviendo ahora. Es una época nueva en la que, o somos directamente el rostro de Cristo, o no seremos creíbles. El Diaconado permanente se ha restaurado para que se muestre el rostro servidor de Cristo en medio de la Iglesia y en medio de esta humanidad. Tiene una razón, tiene una razón siempre, pero en la Iglesia quizá nos habíamos ocupado los sacerdotes de todo, había absorbido el ministerio sacerdotal todo. Era necesario en una época de la cristiandad que el ministerio sacerdotal lo asumiera todo. Pero en una época nueva misionera en la que tenemos que salir, es necesario que se establezca visiblemente esa diaconía. Cuando uno escucha a los jóvenes -y en este momento, como señala el sínodo, es necesario escuchar a los jóvenes-, fijaros la sensibilidad que tienen para entregarse al servicio de los pobres, a marcharse a pasar las vacaciones áfrica a los países más alejados y esto nos tiene que interpelar.
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Por eso es importante este paso tuyo para ser diacono. Es un momento importante para ti y para todos vosotros y todos vosotros, aspirantes y familias. No es una ocurrencia nuestra. Ni es una ocurrencia del Concilio Vaticano II. Cuando la Iglesia quiere iniciar cosas nuevas es necesario y es urgente que se manifieste el servicio a los hombres, en todas las dimensiones del servicio. Para servir, hay que subir, hay que sentirse amado y hay que marchar para encontrarnos con Cristo. Vamos a sentir que habéis sido llamados para servir hasta que regrese nuestro Señor Jesucristo. Estamos en la misión. Somos misioneros. Todo cristiano debe contagiar, y hacer realidad este contagio, y hacer realidad este mensaje. Preparación para vivir la diaconía de Jesucristo.

Que así sea.

Vídeo: testimonio vocacional del diácono Juan Antonio Montón

Vídeo: Entrevista al diácono Cesar Cid y cierre de las Jornadas de Duelo

Entrevista en 13TV al diácono César Cid, de la archidiócesis de Madrid.

Cesar se encarga de acompañar a las personas en los momentos finales de la vida. Su contacto con la muerte le ha permitido desestigmatizarla y aprender a valorarla como un elemento más de la vida.

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VER VÍDEO ENTREVISTA DIÁCONO CESAR CID EN 13TV

El jueves 16 de noviembre, en las XIII Jornadas sobre Duelo, el diácono Cesar Cid cerrará dichas jornadas:

17:30-18:00- ACTIVIDAD VIVENCIAL

Homenaje: Mientras Vivas. Historias de acompañamiento al final de la vida. A cargo de D. César Cid, profesional de los medios. Licenciado en ciencias religiosas. Experto en Duelo

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Libro de Javier Villalba sobre el diaconado

DIACONADO PERMANENTE, SIGNOS DE UNA IGLESIA SERVIDORA

Este libro destaca la dimensión samaritana y servicial que corresponde al diaconado, y en particular al perm9788428553414anente y nos ayuda a comprender mejor quiénes son los diáconos permanentes, a quién representan y cuál es su misión en medio del mundo y en nombre de la Iglesia. Los diáconos desarrollan tareas de evangelización, liturgia (administran el Bautismo y el Matrimonio y presiden las exequias) y específicamente labores dentro de la Pastoral social y caritativa. El autor analiza todos estos aspectos desde su propia experiencia personal e integra la «doble sacramentalidad» por estar casado, y al mismo tiempo, la vida familiar y profesional.

Javier 16730409_10155110603622904_7593763059177816170_n (2) - copiaVillalba Nogales fue ordenado diácono hace siete años. Está casado y es padre de cuatro hijos. Medico de profesión y especialidad pediatría, ejerce su ministerio en al parroquia de la Santísima Trinidad de Collado Villalba, Madrid.

 

 

Para adquirir el libro

Fallece el diácono Fernando Martínez Sabroso

fernandomartinezNatural de Mondéjar (Gudalajara). Casado y con tres hijas y cuatro nietos, residia en Valdilechas. Psicopedagogo fue maestro de enseñanza primaria durante 40 años. Fue ordenado diácono por D. Ángel Suquía el 7 de diciembre de 1986, junto a otros dos candidatos en la segunda ordenación de diáconos permanentes de Madrid. Con la creación el 23 de julio de 1991 de la diócesis Complutense de Alcalá de Henares queda en ella incardinado. Vinculado afer Cáritas desde los 18 años, ha sido vicepresidente de Cáritas Española (desde diciembre  2003) y delegado episcopal de pastoral social de Alcalá. Ha desempeñado su ministerio en la Parroquia San Juan Bautista de Arganda del Rey

Durante años coordinó los Encuentros Nacionales del Diaconado Permanente de la Conferencia Episcopal Española.

Dale Señor el descanso eterno y brille para él la luz perpetua. Su alma y la de todos los difuntos por la misericordia de Dios descanse en paz.

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Fernando, diácono permanente

“Sólo hace falta ser humilde” por el diácono José Noguera

El pasado miércoles 8 de marzo, se presentó en la sede social de ASE-acción social empresarial, el libro del diácono Jaime Noguera “Sólo hace falta ser humilde”, 22 sugerencias dirigidas especialmente a ejecutivos católicos. ¿Por qué 22?. Porque es el número de días laborables en un mes tipo de 30 días.

Jaime Noguera es diácono permanente de la Archidiócesis  de Madrid ,  consultor y formador con amplia experiencia directiva en varias empresas y colabora con diferentes medios de comunicación.

Este librito contiene una serie de reflexiones útiles para afrontar el día a día en una empresa, realmente en cualquier organización, con responsabilidades como ejecutivo o directivo..cristiano, para no tener que esconder en el ámbito de lo privado, lo que es necesariamente público.IMG_4080

Para manejar los mitos de la comodidad, el poder, la responsabilidad, sin caer en rutinas vacías, en falta de respeto a las personas o en autoengaños, la obra propone ideas acerca de qué hacer cuando hay que “bajar un escalón” y tocar tierra en situaciones de, por ejemplo, injusticia, o cuando las personas están desmotivadas, o para asumir la mundialización de los mercados, o para dirigir personas, o para respetar a la familia propia..

Siempre considerando que la honradez en el trabajo requiere cinco cosas: alegría, convicción, responsabilidad, compromiso y ejemplo.

El autor es consciente de la fata de tiempo del lector, y va al grano con una serie de comentarios prácticos y breves para ayudarle a vivir su profesión sin tener que dejar aparcada la fe, ni desatendida a la familia.  Son consejos valiosos para generar entornos de trabajo más agradables y más humanos, donde a cada trabajador se le estimule a aportar lo mejor de si mismo.

En la presentación estuvo Pablo Cervera, director de la revista Magnificat, que habló del valor de la persona en todos los ámbitos de la vida, diciendo que el verbo de la ilusión es desvivirse; si la persona no vive dando la vida para que otros tengan vida, no puede ser feliz.

Jaime Noguera explicó que el libro había surgido pensando en lo que  a uno le mueve, y que hay que cruzar lo que me mueve con mis responsabilidades para encontrar el equilibrio en esa intersección.

Lanzó una serie de preguntas al numeroso público asistente:

¿Cuales son mis ídolos y qué efecto tienen sobre mi?

¿Por qué hay que esconder la condición religiosa en la vida profesional?

¿Por qué hay que ocuparse de la familia?

¿Qué sueñas y con que responsabilidad lo abordas?

Señaló que el mercado no es ni democrático ni justo y que si eres cristiano, las bienaventuranzas son la mejor enseñanza.

“Sólo hace falta ser humilde para que las cosas salgan bien, tanto en la vida de la empresa como en la convivencia” ASE Acción Social

Cardenal Osoro: los diáconos «hacen creíble la Iglesia»

Los diáconos no están para resolver la escasez de sacerdotes, sino para acompañar a la gente que lo necesita: en la calle, con los enfermos, en los tanatorios, en las familias… Palabras del arzobispo de Madrid este viernes a los diáconos permanentes de la diócesis

«Camináis con vuestro propio ministerio», dijo el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, a «sus» diáconos. El viernes 17 de febrero se reunió con la comunidad diaconal de Madrid: diáconos ordenados y aspirantes al diaconado. Misa a las 20:30 en el seminario de Madrid, para dar gracias a Dios por el don recibido. Después, cena en familia: distendida, alegre, fraternal

Tanto en su homilía como en el coloquio posterior, el arzobispo insistió en que los diáconos «hacen creíble la Iglesia», porque están donde la gente lo necesita: en la calle, con los enfermos, en los tanatorios, en las familias. Son ejemplo de la Iglesia servidora, que sale a los caminos, que es imagen del amor de Cristo.img_2787-2

Recordó el cardenal Osoro que los diáconos son «manifestación de la sinodalidad de la Iglesia» y «casa de comunión». Y les recordó que están llamados al ministerio del servicio, nunca al del poder.

El prelado hizo hincapié en una realidad: los diáconos no están para resolver la escasez de sacerdotes, sino para encarnar ejemplos de caridad: «la Iglesia, sin los diáconos», dijo, «sin la caridad, no es la Iglesia de Cristo».img_2769

Asistieron al encuentro 25 de los 34 diáconos ordenados que hay en Madrid. A ellos se unieron unas 50 personas más, entre aspirantes al diaconado, esposas… Junto al cardenal Osoro, participaron en el encuentro el padre Juan Carlos Vera Gállego (Vicario episcopal de la Vicaría I y responsable del diaconado permanente en Madrid) y el padre Andrés Martínez Estaban (responsable de la formación continua de diáconos y aspirantes).

por Jaime Noguera, diácono    Publicado en alfayomega.es