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El crucifijo perfecto para un diácono: el elegido por Santa Teresa de Calcuta, el de Schoenstatt

El diácono, como ministro del cáliz , comparte un vínculo especial con la Sangre del Redentor, y en ese vínculo, una cercanía al sufrimiento del cuerpo de Cristo. ¿Qué mejor cruz que la elegida por Santa Teresa de Calcuta, aquella que representa a María recogiendo en un cáliz la preciosa sangre derramada por su Hijos? No es muy fácil de ver, pero el retrato oficial de canonización de la Madre Teresa representa lo que se conoce como la “cruz de la unidad” entre las manos en su rosario.cruz-madre-teresa

La cruz de la unidad está vinculado al movimiento de Schoenstatt, ya que fue creado por la primera generación de seminaristas de Schoenstatt chilenos que estudiaron en Brasil y Suiza.

La cruz de la unidad representa a Jesús en una cruz baja, lo que permite a María para ser presionado contra él, mientras se recoge la sangre en un cáliz que está en el centro de la imagen.

De acuerdo con Schoenstatt, la cruz de la unidad fue hecha a mano por el P. Angel Vicente Cerro, cuando era seminarista. Fue terminada en 1960 y presentado en el Santuario en Bellavista, Santiago, Chile.

Su significado:

Monseñor Peter Wolf explica que “la Madre Teresa encontró [una réplica de] esta cruz en la tierra en la calle y no sabía nada de su historia. Ella descubrió de nuevo en su visita al Vaticano y vio que era la cruz pectoral del arzobispo [Francisco] Errázuriz [de Santiago, Chile], que era entonces el Secretario de la Congregación para la Vida Consagrada. Madre Teresa le dijo que esta cruz expresa mejor lo que ella y su comunidad quería hacer: Como María al pie de la Cruz de Cristo moribundo y para reunirse con él allí. El arzobispo, más tarde cardenal, y luego le dio cientos de copias de esta cruz de la unidad de sus hermanas “.

 

La imagen original se encuentra ahora en el Santuario de Schoenstatt en Stuttgart, Alemania.

Monseñor Peter Wteresacruz14olf explica que “la Madre Teresa encontró [una réplica de] esta cruz en la tierra en la calle y no sabía nada de su historia. Ella descubrió de nuevo en su visita al Vaticano y vio que era la cruz pectoral del arzobispo [Francisco] Errázuriz [de Santiago, Chile], que era entonces el Secretario de la Congregación para la Vida Consagrada. Madre Teresa le dijo que esta cruz expresa mejor lo que ella y su comunidad quería hacer: Como María al pie de la Cruz de Cristo moribundo y para reunirse con él allí. El arzobispo, más tarde cardenal, y luego le dio cientos de copias de esta cruz de la unidad de sus hermanas “.

El cardenal Errázuriz es un sacerdote de los Padres de Schoenstatt, sirviendo a partir de 1974 como superior general de la comunidad. En 1990, fue nombrado secretario de la Congregación del Vaticano para los religiosos. En 1998, fue nombrado arzobispo de Santiago, Chile, y se retiró en 2010.

De hecho, el cardenal Errázuriz mismo ha explicado cómo era posible que la Madre Teresa recibió copias de la cruz de la unidad de sus hermanas:

El recuerdo de la conversación con la madre Teresa de Calcuta de la cruz de la unidad permanece grabado perfectamente en mi memoria.B-22.jpg

(Cuando trabajé en Roma) asistió a la Congregación para los Institutos de Vicruz-shonstandiaconalda Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica para hablar de un nuevo Instituto de sacerdotes que fue fundador. Su centro estaría en Tijuana, México. Este sería su Kolkata (muchas personas de América Central y México acudieron a esta ciudad después de haber abandonado sus hogares y se vende todo lo que tenían que cruzar la frontera hacia los Estados Unidos. No tuvieron éxito y sucumbieron a la inmensa pobreza).

Cuando ella me saludó y vio mi cruz pectoral, que es una copia de la Cruz de la Unidad, levantó ligeramente la chaqueta que llevaba sobre su sari y me mostró una pequeña cruz de la unidad que siempre llevaba consigo. (Ella no dijo nada sobre el origen de la cruz que llevaba.) Y añadió: ‘. Aquí está la Madre de Dios, junto con los más pobres entre los pobres “

Como se despidió, me preguntó si podía conseguir 3.000 cruces porque ella quería que cada hermana de la caridad para tener su propia. Yo quería darles este regalo. He encontrado suficientes donantes y los compré en México. Los envié a ella “.

Origen

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Sagrario de la Casa de los Pobres de Madrid

El diaconado en Francia

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En Francia metropolitana más de 2.600 diáconos permanentes ejercen su ministerio al servicio de la caridad, de la Palabra y la Liturgia. La palabra “diácono” viene de los “diáconos” griego que significa “siervo.” Buen servicio en el corazón de la Misión diácono!

Estos hombres, casados, solteros, viudos, en el trabajo o en retiro fueron ordenados diáconos por la imposición de manos del obispo. 28871694
Todos dan visibilidad a una realidad cada vez más esencial para la Iglesia Católica.

En las diócesis

El Obispo

  • Los obispos son, cada uno por su parte, principio y fundamento de la unidad en sus Iglesias particulares.Como tales, ejercen su oficio pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios confiado a ellos.
    Es el obispo quien establece los órganos que realizan el diaconado en su diócesis […]

     

    El Delegado Diocesano

    La Asamblea de los Obispos en Lourdes abogó por la designación en cada diócesis un delegado diocesano para el diaconado permanente.

    Los consejos diocesanos

    Aunque las prácticas diócesis son a menudo diferentes, se encuentran típicamente consejos que aseguren la comunión y de la vida de los diáconos de la diócesis: el Consejo Diocesano de Diaconado, el Consejo Diocesano de juicio y la apelación, la formación del Consejo Diocesano.

    Fraternidad diaconal

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    El primer signo de la fraternidad diaconal aparece durante la celebración de la ordenación, después de que el obispo le dio el beso de la paz a los diáconos ordenados son todos los presentes, a su vez, dar el beso de la paz a la nueva diácono para servir a esta fraternidad en la que ha entrado.
    De hecho diáconos no se forman, como los sacerdotes, un cuerpo (el presbiterio), pero están directamente relacionados con el obispo y vivirlas una fraternidad diaconal diocesano.

    Inter-Diócesis

    Todas las diócesis no tienen las mismas características y no tienen las mismas estructuras, sobre todo en la formación. Por tanto, es lógico que un apoyo entre las diócesis. Esto ya está muy presente en relación con la formación inicial de los diáconos (los años anteriores e inmediatamente después de la ordenación). Algunas provincias tienen […]

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Redes diáconos

Con el aumento en el número de diáconos, surgen una serie de redes.

En primer lugar, señalamos las redes vinculadas a los lugares de la vida y de los trabajadores misión o diáconos en mundo muy popular, diáconos rurales, medios de comunicación independientes …

Por otra parte, los diáconos se reúnen bajo las familias espirituales:

– Espiritualidad Ignaciana Red

– Hermandad de la esposa y diáconos de PRADO

– Diáconos Monfortains

Caso especial de los diáconos de la diócesis de la Misión de Francia

El Comité Nacional del Diaconado – CND

El Comité Nacional del Diaconado (ECN) es una organización de investigación, la consulta y el diálogo institucional que depende de la Comisión Episcopal para los ministros ordenados ylaicos en la misión de la Iglesia (CEMOLEME) de las Conferencia Episcopal de Francia (CEF) .
Se encuentra ubicado en las instalaciones del CEF:
58 avenue de Breteuil
75007 Paris

Su papel:

– Informar al CEF sobre todas las cuestiones relativas al diaconado
– para observar la realidad del diaconado permanente en Francia
– temas de estudio que se presentan y los propuestos por el CEF
– para llevar a los actores y responsables del diaconado permanente un apoyo y herramientas para llevar a cabo su misión

En Francia, el 90% de los diáconos permanentes se casó.
Para los hombres casados, se rciric_128601-300x200equiere el consentimiento de la esposa y reiteró en el inicio de la celebración de la ordenación. La ley de la Iglesia requiere un mínimo de 10 años de matrimonio antes de la ordenación. El sacramento del matrimonio sigue siendo primero.
Si el diácono se vuelve un viudo que no puede casarse de nuevo, excepto en casos especiales – por ejemplo, los niños en la infancia -. Que requiere una dispensa del Vaticano
El hombre soltero puede ser ordenado diácono permanente. En este caso se hace un voto de celibato en la ordenación.ciric_272521-300x200

Sólo el marido fue ordenado, recibe su misión de su obispo. Excepcionalmente esta misión puede implicar la pareja.
La esposa a menudo tiene una vida de trabajo y sus propios compromisos. Con frecuencia, es ella la que asegura el equilibrio de la vida conyugal y familiar.
La manera de combinar el matrimonio y el diaconado varía dependiendo de la personalidad de la pareja y la historia de la pareja.

 

http://diaconat.catholique.fr/

 

¿Qué es un diácono?, el vídeo editado por la diócesis de Bourges, Francia

Oraciones cuando el diácono se reviste con sus prendas sagradas

Dos porciones principales: la estola y dalmática:

Estola: Señor, restaura la estola de la inmortalidad, que he perdido a través de la complicidad de nuestros primeros padres,e, indigno como soy de acercarme a Tus sagrados misterios, pueda sin embargo gozar de la alegría eterna.

Dalmática (diáconos y obispos): Señor, dotame con la prenda de la salvación, la vestimenta de la alegría, y con la dalmática de la justicia que siempre me abarquen.

También hay una hermosa oración y el ritual de los ortodoxos:mujer2

El diácono, con su túnica y le robaron (orarion) en la mano, se dirige al sacerdote y baja la cabeza, diciendo:

D: Bendice, Señor, la bata y la estola.

El sacerdote bendice:

P: Bendito es nuestro Dios siempre, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

D: Amén.

El diácono va al lado del santuario. Adquisición de Derechos a sí mismo con la túnica, recita esta oración:

D: Mi alma se alegrará en el Señor, porque El me ha vestido con la prenda de la salvación; Él me ha cubierto con el manto de alegría; como un novio Él ha puesto una corona sobre mí; y como la novia se adorna con joyas, por lo que Él me ha adornado.

Después de besar la estola, el diácono coloca en el hombro. Como él dice en los puños, recita el siguiente:

D: Derecha: Tu diestra, oh Jehová, ha sido glorificado en el poder. Tu diestra, oh Jehová, ha destrozado los enemigos. En la grandeza de tu majestad Tú tienes tus adversarios derrocado.Izquierda: Tus manos me hicieron y me formaron. Dame entendimiento para que aprenda tus mandamientos.

Luego el diácono va a la Mesa de la Preparación, y establece los vasos sagrados en el lugar para el sacerdote

Oraciones para la vestidura:
Sotana
Oh Señor, la porción de mi herencia y mi cáliz, Tú eres el que va a restaurar mi herencia.
Fascia
Me Ciñe, oh Señor, con el cíngulo de la pureza, y saciar en mi corazón el fuego de la concupiscencia, que la virtud de la continencia y la castidad puede morar en mí.
Lavarse las manos
Da fuerza a mis manos, Señor, para limpiar toda mancha, para que yo pueda ser capaz de servirte en la pureza de la mente y el cuerpo.
Amito
Señor, ajuste el yelmo de la salvación en la cabeza para defenderse de todos los asaltos del diablo.
Alba
Hazme blanco, oh Señor, y limpiar mi corazón; que se están realizando blanqueado en la sangre del Cordero pueda merecer una recompensa eterna.
Cinto
Ciñeme, oh Señor, con el cíngulo de la pureza, y saciar en mi corazón el fuego de la concupiscencia, que la virtud de la continencia y la castidad puede morar en mí.
Manípulo
Hazme merecer, Señor, para llevar el manípulo de llanto y la tristeza con el fin que pueda cosechar con alegría la recompensa de mi trabajo.
Estola
Señor, a restaurar la estola de la inmortalidad, que he perdido a través de la complicidad de nuestros primeros padres, y, indigno como soy d1 20090619_pt_deacons_ordination_036ae acercarse a Tus sagrados misterios, puede sin embargo tener gozo eterno.
Dalmática (diáconos y obispos)
Señor, me dotan con la prenda de la salvación, la inversión de la alegría, y con la dalmática de la justicia alguna vez me abarcar.
Casulla
Oh Señor, que ha dicho: “Mi yugo es suave y mi carga ligera”, concedeme que se me permite llevarlo como para merecer tu gracia.

http://aleteia.org/blogs/deacon-greg-kandra/vesting-prayers-for-deacons/

http://www.sanctamissa.org/en/resources/prayers/vesting-prayers-in-latin-and-english.pdf

El diaconado en el Catecismo de la Iglesia Católica

El diaconado en el Catecismo de la Iglesia Católica de 1997

Chatechismus Catholicae Ecclesiae (CCE)

CCE 875
“¿Cómo creerán en aquél a quien no han oído? ¿cómo oirán sin que se les predique? y ¿cómo predicarán si no son enviados?” (Rm 10, 14-15). Nadie, ningún individuo ni ninguna comunidad, puede anunciarse a sí mismo el Evangelio. “La fe viene de la predicación” (Rm 10, 17). Nadie se puede dar a sí mismo el mandato ni la misión de anunciar el Evangelio. El enviado del Señor habla y obra no con autoridad propia, sino en virtud de la autoridad de Cristo; no como miembro de la comunidad, sino hablando a ella en nombre de Cristo. Nadie puede conferirse a sí mismo la gracia, ella debe ser dada y ofrecida. Eso supone ministros de la gracia, autorizados y habilitados por parte de Cristo. De El los obispos y los presbíteros reciben la misión y la facultad (el “poder sagrado”) de actuacatecismor in persona Christi Capitis, los diáconos las fuerzas para servir al pueblo de Dios en la “diaconía” de la liturgia, de la palabra y de la caridad, en comunión con el Obispo y su presbiterio. Este ministerio, en el cual los enviados de Cristo hacen y dan, por don de Dios, lo que ellos, por sí mismos, no pueden hacer ni dar, la tradición de la Iglesia lo llama “sacramento”. El ministerio de la Iglesia se confiere por medio de un sacramento específico.
CCE 886
“Cada uno de los obispos, por su parte, es el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares” (LG 23). Como tales ejercen “su gobierno pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada” (LG 23), asistidos por los presbíteros y los diáconos. Pero, como miembros del colegio episcopal, cada uno de ellos participa de la solicitud por todas las Iglesias (cf. CD 3), que ejercen primeramente “dirigiendo bien su propia Iglesia, como porción de la Iglesia universal”, contribuyen eficazmente “al Bien de todo el Cuerpo místico que es también el Cuerpo de las Iglesias” (LG 23). Esta solicitud se extenderá particularmente a los pobres (cf. Ga 2, 10), a los perseguidos por la fe y a los misioneros que trabajan por toda la tierra.
CCE 896
El Buen Pastor será el modelo y la “forma” de la misión pastoral del obispo. Consciente de sus propias debilidades, el obispo “puede disculpar a los ignorantes y extraviados. No debe negarse nunca a escuchar a sus súbditos, a a los que cuida como verdaderos hijos … Los fieles, por su parte, deben estar unidos a su obispo como la Iglesia a Cristo y como Jesucristo al Padre” (LG 27):

Seguid todos al obispo como Jesucristo (sigue) a su Padre, y al presbiterio como a los apóstoles; en cuanto a los diáconos, respetadlos como a la ley de Dios. Que nadie haga al margen del obispo nada en lo que atañe a la Iglesia (San Ignacio de Antioquía, Smyrn. 8,1)

CCE 939
Los obispos, ayudados por los presbíteros, sus colaboradores, y por los diáconos, los obispos tienen la misión de enseñar auténticamente la fe, de celebrar el culto divino, sobre todo la Eucaristía, y de dirigir su Iglesia como verdaderos pastores. A su misión pertenece también el cuidado de todas las Iglesias, con y bajo el Papa.
CCE 1142
Pero “todos los miembros no tienen la misma función” (Rm 12,4). Algunos son llamados por Dios en y por la Iglesia a un servicio especial de la comunidad. Estos servidores son escogidos y consagrados por el sacramento del Orden, por el cual el Espíritu Santo los hace aptos para actuar en representación de Cristo-Cabeza para el servicio de todos los miembros de la Iglesia (cf. PO 2 y 15). El ministro ordenado es como el “icono” de Cristo Sacerdote. Por ser en la Eucaristía donde se manifiesta plenamente el sacramento de la Iglesia, es también en la presidencia de la Eucaristía donde el ministerio del obispo aparece en primer lugar, y en comunión con él, el de los presbíteros y los diáconos.
CCE 1256
Son ministros ordinarios del Bautismo el obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono (cf. CIC, can. 861,1; CCEO, can. 677,1). En caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar (Cf. CIC can. 861, § 2) si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. La Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios (cf. 1 Tm 2,4) y en la necesidad del Bautismo para la salvación (cf. Mc 16,16)
CCE 1354
Desde el siglo II, según el testimonio de S. Justino mártir, tenemos las grandes líneas del desarrollo de la celebración eucarística. Estas han permanecido invariables hasta nuestros días a través de la diversidad de tradiciones rituales litúrgicas. He aquí lo que el santo escribe, hacia el año 155, para explicar al emperador pagano Antonino Pío (138-161) lo que hacen los cristianos:

El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo.
Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los profetas, tanto tiempo como es posible.
Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas.
Luego nos levantamos todos juntos y oramos por nosotros…y por todos los demás donde quiera que estén a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar así la salvación eterna.
Cuando termina esta oración nos besamos unos a otros:
Luego se lleva al que preside a los hermanos pan y una copa de agua y de vino mezclados.
El presidente los toma y eleva alabanza y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo y da gracias (en griego: eucharistian) largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones.
Cuando terminan las oraciones y las acciones de gracias todo el pueblo presente pronuncia una aclamación diciendo: Amén.
Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo le ha respondido, los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos los que están presentes pan, vino y agua “eucaristizados” y los llevan a los ausentes (S. Justino, apol. 1, 65; 67).
CCE 1369
Toda la Iglesia se une a la ofrenda y a la intercesión de Cristo. Encargado del ministerio de Pedro en la Iglesia, el Papa es asociado a toda celebración de la Eucaristía en la que es nombrado como signo y servidor de la unidad de la Iglesia universal. El obispo del lugar es siempre responsable de la Eucaristía, incluso cuando es presidida por un presbítero; el nombre del obispo se pronuncia en ella para significar su presidencia de la Iglesia particular en medio del presbiterio y con la asistencia de los diáconos. La comunidad intercede también por todos los ministros que, por ella y con ella, ofrecen el sacrificio eucarístico:
CCE 1536
El sacerdote ( o el diácono) que asiste a la celebración del matrimonio, recibe el consentimiento de los esposos en nombre de la Iglesia y da la bendición de la Iglesia. La presencia del ministro de la Iglesia (y también de los testigos) expresa visiblemente que el matrimonio es una realidad eclesial.
CCE 1538
La integración en uno de estos cuerpos de la Iglesia se hacía por un rito llamado ordinatio, acto religioso y litúrgico que era una consagración, una bendición o un sacramento. Hoy la palabra ordinatio está reservada al acto sacramental que incorpora al orden de los obispos, de los presbíteros y de los diáconos y que va más allá de una simple elección, designación, delegación o institución por la comunidad, pues confiere un don del Espíritu Santo que permite ejercer un “poder sagrado” (sacra potestas; cf. LG 10) que sólo puede venir de Cristo, a través de su Iglesia. La ordenación también es llamada consecratio porque es un “poner a parte” y un “investir” por Cristo mismo para su Iglesia. La imposición de manos del obispo, con la oración consecratoria, constituye el signo visible de esta consagración.
CCE 1543
Y en la oración consecratoria para la ordenación de diáconos, la Iglesia confiesa:
Dios Todopoderoso…tú haces crecer a la Iglesia…la edificas como templo de tu gloria…así estableciste que hubiera tres órdenes de ministros para tu servicio, del mismo modo que en la Antigua Alianza habías elegido a los hijos de Leví para que sirvieran al templo, y, como herencia, poseyeran una bendición eterna
CCE 1554
“El ministerio eclesiástico, instituido por Dios, está ejercido en diversos órdenes que ya desde antiguo reciben los nombres de obispos, presbíteros y diáconos” (LG 28). La doctrina católica, expresada en la liturgia, el magisterio y la práctica constante de la Iglesia, reconocen que existen dos grados de participación ministerial en el sacerdocio de Cristo: el episcopado y el presbiterado. El diaconado está destinado a ayudarles y a servirles. Por eso, el término “sacerdos” designa, en el uso actual, a los obispos y a los presbíteros, pero no a los diáconos. Sin embargo, la doctrina católica enseña que los grados de participación sacerdotal (episcopado y presbiterado) y el grado de servicio (diaconado) son los tres conferidos por un acto sacramental llamado “ordenación”, es decir, por el sacramento del Orden:

Que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al obispo, que es imagen del Padre, y a los presbíteros como al senado de Dios y como a la asamblea de los apóstoles: sin ellos no se puede hablar de Iglesia (S. Ignacio de Antioquía, Trall. 3,1)

CCE 1569
La ordenación de los diáconos, “en orden al ministerio”

“En el grado inferior de la jerarquía están los diáconos, a los que se les imponen las ‘para realizar un servicio y no para ejercer el sacerdocio'” (LG 29; cf. CD 15). En la ordenación al diaconado, sólo el obispo impone las manos , significando así que el diácono está especialmente vinculado al obispo en las tareas de su “diaconía” (cf. S. Hipólito, trad. ap. 8).
CCE 1570
Los diáconos participan de una manera especial en la misión y la gracia de Cristo (cf. LG 41; AA 16). El sacramento del Orden los marco con un sello (carácter) que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo que se hizo “diácono”, es decir, el servidor de todos (cf. Mc 10,45; Lc 22,27; S. Policarpo, Ep 5,2). Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad (cf. LG 29; cf. SC 35,4; AG 16).
CCE 1571
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia latina ha restablecido el diaconado “como un grado particular dentro de la jerarquía” (LG 29), mientras que las Iglesias de Oriente lo habían mantenido siempre. Este diaconado permanente, que puede ser conferido a hombres casados, constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia. En efecto, es apropiado y útil que hombres que realizan en la Iglesia un ministerio verdaderamente diaconal, ya en la vida litúrgica y pastoral, ya en las obras sociales y caritativas, “sean fortalezcan por la imposición de las manos transmitida ya desde los Apóstoles y se unan más estrechamente al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado” (AG 16).
CCE 1572
La celebración de la ordenación de un obispo, de presbíteros o de diáconos, por su importancia para la vida de la Iglesia particular, exige el mayor concurso posible de fieles. Tendrá lugar preferentemente el domingo y en la catedral, con una solemnidad adaptada a las circunstancias. Las tres ordenaciones, del obispo, del presbítero y del diácono, tienen el mismo dinamismo. El lugar propio de su celebración es dentro de la Eucaristía.
CCE 1573
El rito esencial del sacramento del Orden está constituido, para los tres grados, por la imposición de manos del obispo sobre la cabeza del ordenando así como por una oración consecratoria específica que pide a Dios la efusión del Espíritu Santo y de sus dones apropiados al ministerio para el cual el candidato es ordenado (cf. Pío XII, const. ap. Sacramentum Ordinis, DS 3858).
CCE 1574
Como en todos los sacramentos, ritos complementarios rodean la celebración. Estos varían notablemente en las distintas tradiciones litúrgicas, pero tienen en común la expresión de múltiples aspectos de la gracia sacramental. Así, en el rito latino, los ritos iniciales – la presentación y elección del ordenando, la alocución del obispo, el interrogatorio del ordenando, las letanías de los santos – ponen de relieve que la elección del candidato se hace conforme al uso de la Iglesia y preparan el acto solemne de la consagración; después de ésta varios ritos vienen a expresar y completar de manera simbólica el misterio que se ha realizado: para el obispo y el presbítero la unción con el santo crisma, signo de la unción especial del Espíritu Santo que hace fecundo su ministerio; la entrega del libro de los evangelios, del anillo, de la mitra y del báculo al obispo en señal de su misión apostólica de anuncio de la palabra de Dios, de su fidelidad a la Iglesia, esposa de Cristo, de su cargo de pastor del rebaño del Señor; entrega al presbítero de la patena y del cáliz, “la ofrenda del pueblo santo” que es llamado a presentar a Dios; la entrega del libro de los evangelios al diácono que acaba de recibir la misión de anunciar el evangelio de Cristo.
CCE 1576
Dado que el sacramento del Orden es el sacramento del ministerio apostólico, corresponde a los obispos, en cuanto sucesores de los apóstoles, transmitir “el don espiritual” (LG 21), “la semilla apostólica” (LG 20). Los obispos válidamente ordenados, es decir, que están en la línea de la sucesión apostólica, confieren válidamente los tres grados del sacramento del Orden (cf. DS 794 y 802; CIC, can. 1012; CCEO, can. 744; 747).
CCE 1579
Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato “por el Reino de los cielos” (Mt 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus “cosas” (cf. 1 Co 7,32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios (cf. PO 16).
CCE 1580
En las Iglesias Orientales, desde hace siglos está en vigor una disciplina distinta: mientras los obispos son elegidos únicamente entre los célibes, hombres casados pueden ser ordenados diáconos y presbíteros. Esta práctica es considerada como legítima desde tiempos remotos; estos presbíteros ejercen un ministerio fructuoso en el seno de sus comunidades (cf. PO 16). Por otra parte, el celibato de los presbíteros goza de gran honor en las Iglesias Orientales, y son numerosos los presbíteros que lo escogen libremente por el Reino de Dios. En Oriente como en Occidente, quien recibe el sacramento del Orden no puede contraer matrimonio.
CCE 1588
En cuanto a los diáconos, “fortalecidos, en efecto, con la gracia del sacramento, en comunión con el obispo y sus presbíteros, están al servicio del Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad” (LG 29)
CCE 1593
Desde los orígenes, el ministerio ordenado fue conferido y ejercido en tres grados: el de los Obispos, el de los presbíteros y el de los diáconos. Los ministerios conferidos por la ordenación son insustituibles para la estructura orgánica de la Iglesia: sin el obispo, los presbíteros y los diácono s no se puede hablar de Iglesia (cf. S. Ignacio de Antioquía, Trall. 3,1).
CCE 1595
Los diáconos son ministros ordenados para las tareas de servicio de la Iglesia; no reciben el sacerdocio ministerial, pero la ordenación les confiere funciones importantes en el ministerio de la palabra, del culto divino, del gobierno pastoral y del servicio de la caridad, tareas que deben cumplir bajo la autoridad pastoral de su Obispo.
CCE 1630
El sacerdote ( o el diácono) que asiste a la celebraci ón del matrimonio, recibe el consentimiento de los esposos en nombre de la Iglesia y da la bendición de la Iglesia. La presencia del ministro de la Iglesia (y también de los testigos) expresa visiblemente que el matrimonio es una realidad eclesial.
CCE 1669
Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una “bendición” (cf. Gn 12,2) y a bendecir (cf. Lc 6,28; Rm 12,14; 1 P 3,9). Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones (cf. SC 79; CIC can. 1168); la presidencia de una bendición se reserva al ministerio ordenado (obispos, presbíteros o diáconos, cf. De benedictionibus, 16,18), en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida eclesial y sacramental

¿Deberían ser los diáconos ministros del sacramento de la Unción de Enfermos?

En la actualidad, la disciplina de la Iglesia Católica permite sólo a los sacerdotes y obispos ungir a los enfermos. Me gustaría proponer que, a la luz del próximo Año de la Misericordia, la Iglesia considerase una expansión de este ministerio para incluir diáconos y ministros laicos debidamente preparados y por encargo, entre los que puedan ungir. Esta no es una cuestión ociosa, pero uno que lleva tiempo viendo las necesidades pastorales reales de las familias y comunidades enteras, y se ve aumentada por la escasez de sacerdotes. Las restricciones a la unción hoy, yo diría, disminuye nuestro testimonio evangelizador como Iglesia sacramental.

Enfermedad y sufrimiento
En la clausura del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI pronunció un discurso a los pobres, los enfermos y los que sufren. Así es como empieza.
A todos vosotros, hermanos en el juicio, que son visitados por el sufrimiento bajo mil formas, el consejo tiene un mensaje muy especial. Se siente sobre sí mismo s8616648531_59979ae62e_mus ojos suplicantes, ardiendo de fiebre o hueco con fatiga, ojo
s que busca en vano el por qué del sufrimiento humano y que piden ansiosamente cuándo y de dónde vendrá el alivio.
Él va a decir que queremos para aliviar ese sufrimiento, como muchos médicos, enfermeras, y otros lo hacen, sin embargo, hay algo más precioso aún que la Iglesia tiene que dar. “Tenemos algo más profundo y más valioso para darle, la única verdad capaz de responder al misterio del sufrimiento y de traerle alivio sin ilusión.” Él está hablando del misterio de Cristo, el Hombre de los Dolores, que los abraza con fraterno amor y les revela que “los hijos preferidos del reino de Dios.”

El don de la Unción
El ordo para la Pastoral de los enfermos son muchos los mismos temas Papa Pablo VI nombra  en esta dirección, el misterio del sufrimiento, el efecto salvífico de compartir voluntariamente en la pasión de Cristo, y el profundo amor comunicado por Cristo, el Sanador. El sacramento de la unción de los enfermos bellamente anuncia y hace real el tesoro que tenemos a través de la compasión de Cristo.
Nuestro problema hoy en día, creo yo, no es nada de eso. El problema es que la escasez de sacerdotes en muchos lugares se ha
hecho difícil – si no imposible – para ofrecer el Sacramento de los Enfermos a muchas de las personas que podrían beneficiarse de ello. Ya no enmarcado como un sacramento celebrado sólo en el momento de la muerte (la extremaunción), el sacramento de la unción de los enfermos tiene la intención de llevar consuelo y sanación a cualquier persona que está gravemente enfermo, enfermos crónicos, debilitado por la vejez, o la cirugía frente. En estos tiempos en que incluso las intervenciones médicas como la quimioterapia pueden causar inmenso sufrimiento antes que la persona se recupere, hay una amplia gama de casos en los que las personas están gravemente enfermas y dolientes. No están en el punto de la muerte. Sin embargo, sin duda merecen este ministerio poderoso y hermoso de la Iglesia. Desafortunadamente, un número creciente de ellos no lo obtendrá.

La necesidad es grande
No es que el sacramento de los enfermos no se ofrezca. Algunas parroquias tienen servicios de sanidad. La Unción de los enfermos pueden ser incluida en la misa dominical, y que a veces ocurre (aunque tengo que admitir que sólo una parroquia que he pertenecido a lo hizo de forma regular). Los párrocos hacer visitar a los enfermos, y los hospitale20141218-geriatrico-3s en general tienen un sacerdote al que pueden llamar en caso de emergencia.
La necesidad en términos generales, sin embargo, es mucho mayor que nuestros sacerdotes pueden aspirar a cumplir, incluso con la mejor de las intenciones. El reto se siente profundamente en las zonas rurales, donde los sacerdotes sirvan a dos, tres o incluso cuatro parroquias. Se experimenta en mega-parroquias de hoy con ministro de miles de católicos. Además, los sacerdotes que ofrecen servicios a un grupo lingüístico particular o para personas con necesidades especiales se enfrentan a una tarea formidable en traer este sacramento a sus cargos pastorales, que son generalmente de escasos recursos y lejanos.
De todos los enfermos.
La carta de Santiago, 5:15, dice: “Trae a los presbíteros.” Correcto. Puede que haya trabajado en el primer siglo. Mira los hospitales de hoy y las instituciones de salud, hogares de ancianos, y las redes de atención domiciliaria. No hay manera que vayan a “llevarlos los presbíteros.” Alguien tiene que ir a ellos.
Es desgarrador, realmente, conseguir hacer frente a las barreras de la unción. He oído muchas veces al charlar con capellanes laicos, diáconos y ministros. Ellos desean que sus amados enfermos pudiesen recibir este sacramento, pero las posibilidades para conseguirlo son escasas porque simplemente no hay suficientes sacerdotes para todos.

Los costos y desafíos
Esta situación no sólo perjudica a los enfermos. También disminuye el testimonio católico que trae todo el fenómeno de la enfermedad, la fragilidad de la vejez, y el proceso de los tiempos-moribundos críticos en la vida de las familias y comunidades enteras. Si no estamos allí sacramentalmente para la gente en esos momentos, ¿Qué es diferente acerca de nuestro enfoque de cualquier otra “buena gente” que practican otras rel6eb6d8_uncion-sacramento-slide (1)igiones o sin religión?
Algunos dirán que la restricción de la administración de este sacramento a los obispos y sacerdotes eleva su estatus. Estoy en desacuerdo. Creo que en realidad socava la autoestima general para el sacramento si no se ofrece cuando la necesidad está ahí. El mensaje enviado en silencio dejando que este sacramento ir sin celebración alguna es la siguiente: La unción de los enfermos es agradable pero bastante innecesaria.
A medida que nos acercamos al próximo Año de la Misericordia, creo que la Iglesia debería revisar la cuestión de quién puede ungir a los enfermos, no como una cuestión abstracta, sino como una cuestión en toda su concreción. Y espero que podamos hacerlo con audacia evangélica.

Historia y Teológicos Preguntas
Unción de los enfermos es una práctica que se remonta a los tiempos apostólicos. Es el tema de la exhortación de la carta de Santiago. Una lectura literal de Santiago 5:15 para justificar una restricción absoluta a los sacerdotes sin embargo (“llevarlos a los presbíteros”) no es compatible con la historia cristiana. Laicos ungieron a los enfermos durante la época patrística, como fuentes eclesiásticas atestiguan. Unción de los enfermos no se limitaba al clero hasta el siglo octavo.
La carta de Santiago asocia unción con el perdón, pero no dice explícitamente que el perdón viene a través del sacerdote que unge. La declaración es más general, exhortando a orar unos por otros. El Concilio de Trento sin embargo dijo explícitamente que el sacerdote o el obispo es el ministro de la unción, y que el sacramento de los enfermos perdona los pecados. El Concilio Vaticano II repitió esas afirmaciones.
La cuestión de si un diácono permanente puede ungir a los enfermos ha surgido en nuestro tiempo por la necesidad pastoral. Esto se ha argumentado en contra sobre la base de que la unción de los enfermos también perdona pecados y un diácono no tiene ese poder. Este argumento no dispone de la cue
stión, sin embargo. Los diáconos están autorizados a bautizar (e incluso un laico puede bautizar en caso de emergencia), y el bautismo perdona todo pecado. ¿Es teológicamente posible distinguir entre los pecados de los no bautizados, que pueden ser perdonados por un diácono que bautiza, y los pecados de una persona bautizada, que no puede ser perdonado a través de la unción de los enfermos? También es interesante observar que la práctica de la confesión privada y la reconciliación como lo conocemos se originó hoy con monjes irlandeses (laicos) y fue sólo más tarde restringida a sacerdotes. La cuestión de cómo está mediado perdón – incluso en el Sacramento de la Reconciliación – ha respondido de diversas maneras en la historia cristiaimages (1)na, motivada por las circunstancias y las necesidades pastorales.
David N. Power, escribe en la revista Concilium (“El sacramento de la Unción: Preguntas abiertas”, Concilium, 1991) señaló que hay tres factores históricos que deben ser tomados en cuenta al examinar la cuestión de los ministros de unción en la edad actual. La primera es la identidad de los presbíteros de los cuales habla la carta de Santiago. Tenían algún papel oficial en la iglesia, pero no está claro que estos ancianos recibidos por la imposición de manos, una suposición general hecha por los que simplificar la pregunta y decir que son el equivalente exacto sacerdotes de hoy. En segundo lugar está la extendida práctica de poner la unción en los primeros siglos, como ya hemos señalado. En tercer lugar está la intención del Concilio de Trento en la definición del ministro “adecuada”. Sobre la base de la obra de André Duval, se observa que la palabra “adecuado” -un inusual uso que han sido elegidos para contrarrestar los ataques de los reformadores de la naturaleza del sacerdocio en lugar de resolver de una vez por todas la cuestión de quién puede ungir.

Imagínese Nuevas Soluciones
La comunidad católica ha sido hábil en ministrar a los enfermos a través de los años, la fundación de hospitales e instituciones de salud, dedicando apostolados religiosos enteros para cuidar de los enfermos, y orando en diversas formas para su bienestar. En nuestros días, los diáconos, laicos capellanes, los visitantes de la parroquia, y los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión han aumentado el papel de los sacerdotes en la satisfacción de las necesidades espirituales de los enfermos. Ellos muestran el rostro de Jesús con su presencia el cuidado, por sus oraciones y por lo que la Eucaristía a los que no pueden venir a la iglesia. Estoy profundamente conmovido cuando veo ministros de la Eucaristía enviados desde el altar al final del rito de la comunión en la misa dominical, a sabiendas de que están tomando la Santa Comunión de nuestra celebración y salir a llevarlo a los hogares de los enfermos, y en los hospitales y otras instalaciones. Profundiza nuestro sentido de estar unidos con los enfermos y salir de su casa.
Nosotros ya enviamos ministros para llevar la Eucaristía, el sacramento de primera clase a la que se ordenan todos los demás sacramentos. ¿Podría el obispo no también entrenar correctamente y diputar ministros especiales para ungir a los enfermos, y de manera similar para enviarlos a lugares donde la necesidad es grande? Para aumentar el número de personas que pueden ungir a los enfermos no es lo mismo que crear para todos en el que cualquier persona con un corazón cálido puede tomar una botella y hacer lo que quieran. Un proceso de preparación y un rito adaptado que se tendría que idear, tendría que ser delineado cuidadosamente en los límites de cada cuál. Pero el punto es que tenemos el ingenio para hacerlo. Tenemos la fe para hacerlo. Si somos capaces de llegar a una orden de servicio para una celebración dominical en ausencia de un sacerdote, sin duda podemos hacer esto.
Y mientras lo hacemos, tal uncion (1)vez el ministerio más importante a recordar es el ministerio de los enfermos en sí mismos. Los enfermos también son ministros de la celebración. Ellos mismos son un signo de gran alcance y un verdadero participante en la obra salvadora de Cristo de la redención. En palabras de Pablo VI: “Sepa que usted no está solo, separado, o inútil. Habéis sido llamados por Cristo y son su imagen viva y transparente “y” con él, si lo desea, usted está ahorrando el mundo. “La experiencia de la unción de los enfermos que adelanta esta verdad llena de gracia es bien vale la pena que se extienda.

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