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Diácono de origen gitano: Agustín Gabarre: “El pueblo gitano expresa su fe, no la intelectualiza”

Diácono permanente y de origen gitano, explica que la figura del diácono es “muy reconocida por el colectivo porque comprende sus necesidades”
“Al estar inmersos en las tareas de su ministerio, los sacerdotes no llegan a ambientes a los que los diáconos si lo hacen”agustin-gabarre-850x310

Recién ordenado diácono permanente, Agustín Gabarre está casado, tiene un hijo y trabaja en una ong. Además, sus orígenes son gitanos, por lo que está muy ligado a la Pastoral con este grupo. “Durante mucho tiempo ha habido diferentes delegados que han
trabajado en el acompañamiento de estas comunidades”, dice a Vida Nueva. Aquí, el papel del diaconado es “muy importante”, porque es la figura “más reconocida por el colectivo”. Una persona casada, con familia, con un trabajo fuera del ámbito eclesial, es
reconocida por los gitanos “porque es alguien capacitado que tiene a su familia y a la vez comprende las necesidades del colectivo”. Así, la evangelización, la coordinación de iniciativas, la realización de ponencias, encuentros y peregrinaciones se convierten en la
manera de evangelizar. Y, si bien “uno es diácono desde que se levanta hasta que se acuesta”, en el trabajo, con la familia y los amigos, “es una vida de servicio” llevada con “esa actitud particular, evangelizadora” y, por supuesto, “compatibilizarlo todo esto
con la vida de la parroquia”.
“El sentir del pueblo gitano en cuanto a la fe es particular”, señala Gabarre, al igual que “lo es el sentir de los muchos grupos que conforman la Iglesia”. Es, para Gabarre, una fe expresada de una manera “más sentida, más desde el corazón”. “Está claro que entre
los gitanos del sur y del norte la manifestación también es distinta, pero siempre es una fe que no busca ser intelectualizada sino expresada”, explica.

Diaconado y sacerdocio, vocaciones diferentes
Es bastante común establecer el diaconado como una suerte de remedio para suplir la falta de vocaciones al sacerdocio, pero para Gabarre esto es un error. “Un diácono permanente no es un cura de segunda, ni viene a suplir la figura clerical”, apunta, a lo que añade que “el diaconado es un ministerio propio, donde no se tienen las mismas tareas que un sacerdote, como la celebración de la eucaristía”. Y es que “un diácono bendice, no consagra”, y sus tareas están enfocadas a “animar y llevar la pastoral”.
Esta diferencia dentro de la misión de cada una de las ordenaciones es lo que hace tan importante, para Gabarre, a la figura del diácono dentro de la Pastoral Gitana. “Actúa como nexo, ya que el diácono es una persona que está en el mundo, que trabaja y
tiene familia y que puede llevar el mensaje de una manera diferente a la del sacerdote, que al estar inmerso en las tareas propias de su ministerio en ocasiones no está tan cercano a algunos ambientes a los que los diáconos si llegan”, dice.

por Elena Magariños en Vidanuevadigital

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Los que llevan estola cruzada

Tal vez el detonante haya sido la escasez de vocaciones, pero el redescubrimiento del diaconado permanente en la Iglesia es uno de los signos más esperanzadores de este tiempo, en línea con otros como la misión compartida de laicos y religiosos o una conciencia más acusada sobre la corresponsabilidad de todos los bautizados. El Encuentro Nacional del Diaconado Permanente que acaba de celebrarse en Toledo ha puesto sobre la mesa la conveniencia de una pastoral vocacional dirigida  específicamente a este ministerio. Pero no es posible amar algo sin conocerlo. Centrada
en la relación entre diaconado y familia, la cita ha servido para mostrar cómo viven los cerca de 450 diáconos permanentes que hay en España, cómo concilian su ministerio con su trabajo profesional y, sobre todo, cómo se ven involucrados sus mujeres e hijos en este servicio a la Iglesia y a la sociedad. La imagen del diácono revestido durante una celebración litúrgica muestra una faceta importante de esta vocación, pero hace poca justicia a una misión que tiene mucho más que ver con una Iglesia que sale al encuentro de las personas en los caminos de la vida.estola cruzada

Diáconos permanentes, los ministros de lo cotidiano

Nueve de cada diez diáconos permanentes en España sintieron la llamada dentro del matrimonio, circunstancia que refuerza ambos sacramentos, pese a las dificultades de conciliar vida laboral, familiar y diaconal. La clave para afrontarlas está en poner el foco en la identidad del ministro ordenado, no tanto en la tarea que desempeña, aseguran participantes en el Encuentro Nacional del Diaconado Permanente celebrado el pasado fin de semana en Toledo. El objetivo es hacer presente a Dios en medio de la sociedad actual

La figura del diácono permanente es cada vez más conocida desde que el Concilio Vaticano II lo restaurase –también para hombres casados– hace más de 50 años y lo propusiese como un grado ministerial más. Ha ayudado a su visibilidad que haya en España, según los últimos datos de la Conferencia Episcopal correspondientes al año 2017, un total de 447 diáconos permanentes, una clasificación que lideran las diócesis de Sevilla (60), Barcelona (43), Madrid (31) y Valencia (20). Sin embargo, todavía hay 22 sedes episcopales que no cuentan con ninguno.

En cualquier caso, a pesar de el crecimiento de la presencia de estos diáconos en los últimos años, lo cierto es que su figura todavía no ha sido comprendida por una gran mayoría de fieles, que los siguen viendo como una solución a la escasez de vocaciones sacerdotales, un sacerdote con menos funciones o como una especie de laico clericalizado. Pero como explica Javier Villalba, diácono permanente en la parroquia de la Santísima Trinidad de Collado Villalba (Madrid), este grado del orden «tiene su propia identidad». Y añade, en conversación con este semanario: «El diácono permanente encarna el servicio dentro de la Iglesia. Por eso es bueno que en la Iglesia haya estas personas que llevan la estola cruzada y que nos recuerdan a todos que somos servidores».MinistrosCotidiano1 (1)

Jesús, eje central

Pedro Jara, diácono permanente y autor del libro El diácono, pobre y fiel en lo poco, prologado por el cardenal Carlos Osoro, coincide en que lo importante es la configuración del ministro con Jesús, es decir, hacerle presente en medio del mundo. «Se trata de que Jesucristo, el eje central, aparezca a través de las cosas que hacemos. Es un servicio en las cosas pequeñas y olvidadas», explica. De hecho, tiene gran importancia en el ministerio diaconal el ser servidor, sobre todo, en el ámbito de la caridad. No es raro que los diáconos permanentes trabajen en las fronteras de la pastoral penitenciaria, la pastoral de la salud o la pastoral social.

Jara presentó su libro en el Encuentro Nacional del Diaconado Permanente que, organizado por la Conferencia Episcopal, abordó la semana pasada en Toledo la relación entre el diaconado y la familia. En él también intervinieron Javier Villalba y su mujer, Belén Santos, que hablaron de la conciliación –no solo a nivel práctico, que también– entre estas dos dimensiones que ellos viven en primera persona.

Javier se ordenó hace ocho años, aunque el proceso comenzó mucho antes, con el discernimiento junto con su mujer y luego con la formación. Habla ahora Belén Santos: «Entendimos los dos que teníamos que confiar en esa llamada que nos hacía Dios. Todo el proceso nos llevó a hablar mucho y significó también un compromiso del uno con el otro y de ambos con los demás. En este sentido, se incorpora a la familia como un proyecto».

Creen que si hubieran tenido más modelos en los que reflejarse, probablemente habría sido más sencillo, pero también son conscientes de que están viviendo momentos históricos. Por eso valoran especialmente los encuentros entre diáconos y sus esposas, lo que han llamado fraternidad diaconal. Y lanzan esta propuesta: una pastoral vocacional específica para el diaconado permanente, que dé a conocer esta figura «que para muchos es una novedad y que tiene unas peculiaridades que conviene que sean conocidas».

Esta opción significa asumir una serie de tareas a distintos niveles: el de la Palabra, el litúrgico y el caritativo. Así, Villalba desarrolla su ministerio en Cáritas, en el Centro de Orientación Familiar de la parroquia que, además, acaba de poner en marcha un centro de escucha; en la pastoral familiar, en la preparación de novios o del Bautismo de niños, en el trabajo con jóvenes; y en la predicación. «Somos ministros ordenados presentes en medio del mundo, en lo cotidiano. En la universidad, en el mundo laboral, en las distintas tareas de nuestra vida. Creo que este figura es importante en un mundo que pierde a Dios aparezca una figura cualitativamente distinta en representación de la Iglesia. Es bueno para la Iglesia poner el rostro de un ministro [diácono permanente] allá donde no llegan otros ministros [sacerdotes].MinistrosCotidiano2

 

La conciliación

Conjugar todo esto a nivel práctico no es sencillo, pues a la dificultad en la conciliación de la vida familiar con la laboral –Javier es pediatra y Belén trabaja en un centro educativo– hay que unir esta vida diaconal. «Hacemos encaje de bolillos en un difícil equilibro de todas las parcelas. Para ser sinceros, hacemos lo que podemos y esto conlleva renuncias y a tener prioridades. En la familia tenemos asumido que Javier dedica mucho tiempo durante el fin de semana a las tareas pastorales y yo le acompaño cuando puedo», reconoce Belén. Javier añade que la clave es poner a Dios y al Espíritu en medio de la vida, pues da «mucha paz interior». «Son diferentes frentes y hay que vivirlos con alegría y no con el agobio de una tarea que consume. Solo la vida espiritual intensa con tu mujer es lo que hace que se puedan llevar las cosas con paz y vivir ese equilibro. Porque en realidad se trata de ser signo», sigue.

Por su parte, Pedro Jara señala que el primer servicio se da en la familia, que es la primera vocación a la que uno es llamado: «La vocación al diaconado permanente no interrumpe la del matrimonio. Si lo hiciese no sería una llamada de Dios. Es complicado conjugarlo todo, pero no se trata tanto de lo que haces sino de cómo lo haces. En realidad, el diácono tiene que desaparecer para que aparezca Jesús».

Los hijos

Otra cuestión importante es cómo abordar este ministerio con los hijos. Tanto Pedro Jara como Javier Villalba tienen familias numerosas con tres y cuatro hijos, respectivamente. En el caso de Javier, sus hijos lo han integrado perfectamente, aunque les haya impactado ver a su padre revestido las primeras veces. «El proceso, que fue lento, les ayudó a asimilarlo. Haberlo vivido en familia ha permitido que lo entiendan y lo vayan contando con sus palabras a sus iguales. Hoy, en la parroquia, parece que llevemos con un diácono toda la vida», afirma Belén.

En su opinión, ve bien que en la actualidad haya diáconos permanentes con niños pequeños, pues hasta hace poco la mayoría eran mayores y estaban en otros momentos vitales, como si el ministerio diaconal solo fuese accesible cuando no tienes obligaciones familiares. «Eso no es así, Dios llama cuando llama. Además, es muy interesante hacer ese camino con nuestros hijos y tener la ocasión de explicárselo, de hablarles y de contar con ellos», continúa.

Pero el impacto no se produce solo en el entorno familia o en la parroquia, pues estar inserto en la sociedad, en el mercado laboral y ser a la vez un ministro ordenado interpela a los demás. Al menos, a los amigos de Javier les sorprendió verle predicar revestido en el funeral de su padre el año pasado: «Entonces entienden lo que les has venido contando y cómo lo vives. De este modo, el diácono es el rostro de la Iglesia en mitad de las circunstancias del mundo».

Obispos, sacerdotes y diáconos como ministros ordenados junto a los laicos son los encargados hoy de llevar la palabra de Dios al mundo de hoy y «todos somos necesarios», apunta Javier. «Todos formamos un único pueblo, pero sí es verdad que al restaurar el diaconado permanente se hace mucho más visible los grados de la jerarquía de la Iglesia y es algo muy bonito y enriquecedor», concluye

¿Qué es un diácono permanente?  El diaconado es uno de los grados del Orden Sacerdotal. Lo reciben los obispos, los sacerdotes y los diáconos.
Fue importante en la Iglesia antigua, sobre todo, en el ámbito caritativo. La figura se
diluyó posteriormente. Con el Concilio Vaticano II, la Iglesia recupera este ministerio en
grado permanente.

Pueden ser hombres casados, mayores de 35 años, con cinco años de matrimonio estable,
que han dado testimonio cristiano en la educación de los hijos y en la vida familiar.
La formación se concreta en tres etapas: introductoria o de discernimiento, de formación
[tres años] y pastoral.
Su acción pastoral se concreta en Cáritas [delegados, pastoral de enfermos y marginados…], la liturgia [exequias, Bautismo, bendición del Matrimonio…],
en la Palabra [catequesis, lectura y predicación…] y administración [despacho,
centros de orientación familiar, relaciones públicas..].

Por Fran Otero en AlfayOmega

Vídeo II sobre el XXXIII Encuentro Nacional del Diaconado Permanente en Toledo

Vídeo sobre el XXXIII Encuentro Nacional del Diaconado Permanente en Toledo

Ordenados cuatro diáconos en Kingston, Canadá

El viernes 7 de diciembre de 2018, cuatro hombres de la Arquidiócesis de Kingston fueron ordenados como Diáconos permanentes del arzobispo Brendan O’Brien en la catedral de Santa María. Su recepción de la santa Las órdenes marcan el fin de cuatro años de estudios pastorales y teológicos, oración y actividades de servicio. Cada
A estos hombres se les asignará un nombramiento pastoral que complementará su Ministerio de Caridad, que es el aspecto central de la vida y el ministerio del diácono.

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otario2El diácono Paul Bowman es un residente de Kingston. Él y su esposa, Nimi, recientemente celebró su 27  niversario de boda. Paul trabaja en la Universidad de la Reina, donde es gerente en el centro de carreras de la Escuela de Negocios. Paul y nimi son voluntarios activos en la capilla de Nuestra Madre de los Dolores en Providence Manor, donde la madre de Nimi, Merle, es residente.
El diácono Allan Hogan es residente de Brockville. Él y su esposa, Bernice, llevan casados 35 años y tiene dos hijos. Allan trabaja en el servicio social.sector. Bernice y Allan han estado involucrados en ministerios / comités de la Iglesia como la música, la liturgia, la proyección y la preparación matrimonial. Ellos asisten a san mark la parroquia evangelista en prescott.

El diácono Peter Kelly es un residente de Perth. Él y su esposa, Christian, han celebrando su 25 aniversario de boda este año. Desde su traslado a Perth hace 5 años desde Montreal, Peter y Christian han estado activos en su hogar Parroquia, San Juan Bautista, asistiendo con varios ministerios. Peter es un jubilado maestro de escuela, animador pastoral y administrador de la escuela que promovió eEucación en Quebec, y Christian es un profesor de segunda lengua retirado recientemente.
especialista. Peter, Christian y su hijo de 16 años, Séamus, brindan música para varias iglesias en el área de Perth.
El diácono Nichols Whalen es un residente de Sharbot Lake. Nick y su esposa, Jocelyn, quienes llevan casados por 28 años, es dueña de una pequeña farmacia en el Pueblo de Sharbot Lake. Sus dos hijos, Jacob y Meriel, están en postsecundaria estudios. Nick y Jocelyn son miembros activos de St. James the Major Parroquial y servir como visitantes voluntarios de hospicio en la comunidad.

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Resumen de las ideas clave del artículo: EL «MUNUS REGENDI» DEL DIÁCONO

Este mes de diciembre se ha publicado en la revista Liturgia y Espiritualidad un artículo muy interesante sobre el diaconado permanente: “EL «MUNUS REGENDI» DEL DIÁCONO”

El artículo aborda la importante temática sobre si el diácono como ministro ordenado tiene “munus regendi”, es decir la función propia derivada del sacramento del orden de pastorear y “regir” una comunidad o un grupo de fieles. Para ello el autor introduce sus tesis basándose en documentos de los Concilios de Elvira y de Toledo en los que se habla de diáconos encargados de Iglesias (parroquias) y de grupos de fieles. Estos diáconos claramente actuaban con autoridad y más allá de pastorear la grey e incluso de ser encargados de iglesias (parroquias) presidían la liturgia de las horas y los bautizos de forma ordinaria.dsc_5531

 

 

Sin embargo el autor nos advierte que en el siglo XXI tenemos otro modelo de parroquia por lo cual el pastoreo del diácono tiene que distinto a lo que dicen los textos conciliares de Elvira y Toledo. Pero a la vez nos dice que el diácono tiene su propio “munus regendi”, es decir un liderazgo que nace de su ministerio y no por delegación y que es comparable con el “munus regendi” que tiene un sacerdote que no es párroco.

 

Debemos entender la capacidad de liderar y pastorear del diácono desde su vinculación con el obispo. El diacono es ordenado “ad ministerium episcopi”. Desde ahí su misión adquiere una visión diocesana y como consecuencia la función propia del diácono va más allá de un encargo parroquial aunque tenga encargos pastorales en una parroquia. Esto implica en los tiempos actuales que el diácono debe tener una función importante en la transformación que están sufriendo las parroquias por el descenso de feligreses dejando claro a la vez que su misión no es la de suplir a un presbítero ausente.

 

En la Iglesia Romana hasta el siglo III cada uno de los siete diáconos está a la cabeza de una de las siete regiones pastorales. Además los diáconos administraban los bienes y dirigían los servicios asistenciales. Desde ahí entendemos su liderazgo como un liderazgo desde el servicio.

Esta vinculación con el obispo y el proyecto diocesano tiene raíces litúrgicas. Las funciones eucarísticas específicas muestran su vinculación al “munis sanctificandi” del obispo. El “munus regendi” del diácono en la Eucaristía lo encontramos en sus intervenciones que son de carácter propio. De especial importancia es la monición final “Ite missa est” en la que es precisamente el diácono quien invita al pueblo a prolongar la liturgia en la vida ordinaria, con lo cual el diácono invita a participar en los acontecimientos salvíficos durante y fuera de la misa. Su “munus” es propio pero no independiente. Su peculiaridad de ser un ministro ordenado pero a la vez cercano al laico en ciertos aspectos (los diáconos tienen un trabajo civil y en su inmensa mayoría están casados) da a la monición final (que es un envió misional) un carácter especial cuando es proclamada por él. La vinculación entre Eucaristía y vida más allá de la celebración se realiza por medio del ministerio diaconal. (p. 691)

 

El “munus regendi” del diácono es singular, es propio (no delegado) y lo podemos entender desde sus funciones litúrgicas que son propias pero solo se entienden desde su vinculación con el obispo. El diácono es quien anima a los feligreses a

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prolongar la obra de Dios en el mundo y como pastor debe ser ejemplo en la tarea de servir y evangelizar.

 

Eduardo Ludwig

 

 

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El hijo presbítero bendice a su padre diácono y a su madre en el aniversario

El hijo presbítero D. Orlando Lugo Lugo bendice a sus padres en el aniversario de boda. Su padre es diácono en  la Parroquia Reina de la Paz en Sabana Gardens, Puerto Rico.

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SERVIDORES DEL AMOR

Desde que conozco a mi padre, la gente, en mi natal Puerto Rico, se dirige a él como Reverendo Diácono. Sí, no conozco a la persona de mi padre separada de su vocación como cristiano, de su misión en la vida. Desde el año 1982, mi padre, Eurípides Lugo Lugo, es diácono permanente de la Iglesia católica por imposición de manos del Arzobispo-Cardenal de San Juan de Puerto Rico, Luis Aponte Martínez, hoy emérito.

Cuando pienso en la vocación de mi papá, es inevitable que contemple también a Jesús crucificado en el Calvario, y a sus pies María, su madre, y el discípulo que tanto amaba, Juan. ¿Por qué? Fue el primer y único sacrificio del Hijo de Dios por la salvación del género humano. Allí, en ese primer altar, el mismo Maestro quiso enseñarnos cuál es la misión del diácono y de la mujer. Ambos forman un binomio necesario e inseparable en la misión de asistir al que se entrega por la salvación de todos.padredeorlandobautizando
Jesús, antes de expirar en el madero, quiso enseñarle a su discípulo el arte de amar a través del servicio, de la diaconía. Sólo el servicio entregado hasta el extremo por amor, perfecciona a la persona y a la Iglesia. El diácono está llamado a hacer de su vocación, la vocación al amor. Su vida entregada, primero a la familia y luego a la comunidad parroquial, debe ser espejo del amor de Dios. Sus obras y palabras deben manifestar que “Dios es amor” (1 Jn 4, 16).
Cada vez que veo a mi padre revestirse en la sacristía antes de comenzar la celebración eucarística, veo cómo su semblante cambia. Por un momento deja de ser mi papá, para convertirse en diácono de Jesucristo. Al igual que el discípulo amado, se prepara para contemplar en primera persona el misterio de la muerte del Hijo de Dios. Con devoción y respeto, recoge la sangre derramada de su MaestrOrlando sacristiao en una copa, que luego levanta ante los ojos de todos como si dijera en su interior: “Este es el Hombre (Ecce Homo)” (Jn. 19, 5), que da la vida, que es la fuente de la felicidad y de amor que todo ser humano necesita para vivir plenamente.
Mientras mi padre asiste a los misterios sagrados al lado del presbítero en mi parroquia Nuestra Señora Reina de la Paz en Carolina Puerto Rico, mi madre, Olga Pérez González, como María al pie de la cruz, vive cada momento intensamente en silencio. Su papel dentro de la vocación de mi papá es necesario y fundamental. Es el báculo espiritual que sostiene el ministerio de la diaconía, es el refugio de amor que necesita el diácono cada vez que siente que su humanidad flaquea. La mujer es la que se mantiene firme, por la fe, ante la cruz en los momentos en que el mundo tiembla.

Mis padres siempre cuentan que cuando iban a ordenar a mi padre, mi madre se opuso en el último momento. Mi párroco de entonces, el Padre Francisco Carlo, tardó dos años en convencerla, pues sin su consentimiento no podía ser admitido al primer grado del orden sagrado. La preocupación primera de mi mamá era la familia: “ser diácono es como ser sacerdote” , decía mi madre a mi padre, preocupada por el poco tiempo que este me podría dar a mí y a mis tres hermanos.
Pero la verdad es que la prioridad del diácono permanente tiene que ser su familia inmediata, su esposa e hijos. Su diaconía debe ejercerla primeramente en la Iglesia doméstica. Es allí donde debe manifestar todo su amor, cariños y afectos. Como el diácono actúe en su familia, así actuará en la comunidad cristiana que tanto necesita de su figura.
Yo soy testigo de esto. Cuando un diácono permanente vive su vocación al amor de manera entregada, Dios no deja de derramar bendiciones abundantes en su familia para beneficio de la Iglesia universal.
orlandofamiliaHoy, yo, el tercer hijo de este matrimonio de casi 38 años, escribo este testimonio desde el Seminario Conciliar de Madrid. Sí, soy seminarista y espero algún día convertirme en sacerdote de Jesucristo. Mi vocación al sacerdocio está muy ligada al testimonio cristiano que mis padres me han dado, al verlos cómo juntos cumplen sus papeles dentro de esta vocación regalada por nuestro Dios a hombres casados. Las oraciones y buenos deseos de mis padres me acompañan siempre. Sólo pido al Señor que me de la perseverancia y la santidad necesarias para corresponderle en este camino y, algún día, poder presidir una Eucaristía junto a mi padre, para juntos elevar alabanzas a nuestro Creador por habernos hechos servidores del amor.

Orlando Lugo Pérez

El obispo de Getafe D. Ginés García Beltrán ordenará un nuevo diácono permanente en la Catedral

El obispo de Getafe, D. Ginés García Beltrán, presidirá el próximo domingo 9 de diciembre la ordenación como diácono permanente de David Corregidor Sanz, en una ceremonia que se celebrará en la Catedral Santa María Magdalena a las 19.00 horas.
Corregidor nació en Madrid en 1965 y es físico. Está casado con Begoña García Cabello desde 1991 y tiene dos hijas. Pertenece a la Parroquia de Santa Teresa del Niño Jesús (Leganés), donde colabora en la catequesis de primera comunión y prebautismal, en las celebraciones litúrgicas y en Cáritas.
También es lector y acólito instituido.
Además, tiene el título de bachiller en Ciencias Religiosas por la Universidad San Dámaso de Madrid, en la que actualmente estudia la licenciatura en dicha rama teológica.

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Diocesis de Getafe

II Polémicas diaconales en la red

Encuentro Nacional del Diaconado permanente en ¡Toledo!

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No soy ningún entusiasta del Diaconado Permanente. Por supuesto que lo acepto y reconozco su sello sacramental. Durante mi ya larga vida jamás he echado de menos a un diácono permanente o no. Si no me hubiera tropezado a ninguno mi vida eclesial hubiera sido exactamente igual.

Si en una misa un diácono permanente no levanta el cáliz junto al sacerdote, no dice daos fraternalmente la Paz o podéis ir en paz  o no lee el Evangelio he oído misa tan exactamente igual como si lo hubiera hecho, no ha aportado nada esencial ni accidental. Vamos, que si no hubiera estado presente la misa sería igual de misa que estando.

Ya sé que ahora comparecerá algún diácono permanente para decirnos que son importantísimos, que sin ellos no existiría Iglesia o poco menos y lo que ustedes quieran. Pero una cosa es lo que ellos se crean y otra la realidad. Si en una diócesis no hay diáconos permanentes pues no pasa nada. Y no niego que presten servicios útiles en ocasiones además de esas intervencioncitas litúrgicas en misa tan inútiles que cuando no hay diácono no tienen lugar sin que la misa pierda nada.

Bueno, existen y se quieren encontrar. Pues vale. Ya que sea en Toledo, donde creo que no hay ninguno o uno, pues, qué quieren que les diga. Es  algo así como montar un bar de copas en Arabia Saudí. En Toledo hay curas de sobra y no hace falta para nada un diácono permanente. Ordenar uno porque haya alguien con el deseo de ser diácono permanente me parece absurdo. Y convocar allí la reunión de los que hay es algo así como montar una tienda de bikinis el el Polo Norte y en enero. Si es que hay cosas que no se le ocurren ni al que asó la manteca.

https://www.revistaecclesia.com/encuentro-nacional-del-diaconado-permanente-en-toledo/

 

16 comentarios en “Encuentro Nacional del Diaconado permanente en ¡Toledo!”
    1. Para la gran mayoría de los fieles, la acción visible de los diáconos es en la Eucaristía, la cual ya es importante, pertinente y relevante, pero no se dan cuenta que además de la Liturgia, son la Palabra y la Caridad, los ministerios que este Orden Sacramental tiene destinados, y yo diría que a la sociedad de hoy le urge que la última sea asumida por los diáconos, quienes en Gracia de su Orden, pueden llevar a instancias espirituales el servicio de caridad que hoy es seglar, me refiero a las obras de caridad que hoy resultan precarias porque no se le da la Gloria a Dios en ellas impidiendo su santificadora acción (universidades, escuelas, hogares geriátricos, hospitales, orfanatos, casas de rehabilitación a adictos, hogares de apoyo a jóvenes embarazadas, cárceles, entre tantos otros). Y no dudo que el Concilio Vaticano no buscaba clericalismo cuando revitalizó el diaconado, buscaba ser estratégico en el ministerio de la Palabra pues con ellos surgió también la Nueva Evangelización, que es la invitación a vivir la Fe como los apóstoles la vivieron, en pequeñas comunidades evangelizadoras. Quienes viven su fe sólo en la eucaristía no entienden que la Iglesia es muchísimo más y que haberse centrado en el presbiterado trajo como consecuencia, un debilitamiento de la acción misionera de la Iglesia. El diácono será prontamente un referente ante los laicos, cada vez más vivo y activo en la Iglesia, pues está facilitando su diálogo y encuentro con el clero que Jesús nos legó.

    2. Yo vivo cerca de la calle Sacramento. Tengo seis obispos cerca (que si se vistieran como antes comenzarían por la dalmática de diácono); de modo que me sobran todos los sacerdotes. Total, solamente ellos son los ministros ordinarios de mi confimación y -quizás, ¿quién sabe?- de mi ordenación.

    3. Reconocer el sello sacramental pero ignora absolutamente su misión (la de los diáconos) por la simpleza con la que habla de su teórica función. Parece increíble pe sar que siendo usted sacerdote y, por ende, diácono habla con tan po a sensibilidad de otros ministros de la Iglesia. Pero vamos, nada que sorprenda. Rezuma tanta amargura en sus publicaciones que provoca más pena que convencimiento. Le encomendamos encarecidamente para que se encuentre verdaderamente con el Señor.

    Francisco José

    Me uno a los mensajes de apoyo al ministerio diaconal. Hay que recordar sus orígenes apostólicos-Hch 6, 1-6- y la importancia que tomó en los primeros siglos. Basta nombrar a Esteban, Lorenzo, Vicente, Gregorio Magno, Francisco de Asís y tantos santos diáconos. Se debería subrayar que la restauración del diaconado por los padres conciliares como ministerio permanente no fue solo para suplir la falta de presbíteros, sino especialmente para hacer tangible el retorno a los orígenes apostólicos de la jerarquía como cuidaron y conservaron durante estos dos milenios en oriente. Es muy reduccionista describir la necesidad de un ministerio por “lo que se hace”, lo que habría que resaltar estaría en “lo que se es”. Aún así llama la atención que sea de segunda categoría el ser “ministro ordinario del bautismo”, dispensador de un sacramento de escasa importancia, o ser por oficio el que debe proclamar solemnemente en la Misa el Evangelio, palabras sin valor que puede leer cualquiera. Si apoyamos el argumento de que si está un sacerdote en la Misa, sobra el diácono porque todo lo que este hace lo puede hacer el cura, entonces sería mejor que ordenaran solo obispos, porque estos pueden administrar más sacramentos todavía.
    En fin que hay que dar la enhorabuena a la Iglesia que camina en Toledo por ese enorme regalo que es la restauración del diaconado como ministerio distinto y permanente y especialmente a su arzobispo D. Braulio.

    https://diaconofrancis.com/2018/07/20/polemicas-diaconales-en-blog/

    1. San Gregorio Magno fue Papa, Doctor y Padre de la Iglesia.

      Dice Santo Tomás que el diaconado está orientado a auxiliar al Orden Episcopal. En la antigüedad muchos diácono se quedaron en ese Orden pero para muchos era una etapa de preparación al Episcopado. Fue el caso de San Gregorio Magno y de San Gregorio VII que tras desempeñar como diáconos este ministerio en administración y legaciones Pontificia, recibieron el presbiterado y con dispersa de los intersticios accedieron inmediatamente al Orden Episcopal y al Sumo Pontificado.

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  1. Pues yo me alegro de haberlos encontrado, al menos a una, en el cementerio de la Almudena. Los sacerdotes que hay son de lo peor de la diócesis, todos extranjeros y sin ni siquiera hablar español, y las múltiples veces que me ha tocado ir a una cremación respiro aliviado cuando veo que está el diácono. Don Carlos tiene abandonada la pastoral sanitaria, a la cua pertenece (cosa que no entiendo) la pastoral funeraria

  2. Sus palabras D Cigoña suenan a fracasado o frustrado… no se… deje a los Diáconos en paz y reduzcase a su condición de laico. Solo no ve la necesidad e importancia del Diacono el que no quiere… y usted no quiere, porque ver si que ve… pero no quiere… Es su opinión… Que le vamos a hacer…

  3. Pero qué insistente es Ud, Sr Cigoña, con nuestro ministerio. ¿Por qué le caemos tan mal? El diácono no es un sacerdote, es otro ministerio, de ayuda al obispo y al presbítero. Es una vocación diferente. Ni queremos ni podemos sustituir al presbítero. Sólo queremos ayudar allí donde se nos mande. El diácono, es verdad, realiza algunas funciones que a veces coinciden con las presbiterales, ¿y eso es un problema? Bendito sea Dios que podemos ayudar si el sacerdote no llega. Es muy útil, aquí se ha apuntado, en quitarle trabajo al obispo en aquellas tareas eclesiales que no precisan de sacerdotes, y que a veces ocupan éstos injustificadamente: administración, tanatorios, delegaciones, Cáritas, archivos, curia, bibliotecas, tiendas, colegios diocesanos,…

    Es en Toledo este año el Encuentro Nacional. ¿Qué problema que sea allí? Don Braulio ha instaurado este ministerio en su diócesis hace poco y querrá darlo a conocer. Le repito: es una vocación distinta de la del presbítero. No tiene nada que ver que haya pocas o muchas (ojalá) vocaciones al presbiterado. Son independientes, pero llamadas a servir al Pueblo de Dios.

    De verdad que le animo a conocer esta vocación sin prejuicios. Vea, sé que le gusta, el anuario pontificio. Se llevará una sorpresa de cómo crece y está extendido este ministerio. Oraciones.

  4. Es verdad, amigo Perenolasc, el mejor sermón que he oído en mi ya larga vida, en un tanatorio, en el funeral de una amiga nuestra, lo hizo un diácono permanente. Y no solamente el sermón, sino el resto de la ceremonia. Fue admirable y, aunque sucedió hace unos años, no he vuelto a ver otro funeral así. Impresionante. Fue en Barcelona, por cierto.

  5. Suscribo la mayoría de los comentarios, en defensa de la necesidad actual (hace años sin duda no hacían falta) de esta figura. Recuerdo el fin de mi padre con horror, la cosa más desangelada del mundo. Si no eres amigo de un sacerdote, imposible conseguir uno para un responso en condiciones, o para acompañar en el cementerio. Parece que nuestro amigo Cigüeña, a quien tanto estimo, ha tenido y tiene suerte en el sentido de que nunca le falta un sacerdote, pero para muchísimos creyentes eso ya no es así.

  6. Estoy de acuerdo con lo que dice Peronolasc, por algo fue fundado en la Iglesia primitiva con funciones precisas e importantes.
    Para mí, lo que no tiene sentido es que, cuando nos encontramos que hay escasez de sacerdotes, haya sacerdotes que se dediquen a tiempo completo a dirigir una librería religiosa, frecuentemente mal, a dedicar la mayor parte del tiempo a Cáritas o a la administración de la parroquia, frecuentemente de manera deficiente, a dirigir y administrar los bienes de la diócesis, frecuentemente mal o muy mal, no pocas veces con resultados desastrosos y simultáneamente, no es raro que no aparezcan por el confesionario, o celebren la misa deprisa y corriendo, o no visiten o lleven la comunión a los enfermos, descuidan la predicación y la catequesis, actuando como funcionarios, pero malos. Para que seguir.
    Los diáconos, pueden realizar una buena parte de las funciones de los sacerdotes y en especial las que absorben más tiempo. Encima pueden ser casados y en época de pocas vocaciones pueden ayudar a los sacerdotes.
    Siempre me ha sorprendido que no se potenciara el diaconado. Posiblemente debido a que muchos sacerdotes su verdadera vocación es la diáconos.

  7. Creo que aunque no despierten entusiasmos habrá que irse acostumbrando a los diáconos permanentes, que en un futuro tendrán un protagonismo mayor, especialmente en las zonas rurales. De aquí a diez años desaparecerá un buen número de sacerdotes, para los que no hay reemplazo, así que ya me contarán cómo nos vamos a organizar.

  8. Tres cosas sobre el diaconado:
    En las liturgias bizantinas, católicas u ortodoxas su papel es muy importante, especialmente de agradecer si poseen una bella voz de bajo.
    He visto en algún tanatorio a un diácono permanente cumplir un papel muy importante y liberar a un sacerdote de estar siempre allí, a tener en cuenta en estos tiempos de pocos segadores.
    Finalmente un diácono permanente es lo más parecido a un pastor protestante pero en católico, claro está . Ambos pueden predicar, ayudar en la liturgia, participar como ministros en bautizos, bodas y funerales. Pero tanto el pastor protestante como el diácono permanente católico no pueden ni consagrar ni absolver los pecados.

  9. El diaconado permanente es la máxima expresión de la clericalización del laico. Resulta paradójico que el Concilio Vaticano II, que pretendió promocionar el laicado, recuperase esta figura.

  10. En mi parroquia había 3 sacerdotes, bueno, 2 y medio y ahora quedan dos.

    Afortunadamente en todas las Misas, la Iglesia está llena, a diario Misa de 10 y 20h. y Festivos 3 Misas por la mañana y otra a las 20 horas, además exposición del Santísimo los jueves en Su capilla.

    Pues bien, tienen diácono permanente, de nombre Jesús. Cristiano auténtico y preocupado por la parroquia y por su propia formación. De su labor intraeclesial como apoyo a los sacerdotes no puedo opinar, supongo que será buena, de lo que los fieles presenciamos, aunque reconozco que todo cuanto hace lo hace con devoción y respeto, siempre está un sacerdote presente, así que excepto por afonía o indisposición de los curas, su labor en la Misa es perfectamente suprimible ( En la Misa para niños, además de la proclamación del Santo Evangelio, es él el que echa el sermón, muy buenos, por cierto.

    Me gustaría saber, si fuera posible, que otras funciones no visibles durante la Misa tienen los diáconos permanentes.

    1. Pueden leer el Evangelio en la Santa Misa, pronunciar la homilía. Son los ministros ordinarios de la Oración de los fieles (ministro idóneo: IGMR 177. Las intenciones de la oración de los fieles, después de la introducción del sacerdote, de ordinario las dice el diácono desde el ambón.)

      Toda la parte dedicada a la misa con diácono está aquí:
      http://www.vatican. v a /roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20030317_ordinamento-messale_sp.html#B)_Misa_con_di%C3%A1cono

      Este está bastante bien explicado:
      usccb . o r g / prayer-and-worship/la-santa-misa/el-diacono-en-la-misa.cfm

      Además, pueden presidir matrimonios, encomendar los cuerpos de los fieles difuntos, bendecir objetos, personas y lugares. Curiosamente, en el rito oriental (católico u ortodoxo), esto

24 diáconos ordenados en la catedral de Birmingham, Alabama, E.E.U.U.

24 nuevos diáconos ordenados por el Obispo Robert Baker el 1 de diciembre de 2018, en la Catedral de Saint Paul en Birmingham. 

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